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Juan el Bautista

Qué gozo es saludarle mi amiga, mi amigo. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Proseguimos con la serie “Personajes alrededor del Pesebre”. En esta ocasión vamos a aprender de la vida de Juan el Bautista, aquel que vino con el Espíritu y el poder de Elías para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Es interesante comparar la vida de Juan el Bautista con la vida de Jesucristo, para distinguir algunos paralelos muy edificantes. Cristo tuvo un nacimiento muy maravilloso. Juan el Bautista también nació en circunstancias maravillosas. Cristo tuvo un ministerio magnifico, Juan el Bautista también. Cristo tuvo una muerte cruenta, Juan el Bautista también murió en forma cruenta. Guardando las proporciones debidas podemos ver que la vida de Juan el Bautista y la de Jesús tuvieron sus similitudes. Veamos entonces más de cerca la vida de Juan el Bautista. Fijémonos en primer lugar en LA MARAVILLA DE SU NACIMIENTO, su nacimiento fue profetizado.

En el evangelio de Lucas, 1:13-17 leemos lo siguiente: Pero el ángel le dijo:  Zacarías,  no temas;  porque tu oración ha sido oída,  y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo,  y llamarás su nombre Juan.
Luk 1:14  Y tendrás gozo y alegría,  y muchos se regocijarán de su nacimiento;
Luk 1:15  porque será grande delante de Dios.  No beberá vino ni sidra,  y será lleno del Espíritu Santo,  aun desde el vientre de su madre.
Luk 1:16  Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.
Luk 1:17  E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías,  para hacer volver los corazones de los padres a los hijos,  y de los rebeldes a la prudencia de los justos,  para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
En este pasaje bíblico podemos ver que un ángel profetizó a Zacarías que su esposa Elizabet iba a dar a luz a un hijo que se llamaría Juan. Esta profecía tenía especial significado para esta pareja, porque ambos eran ya de avanzada edad. La profecía también tenía que ver con el futuro ministerio que desarrollaría Juan. El nacimiento de este niño iba a traer gozo y alegría para sus padres, iba a ser grande delante de los ojos de Dios, iba a ser lleno del Espíritu Santo, aún desde el vientre de su madre. Iba a hacer que muchos se conviertan al señor y por fin iba a venir con el Espíritu y el poder de Elías para preparar al Señor, un pueblo bien dispuesto.

Luego vemos que su nacimiento fue puesto en duda por Zacarías, Lucas 1:18-23 nos relata este incidente. Dijo Zacarías al ángel:  ¿En qué conoceré esto?  Porque yo soy viejo,  y mi mujer es de edad avanzada.
Luk 1:19  Respondiendo el ángel,  le dijo:  Yo soy Gabriel,  que estoy delante de Dios;  y he sido enviado a hablarte,  y darte estas buenas nuevas.
Luk 1:20  Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar,  hasta el día en que esto se haga,  por cuanto no creíste mis palabras,  las cuales se cumplirán a su tiempo.
Luk 1:21  Y el pueblo estaba esperando a Zacarías,  y se extrañaba de que él se demorase en el santuario.
Luk 1:22  Pero cuando salió,  no les podía hablar;  y comprendieron que había visto visión en el santuario.  El les hablaba por señas,  y permaneció mudo.
Luk 1:23  Y cumplidos los días de su ministerio,  se fue a su casa.
Zacarías quería ver para creer, pidió por tanto una señal. El ángel le dijo que es necesario creer para ver. A causa de esto Zacarías quedó mudo hasta que se cumplió la profecía y nació Juan. ¿Puede imaginarse amigo oyente quedarse mudo por al menos 9 meses? Eso es lo que tuvo que soportar Zacarías a causa de su incredulidad, Cuánto nos parecemos a Zacarías ¿verdad? Para nosotros es más fácil ver algo para luego creer, pero Dios piensa lo contrario. Él dice:  tienes que creer para ver a Dios obrar. Juan 11:40 dice; ¿no te he dicho que si crees veras la gloria de Dios? Cuan importante es vivir este principio; que la exhortación sea también para nosotros. Acto seguido tenemos el nacimiento consumado; Lucas 1:24-25 dice: Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet,  y se recluyó en casa por cinco meses,  diciendo:
Luk 1:25  Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.
Elizabet concibió a pesar de su avanzada edad.
Zacarías aprendió su lección de creer para ver. Lucas 1:57-66 encontramos el cumplimiento de la profecía. Elisabet dio a luz a Juan. Lucas 1:80 dice; “y el niño crecía y se fortalecía en Espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación en Israel”.

