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Principal motivo para que Jesús nazca

Saludos amable oyente. Hemos llegado ya a nuestro último estudio de la serie «Personajes Alrededor del Pesebre». Grandes personalidades se han hecho presente alrededor del humilde pesebre en Belén, pero hay alguien que todavía no ha llegado. Esta persona es muy importante, tan importante que es el principal motivo para que Jesús nazca. Como ya se imagina, esa persona importante es usted, sí, usted mismo que en este instante nos está oyendo. Es sobre usted que queremos hablar brevemente, para que sepa porqué vino Jesús.

En primer lugar, usted ha sido CREADO para la gloría de Dios. Isaías 43:7 dice: «Todos los llamados de mi nombre, para gloria mía los he creado, los formé y los hice». Después del acto de creación de Adán, Dios dijo, lo que leemos en Génesis 1:31: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.» Sí, amigo oyente, usted ha sido creado para la gloria de Dios. Dios quería mostrar en usted su carácter, su sabiduría, su perfección. Por esto cuando Dios creó a Adán, entre los dos había una comunión bastante estrecha e íntima. Quizá usted esté pensando bueno, la verdad es que mi vida está lejos de mostrar el carácter de Dios.
Usted tiene toda la razón, algo ocurrió con el hombre que hizo distorsionar el propósito de Dios para él. Ese algo se llama pecado. La Biblia dice que el hombre ha CAÍDO en pecado. Romanos 5:12 dice: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” Adán cayó en pecado, al dar crédito a la palabra de Satanás y desechar la Palabra de Dios y como consecuencia todos sus descendientes vienen a este mundo como pecadores.
La muerte física es el mensajero que anuncia que todo hombre es pecador. ¿Ha pensado que algún día tendrá que morir? Pues esto es porque usted es pecador. No solamente es un pecador por ser descendiente de Adán, sino también por su propia voluntad. Isaías 53:6 dice: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino.» Si amigo oyente, el hombre es un pecador por herencia y por voluntad propia. El hombre peca porque es un pecador, no es pecador porque peca. No, su naturaleza es pecaminosa, por eso peca. Hemos dicho entonces que el hombre fue creado para la gloria de Dios, pero que esta meta no se está logrando porque el hombre ha CAÍDO en pecado. Y como si esto fuera poco, el hombre está CARENTE de una relación con Dios. Lo que pasa es que Dios es Santo y no puede tolerar delante de sí el pecado. Pecado no es solamente hacer lo malo, sino que va más allá. Pecado es todo lo que no se ajusta a las normas de Dios.
El hombre tiene la tendencia a compararse con otros y llegar a la conclusión que «No soy tan malo como ese o aquel», claro que es así porque siempre escogemos a alguien peor que nosotros para compararnos. Pero el elemento de comparación no debe nadie sino Dios; y cuando nos comparamos con Dios todos quedamos cortos, por esto la Biblia dice en Romanos 3:22 y 23 «porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron. Así que, como consecuencia de ser pecadores, estamos separados de Dios. A esto llama la Biblia «muertos» espiritualmente.
Romanos 6:23 dice «porque la paga del pecado es muerte». Si amigo oyente, el hombre pecador no tiene una relación con Dios, está muerto, separado de Dios a causa de su pecado. Efesios 2:1 describe al pecador en términos de que está muerto en delitos y pecados.
Para empeorar la situación, el hombre es esclavo del pecado. Romanos 6:16 dice ¿No sabéis si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis; sea del pecado para muerte o sea de obediencia para justicia?” Si amigo oyente, el pecador es esclavo del pecado. No puede hacer nada por sí mismo para liberarse, necesita de un libertador que tenga capacidad, poder para labrarle. Es en estas circunstancias donde el hombre halla el CAMINO para ser salvo. Jesucristo dijo en Juan 14:6 «Yo soy el camino y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» Hay un camino para liberarse del cautiverio del pecado. Ese Camino es Jesucristo. Examinemos más de cerca este camino. Para entenderlo tenemos que momentáneamente ponernos en la posición de Dios. Dios es justo y también es amoroso. En su justicia ha dicho que el castigo por el pecado es la muerte. Ezequiel 18:4 declara «el alma que pecare, esa morirá». En su justicia Dios debe condenar al pecador, pero Dios es también amor, en su amor Dios desea salvarlo la condenación. 2 Pedro 3:9 dice «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros no queriendo que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento» El Dios justo debe condenar al pecador, y el mismo Dios amoroso quiere salvar al pecador.

