in

La desobediencia a Dios produce dificultad para evangelizar

La Biblia Dice… les saluda y les da la bienvenida a su estudio bíblico del día de hoy. Con la ayuda del Señor y por su gracia sola, con el estudio bíblico de hoy concluiremos esta corta serie sobre la obediencia a Dios. Obediencia es hacer lo que se nos pide hacer, sin variación, sin demora y sin reclamo. Obedecer a Dios de esta manera demanda un precio a pagar, pero vale la pena pagar el precio, porque resulta en beneficio no solo para este mundo sino también para el mas allá. Contrario a lo que muchos piensan, desobedecer a Dios también demanda un elevado precio, de lo cual muchos no están consientes, pero lo están pagando. Desobedecer a Dios en la salvación cuesta perder la vida por la eternidad en un lugar de condenación llamado infierno. Desobedecer a Dios, siendo ya un creyente, cuesta el volverse ciego a la verdad de Dios. Los creyentes de Galacia, por ejemplo, desobedecieron a Dios y como resultado llegaron a pensar que para seguir siendo salvos tenían que guardar la ley de Moisés. Así como ellos, hoy en día existen muchos creyentes que piensan que para seguir siendo salvos tienen que vivir sin pecar, o tienen que vivir guardando a la perfección un código moral imposible de ser cumplido. Si por desgracia llegan a pecar, piensan que automáticamente pierden su salvación. Constantemente recibimos cartas de personas de toda América Latina en las cuales nos comparten la angustia en la que viven, a causa de haber sido enseñados que si pecan ya dejan de ser salvos. Muchos de ellos tienen que engañarse a ellos mismos afirmando que no pecan para poder decir a otros que son salvos. La Palabra del Señor sin embargo dice en Colosenses 2:6-7: «Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias» Los creyentes gálatas ignoraron esta verdad a causa de su desobediencia y en lugar de andar por fe para agraciar al Señor, empezaron a andar por obras para agradar al Señor, con la consecuente desilusión cuando se encontraron con la triste realidad que en la vida del creyente no siempre están las buenas obras, sino a veces aparecen también las malas obras. No nos dejemos engañar por Satanás, las buenas obras no producen salvación ni proveen seguridad de salvación, pero en cambio la salvación produce buenas obras. La desobediencia a Dios, además de ocultar la verdad de Dios, produce dificultad para evangelizar. Veamos pues de qué manera.

