in

El seno virginal de María

Para muchos, Navidad es la época más hermosa del año. Lo que hace especial a la Navidad no son los regalos, ni los que se reciben, ni los que se dan, no son los adornos multicolores en las casas, no es el bullicio en las calles, no es la buena comida, ni siquiera es la comunión entre los miembros de la familia.

No… lo que hace especial a la Navidad es la recordación de que el eterno Hijo de Dios tomó forma humana en el seno virginal de María para luego nacer en un humilde pesebre en Belén. Sobre esto nos hablará David Logacho en el estudio bíblico de hoy.

La concepción en el ser humano es un acto rodeado de maravilla y misterio. De dos personas, un hombre y una mujer, Dios da forma a una tercera persona. Cuánto más maravillosa y misteriosa será entonces la concepción en una mujer virgen, sin la intervención en absoluto del hombre.

Pues eso fue lo que aconteció con aquella joven virgen que habitaba en Nazaret de Galilea. El relato del evento aparece en Lucas 1:26-38 donde dice: «Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.»

La vida transcurría normalmente para esta joven piadosa de Nazaret llamada María. Quizá estaba pensando en el momento todavía futuro cuando llegaría a ser la esposa de su prometido, José. Por ahora estaba solamente desposada con él. Tanto él como ella estaban esperando el momento para consumar su unión. Mientras esperaban, él probablemente estaba ocupado en preparar la morada para los dos, y ella probablemente estaba ocupada en todo lo que implica llegar a ser una buena esposa.

Fue en esas circunstancias que el ángel Gabriel apareció a María con ese saludo lleno de significado: ¡Salve, muy favorecida! Salve, era el saludo de la época. Muy favorecida es la traducción de una frase que literalmente significa: Llena de gracia. Es el mismo calificativo que el Nuevo Testamento aplica a los que hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador en Efesios 1:6 cuando dice que somos «aceptos» en el Amado.

Lo que Dios estaba por hacer con la virgen María, no fue por merecimiento de ella, sino algo que ella no merecía. Llevar en su seno por nueve meses el cuerpo humano del Señor Jesús y darlo a luz, no fue algo que la virgen María lo merecía. Haber sido escogida por gracia por parte de Dios, era sin duda un gran privilegio para la virgen María. Por eso es que el ángel Gabriel prosiguió diciéndole: El Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres.

Sorprendida por la presencia del ángel Gabriel y sobre todo por la salutación, la virgen María estaba agitada en gran manera. El ángel Gabriel tuvo que intervenir para hacer volver a la calma a la virgen María. No había motivo para temer. Cuando Dios quiere hacer algo, aunque sea algo que parece absurdo, no hay motivo para temer. Dios jamás se equivoca.

El ángel Gabriel ratificó que la virgen María había hallado gracia delante de Dios. Cuando la gracia de Dios se manifiesta, las dudas, el temor y la ansiedad deben desaparecer. Ahora el ángel Gabriel está en capacidad de comunicar a la virgen María cual es la obra de gracia que Dios va a hacer con ella. La obra de gracia es que la virgen María concebirá en su vientre, y dará a luz un hijo, quien se llamará Jesús.

A partir de este momento, es como si el haz de luz se quitara de la virgen María y se pusiera sobre Jesús. Que una virgen conciba en su vientre es una obra sobrenatural, un milagro singular. El fruto de esa singular concepción se llamará Jesús. Jesús significa Jehová salva o Jehová es salvación. Un nombre ideal para la persona que nacerá de la virgen, por cuanto por medio de esa persona, Dios el Padre hará posible la salvación del pecador.

Cuando llegó el momento del nacimiento de Jesús, un ángel del Señor entregó un mensaje a los pastores que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Lucas 2:11 dice: «que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor» Pero hay mucho más sobre Jesús que la virgen María debía escuchar de la boca del ángel Gabriel. Jesús será grande. Esto no tiene que ver con contextura física sino con el alma, con la personalidad. Jesús es lo más grande que jamás ha existido. Su personalidad es grande como grandes son las obras que realizó y entre ellas, la obra suprema de cerrar la brecha entre el hombre pecador y Dios santo.