Aquí es donde entra Jesucristo. Dios envió a Su Hijo para que tomando forma humana, reciba el castigo por el pecado del hombre. Jesucristo por ser Dios y hombre es inocente, sin mancha ni contaminación de pecado. Isaías 53:6 dice «más Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros» Sí, Jesús no tenía porqué ser castigado, pero fue castigado hasta la muerte, ¿por qué? Por usted y por mí. El no murió por ser pecador porque Él es Dios, sino que murió en su lugar, y en mi lugar, para llevarnos a Dios. Romanos 5:8 dice. «Más Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió «por» o en «lugar de» nosotros». Con la muerte de Cristo, se satisfizo la justicia de Dios para que su amor halle el camino para salvar al pecador. Pero después de morir, Cristo resucitó al tercer día. Su resurrección demostró que es Dios. Jesucristo venció la muerte y así demostró que es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado, y por consiguiente, puede liberar a todo cautivo por el pecado. En este estudio hemos visto que el hombre fue creado para la gloria de Dios, que el hombre cayó en pecado, el hombre está carente de una relación personal con Dios. Que el hombre está cautivo del pecado pero que hay un camino para la liberación. Ese camino es Jesucristo. Él vino a este mundo como un bebé para ser el sacrificio por nuestro pecado. La niebla era densa, así tan densa como la bruma, que cubrían la ensangrentada Europa, de tanto en tanto la luz de un fósforo iluminaba, rostros deformados por la impresión de que en pocos instantes vivirían la hora más trágica de nuestro tiempo, el día más largo del siglo. En un lanchón dos amigos dialogaban sin palabras, el silencio y el pasado les unía. La tez de uno era obscura como la noche, sus manos, cobrizas acariciaban nerviosas un arma automática era suboficial y tenía algunos hombres bajo sus órdenes. A su lado estaba su amigo era blanco y tenía en su brazo la cruz médica, sus ojos azules escrutaban las penumbras. De pronto por una de las radios recibieron un angustioso llamado de un grupo de 17 hombres atrapados entre las rocas que necesitaban con urgencia sangre y plasma. Ricardo y su amigo se miraron. Había llegado el momento de ingresar al drama. Al sonar el silbato se lanzaron con otros cuatro a las aguas heladas, besadas por la tenue luz del amanecer. El tableteo de las ametralladoras sembraba la muerte. Ya corrían por la playa cuando un gemido hizo que Ricardo se volviera para mirar a sus espaldas; caído sobre la arena estaba su mejor amigo, el compañero de siempre. La primera ola se tiñó de sangre, se miraron a los ojos. Juntos habían correteado de niños, juntos habían cantado en la iglesia, estaba tan cerca, pocos pasos, pero si volvía para socorrerlo podía perecer bajo una lluvia de balas y 17 hombres necesitaban su ayuda para vivir. El diálogo con las miradas fue profundo, pero los ojos del negro en un chispazo de cielo le imploraron que no se detuviera, que siguiera corriendo para auxiliar a quienes esperaban junto a las rocas. Juntos todo una vida, pero en la hora de la elección separados por amor a los demás. Ricardo siguió corriendo, atrás quedaba su amigo negro muriendo abandonado, adelante un manojo de esperanza aguardando sangre y plasma para sonreír mañana.
En las brumas del Gólgota, Dios desamparó a su Hijo para ampararle a usted, ¿porqué no dobla sus rodillas y recibe por la fe el sacrificio de Cristo en su lugar?

La persona de Simeón

La historia del pueblo de Israel