Después de analizar la maravilla de su nacimiento, veamos LA MAGNIFICENCIA DE SU MINISTERIO, el relato de su ministerio se halla en Lucas 3:2-9 la palabra de Dios vino a Juan en el desierto y él salió por toda la región contigua al jordán, predicando el Bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, en los versículos 10-14 de Lucas 3, encontramos el resultado de su ministerio, la gente le preguntaba diciendo: Entonces ¿qué hacemos? La respuesta fue “hagan frutos dignos de arrepentimiento” El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene, el que tiene que comer; haga lo mismo; a los cobradores de impuestos les dijo: “no exijáis más de los que esta ordenado” a los soldados les dijo “no hagáis extorsión a nadie; ni calumniéis y contentaos con vuestro salario”.

Que mensaje impactante. La gente se sintió motivada a cambiar su conducta. Cuando la gente escucha la palabra de Dios debe preguntarse: ¿entonces que hago?. Es interesante notar que el arrepentimiento da lugar al fruto del arrepentimiento.

Arrepentimiento no es sólo sentirse mal por el pecado, arrepentimiento es dejar de pecar, si usted dice que se ha arrepentido, su vida debe reflejar el fruto de ese arrepentimiento. Como dice Hebreos 12: 1: “despojémonos de todo peso y pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” Juan el Bautista predicó un mensaje que denuncia el pecado, un mensaje frontal y su mensaje fue fructífero. Algunas personas comenzaron a confundir a Juan el Bautista con el Cristo, por esto, Juan explicó la relación que tenía con Jesucristo. Dijo textualmente: “Yo no soy el Cristo” Juan 1: 20 dice: Soy simplemente uno que clama en el desierto: “enderezad al camino del Señor”. Qué humildad que tenía, no se apropió de honores que no le correspondían. Juan 3:30 declara las palabras de Juan, las cuales deberían ser las palabras de cada uno de nosotros que somos sus hijos. “es necesario que él crezca pero que yo mengue”

Los grandes hombre de Dios han sido grandes también en su muerte. Hemos visto la maravilla del nacimiento de Juan y la magnificencia de su ministerio, ahora vemos la MAJESTUOSIDAD DE SU MARTIRIO. Juan el Bautista murió como un mártir. La causa para su martirio lo vemos en el Evangelio de Mateo Capitulo 14: 3-5 Porque Herodes había prendido a Juan,  y le había encadenado y metido en la cárcel,  por causa de Herodías,  mujer de Felipe su hermano;
Mat 14:4  porque Juan le decía:  No te es lícito tenerla.
Mat 14:5  Y Herodes quería matarle,  pero temía al pueblo;  porque tenían a Juan por profeta.
La denuncia del pecado de Herodes llevó a la cárcel a Juan el Bautista. Qué ejemplo de predicador, no le importó ir a parar a la cárcel con tal de condenar a Herodes por vivir en adulterio con su cuñada. Esto es lo que da majestuosidad al martirio de Juan el Bautista. Mateo 14: 6-12 nos relata las circunstancias del martirio. Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes,  la hija de Herodías danzó en medio,  y agradó a Herodes,
Mat 14:7  por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese.
Mat 14:8  Ella,  instruida primero por su madre,  dijo:  Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.
Mat 14:9  Entonces el rey se entristeció;  pero a causa del juramento,  y de los que estaban con él a la mesa,  mandó que se la diesen,
Mat 14:10  y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.
Mat 14:11  Y fue traída su cabeza en un plato,  y dada a la muchacha;  y ella la presentó a su madre.
Mat 14:12  Entonces llegaron sus discípulos,  y tomaron el cuerpo y lo enterraron;  y fueron y dieron las nuevas a Jesús.
Así termino la vida de Juan; aun su muerte fue majestuosa por la entereza que tuvo de denunciar el pecado a costa de su propia vida.
Hemos estudiado a Juan el Bautista, un hombre que se sintió honrado de vivir a la sombra de Jesús “Es necesario que él crezca pero que yo mengue” Ojalá que estemos dispuestos a gastar nuestras vidas para exaltar a la persona de Jesucristo.

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