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De la abundancia del corazón habla la boca

Damos gracias a Dios por la oportunidad de estudiar su palabra. Estamos estudiando el libro de Proverbios en la serie que lleva por título: Proverbios, sabiduría celestial para la vida terrenal. En instantes más estará con nosotros David Logacho para guiarnos en la primera parte del capítulo 13 de Proverbios.

Anhelo fervientemente que la sabiduría extraída del libro de Proverbios esté edificando espiritualmente su vida.

Nos toca ahora estudiar la primera parte del capítulo 13 del libro.

En este pasaje bíblico encontramos una hermosa colección de proverbios sobre diferentes asuntos.

El versículo 1 dice: «El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones.»

A veces los hijos son un hueso duro de roer. No son pocos los casos en los cuales los hijos piensan que son más sabios que sus padres y con desprecio desechan su consejo. Un hijo sabio es aquel que siempre está dispuesto a recibir la corrección de sus padres. Un hijo burlador, o un hijo insolente, es aquel que desprecia la corrección de sus padres.

Proverbios 13:2 dice: «Del fruto de su boca el hombre comerá el bien; mas el alma de los prevaricadores hallará el mal.»

El hombre que habla el bien, es recompensado con el bien. Pero el hombre que habla el mal, es recompensado con el mal. Lo que una persona habla es lo que previamente ha guardado en su mente o en su corazón.

Jesús dijo, según Mateo12:34: «Porque de la abundancia del corazón habla la boca.»

Cuando el hombre ha sido transformado por medio del nuevo nacimiento, al recibir a Cristo como su Salvador, tendrá en su mente la palabra de Dios y en consecuencia hablará siempre el bien. El resultado será la vida abundante de la cual habló Jesús. Pero por otro lado, cuando el hombre no ha nacido de nuevo y está todavía en su pecado, su mente estará saturada de malos pensamientos y esto le arrastrará a hablar el mal. Como consecuencia sufrirá el mal. Es común también ver en los incrédulos que el mal que piensan hacer a otros les ocurre a ellos mismos.

Proverbios 13:3 dice: «El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad.»

Otra vez entra en la escena la lengua. El proverbio advierte sobre el peligro de hablar hasta por los codos. El hablador contumaz debe saber que está pisando terreno peligroso. Refrenar la lengua es proteger la vida. Cuando una persona habla demasiado, o abre mucho sus labios, tendrá calamidad. En otras palabras, el ligero de labios provoca su ruina. Así que, amable oyente, cuidado con dar rienda suelta a la lengua. Un dicho popular muy ecuatoriano dice: En boca cerrada no entra mosca.

Proverbios 13:4 dice: «El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada».

El éxito o la prosperidad en la vida no depende únicamente de los buenos deseos. Ciertamente que los buenos deseos son importantes, pero eso no es todo lo que se necesita para ser próspero. Además de los buenos deseos hace falta el trabajo diligente. Aquí es donde falla el perezoso. El perezoso tiene grandes sueños, grandes planes, grandes objetivos, grandes metas, pero hasta allí llega. Algo le impide la acción. Algo le impide dar los pasos para lograr las metas. Ese algo es la pereza. Si tan solo pudiera dejar a un lado la pereza, llegaría a ser una persona próspera.

La Biblia dice: El diligente ve cumplidos sus deseos. Está bien aspirar cosas grandes en la vida, pero si no ponemos de parte para alcanzar esas grandes cosas, jamás las obtendremos.

Una vez un estudiante de un seminario bíblico preguntó a uno de sus profesores a quien admiraba mucho por sus conocimientos bíblicos, diciendo: ¿De dónde saca esa inspiración para saber tanto de la Biblia? Sorprendido este profesor dijo: ¿Inspiración? No es cuestión de inspiración sino de transpiración. Luego añadió: Yo invierto al menos ocho horas diarias en estudiar la Biblia. Así es amable oyente. El trabajo diligente siempre produce buenos resultados.

Ahora vamos a Proverbios 13:5 «El justo aborrece la palabra de mentira; mas el impío se hace odioso e infame.»

Este proverbio habla de como el justo percibe la mentira y la maldad del impío. El justo odia la mentira. Además, para el justo, el impío es odioso e infame. Esto significa que le es detestable.

Tenemos a continuación Proverbios 13:6 donde dice: «La justicia guarda al de perfecto camino; mas la impiedad trastornará al pecador»

Aquí tenemos un hermoso contraste entre la justicia y la impiedad. La justicia se refiere a un estilo de vida en santidad. La impiedad se refiere a un estilo de vida en pecado. La justicia se erige como un celoso guardián de quien la practica. La justicia protege al que anda en integridad. Por contraste, la impiedad se erige como un poderoso enemigo de quien la practica. La maldad arruina al pecador.

