in

El pasado, el presente y el futuro de los creyentes

Que gozo es estar nuevamente junto a usted amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. El tema de estudio es la epístola de Pablo a Tito, en la serie titulada: Rasgos de una iglesia saludable. El propósito de Pablo para dejar a Tito en Creta fue para que corrija lo deficiente y establezca ancianos en cada ciudad. Una de las cosas deficientes que Tito tenía que corregir era la mala conducta de algunos creyentes. Lo que sucede es que algunos creyentes pensaban que la salvación tenía que ver solamente con ir al cielo cuando mueran. Pablo ha puesto muy en claro que la gracia de Dios se ha manifestado en la persona de Cristo, para salvación a todos los hombres, pero además de esto, para enseñarnos o disciplinarnos en cuanto a que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos el tiempo que tenemos en este mundo, sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Uno de los rasgos de una iglesia saludable es que los creyentes toman muy en cuenta este principio y en consecuencia procuran vivir en santidad. Dentro de esto, los creyentes deben estar sujetos a los gobernantes y autoridades, lo cual implica que deben obedecerlos y estar dispuestos a toda buena obra. En cuanto a todas las demás personas, los creyentes deben vivir de tal manera que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Hasta aquí es lo que hemos estudiado. En esta oportunidad vamos a mirar el pasado, el presente y el futuro de los creyentes.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Tito 3:3-7. Este pasaje bíblico nos permite dar un vistazo al pasado del creyente, al presente del creyente y al futuro del creyente. En cuanto al pasado del creyente, Tito 3:3 dice: Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
Lo último que dijo Pablo antes del versículo que acabo de leer, es que los creyentes debemos mostrar toda mansedumbre, no sólo para con los creyentes, sino para con todos los hombres, esto incluye a los incrédulos. La pregunta sería: ¿Por qué los creyentes debemos mostrar toda mansedumbre para los incrédulos? La respuesta es porque nosotros también en algún momento fuimos incrédulos. Esto permite a Pablo mostrarnos cómo éramos en el pasado, antes de ser creyentes. Pablo menciona siete características de un incrédulo. Es una fiel imagen de lo que todo creyente fue en el pasado. En primer lugar, éramos insensatos. Esto significa que no teníamos sabiduría para discernir nuestro triste estado espiritual. En segundo lugar, éramos rebeldes. Esto significa que no podíamos obedecer a la verdad. Éramos desobedientes. En tercer lugar, estábamos extraviados. Esto es consecuencia de lo anterior. Significa que andábamos sin rumbo fijo. Corríamos tras cualquier cosa que nos parecía correcto. Éramos como un barco a la deriva. Nos movíamos pero hacia ningún lado. Triste condición. En cuarto lugar, éramos esclavos de concupiscencias y deleites diversos. Esto significa que estábamos dominados por nuestros malos deseos. Teníamos la forma de pensar de: Si te gusta, hazlo. Esta forma de vivir nos estaba hundiendo más y más en la impiedad. En quinto lugar, estábamos viviendo en malicia y envidia. Esto significa que nuestra vida giraba alrededor de lo malo y nos incomodaba grandemente que otros prosperen de cualquier manera. En sexto lugar, éramos aborrecibles. Esto significa que nuestra actitud despertaba el odio de los demás. En séptimo lugar, nos aborrecíamos el uno al otro. Esto es consecuencia de lo anterior. Nuestras actitudes hacían que otros nos odien y nosotros respondíamos odiando a otros. Qué cuadro tan completo de lo que todos éramos antes de ser transformados por el poder de Dios. A continuación, Pablo presenta el presente de los creyentes. Tito 3:4-6 dice: Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
Tit 3:5  nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,
Tit 3:6  el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
El cuadro terrible en el que vivíamos antes de ser creyentes cambió radicalmente cuando llegamos a ser creyentes. Fue como cuando se prende la luz en una habitación a obscuras. Todo comenzó cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador. Pablo se refiere al Señor Jesucristo, en quien se hizo patente la bondad y el amor de Dios para con los hombres. Note lo que dice Efesios 2:4-6 al respecto: Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
Eph 2:5  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo(A) (por gracia sois salvos),
Eph 2:6  y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
Por su sacrificio en la cruz, el Señor Jesucristo nos salvó cuando pusimos nuestra fe en Él. En el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento, el verbo salvar está conjugado en tiempo aoristo. Esta forma de conjugación indica una acción que se toma una sola vez o de una vez por todas. Esta es una de las muchas razones por las cuales afirmamos que la salvación no se puede perder. Una vez salvo, para siempre salvo. Pablo enfatiza en el hecho que la salvación no es por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho. Efesios 2:8-9 dice: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
Eph 2:9  no por obras, para que nadie se gloríe.
Nadie puede jactarse de ser salvo como recompensa por algo bueno que ha hecho. Pablo dice también que la salvación es por la misericordia de Dios. Misericordia significa no dar lo que alguien merece. Como pecadores, merecemos condenación eterna, pero en lugar de darnos condenación eterna, Dios en su misericordia nos salvó, por medio de la fe en la persona y obra del Señor Jesucristo. Note lo que dice 1 Pedro 1:3  Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
La misericordia de Dios sobre el pecador que confía en Cristo como Salvador, resulta en el lavamiento de la regeneración. La palabra «regeneración» significa el acto divino de otorgar nueva vida a todo pecador que recibe a Cristo como Salvador. Es el nuevo nacimiento, la resurrección espiritual, la nueva creación y, en general, una referencia de la nueva vida sobrenatural que los creyentes reciben como hijos de Dios. En la historia de la iglesia, el término no ha tenido siempre un uso único, pero entendido correctamente significa el origen de la vida eterna, el cual se introduce en el creyente en Cristo en el momento de su fe, el cambio instantáneo de un estado de muerte espiritual a la vida espiritual. La salvación trae a los creyentes limpieza divina del pecado y el regalo de una nueva vida. En esto tiene mucho que ver el Espíritu Santo. Por eso el texto continúa diciendo: Y por la renovación en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el agente de la regeneración. El Espíritu Santo es derramado abundantemente en los creyentes por Jesucristo, nuestro Salvador. Tan pronto un pecador recibe a Cristo como su Salvador, el Espíritu Santo es derramado abundantemente sobre él, sin que el creyente lo pida. El creyente entonces se convierte en templo del Espíritu Santo. Hemos visto el pasado del creyente y el presente del creyente. Por último consideremos el futuro del creyente. Tito 3:7 dice: para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.
Los creyentes somos justificados por la gracia de Dios. Si un pecador se arrepiente y deposita su fe en Cristo, Dios lo declara justo, le imputa, o pone a su cuenta, la justicia de Cristo y le da vida eterna por medio de la muerte de Cristo, quien murió en lugar del pecador. En estas condiciones, el pecador es adoptado como hijo de Dios, con todos los derechos de un hijo adulto. Como tal, viene a ser heredero de Dios y también coheredero con Cristo, conforme a la esperanza de la vida eterna. El futuro del creyente no puede ser más glorioso. Si usted no ha recibido todavía Cristo como su Salvador, no sabe de lo que se está perdiendo, amable oyente. Hágalo este mismo instante, y como consecuencia será salvo y heredero de la esperanza de la vida eterna. Que el Señor le bendiga.

Más instrucciones que Pablo dio a Tito

Lo que Tito debía insistir y lo que Tito debía evitar