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David también es uno de los personajes alrededor del pesebre de Belén

En el programa anterior, vimos como el nacimiento de Jesús fue el cumplimiento de una promesa de Dios hecha a Abraham. Cuando Jesús nació en Belén, Dios estaba haciendo una realidad lo que prometió en el pasado en cuanto a que uno de la simiente de Abraham sea bendición para todas las familias de la tierra. Y qué gozo es para nosotros saber que al haber recibido a Cristo como nuestro Salvador, nosotros nos hemos hecho acreedores a recibir los beneficios de la bendición de Dios prometida a Abraham miles de años atrás. En esta oportunidad, vamos a avanzar la historia para llegar al tiempo de David. David también es uno de los personajes alrededor del pesebre de Belén. Pocos hombres han recibido tantos elogios por parte de Dios como David. Qué personaje tan ilustre fue este hombre. En el libro de los Hechos, capítulo 12, versículo 22, Dios da un testimonio extraordinario acerca de su persona. Dice: Quitado éste,  les levantó por rey a David,  de quien dio también testimonio diciendo:  He hallado a David hijo de Isaí,  varón conforme a mi corazón,  quien hará todo lo que yo quiero.
Así se expresa Dios de David, un hombre cuyo corazón estaba en sintonía con el corazón de Dios. Un hombre cuyo corazón palpitaba al ritmo del corazón de Dios, un corazón que le interesaba lo que a Dios le interesaba. Un corazón que amaba lo que Dios amaba, un corazón que odiaba lo que Dios odiaba, el pecado. Que gran hombre fue David. Dios pudo decir de él: Hará todo lo que yo quiero. ¿Sabe, amable oyente? Cuántos hombres como David hacen falta hoy. Hombres que hagan TODO lo que Dios quiera. Hombres que tengan un celo santo por vivir vidas santas. Hombres que tengan un corazón sintonizado con el corazón de Dios. Fue a este personaje, David, a quien Dios le hizo una promesa incondicional, que tiene que ver directamente con el nacimiento de Jesús. El pasaje bíblico se encuentra en 2 Samuel 7:1-17.

