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El Jardín del Edén

Es muy grato saludarle amable oyente. Bienvenida, bienvenido al Estudio bíblico de hoy. Aprovechando que estamos en época de Navidad, vamos a dedicar esta semana a meditar sobre distintos personajes que de una u otra manera están relacionados con el pesebre de Belén, aquel humilde establo, donde el Creador y Sustentador del universo vio por primera vez la luz de este mundo con ojos humanos.

Los primeros personajes alrededor del pesebre que vienen a nuestra mente, no son José y María ni ninguno de su tiempo. No, los primeros que vienen a la mente son tan antiguos como la misma humanidad. Se trata nada más y nada menos de ¡Adán y Eva! ¿De qué manera Adán y Eva estuvieron relacionados con el niño de Belén, por cuanto vivieron miles de años antes que él? Pues dejemos que la Palabra del Señor sea quien nos dé la respuesta a esta interesante pregunta.

Todo comenzó en el Jardín del Edén, el hermoso huerto que Dios plantó para que sus criaturas pudieran disfrutarlo a plenitud. El libro de Génesis en sus primeros dos capítulos nos relata este acontecimiento sin igual. En este jardín, el hombre disfrutó de una hermosa comunión con su Creador. Dios mostró su confianza hacia el hombre, al poner en medio del huerto al árbol de la ciencia del bien y del mal, y les instruyó que no coman del fruto de este árbol, porque si  lo comían tendrían que sufrir las terribles consecuencias de ello. Dios siempre advierte lo que va a pasar si se desobedece su voluntad.
En Génesis 3 tenemos uno de los capítulos más tristes de la Biblia, describe el fracaso del hombre ante Dios. El Hombre defraudó la confianza dada por Dios. Satanás en  forma de serpiente engañó a Eva. Eva creyó la palabra de Satanás y desechó la Palabra de Dios. En su caída arrastró también a su esposo Adán. Como resultado el Juez justo pronunció su sentencia. Comenzó por sentenciar a la serpiente, el instrumento que Satanás utilizó para tentar a Eva. Que triste que la serpiente creada para ser una bendición para el hombre, al igual que los otros animales, como consecuencia del pecado se tornó en una maldición para el Hombre. Luego vino la sentencia sobre Eva, luego la sentencia sobre Adán y finalmente sobre la creación en general. En esencia se nota que el hombre que fue creado para dominar la creación, terminó siendo dominado por el pecado, por Satanás y hasta por la misma creación, por cuanto la creación se volvió hostil al hombre. Satanás ganó una batalla, Romanos 5:12 dice: “Por tanto como el pecado entro al mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombre, por cuanto todos pecaron”. Es en medio en este cuadro de desesperanza y dolor, cuando aparece por primera vez la promesa de un Libertador. Dios en su gracia prometió un Salvador para librar al hombre de la esclavitud a su pecado y a Satanás. Génesis 3:15 dice: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya: ésta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar”. Aunque estas palabras fueron dirigidas a la serpiente, sin embargo fueron expresadas a oídos de nuestros primeros padres, Adán y Eva, quienes sin duda se apropiaron de la promesa, lo cual se comprueba en el hecho que cuando Eva concibió y dio a luz a su primer hijo, Caín, dijo: “Por voluntad de Jehová he adquirido varón”
De seguro, Eva pensó este hijo que acababa de nacer llegará a ser el libertador prometido por Dios en el huerto de Edén; pero en los planes de Dios el cumplimiento de esta promesa era para más tarde; porque tuvieron que pasar miles de años hasta que vino Cristo, sobre lo cual Gálatas 4:4 nos dice: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer y nacido bajo ley”. La promesa en Génesis 3:15 contiene 3 ideas básicas.

En primer lugar, la promesa tiene que ver con la encarnación. El Libertador tenía que ser alguien que cumpla con la condición de ser “La simiente de la mujer”. La gracia de Dios se magnifica en este acto. Fue la mujer a quien engaño primeramente Satanás, fue a la mujer a quien Adán echó la culpa de su fracaso al caer en el pecado, pero fue a la mujer a quien Dios prometió que de su simiente se levantaría el libertador, ¡Qué gracia incomparable! Ese libertador es Jesucristo. Lo que Eva perdió en el Edén fue recuperado en la cruz por uno de su simiente. La simiente de la mujer nos habla también del nacimiento virginal del Cristo, del Libertador, sólo una mujer virgen puede dar a luz a uno que puede llamarse la “simiente de la mujer”. Todos nosotros hemos nacido de padre y madre, por lo tanto estamos contaminados con el pecado de nuestros padres. Por esto Job 25:4 dice: ¿Cómo pues se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer? Pero Jesús es la simiente de la mujer, sin intervención del hombre, por tanto sin mancha de contaminación.

En segundo lugar, la promesa tiene que ver con el sufrimiento y la muerte de la simiente de la mujer. “Y tú le herirás en el calcañar” nos habla de que en si humanidad Cristo, el Libertador iba a sufrir y aun a morir. Satanás trató por todos los medios posibles de destruir a Jesús y de esa manera hacer imposible la salvación del hombre pecador, pero mediante su muerte, Cristo destruyó al que tenía el imperio de la muerte, a Satanás, quien usa la muerte como su arma más poderosa, porque cuando alguien muere sin haber sido perdonado de sus pecados, ya no hay más oportunidad para que este pecador se salve, Hebreos 2.14 dice: Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenia el imperio de la muerte, esto es, al diablo.

En tercer y último lugar, la promesa tiene que ver con la victoria sobre Satanás. La simiente de la mujer iba a ganar lo que Adán y Eva perdieron en Edén, Satanás iba a ser herido por la simiente de la mujer en la cabeza, esto significa que Cristo en la cruz hirió de muerte a Satanás, destruyó su política, su poder, su reino fue derrotado. Cristo rescató las almas perdidas de las garras de Satanás. Un día todavía futuro, Satanás va a ser atado y encadenado por mil años para finalmente ser arrojado al lago de fuego y azufre donde permanecerá por la eternidad. Ap. 20:10 dice: Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre,  donde estaban la bestia y el falso profeta;  y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos..

¿De qué manera se relaciona Jesús, el niño de Belén con Adán y Eva?, Pues porque a ellos les fue hecha la promesa de un Redentor y esa promesa fue cumplida por Dios cuando nació Jesús en Belén, la simiente de la mujer, quien luego creció y en su momento fue a la cruz del Calvario, donde fue herido por Satanás en el calcañar, pero hirió a Satanás en la cabeza, destruyendo su imperio, como dice Dios en su Palabra; anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la cruz.

Mi querida amiga, amigo oyente: Dios ha cumplido con su promesa al enviar un Libertador a este mundo, nacido de mujer, quien fue herido por Satanás en el calcañar, pero hirió de muerte a Satanás en la cabeza. Este libertador terminó ya su obra, para salvarnos. Quizá usted estará pensando ¿Por qué necesito yo un libertador? Pues porque como consecuencia de la caída de nuestros padres, Satanás ganó el dominio sobre sus descendientes, en otras palabras la raza humana quedó hecha esclava de Satanás. Por esto Usted necesita un Libertador. Ese libertador es Jesucristo. Él murió para pagar por sus pecados y para darle la oportunidad de ser libre del poder y del dominio de Satanás ¿Le gustaría aprovechar lo que Jesucristo hizo ya por Usted en la cruz? Si es así, reciba a Jesucristo como su Salvador personal. Dios ha dicho en su Palabra. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de Dios de la justicia. Que Dios le bendiga ricamente.

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