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Dios es dueño del futuro

Damos gracias a Dios por la oportunidad de compartir este tiempo junto a Usted, amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Seguimos estudiando el libro de Proverbios en la serie que lleva por título: Proverbios, sabiduría celestial para la vida terrenal. En instantes más estará junto a nosotros David Logacho para guiarnos en el estudio de la primera parte del capítulo 27.

Sigamos extrayendo sabiduría celestial para la vida terrenal.

Esta vez de la primera parte del capítulo 27 de Proverbios. El versículo 1 dice: «No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día.»

Lo que dice este proverbio es tan precioso y profundo que parece irrespetuoso tratarlo con tanta rapidez. No te jactes del día de mañana nos habla de no presumir en cuanto al futuro. Jactarse del día de mañana significa creer que uno es el dueño del futuro. Jactarse del día de mañana es pretender arrebatar a Dios algo que sólo a Él le pertenece. Jactarse del día de mañana es pensar que la vida es nuestra y que por tanto vamos a estar en este mundo tanto como queramos. Es asumir gratuitamente que mañana, la próxima semana, el próximo mes, el próximo año, etc., vamos a estar en este mundo, desconociendo que cualquier momento podemos abandonar este mundo.

Esto y más, es jactarse del día de mañana. La infalible palabra de Dios dice: No te jactes del día de mañana. La razón para este solemne mandato es porque no sabemos que dará de sí el mañana. No sabemos qué traerá el día de mañana. Solamente Dios sabe a ciencia cierta qué traerá el día de mañana para cada criatura.

Santiago pone todos estos pensamientos en magistrales palabras en su libro, capítulo 4:13-16 donde dice: «¡Vamos ahora! Los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberías decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala»

La persona temerosa de Dios reconocerá que Dios es dueño del futuro y por tanto enfrentará el futuro en total dependencia de Dios.

Ahora tenemos Proverbios 27:2 donde dice: «Alábete el extraño y no tu propia boca; el ajeno, y no los labios tuyos.»

El significado de este proverbio es por demás claro: Deja que sean otros los que te alaben; no está bien que te alabes tú mismo. Las personas que se alaban a sí mismas, inevitablemente nos dejan la impresión de ser orgullosas o petulantes.

Seguimos adelante. Proverbios 27:3 dice: «Pesada es la piedra, y la arena pesa; mas la ira del necio es más pesada que ambas»

Un necio airado es capaz de cualquier insensatez. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar un necio cuando monta en ira. Puede inclusive llegar quitar la vida a una persona. Al contemplar la cruda realidad del necio airado, el proverbista llega a la conclusión que soportar la ira de un necio es comparable a tener que caminar un largo trecho con una carga de piedras y arena. Nada agradable ciertamente.

Tenemos ahora Proverbios 27:4 donde dice: «Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?»

La palabra que se ha traducido como «envidia» en la versión Reina Valera 60 aparece como «celos» en otras traducciones. En el fondo se trata de lo mismo. La persona envidiosa no tiene y se siente mal porque otro lo tiene. La persona celosa tiene y se siente mal porque piensa que otro quiere lo que ella tiene. La envidia y los celos pueden instalarse cómodamente en la vida de una persona y causar serios estragos en la parte espiritual, emocional y física de esa persona.

Por eso dice el proverbio ¿Quién podrá sostenerse delante de la envidia? La respuesta es: Nadie. La ira es cruel, el furor es impetuoso, pero normalmente duran poco. En cambio la envidia o los celos pueden durar mucho. Si la envidia o los celos han anidado en su corazón, amable oyente, debe sacarlos lo antes posible, no sea que echen raíces y echen a perder su vida.

Prosiguiendo, tenemos Proverbios 27:5 donde dice: «Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto.»

El verdadero amor no se calla cuando ve algo mal en la persona amada. Callar sobre algo que está mal en la persona amada es equivalente a ocultar el amor. Cuando sabemos que hay algo mal en las personas que amamos, a veces callamos, pensando que si reprendemos las vamos a lastimar. No hay tal. El verdadero amor se manifiesta en reprensión cuando ve algo malo en la persona amada. Eso es lo que enfatiza el siguiente proverbio.

Proverbios 27:6 dice así: «Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece»

Un verdadero amigo, un amigo que en realidad ama, será el que nos corrige cuando estamos mal, aún cuando eso nos cause dolor. En cambio, el amigo falso, el amigo que no ama, no dirá nada cuando estamos mal. En lugar de corregirnos, nos andará lisonjeando con besos hipócritas. La verdadera amistad no se calla cuando ve algo malo en el amigo.

