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La sabiduría impulsa a la mujer sabia a edificar su hogar

Es muy grato estar nuevamente junto a Usted amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con la serie que lleva por título: Proverbios, sabiduría celestial para la vida terrenal, en esta oportunidad, David Logacho nos guiará en el estudio de la primera parte del capítulo 14 de Proverbios.

Abramos nuestras Biblias en el capítulo 14 de Proverbios.

Una vez más estamos ante una colección de proverbios sobre diversos asuntos de la vida. Vamos a ir versículo por versículo extrayendo la sabiduría de cada uno de ellos.

El versículo 1 dice: «La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba»

La sabiduría impulsa a la mujer sabia a edificar su hogar. ¿De qué manera? Pues sometiéndose a su esposo, amando a su esposo y a sus hijos, cuidando de su esposo y de sus hijos. La mujer sabia tendrá muy claro en su mente que después de Dios, lo más importante para una mujer casada es su esposo.

Por contraste, la necedad impulsa a la mujer necia a destruir su hogar con sus propias manos. ¿De qué manera? Pues cuando se rebela contra su esposo y trata de ser la cabeza de la relación con su esposo. Cuando descuida a su esposo y a sus hijos y prefiere estar fuera de casa en su trabajo o con sus amigas. Cuando da más importancia a su apariencia física que el bienestar de su esposo y sus hijos. Mujeres así no deben sorprenderse de que en algún momento su casa se derrumbe ante sus ojos.

Proverbios 14:2 dice: «El que camina en su rectitud teme a Jehová; mas el de caminos pervertidos lo menosprecia.»

Honrar o reverenciar o temer a Jehová no es cuestión de decirlo con los labios, es cuestión de demostrarlo por medio de una vida de santidad. Una persona puede decir que teme a Jehová pero si no vive en obediencia a lo que dice Jehová en su palabra, en realidad no tiene ningún temor a Jehová. Por eso el proverbio dice que el de caminos pervertidos menosprecia a Jehová.

Proverbios 14:3 dice: «En la boca del necio está la vara de la soberbia; mas los labios de los sabios los guardarán.»

El necio, además de necio es soberbio. Esto significa que es un orgulloso consumado. Lo que no sabe el necio es que en algún momento sus propias palabras se convertirán en una vara para herir sus espaldas. Por otro lado, el sabio pensará antes de hablar, cuidará todo lo que dice con sus labios. De esta manera evitará que sus propias palabras sean como una vara para herir sus propias espaldas.

Proverbios 14:4 dice: «Sin bueyes el granero está vacío; mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan.»

Cosechar abundante trigo sin la ayuda de los bueyes es harto difícil. El granero estará vacío de trigo. Pero cuando los bueyes hacen su trabajo el granero se llenará de trigo y en consecuencia habrá abundante pan. ¿Qué podemos aprender de esto? Pues que para el éxito de una empresa es inevitable hacer ciertas inversiones. El agricultor que quiere llenar su granero de trigo debe invertir en comprar sus bueyes. No hay nada de malo en invertir para ganar.

Proverbios 14:5 dice: «El testigo verdadero no mentirá; mas el testigo falso hablará mentiras.»

La enseñanza es muy obvia. Cualquier otro comentario está por demás.

Proverbios 14:6 dice: «Busca el escarnecedor la sabiduría y no la halla; mas al hombre entendido la sabiduría le es fácil»

Qué triste, el escarnecedor, o el insolente ha despreciado a la sabiduría por tanto tiempo, que cuando quiere buscarla, ya es demasiado tarde, la sabiduría no se deja hallar. Algo tan diferente con el entendido o el inteligente, quien no tiene ningún problema para encontrar la sabiduría. Cuidado amable oyente con despreciar la sabiduría. Si lo hace, está en peligro de perderla para siempre.

Proverbios 14:7 dice: «Vete de delante del hombre necio, porque en él no hallarás labios de ciencia.»

Este proverbio advierte en contra de asociarnos con personas necias. Dice el proverbista que en la boca de los necios no se puede encontrar la ciencia. Allí es justamente donde reside el peligro de asociarse con los necios. Si lo hacemos terminaremos siendo contagiados de la necedad. Es mejor rodearse de persona sabias que puedan edificar nuestra vida con sabiduría.

Proverbios 14:8 dice: «La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño.»

Para el hombre prudente, la ciencia consiste en saber como actuar con honestidad, con integridad, con transparencia, pero lo que el necio considera ciencia es el engaño. Por medio del engaño el necio termina engañándose a sí mismo.

Proverbios 14:9 dice: «Los necios se mofan del pecado; mas entre los rectos hay buena voluntad»

La persona necia, o la persona que desprecia la sabiduría, hace mofa de su propia falta. Piensa que nunca nadie le tomará cuenta por las cosas malas que hace. Inclusive encuentra justificación para sus maldades. No sabe que en algún momento recibirá la retribución debida a su pecado. No así los justos o los rectos, porque ellos hallan el favor de Dios.