La primera cosa que podemos notar es una propuesta de David. 2 Samuel 7:1-2 dice: Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa,  después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor,
2Sa 7:2  dijo el rey al profeta Natán:  Mira ahora,  yo habito en casa de cedro,  y el arca de Dios está entre cortinas.
David había llegado a un época de tranquilidad en su reino. Había dominado a sus enemigos, había construido una ciudad para sus siervos y morando en su propio palacio estaba meditando en cuan bendecido había sido por Dios. De pronto, le asaltó un pensamiento: ¿Cómo es posible que yo vida en un palacio y el arca de Dios, símbolo de la presencia de Dios, en una carpa, una tienda? Sin pensarlo más, salió y fue al profeta Natán y le dijo: Mira ahora, yo habito en casa de cedro y el arca de Dios está entre cortinas. Tenemos aquí una ventana al corazón de David. Dios le había colmado de bendiciones, y lugar de enorgullecerse por ello, como lo hizo Nabucodonosor en su tiempo, David estuvo meditando en su relación personal con Dios y en la obra de Dios. Cuánto necesitamos imitar la actitud de David. Cuántos de nosotros hoy en día estamos muy tranquilos, agradecidos a Dios por sus bendiciones, pero totalmente despreocupados de nuestra relación personal con él y sobre todo de la obra de él. Mientras más seamos bendecidos de Dios, más debemos pensar en Dios y más debemos cuidar de la obra de Dios. Cuántas iglesias locales hay que se debaten en la miseria porque sus miembros están cómodamente disfrutando de las ricas bendiciones de Dios sin pensar siquiera en el Autor de esas bendiciones. No, David no era una persona así. David buscaba el esplendor de la obra de Dios. En segundo lugar, podemos notar la posición de Natán el profeta. 2 Samuel 7:3 dice: Y Natán dijo al rey:  Anda,  y haz todo lo que está en tu corazón,  porque Jehová está contigo.
Lejos de desalentar a David, Natán el profeta le anima para llevar adelante los planes de edificar una casa para el arca de Dios. Natán sabía del celo de David por agradar a Dios y estaba seguro que ese pensamiento que tenía David provenía de Dios. Por supuesto, la misma noche, Dios tuvo que corregir a Natán y darle el mensaje con el pensamiento real de Dios, pero aun en estas circunstancias podemos ver al profeta animando a un hombre a hacer algo digno de la gloria de Dios. Esta debería ser la tarea de los pastores, el animar y alentar que las ovejas se empeñen en hacer cosas para engrandecer la obra de Dios. En tercer lugar notamos la promesa de Dios. 2 Samuel 7:4-17 dice: Aconteció aquella noche,  que vino palabra de Jehová a Natán,  diciendo:
2Sa 7:5  Ve y di a mi siervo David:  Así ha dicho Jehová:  ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?
2Sa 7:6  Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy,  sino que he andado en tienda y en tabernáculo.
2Sa 7:7  Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel,  ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel,  a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel,  diciendo:  ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?
2Sa 7:8  Ahora,  pues,  dirás así a mi siervo David:  Así ha dicho Jehová de los ejércitos:  Yo te tomé del redil,  de detrás de las ovejas,  para que fueses príncipe sobre mi pueblo,  sobre Israel;
2Sa 7:9  y he estado contigo en todo cuanto has andado,  y delante de ti he destruido a todos tus enemigos,  y te he dado nombre grande,  como el nombre de los grandes que hay en la tierra.
2Sa 7:10  Además,  yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré,  para que habite en su lugar y nunca más sea removido,  ni los inicuos le aflijan más,  como al principio,
2Sa 7:11  desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel;  y a ti te daré descanso de todos tus enemigos.  Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.
2Sa 7:12  Y cuando tus días sean cumplidos,  y duermas con tus padres,  yo levantaré después de ti a uno de tu linaje,  el cual procederá de tus entrañas,  y afirmaré su reino.
2Sa 7:13  El edificará casa a mi nombre,  y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.
2Sa 7:14  Yo le seré a él padre,  y él me será a mí hijo.  Y si él hiciere mal,  yo le castigaré con vara de hombres,  y con azotes de hijos de hombres;
2Sa 7:15  pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl,  al cual quité de delante de ti.
2Sa 7:16  Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro,  y tu trono será estable eternamente.
2Sa 7:17  Conforme a todas estas palabras,  y conforme a toda esta visión,  así habló Natán a David.
Antes de la promesa, Dios hace una introducción. Básicamente hace referencia a que Dios ha habitado en su tienda o tabernáculo desde el día que sacó a los hijos de Israel de Egipto hasta la fecha y que en ningún momento a nadie sugirió que le hiciera un templo. Esto nos hace pensar en que Dios no está tan interesado en lo externo como en lo interno. A Dios no le impresiona la pompa, el lujo, la tradición. Lo que sí le impresiona es un corazón humilde que se da cuenta de su condición pecaminosa y trata de encontrar en Dios la aceptación por medio de Jesucristo. El hombre mira lo externo, pero Dios indaga el corazón. Después de esta introducción, Dios hace un recuento de su obra a través de David. Le muestra lo que David era antes, para que valore lo que es hoy. Le muestra como Dios estuvo con él para que valore que lo que logró no fue por su propia fuerza sino porque Dios peleaba por él. A continuación viene la promesa propiamente dicha. Qué interesante. David pensaba hacer una casa a Dios, pero Dios le muestra que es Dios quien va a hacer una casa a David. Así es como opera Dios. Aunque no logremos hacer lo que pensamos, si nuestra actitud y motivación es la correcta, Dios va a recompensarnos con creces. Dios mira nuestro corazón no tanto nuestra acción. Él sabe que una motivación correcta nos llevará a una acción correcta. La promesa hecha a David tenía un doble cumplimiento. En el futuro cercano, su hijo ascendería a su trono, su reino sería afirmado, su hijo construiría un templo y su hijo sería disciplinado si se apartaba de los caminos de Dos. En el futuro lejano, Dios prometió a David una casa es decir, posteridad, descendencia. Le prometió un trono, es decir autoridad real, le prometió un reino, esto es una esfera de gobierno y finalmente perpetuidad, es decir para siempre. Es aquí donde entra Jesús. Cuando el niño Jesús nació en Belén, Dios cumplió con parte de esta promesa a David. Jesús es la simiente de David. Hechos 13:23 dice: De la descendencia de éste,  y conforme a la promesa,  Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.
Jesús nació para ser el rey prometido a Israel por medio de David. Lucas 1:32-33 dice: Este será grande,  y será llamado Hijo del Altísimo;  y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;
Luk 1:33  y reinará sobre la casa de Jacob para siempre,  y su reino no tendrá fin.
Jesús vino para ser rey. Ciertamente fue rechazado como rey y fue crucificado, pero esto no va a cambiar la promesa de Dios a David. Un día, todavía futuro, Jesucristo reinar’a sobre Israel, su reino será eterno y Dios cumplirá totalmente lo que prometió a David. Qué consuelo da saber que cuando Dios promete algo, él lo cumple totalmente. Dios ha prometido que todo aquel que cree en Cristo no se perderá mas tendrá vida eterna. ¿Ha puesto su confianza en Cristo? Mi oración es que si no lo ha hecho todavía, hoy mismo lo haga y disfrute de la vida eterna que Dios quiere darle.

Abram, el campeón de la fe

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