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Las joyas del cofre de joyas espirituales

Qué bendición contar con su sintonía, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Proverbios, en la serie que lleva por título: Proverbios, sabiduría celestial para la vida terrenal. En esta ocasión, David Logacho nos mostrará algunas de las joyas del cofre de joyas espirituales que es el capítulo 3 de Proverbios.

Al llegar al capítulo 3 de Proverbios nos encontramos con un cofre de joyas espirituales.

Las joyas espirituales son muy variadas. Examinemos una a una.

La primera se encuentra en los versículos 1-2 donde dice: «Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos: porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán.»

Este pasaje bíblico debe ser el lema de todos aquellos que desean vivir con significado en este mundo. Note que se está hablando de cantidad de vida, largura de días y años de vida; calidad de vida, y paz.

La cantidad de vida y la calidad de vida son aumentadas. ¿Cuándo? Pues cuando se cumple una condición. La condición es no olvidar la ley de Dios y guardar la ley de Dios en el corazón. En esencia se trata de conocer la palabra de Dios y de vivir conforme a la palabra de Dios.

Muchas veces nos sentimos desilusionados de la vida. Como si la vida nos hubiera jugado una mala pasada. La gran pregunta que deberíamos hacernos en situaciones así es: ¿Estoy invirtiendo tiempo en oír, leer, estudiar, meditar y memorizar la palabra de Dios? Más aún, ¿Estoy poniendo en práctica lo que estoy aprendiendo de la palabra de Dios? Es un hecho que el desprecio a la palabra de Dios y la desobediencia a la palabra de Dios pone en una situación muy vulnerable a una persona.

¿Quiere vivir bastante y bien? Entonces comience lo antes posible a dar a la palabra de Dios el lugar que debe tener en su vida.

La segunda joya está en los versículos 3-4 donde dice: «Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.»

La misericordia, en este caso, tiene que ver con amor en acción. La verdad, también en este caso, tiene que ver con fidelidad, con ser digno de confiar, con uno que mantiene su palabra.

Cuando estas dos cualidades están presentes en la conducta de una persona, pues a eso se refiere la frase: átalas a tu cuello y escríbelas en la tabla de tu corazón, entonces se producirán algunos resultados. Gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.

Cuando este texto habla de gracia se está refiriendo a ser catalogado favorablemente. Buena opinión significa buena reputación. Pero ¿ante quién es visto favorablemente y ante quién tiene buena reputación la persona que ata a su cuello la misericordia y la verdad y las escribe en las tablas de su corazón?

El texto leído dice: Ante los ojos de Dios y de los hombres. Esto es muy interesante. Lo que Dios toma en cuenta para hacerse una buena opinión de alguien, no es lo que la persona tiene, sino lo que la persona es, es decir su carácter, lo cual resulta de atar a su cuello y escribir en las tablas de su corazón, la misericordia y la verdad.

Un hombre así fue Juan el Bautista. Note la opinión que tenía Jesús sobre él. Leo en Mateo 11:11 donde dice: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista.»

Hermoso testimonio. Un hombre que había atado a su cuello la misericordia y la verdad. Un hombre que había escrito la misericordia y la verdad en las tablas de su corazón. Quiera Dios que Usted y yo imitemos este ejemplo.

La tercera joya se encuentra en los versículos 5-6 donde dice: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas»

Fiarse de Jehová con todo el corazón, significa una dependencia total y absoluta en la persona de Dios. Hoy en día Dios nos habla a través de su palabra, la Biblia. Fiarse de Jehová de todo corazón, entonces significa dar atención a lo que dice Dios en la Biblia y tomar las decisiones que Dios en su palabra aconseja.

Es sencillo expresar este concepto, pero no es tan sencillo llevarlo a la práctica, porque siempre se interpone la propia prudencia, o el propio razonamiento humano. El mandato de la palabra de Dios es no ceder al impulso de tomar decisiones basándonos en nuestro propio razonamiento, sino basándonos en lo que Dios dice en su palabra.

A manera de ejemplo solamente, permítame hacer referencia al asunto de la ofrenda en la iglesia. El propio razonamiento entra en juego y aconseja diciendo: No des la ofrenda al Señor porque después no vas a tener lo necesario para atender tus necesidades. En cambio Dios, a través de su palabra dice algo diferente. Leo en 1 Corintios 16:2 «Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas»

Aquí tiene el consejo del propio razonamiento y el consejo de Dios en su palabra. ¿Qué decisión va a tomar? El proverbista dice: En toda decisión, siga el consejo de la palabra de Dios aún cuando parezca lo menos indicado en determinada circunstancia. Por eso el texto dice: Reconócelo en todos tus caminos. Esto significa: busca el consejo de Dios y sométete a este consejo en todas las circunstancias de la vida.