¿Quiere vivir rodeado de seguridad? Haga de su guardián una vida de santidad. Pero si desprecia su vida y desea acarrear ruina, entonces adelante, viva como le dicten sus más bajos deseos.

Cuando encuentro proverbios como este, es inevitable pensar en el sida. Una vida de inmoralidad en lo sexual puede ser el motivo para que alguien contraiga el sida. La impiedad trastornará al pecador. La mejor medida de protección para no contraer el sida es una vida de pureza en lo sexual.

Tenemos ahora Proverbios 13:7 donde dice: «Hay quienes pretenden ser ricos, y no tienen nada; y hay quienes pretenden ser pobres, y tienen muchas riquezas»

La verdadera riqueza no consiste en lo que se tiene sino en lo que se es, en el carácter. De esto es lo que habla este proverbio. Juzgando por lo que tienen, hay algunos que parecen ricos, pero por cuanto su carácter es maligno, son pobres de la verdadera riqueza. De igual manera, juzgando por lo que tienen, hay algunos que parece que no tienen nada, pero por cuanto su carácter es benigno, son dueños de una fabulosa riqueza. Es muy peligroso cuidar solamente lo externo y descuidad lo interno. Si alguien comete este error, parecerá rico, pero en realidad será muy pobre.

Proverbios 13:8 dice: «El rescate de la vida del hombre está en sus riquezas; pero el pobre no oye censuras.»

El hombre que ha acumulado riqueza, recibe muchas amenazas porque está en capacidad de pagar rescate. En cambio el pobre, no recibe amenazas porque no tiene nada con qué pagar el rescate.

Avanzamos. Proverbios 13:9 dice: «La luz de los justos se alegrará; mas se apagará la lámpara de los impíos.»

La vida del hombre es comparada con una lámpara de aceite. Cuando el hombre vive en santidad, su vida alumbrará, la luz de la lámpara se incrementará. Pero cuando el hombre vive en pecado, su vida dejará de arrojar luz, la luz de la lámpara se apagará. El Señor Jesucristo usó imágenes parecidas en el Sermón del Monte cuando hablaba de que el hijo de Dios debe ser una luz en este mundo sumido en tinieblas espirituales.

Mateo 5:14-16 dice: «Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»

De modo que, ¿cómo está la lámpara que es su vida, amable oyente? ¿Se está avivando la luz por la vida de santidad que está llevando? o ¿Se está apagando la luz por la vida de pecado que está llevando?

Luego tenemos Proverbios 13:10 donde dice: «Ciertamente la soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la sabiduría.»

La soberbia, que es otra palabra para el orgullo, sólo genera pleitos o contiendas. Solamente haga memoria de la última vez que tuvo un pleito con alguien, no importa si fue con su cónyuge, o con uno de sus hijos, o con un colega en el trabajo, o con un hermano en la fe. Allí bien en el fondo está el orgullo bien sea por parte suya o por parte de la otra persona en conflicto. El orgullo es madre de todos los pleitos. Pero la sabiduría está con quienes oyen el consejo. El avisado es la persona que está dispuesta a escuchar y atesorar el consejo.

Viene después Proverbios 13:11 donde dice: «Las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta.»

Las riquezas de vanidad es una forma de referirse a las riquezas mal habidas. Estas riquezas mal habidas no son en absoluto duraderas, muy pronto se agotan. Por eso dice el texto que estas riquezas disminuirán. Pero cuando se ahorra poco a poco con lo que produce el trabajo diligente, se puede acumular riqueza duradera. A esto se refiere el proverbio cuando dice que el que recoge con mano laboriosa aumenta las riquezas. Lo que fácil llega, fácil se va. Pero lo que llega con el sudor de la frente, difícilmente se va.

Y para terminar por esta ocasión, demos lectura al texto en Proverbios 13:12 donde dice: «La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido»

Cuando este texto habla de la esperanza que se demora se está refiriendo a algo que se espera con mucha ilusión, pero que por alguna razón no se cumple. Cuando esto pasa, la persona entra a un estado de profunda desilusión. A esto se refiere la Biblia cuando habla del tormento del corazón. En cambio, cuando lo que se espera con mucha ilusión se cumple, se produce una satisfacción tan grande que es comparable a un árbol que como fruto da la vida. Para no pasar por profundas desilusiones en la vida, es mejor no depender de las cosas para ser felices. Como hijos de Dios, debemos hacer a Cristo Jesús la fuente de nuestro gozo y de nuestra felicidad.

El que obedece el consejo es sabio

El precepto y el mandamiento