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El conocimiento de la sabiduría es buen alimento y trae satisfacción al alma

Es un gozo estar nuevamente con Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy en el libro de Proverbios. Estamos estudiando este fascinante libro de la Biblia, en la serie que lleva por título: Proverbios, sabiduría celestial para la vida terrenal. En esta oportunidad, David Logacho nos guiará en el estudio de la segunda parte del capítulo 24 de Proverbios.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Proverbios 24 versículo 13.

Comenzaremos estudiando el vigésimo sexto dicho de los sabios. Se encuentra ente los versículos 13 y 14 donde dice: «Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y el panal es dulce a tu paladar. Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría; si la hallares tendrás recompensa, y al fin tu esperanza no será cortada.»

El sabio quien escribió este dicho, está usando una metáfora. Nos habla de la miel que es buen alimento para el cuerpo. También nos habla del panal, del cual se extrae la miel. Además de buen alimento, la miel es dulce al paladar. Este elemento, la miel que se extrae del panal es comparable a la sabiduría. Así como la miel es buen alimento para el cuerpo y agradable al paladar, de igual manera el conocimiento de la sabiduría es buen alimento y trae satisfacción al alma.

El conocimiento de la sabiduría se refiere a conocer y aplicar los principios bíblicos en el diario vivir. La persona que conoce y aplica los principios bíblicos a su vida tiene una hermosa promesa. Dice el texto que hallará recompensa. La recompensa tiene que ver con calidad de vida y cantidad de vida mientras está en el mundo, y también con gloria eterna, pues a eso se refiere el texto cuando dice que al fin, la esperanza no será cortada. Una manera de decir que la esperanza jamás será destruida.

Avanzando, encontramos el vigésimo séptimo dicho de los sabios. Lo tenemos entre los versículos 15 y 16. «Oh impío, no aceches la tienda del justo, no saquees su cámara; porque siete veces cae el justo y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.»

El enfoque de este dicho de los sabios recae sobre el ladrón que con astucia planifica la manera de apropiarse de la casa y de las pertenencias de un justo. Puede ser que logre dar un buen golpe y privar al justo de su casa y de sus bienes, pero eso no será el final del justo. Dice el texto que siete veces cae el justo y vuelve a levantarse.

Esto significa que cada vez que un justo sufre una calamidad, Dios mismo se encarga de levantarlo y ponerlo en un plano más alto de donde cayó. Recuerde la historia de José y Daniel. Fueron privados de todo, pero Dios los levantó y los puso en lugares jamás sospechados. En cambio al ladrón le pasa todo lo contrario. La primera vez que cae, será la última, porque jamás se levantará. Los malvados se hundirán en la desgracia.

Viene a continuación el vigésimo octavo dicho de los sabios. Se encuentra en los versículos 17 y 18 donde dice: «Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, y cuando tropezare no se alegre tu corazón; no sea que Jehová lo mire, y le desagrade, y aparte de sobre él su enojo.»

Lo que está diciendo el sabio es que el hombre de buen carácter jamás debe regocijarse por las calamidades de su adversario, o alegrarse cuando su adversario tropieza. Si Dios mira a alguien con este espíritu vengativo, hará que su enojo se aparte del adversario y caiga sobre el de espíritu vengativo. Es algo muy serio gozarse por lo malo que le pasa a un adversario.

Ahora tenemos el vigésimo noveno dicho de los sabios. Está en los versículos 19 y 20 donde dice: «No te entremetas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos; porque para el malo no habrá buen fin, y la lámpara de los impíos será apagada.»

Este consejo de los sabios es recurrente en el libro de Proverbios. Debe haber una buena razón para que con tanta insistencia, el libro de Proverbios nos exhorte a no asociarnos con los malignos y sobre todo a no tener envidia de los impíos.

La razón es porque los creyentes somos muy propensos a imitar la conducta de los malignos y a tener envidia de los impíos. Inclusive llegamos a pensar que Dios es injusto porque premia con prosperidad a los impíos y castiga con falta de prosperidad a los justos. Pero todo este pensamiento maligno y muy humano se desvanece cuando se lo mira a la luz de lo eterno, no de lo presente.

El proverbio dice textualmente que para el malo no habrá buen fin. Esto muestra que la prosperidad del impío es pasajera y rápidamente se transformará en desgracia. Si el impío jamás arregla su problema de pecado con Dios, le espera condenación eterna cuando salga de este mundo. A esto se refiere el proverbio cuando dice que la lámpara de los impíos será apagada.

De modo que, amable oyente, no tiene sentido esto de asociarse con los malignos y de tener envidia de la prosperidad de los impíos. Cada vez que vengan estos pensamientos a su mente, Usted como creyente debe rechazarlos en el nombre de Cristo, tomando en cuenta lo que dice este consejo de los sabios.