¿Cuál es el efecto de todo esto? El texto una vez más dice: Y él, es decir Dios, enderezará tus veredas. Hermoso. Dios mismo se encargará que todo va a salir bien.

¿Recuerda el caso de Jonás? Después de recibir el mandato de Dios de ir a Nínive a predicar un mensaje de arrepentimiento, Jonás se vio confrontado a tomar una decisión. Su propio razonamiento le aconsejaba no ir a Nínive. Jonás se fió en su propia prudencia y se embarcó en una nave que estaba partiendo hacia Tarsis, no hacia Nínive. Lo que pasó en el mar, Usted lo conoce muy bien.

Confiar en su propia prudencia le llevó al fondo del océano. Felizmente para él, Dios le dio otra oportunidad. En esta ocasión, Jonás se fió de Jehová de todo su corazón, y no se fió de su propio razonamiento. ¿Sabe lo que hizo Dios? Pues enderezó las veredas de Jonás. Le fue tan bien en Nínive que toda la ciudad se arrepintió de su pecado. La clave del éxito está en hacer lo que Dios quiere que hagamos y esto se consigue confiando total y absolutamente en el consejo de Dios.

La cuarta joya se encuentra en los versículos 7-8 donde dice: «No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos.»

Lo que tenemos son tres mandatos y la consecuencia de obedecerlos.

El primer mandato: No seas sabio en tu propia opinión. Esto tiene que ver con lo que tratamos en el párrafo anterior. No te fíes de tu propio razonamiento.

El segundo mandato: Teme a Jehová. Esto no solamente significa tener un temor reverencial hacia Dios, sino una decisión calculada de reconocer la majestad de Dios y en consecuencia someterse a sus preceptos. Temer a Jehová es en esencia adorar a Jehová, lo cual se sintetiza en obedecer lo que Dios dice en la Biblia.

El tercer mandato: Apártate del mal. Habla de un corte total con todo aquello que ofende el carácter santo de Dios.

Cuando una persona cumple con estos mandatos, entonces se verá un resultado. El resultado es un estilo de vida libre de diversas enfermedades que son consecuencia de algún pecado. No estamos afirmando que si nos sometemos a Dios nunca nos vamos a enfermar. Lo que estamos afirmando es que si nos sometemos a Dios no sufriremos enfermedades que resultan de practicar algún pecado. Conocido es el vínculo entre algunas enfermedades y la práctica de algún pecado.

Ejemplo, la borrachera puede producir una cirrosis. El vicio de fumar puede producir un cáncer pulmonar. La inmoralidad en lo sexual puede acarrear alguna enfermedad venérea o a lo mejor el SIDA.

Pero una persona que no es sabia en su propia opinión, que teme a Jehová y se aparta del mal, no sufrirá ninguna enfermedad que es consecuencia de pecado. La vida de integridad moral llega a ser como dice la Escritura: Refrigerio para los huesos. Tiene su efecto en el bienestar físico de la persona. Usted no se imagina la cantidad de pacientes que sufren de alguna enfermedad íntimamente relacionada a su condición espiritual.

La última joya que vamos a contemplar en esta ocasión está entre los versículos 9-10 donde dice: «Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.»

Esto tiene que ver con la ofrenda al Señor. Existen varias maneras de honrar a Dios. Una de ellas es devolviéndole una parte de los bienes sobre los cuales él mismo nos ha puesto como mayordomos. Honrar a Jehová con los bienes es un mandato, no una opción para los seguidores de Dios.

Pero no es solamente cuestión de dar algo a Dios, cualquier cosa que sea. Observe que el texto dice: Con las primicias de todos tus frutos. Las primicias de todos los frutos nos habla de los primeros frutos de las cosechas. Esto significa una entrega privilegiada a Dios. Para Dios primero y después para mí.

Una forma de poner en práctica este mandato hoy en día, sería por ejemplo, separar lo que se va a entregar al Señor tan pronto como recibimos nuestra remuneración mensual, si somos empleados. Es una manera de decir: Señor, primero lo tuyo, después lo mío. Una actitud así tiene su recompensa. El texto dice: Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.

Obviamente estas palabras fueron dichas en el contexto agrícola del pueblo de Israel. Tal vez hoy no hablaríamos de graneros llenos con abundancia o lagares rebosando de mosto, sino de necesidades siempre suplidas por Dios.

Interesante, el razonamiento humano dice: Si das al Señor generosamente, tendrás menos para ti, pero el consejo de Dios dice: Si das al Señor generosamente, tendrás más para ti. Las matemáticas del hombre son tan diferentes de las matemáticas de Dios.

¿Quiere ver la mano del Señor en abundante bendición para su vida? Entonces comience a dar al Señor con generosidad, motivado solamente por el amor al Señor, no por la recompensa que él está dispuesto a dar a los que le honran con sus bienes.

El fruto de la sabiduría obtenida

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