in

La riqueza

Gracias por estar junto a nosotros amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Continuando con la serie titulada: La Vida Auténticamente Cristiana, en esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca de un enfoque bíblico sobre la riqueza.

Reflexionando sobre la riqueza en general y el dinero en particular, Benjamín Franklin dijo lo siguiente: El dinero nunca ha hecho feliz a nadie y nunca lo hará.

No hay nada en su naturaleza que pueda producir felicidad. Mientras el hombre tiene más, quiere más. En lugar de llenar un vacío, produce un vacío.

Cuán cierto es el proverbio del sabio. Digno de tomarse en cuenta: Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación.

Interesante pensamiento. Es la realidad amable oyente. Otra característica de la vida auténticamente cristiana es un correcto enfoque sobre la riqueza.

Para ello es necesario que tomemos en cuenta algunas cosas importantes.

Primero, todo lo que existe en el universo pertenece a Dios. Esto es difícil de aceptar para el mundo, pero eso es lo que dice Dios en su palabra.

1ª Crónicas 29:10 dice: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.”

Lo mismo tenemos en Hageo 2:8 donde dice: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.” Todo lo que existe en el universo pertenece a Dios. Él es el creador y sustentador del universo.

Segundo, todo bien, ya sea en dinero o en posesiones, es un regalo de Dios. En último término, todo lo que tenemos es un regalo de Dios. En su gracia Dios comparte sus bienes con nosotros. La Biblia enseña que es Dios quien da el poder para hacer riqueza.

Deuteronomio 8:18 dice: “Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.”

Acerca de lo mismo, tenemos lo siguiente en Eclesiastés 5:19 donde dice: “Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.”

En Eclesiastés 6:2 se habla de un hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea. Queda claro entonces que cualquier bien que el hombre pueda poseer proviene de Dios. Si tenemos muchos bienes, reconozcamos que a Dios le ha placido eso. Si no tenemos muchos bienes, también reconozcamos que a Dios le ha placido eso. El no poseer muchos bienes no necesariamente es consecuencia de ser ociosos o negligentes. Simplemente significa que, al menos por el momento, Dios no ha tenido en sus planes el darnos muchos bienes. La riqueza no depende del hombre, sino de Dios, y él la da quien él quiere.

Tercero, consecuencia de que Dios enriquece a quien él quiere enriquecer, entonces ser rico no es pecado. En la Biblia encontramos cantidad de casos de hombres justos y a la vez muy ricos.

Un hombre así fue Salomón, al menos en sus años mozos. 2ª Crónicas 9:22 dice: “Y excedió el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría.”

Otro personaje así fue Booz. Rut 2:1 dice: “Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz.”

Ninguno de los dos fue impío y sin embargo, Dios les concedió el regalo de ser ricos. Lo mismo se ve en el Nuevo Testamento. Personajes como José de Arimatea, Bernabé y Filemón tuvieron su fortuna y no fueron hombres impíos. Ser rico no es pecado. No todo rico es pecador y no todo rico ha amasado su fortuna por medios ilegítimos.

Cuarto, concordante con esto, ser pobre tampoco es pecado. Seguramente Usted recordará la historia del rico y Lázaro.

El rico se vestía de púrpura y lino fino. Es como si hoy dijéramos que su ropa era diseño exclusivo de algún famoso diseñador de París. También hacía cada día banquetes con esplendidez. El rico vivía el presente. Su enfoque de la vida era: Goza mientras puedas porque se vive solo una vez. Fiel a su postulado, vivió exclusivamente en un mundo material. Pero la muerte es también parte de la vida. El rico murió sin haber arreglado su problema de pecado con Dios.

Lázaro en cambio era un mendigo y sobre eso estaba enfermo. Todo su cuerpo era una repugnante llaga. Se veía forzado a hurgar los desperdicios del rico para encontrar algo de comer. A él también le llegó la hora de morir, pero había arreglado su problema de pecado con Dios con anticipación.

