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El corazón del rey está en las manos de Jehová

Damos gracias a Dios por poder estar junto a Usted. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Con la ayuda del Señor, vamos a estudiar la primera parte del capítulo 21 de Proverbios, en la serie que lleva por título: Proverbios, sabiduría celestial para la vida terrenal. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para guiarnos en el estudio de este pasaje bíblico.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en el capítulo 21 de Proverbios.

Este capítulo es una colección de proverbios sobre una variedad de asuntos, de modo que tenemos que tratarlos de uno en uno. Dedicaremos este tiempo al estudio de la primera parte de este capítulo.

Proverbios 21:1 dice: «Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina.»

Qué hermoso lo que declara este proverbio. Dice en esencia que el corazón del rey está en las manos de Jehová, como si fuera un río. El río sigue el curso que Jehová le ha trazado. Esto es de gran consuelo para los que confiamos en el Señor. Cuando queremos lograr algo de una autoridad importante, debemos acudir a Dios en oración para que Dios incline el corazón de esa autoridad hacia aquello que le estamos queriendo lograr. Dios tiene poder para hacer eso, es la promesa de su palabra.

Proverbios 21:2 dice: «Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones»

Este proverbio echa por tierra el relativismo de la conducta del hombre. A cada uno le parece correcto lo que está haciendo. Para saber si en verdad es correcto lo que hace el hombre es necesario preguntárselo a Dios. El proverbio dice que Jehová pesa los corazones. Jehová tiene el veredicto final sobre la conducta del hombre. Si el hombre se somete a lo que Dios dice en su palabra, entonces el hombre estará en buen camino, pero si el hombre desobedece lo que Dios dice en su palabra, entonces el hombre estará en mal camino, aunque él mismo piense que está en buen camino.

Tenemos ahora Proverbios 21:3 donde dice: «Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio.»

La ley de Moisés contemplaba diversos sacrificios. Con el tiempo, el presentar sacrificios llegó a ser un mero rito religioso que se lo hacía mecánicamente si siquiera saber por qué se lo hacía. Peor todavía, el ofrecer sacrificios llegó a ser una práctica hipócrita para esconder la impiedad del que ofrecía el sacrificio. Por esto Jehová declara que hacer justicia o vivir en rectitud es más agradable que los sacrificios que encubren impiedad. Es una ofensa para Dios el hacer cosas para él sin poner el corazón en ello.

Samuel reprendió a Saúl en cuanto a esto de la siguiente manera: 1ª Samuel 15:22 dice: «Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.»

Cuidado amable oyente con esconder el pecado detrás del cumplimiento de los ritos religiosos.

Proverbios 21:4 dice: «Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamiento de impíos, son pecado.»

Dos cosas que Dios las cataloga como pecado, ambas relacionadas con el orgullo. Altivez de ojos habla de sentirse superior a los demás. Orgullo de corazón habla de la actitud que conduce a la altivez de ojos. Se trata de una actitud de orgullo. Estas dos cosas con típicas del pensamiento de impíos.

Proverbios 21:5 dice: «Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.»

Un plan bien pensado y bien realizado conduce a la prosperidad, pero un plan hecho al apuro y realizado al apuro conduce a la pobreza. La importancia de planificar bien y hacer las cosas conforme a ese plan. El que fracasa en planificar ha planificado fracasar. Así de simple.

Proverbios 21:6 dice: «Amontonar tesoros con lengua mentirosa es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte.»

Las riquezas mal habidas, o las riquezas que son fruto del engaño, de la mentira, del fraude, son riquezas pasajeras. Se esfuman como el aliento, y conducen a la muerte.

Proverbios 21:7 dice: «La rapiña de los impíos los destruirá, por cuanto no quisieron hacer juicio.»

Los impíos son codiciosos por naturaleza. Harán cualquier cosa para tener más de lo que tienen. Es la rapiña de los impíos. Este mal arrastra a los impíos a su propia destrucción. ¿Habrá esperanza para ellos? Ciertamente sí. Para eso, tienen que hacer juicio, una manera de decir que deben practicar justicia. Bien afirma el dicho popular: La codicia rompe el saco. Cuidado amable oyente con la codicia o la rapiña de los impíos.

Ahora tenemos Proverbios 21:8 donde dice: «El camino del hombre perverso es torcido y extraño, mas los hechos del limpio son rectos.»

Este proverbio contrasta la conducta del hombre impío con la conducta del hombre piadoso. La conducta del hombre impío es comparable a un camino tortuoso, torcido y extraño. La conducta del hombre piadoso es comparable a un camino recto y acogedor. ¿Cómo es su conducta, amable oyente?

Viene ahora Proverbios 21:9 donde dice: «Mejor es vivir en un rincón del terrado que con mujer rencillosa en casa espaciosa.»