Viene a continuación Proverbios 27:7 donde dice: «El hombre saciado desprecia el panal de miel; pero al hambriento todo lo amargo es dulce»

Este proverbio es la base de un dicho popular que afirma que a buena hambre no hay pan malo. Efectivamente, cuando no estamos con hambre, despreciamos hasta los más deliciosos manjares. Pero cuando estamos con mucha hambre, hasta la comida más mala nos parece un delicioso manjar.

Seguimos. Proverbios 27:8 dice: «Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar»

Este proverbio resume el sentir de tantos que por alguna circunstancia han tenido que emigrar de su tierra natal. Dice el proverbista que son como el ave que vaga lejos de su nido. Por eso es que un buen número de ellos, están siempre pensando en volver al nido.

Proverbios 27:9 dice: «El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del amigo al hombre.»

¡Qué hermoso lo que dice este proverbio! Para alegrar el corazón no hay nada mejor que los buenos perfumes. Para alegrar el alma no hay nada mejor que el buen consejo de un gran amigo. Si quiere que su compañía sea como grato perfume a sus amistades, debe procurar tener siempre a flor de labios el consejo oportuno, tomado de la palabra de Dios.

Consideremos ahora Proverbios 27:10 donde dice: «No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni vayas a la casa de tu hermano en el día de tu aflicción.»

Lo que este proverbio está ilustrando es que en más de una ocasión, los amigos son más útiles que nuestros hermanos de familia. No es que los hermanos de familia se nieguen a ayudarnos, pero suele suceder que están muy lejos cuando los necesitamos. En casos así, es necesario recurrir a los amigos, o a los amigos de nuestros padres, que están cercanos, para pedir ayuda. Como afirma el dicho: Más vale vecino cercano que hermano lejano.

Avanzando, llegamos a Proverbios 27:11 donde dice: «Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me agravie.»

Es el padre hablando a su hijo. Está pidiendo que el hijo sea sabio. El padre ha tomado el tiempo y se ha dado el trabajo de enseñar la sabiduría a su hijo. Ahora es tiempo que el hijo ponga en práctica esa sabiduría. Sé sabio, hijo mío, dice el proverbio. Si el hijo complace a su padre, el padre experimentará profunda alegría. No hay nada que llene más de gozo el corazón de los padres, que ver a sus hijos andando en sabiduría.

Por contraste, no hay nada que lastime más el corazón de los padres que ver a sus hijos andando en el pecado. Pero existe otro beneficio para los padres que tienen hijos sabios, además de la alegría que experimentan en el corazón. El proverbio dice que los padres tendrán qué responder a los que les agravien.

Es inevitable que se levanten personas para cuestionar el carácter de los padres. Pero si los hijos están andando en sabiduría, esos padres podrán decir: Miren a mis hijos, su conducta recta es una prueba de que nosotros los hemos criado en disciplina y amonestación del Señor.

De modo que sus acusaciones en contra de nosotros no tienen ningún fundamento. Interesante que la conducta de los hijos habla en bien o en mal de sus padres.

Ahora tenemos Proverbios 27:12 donde dice: «El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y llevan el daño.»

El avisado es el hombre inteligente que examina bien el terreno antes de emprender la marcha. Si detecta que algo reviste peligro, el avisado, se refrena, y desiste de marchar en esa dirección. En cambio, el simple o el hombre insensato, también examina el terreno antes de emprender la marcha, también detecta una situación que reviste peligro, pero de una manera absurda sigue por ese camino, tal vez confiado en que él va a ser el primero en salir bien librado del peligro. Esto me hace pensar en los millones que sabiendo del grave peligro del SIDA, neciamente siguen jugando con el sexo. En determinado momento van a recibir un terrible daño.

Finalmente por ahora, tenemos Proverbios 27:13 donde dice: «Quítale su ropa al que salió fiador por el extraño; y al que fía a la extraña, tómale prenda»

La Biblia habla con mucha claridad en cuanto a lo peligroso de ser garante o fiador de una persona extraña. Si sabiendo esto, un hombre sale fiador por el extraño, merece ser castigado por su insensatez. Perderá hasta la ropa. Si sabiendo esto, un hombre fía a la extraña, merece ser castigado por su insensatez. Se le tomará prenda. Que por la gracia de Dios pongamos en práctica los consejos sabios en esta parte de Proverbios.

Una exhortación al perezoso

Acciones legítimas pero fuera de lugar