En la otra vida, el rico se halló en tormento en fuego y el pobre Lázaro se halló en un lugar de bendición eterna. Esto no significa que todos los pobres son salvos o que para ser salvo es necesario ser pobre. Lo que significa es que los salvos no siempre son ricos. Existen pobres que también son salvos. Por tanto, ser pobre no es pecado. La riqueza no depende de la presencia o ausencia de fe sino de la sabia gracia de Dios.

Lo importante no es cuánto tenemos sino cómo nos relacionamos con lo que tenemos.

Esto nos lleva a nuestro quinto punto. La riqueza puede ser una maldición o una bendición. El Dr. Woodrow Kroll dice que el dinero no solo cambia de manos sino también cambia a la gente. Puede ser una maldición o una bendición dependiendo de nuestra actitud y del uso que le damos.

La Biblia nos presenta un retrato de cómo afecta el dinero a una persona. Puede ser para maldición. ¿En qué sentido? Pues cuando incentiva el orgullo. Una vez que la gente llega a adquirir riqueza, se produce casi automáticamente un sentimiento de auto realización que raya en el orgullo. Esta es una actitud en extremo peligrosa por cuanto va en contra de la verdad que toda riqueza es un regalo soberano de un Dios lleno de gracia.

En el pasado hubo un personaje que vivió en carne propia las consecuencias de desarrollar esta actitud hacia la riqueza en su vida. Se trata de Nabucodonosor. Enorgullecido por el esplendor de su riqueza y su poder se sintió como si fuera el mismo dios.

Esto fue tomado muy en cuenta por Dios, el dueño de la riqueza y como castigo, Nabucodonosor tuvo que pasar siete años en calidad de animal hasta que aprendió que no había motivo para enorgullecerse cuando Dios otorga riqueza.

Por eso Pablo deja una advertencia muy oportuna en 1ª Timoteo 6:17 donde dice: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.”

La riqueza puede ser una maldición si nos lleva a enorgullecernos olvidando que su origen está en la buena mano de Dios. La riqueza también es una maldición cuando hace desviar el camino espiritualmente hablando. Hay ricos que como no les hace falta nada, se han olvidado inclusive de Dios.

Moisés advirtió al pueblo de Israel sobre este peligro. Deuteronomio 8:11-14 dice: “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre”

La riqueza también es una maldición cuando trae amigos solamente por interés. Proverbios 19:4 y 6 dice: “Las riquezas traen muchos amigos; mas el pobre es apartado de su amigo. Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da”

Son maneras que el dinero puede ser una maldición.

Pero el dinero puede también ser una bendición. No importa cuánto tenga, si Usted tiene la actitud correcta, el dinero puede ser una bendición. ¿Cuándo? Pues cuando se honra a Dios con los bienes.

Proverbios 3:9-10 dice: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”

Note como el honrar a Jehová con los bienes, lo cual significa dar a Dios con generosidad, resulta en bendición de parte de Dios. No debemos dar a Dios motivados por la codicia de tener más, pero cuando damos a Dios por el solo hecho de que él es Dios, Dios se encarga de recompensar con creces.

El dinero puede ser una bendición cuando damos a Dios las primicias de nuestros frutos en lugar de lo que nos sobra después de haber rendido honores a todos con el dinero.

El dinero también puede ser una bendición cuando ayudamos a los pobres. El mundo industrializado de hoy enfrenta un grave dilema. Cada vez es más ancha la barrera entre los ricos y los pobres. Ignorar las necesidades de los pobres, no hace que las necesidades de los pobres desaparezcan. Los creyentes no podemos cerrar los ojos ante las necesidades de los pobres.

Proverbios 28:27 dice: “El que da al pobre no tendrá pobreza; mas el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones”

Cuanta razón tiene el proverbio rabínico: La puerta que no se abre a un mendigo se abrirá pronto a un médico. Los bienes son dados por Dios en una manera soberana. Sin importar si son muchos o son pocos, depende de nosotros hacer de esos bienes motivo de maldición o motivo de bendición. Que por la gracia de Dios hagamos de los bienes que Dios ha puesto a nuestra disposición, un motivo de bendición para otros y para nosotros.

Soportarnos los unos a los otros

La envidia