Muy bien. Llegamos así al último consejo de los sabios, el trigésimo. Se encuentra en Proverbios 24:21 y 22 donde dice: «Teme a Jehová, hijo mío, y al rey; no te entremetas con los veleidosos; porque su quebrantamiento vendrá de repente; y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprende?»

Este dicho de los sabios tiene que ver con la sumisión a Dios y a las autoridades por Él establecidas. Jehová es la autoridad máxima y bajo él está el rey, o el máximo gobernante de un país. De la misma forma como se somete a Jehová, el creyente debe someterse a las autoridades establecidas por Él. El único caso cuando un creyente puede desobedecer a una autoridad es cuando esa autoridad está demandando algo que es contrario a lo que Dios ha revelado en su palabra.

Temer a Jehová y al rey, entonces significa someterse a Jehová y a las autoridades. Luego dice el texto: No te entremetas con los veleidosos. Los veleidosos son los que se sublevan contra las autoridades. Los creyentes no debemos engrosar las filas de los que se levantan en contra las autoridades, aún cuando parezca que existan buenas razones para ello. Debe ser Dios, quien juzgue a una autoridad que es infiel a su mandato, no el hombre.

Romanos 13:1-2 dice: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridades sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.»

Dios reacciona con severidad cuando un creyente se subleva contra las autoridades. El proverbio dice que el quebrantamiento vendrá de repente. Pero no será un quebrantamiento cualquiera. El texto dice: Y el quebrantamiento de ambos, ¿quién lo comprende? Cuando Jehová y el rey deciden quebrantar a alguien que se ha sublevado contra la autoridad, el castigo será muy severo.

De esta manera concluimos con el estudio de los treinta dichos de los sabios, los cuales fueron compilados por Salomón.

A partir del versículo 23 de Proverbios capítulo 24 y hasta el final del capítulo, encontramos otros dichos de los sabios, que vamos a considerarlos brevemente.

El primero tiene que ver con hacer acepción de personas. Se encuentra entre los versículos 23 a 25 donde dice: «También estos son dichos de los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno. El que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones; mas los que lo reprendieren tendrán felicidad, y sobre ellos vendrá gran bendición.»

El enfoque de este dicho de los sabios está sobre los que administran justicia. Dios por medio de su palabra dice a los jueces: Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno. El juez que se deja sobornar para declarar inocente a un culpable, recibirá la retribución por su grave falta. Dice el texto que el pueblo lo maldecirá. Esto es algo terrible, pero hay más. Dice el texto que le detestarán las naciones. No vale la pena poner echar a perder la honorabilidad por hacer acepción de personas en un juicio.

Pero el juez que con rectitud administra justicia, condenando al culpable y absolviendo al inocente, dice el texto que tendrá felicidad y no sólo eso, sino que sobre él vendrá gran bendición. Hermosa promesa para los jueces honestos.

El segundo dicho de los sabios se encuentra en Proverbios 24:26 donde dice: «Besados serán los labios del que responde palabras rectas.»

Una buena respuesta, justa, bien dicha, recta, amable, oportuna y todo lo demás, es tan agradable como el beso en los labios de la persona que amamos tanto.

El tercer dicho de los sabios está en el versículo 27 donde dice: «Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificarás tu casa»

Al leerlo rápidamente se hace un tanto difícil entender su significado. El proverbio simplemente está apelando al sentido común, que de paso, es el menos común de los sentidos. Parafraseando libremente, el proverbio está diciendo: Para que las cosas te salgan bien, pon siempre un buen fundamento. Si quieres construir una casa, primero trabaja para obtener el dinero que vas a necesitar para la construcción. La versión Dios Habla Hoy traduce de esta manera este proverbio: Arregla tus negocios en la calle y realiza tus tareas en el campo, y luego podrás construir tu casa.

El cuarto dicho de los sabios está en el versículo 28 donde dice: «No seas sin causa testigo contra tu prójimo, y no lisonjees con tus labios.»

Es una solemne advertencia en cuanto a no dañar el carácter de una persona mediante un falso testimonio en contra de ella.

El quinto dicho de los sabios está en el versículo 29 donde dice: «No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra.»

Tomar la justicia en la propia mano es contrario a la voluntad de Dios. Romanos 12:19 dice: «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.»

El sexto dicho de los sabios está entre los versículos 30-34 donde dice: «Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedras estaba ya destruida. Miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé consejo. Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado.»

El sabio mira el efecto de la pereza en la propiedad del perezoso. Desorden, descuido, destrucción. De esto saca una lección. La pereza hace que el hombre perezoso caiga como víctima de la necesidad y la pobreza. Cuidado con la pereza amable oyente.

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