Lo que dices con tu boca no lo niegues con tus hechos, es el popular refrán. Este dicho tiene bastante aplicación en la vida espiritual. El creyente afirma con su boca que es un seguidor de Cristo, lo cual implica que está en proceso de algún día llegar a ser igual a Cristo en su práctica. Pero cuando un creyente desobedece a Dios, está yendo en contra de lo que afirma con sus labios. Esto ocasiona un gran obstáculo para la propagación del Evangelio. El gran estadista hindú, Mahatma Gandhi, en cierta ocasión fue preguntado acerca del por qué el cristianismo no progresaba en la India como había progresado en otros países. Mahatma Gandhi, hizo una pausa, miró al firmamento y con solemnidad respondió. Por los cristianos. Con esto estaba afirmando algo que el mismo había constatado. Conocía a cristianos que afirmaban amar al prójimo, pero lo despreciaban y lo humillaban, conocía a cristianos que afirmaban que obedecían a Dios, pero con sus hechos demostraban lo contrario. Esta situación llevó a Gandhi, a pensar que el cristianismo no es algo práctico, que es pura teoría vacía de realidad, lo cual le llevó a concluir que el cristianismo nunca, desarrollará mientras haya cristianos que desobedezcan a Dios. Quizá Ud. mi hermano habrá también pasado por la triste experiencia de oír de un incrédulo la frase: Si aceptar a Cristo resulta en vivir como fulano de tal, entonces, no gracias, no me interesa. El testimonio de los creyentes, demostrado por su obediencia a Dios es como un impulso o un freno para el progreso del evangelio. De esto nos habla mucho la Palabra de Dios. Por ejemplo, el apóstol Pedro, dando instrucciones a los creyentes en una vasta región que hoy pertenece a Turquía, les dijo que era importante que ellos tengan un buen testimonio para ganar a los incrédulos para Cristo. Muchas mujeres casadas habían aceptado al Señor en estos lugares, pero sus esposos todavía no lo habían hecho, a ellas les dirige las palabras de 1ª Pedro 3:1-2: «Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa» La manera normal de recibir por la fe a Cristo es por medio de oír la predicación del Evangelio y luego sentarse con alguien que nos ayude a entender el hecho que Cristo murió por nuestros pecados y que debemos creer en su sacrificio en favor nuestro para ser salvos. Pero muchos maridos no están dispuestos a oír la proclamación del Evangelio, peor sentarse con alguien para hablar acerca de lo que Cristo hizo por ellos en la cruz. Por esta razón, la instrucción de Pedro a las esposas creyentes es que obedezcan a Dios y a sus esposos incrédulos para que ellos puedan ver en la práctica como funciona una persona que ha sido transformada por el poder del Evangelio. Un marido incrédulo puede negarse a oír el Evangelio, puede negarse a ir a una iglesia, pero no puede evitar tener a su lado a una esposa creyente que amorosamente se somete a él y le respeta, y le sirve. Cada buena obra de la esposa creyente será un mensaje sin palabra a su esposo, apuntando hacia la necesidad de él de acercarse a Cristo. Una hermana vivió en la práctica esta experiencia. Tenía, un marido que era fanático de la cerveza y las apuestas a las carreras de caballos. Cada vez que él llegaba un tanto mareado por la cerveza que había ingerido, la esposa le recitaba un sermón de cinco puntos principales y cinco subpuntos por punto. El esposo no decía una sola palabra, solamente se sentaba en el sofá y empezaba a roncar ni bien la esposa había cubierto el primer punto de su mensaje. Después cambió su táctica. Esta vez ponía papeles con textos bíblicos adheridos a cada lata de cerveza que el marido guardaba en el congelador. El marido ni se fijaba en ello, simplemente destapaba la lata de cerveza y adentro. Después optó por poner folletos evangélisticos en las páginas deportivas del diario, especialmente en las que traían información sobre las carreras de caballos, el marido tomaba el folleto lo estrujaba en su mano, lo tiraba a la basura y digería su diario. La esposa creyente se cansó en algún momento y habló con un pastor de su iglesia. Fue allí cuando ella notó que gritar, a su marido, ponerle textos bíblicos en los ojos, etc., no iba a conseguir que su marido se interese por el Señor. Supo que lo que necesitaba era vivir una vida de sumisión y respeto a su marido. Empezó a hacerlo. La primera vez que él llegó ebrio y no recibió un mensaje, quedó aturdido, cuando abrió el congelador para sacar una cerveza y no había un texto adherido a la lata, quedó más perplejo. Cuando vio a su esposa sometiéndose amorosamente, no pudo resistirlo. En cuestión de meses, el marido también entregó su vida al Señor. Un buen ejemplo de alguien que ganó a su marido para Cristo por medio de su obediencia a Dios. Así es mi hermanos, nuestra obediencia a Dios atraerá a los incrédulos a Cristo y nuestra desobediencia a Dios alejará a los incrédulos de Cristo. Terminando ya, me gustaría añadir simplemente lo siguiente. Si Ud. no ha aceptado a Cristo todavía, recuerde que todavía es tiempo para Ud. para obedecer a Dios. Mañana puede ser demasiado tarde. Obedezca a Dios aceptando a Cristo como su único Salvador. Si Ud. ya es un creyente, pero ha estado viviendo en desobediencia a Dios, recuerde que hay un precio por la desobediencia. No arruine su vida pagando tan alto por pecar. Reconcíliese hoy mismo con Dios confesando su pecado y apropiándose del perdón y la limpieza que Cristo le ofrece en su sangre. Recuerde que obedecer a Dios es más que solo hacer lo que él pide es hacerlo sin variación, sin demora y sin reclamo. Que Dios le bendiga.

La desobediencia a Dios produce que el creyente se vuelva ciego a la verdad

Algunos principios bíblicos que nos ayudarán a valorar la oración