Este proverbio resume el pensamiento de un hombre cuya esposa es propensa a iniciar una pelea por cualquier cosa real o imaginaria. Una mujer así, bíblicamente hablando, es una mujer rencillosa, o una mujer pendenciera. El desdichado esposo de una mujer rencillosa, tal vez sumido en sus pensamientos estará reflexionando de esta manera: Preferiría vivir en un rincón en una azotea pero con una esposa sensata, tierna, amable, paciente, que vivir en esta mansión, tan amplia y lujosa, pero con esta esposa gritona, celosa, peleona.

A un amigo mío le tocó vivir esta amarga experiencia. ¿Sabe lo que hacía la mayoría de las veces? Al salir de su trabajo siempre encontraba algo en qué ocuparse para no tener que ir a su casa. Qué triste debe ser vivir de esta manera. Cuidado mi amiga, con ser una mujer rencillosa.

Tenemos ahora Proverbios 21:10 donde dice: «El alma del impío desea el mal; su prójimo no halla favor en sus ojos.»

Aquí tenemos una radiografía del alma de un impío. La radiografía muestra que el impío tiene una sola cosa en el alma: Hacer el mal de cualquier manera. Por eso dice el proverbio que el impío jamás se compadece de su prójimo.

A continuación tenemos Proverbios 21:11 donde dice: «Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; y cuando se le amonesta al sabio, aprende ciencia.»

Aquí se muestra la manera como se corrige a un simple y a un sabio. Para que el simple corrija algo que está haciendo mal, es necesario que vea el castigo que recibe otro simple que está haciendo lo mismo que él. Sólo así aprenderá a hacer lo bueno. Pero para que sabio corrija algo que está haciendo mal, lo único que hace falta es una amonestación verbal.

Proverbios 21:12 dice: «Considera el justo la casa del impío, cómo los impíos son trastornados por el mal.»

Muchas veces nos vemos tentados a sentir envidia de los impíos. Vemos que tienen las mejores casas, los mejores autos, la mejor ropa, la mejor educación y tantas otras cosas más. Este proverbio pone las cosas en su perspectiva correcta. Dice: Mira lo que pasa con la casa del impío. En algún momento la opulencia y prosperidad se hace ruinas. Es mejor vivir en pobreza pero piadosamente que en riqueza pero perdidamente.

Ahora nos corresponde considerar Proverbios 21:13 donde dice: «El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará, y no será oído.»

La pobreza es parte de la experiencia humana. Siempre habrá pobres entre nosotros. No podemos evitar que haya pobres, pero sí podemos tratar bien a los pobres. El proverbio advierte en contra de cerrar el oído al clamor del pobre, es decir en contra de ser insensible a la necesidad del pobre. Cuando alguien no hace caso de esta advertencia, se pone en un plano doblemente peligroso, porque por un lado, puede ser que él también llegue a ser pobre, y por otro lado, en su pobreza también él sea ignorado por los que podrían ayudarle. Es tan importante que demos una mano a los pobres en todo lo que esté a nuestro alcance.

Proverbios 21:14 dice: «La dádiva en secreto calma el furor, y el don en el seno, la fuerte ira.»

Este proverbio no está hablando del soborno. Simplemente está señalando que una buena acción, como esto de una dádiva en secreto, es muy útil para aplacar el furor de una persona airada. De igual forma, el don en el seno, o el obsequio discreto, es muy útil para calmar la ira violenta. Esto me recuerda lo que hacía un joven de la iglesia cuando se enojaba con su novia. Aparecía con su cara de: yo no hice nada y un pequeño presente para ella. Déjeme decirle que no hacían falta palabras para propiciar la reconciliación. Sobre esto es lo que habla el proverbio.

Tenemos ahora Proverbios 21:15 donde dice: «Alegría es para el justo el hacer juicio; mas destrucción a los que hacen iniquidad.»

Las obras justas de una persona íntegra producen diversos efectos en las personas. En las personas justas produce alegría, pero en las personas impías produce destrucción. El impío se pone mal cuando un justo hace una buena obra.

Por último tenemos Proverbios 21:16 donde dice: «El hombre que se aparta del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos.»

Este proverbio tiene que ver con la consecuencia del pecado. Es algo muy serio apartarse del camino de la sabiduría, porque es muy posible que la consecuencia de este extravío sea la misma muerte. Como si eso no fuera suficientemente grave, si al pecador le sorprende la muerte sin haber arreglado el problema de pecado con Dios, le espera condenación eterna. Que por la gracia de Dios permitamos que la sabiduría celestial inunde nuestro corazón para saber como conducirnos en este mundo.

Los labios prudentes

La persona frívola