Proverbios 14:10 dice: «El corazón conoce la amargura de su alma; y el extraño no se entremeterá en su alegría.»

Así como sólo el corazón afligido sabe la magnitud de su aflicción, sólo el corazón alegre sabe la magnitud de su alegría. Por supuesto que Dios sabe exactamente lo que sentimos cuando estamos en aflicción o cuando estamos alegres, pero el hombre no puede saber con exactitud lo que siente una persona que sufre o lo que siente una persona que está alegre.

Proverbios 14:11 dice: «La casa de los impíos será asolada; pero florecerá la tienda de los rectos.»

Aquí tenemos un contraste muy interesante. En determinado momento, los impíos tienen casa, mientras que los rectos tienen tienda. La casa nos habla de lujo, comodidad, opulencia. La tienda nos habla de modestia, inclusive pobreza, algo no llamativo. Lo que dice el proverbio es que no siempre se va a mantener esta situación. Llegará un momento cuando la hermosa casa de los impíos será asolada y la nada hermosa tienda de los rectos se coronará de gloria. La transformación ocurre a veces en este mundo, pero si no es en este mundo, con toda certeza ocurrirá después de la muerte, cuando los impíos comprobarán que se equivocaron al vivir para el lujo, descuidando lo espiritual. Los rectos en cambio comprobarán que valió la pena vivir modestamente, si ese era el precio para poner a Dios en el primer lugar en sus vidas.

Proverbios 14:12 dice: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.»

Sustentándose en su propio razonamiento, el hombre piensa que va en el camino correcto. Lo que no sabe el hombre que se apoya en su propio razonamiento, es que ese camino conduce a la muerte. De aquí la importancia de no confiar en nuestro propio razonamiento, sino confiar en lo que Dios dice en su palabra. Mucha gente se acerca a Dios a su manera. A personas así, les parece derecho el camino que ellos mismos se han trazado para llegar a Dios. Pero cuando lleguen al final del camino, encontrarán que el destino ha sido la muerte, no Dios. Si Usted realmente quiere estar en el camino que conduce a Dios, debe atender con diligencia a lo que Dios dice en su palabra, la Biblia. De otra manera, su camino conducirá a la muerte. Hay un solo camino que conduce a Dios, según la Biblia. ¿Cuál es ese camino? No es una religión ni un rito. Es una persona. La persona es Cristo.

En Juan 14:6 leemos: «Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, sino por mí.»

Seguimos adelante. Proverbios 14:13 dice: «Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es la congoja.»

Lo que dice este proverbio es simplemente que la vida no consiste en risa y alegría solamente. De alguna manera, la aflicción es parte de la vida. Dios usa la aflicción para moldear nuestro carácter. Muchas veces se cumple lo que dice la segunda parte del proverbio: El término de la alegría es la congoja. Así es amable oyente. Cuántas veces no habremos visto o experimentado que después de la risa viene el llanto. En todo caso, para los que somos creyentes, Dios está en control de nuestra vida y es más que suficiente para sostenernos en nuestras aflicciones, aunque la risa esté ausente.

Ahora tenemos Proverbios 14:14 donde dice: «De sus caminos será hastiado el necio de corazón; pero el hombre de bien estará contento del suyo.»

El necio o el impío nunca se satisface con lo que obtiene de su maldad. Siempre quiere ir más allá. Siempre quiere tener más dinero, siempre quiere tener más placer, siempre quiere tener más fama, siempre quiere tener más poder. Nunca está contento con nada. Como consecuencia, algún momento se autodestruirá. En cambio el hombre de bien, o el justo, siempre estará contento con lo que tiene y contento por lo que hace. Esto no significa que jamás aspirará a mejorar. Tratará de mejorar, pero no partiendo de un descontento sino de pleno contentamiento, y todo para la gloria de Dios.

Proverbios 14:15 dice: «El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos.»

El simple es aquel que no tiene sabiduría para detectar la diferencia entre lo bueno y lo malo, y va como oveja detrás de la manada. Es la persona que piensa que la mayoría siempre tiene la razón y sigue los dictámenes de la mayoría. El simple todo lo cree. En cambio el avisado, o el inteligente, analiza todo antes de decir o hacer algo. El avisado sabe que no siempre la mayoría está en la razón y pesa las cosas antes de actuar.

Para terminar, leamos Proverbios 14:16 donde dice: «El sabio teme y se aparta del mal; mas el insensato se muestra insolente y confiado.»

Todo pecado tiene su consecuencia. La consecuencia del pecado siempre es dolorosa. La persona sabia conoce este principio y eso le hace apartar del mal. No así el necio o el insensato quien se muestra insolente, es decir que tiene una actitud arrogante. Cree que él es único a quien no le pasará nada cuando peca. Esta fatal arrogancia impulsa al necio a hacer todo lo que sus bajas pasiones pidan. Se convierte así en un contumaz delincuente, hasta que alguien le eche mano y tenga que pagar con creces por sus fechorías. Mucho cuidado amable oyente con subestimar las consecuencias del pecado. En el caso de Salomón le significó que su reino se divida después de sus días.

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