Además de grande, Jesús será llamado Hijo del Altísimo. Esto habla de la esencia misma de la persona que iba a dar a luz la virgen. Es una esencia muy especial. Por un lado es 100% humana y por otro lado, como Hijo del Altísimo, es 100% divino. En él se confunden y se funden las dos naturalezas, la humana y la divina. Una vez que nació y creció dio amplias evidencias de su humanidad, cuando tuvo hambre, cuando se sintió cansado, cuando lloró ante la tumba de un amigo; pero a la vez, dio igualmente amplias evidencias de su divinidad cuando manifestó su dominio sobre la naturaleza, su dominio sobre la enfermedad, su dominio sobre la muerte, su dominio sobre Satanás y sus demonios.

Como si todo esto fuera poco, María la virgen debía saber que el hijo que le iba a nacer era Rey. El ángel Gabriel dijo que el Señor Dios le dará el trono de David su padre. La virgen María era descendiente del rey David. Por sus venas corría sangre real. Jesús su hijo tendría por tanto todo el derecho a sentarse en el trono de David su padre. Pero Jesús no sería un rey común y corriente, ni siquiera un rey como David su padre, porque Jesús sería un Rey que reinará sobre la casa de Jacob para siempre. Esto significa un rey eterno con un reino eterno.

María la virgen debe haber estado atónita ante todo esto que estaba oyendo del ángel Gabriel, pero había algo en lo cual no podía dejar de pensar por más que se esforzaba. Ella era virgen, jamás había conocido varón, en el sentido de haber tenido una relación sexual con un hombre. José, era nada más que su prometido, todavía no había vivido junto a él como su esposa.

En su mente no hallaba explicación a esto de concebir siendo virgen. Nuevamente tuvo que intervenir el ángel Gabriel para disipar las dudas de María. Le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. La concepción de la virgen sería una obra sobrenatural, un milagro realizado por el Espíritu Santo. El poder del Altísimo estaría cubriendo con su sombra a la virgen María. Por este motivo, lo que iba a nacer será un Santo Ser.

El único ser humano absolutamente puro, limpio y perfecto. El único ser humano sin ninguna mancha de pecado, el único ser humano libre de naturaleza pecaminosa. Así es Jesús. Tenía que ser así para poder ser el perfecto Salvador del pecador. Si Jesús hubiera tenido la naturaleza de pecado, como cualquier otro ser humano, no hubiera estado capacitado para morir en lugar del pecador.

Para el hombre es imposible que una virgen conciba del Espíritu Santo. Para el hombre es imposible que una virgen dé a luz un Santo Ser, pero para Dios no es imposible. Lo imposible del hombre es posible para Dios. Como una pequeña muestra de poder de Dios, el ángel Gabriel informa a la virgen María que su parienta Elisabet ha concebido de su esposo en su vejez y que ya tiene seis meses de embarazo.

Algo así era imposible para el hombre, pero para Dios no es imposible, como no es imposible que una virgen conciba del Espíritu Santo y dé a luz un Santo Ser. Al escuchar todo esto, la virgen María manifiesta su total disposición a hacer la voluntad de Dios. Simplemente dijo al ángel Gabriel: He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra. Para la virgen María, esto significaba que se exponía a que su prometido José le repudie, significaba que tendría que sobrellevar las críticas y comentarios hostiles de la gente por estar embarazada siendo soltera, y peor todavía, se exponía a ser entregada para ser apedreada, si José la denunciaba como infiel.

No era nada fácil para la virgen María el someterse a hacer la voluntad de Dios. Pero Dios mismo se encargó de proteger a la virgen María por medio de que José le tome como esposa, a pesar que estaba embarazada y no de él. Cuando hacemos la voluntad de Dios, siempre contaremos con la protección y la bendición de Dios. Navidad es un tiempo propicio para meditar y reflexionar sobre estas cosas. Dios ama al pecador y por ese amor, permitió que su Hijo unigénito, tome forma humana, nazca de una virgen, crezca y vaya a la cruz para morir en lugar del pecador.

Dios hizo todo lo que tenía que hacer para salvarle amigo oyente. El Hijo de Dios hizo todo lo que tenía que hacer para salvarle, amigo oyente. ¿Ha aprovechado lo que Dios y su Hijo han hecho por Usted para salvarle? Si ha recibido a Cristo como su Salvador, Usted ha aprovechado todo lo que el Padre y el Hijo han hecho por Usted, pero si todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, Usted todavía no ha aprovechado lo que el Padre y el Hijo han hecho por Usted. No desperdicie esa monumental obra, en esta Navidad reciba el mejor regalo que el hombre puede recibir. El regalo de la salvación.

Zacarías, significa «El Señor Recuerda»

Eventos alusivos al nacimiento de Jesús