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Mayordomía cristiana

Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. A partir de este estudio bíblico iniciamos una serie sobre la mayordomía cristiana. Espero que los temas que se traten dentro de esta serie traigan bendición a su vida.

La palabra mayordomía no es una palabra de uso común en nuestro diario hablar hoy en día. Proviene de la palabra mayordomo. El diccionario define a la mayordomía como el cargo o empleo de un mayordomo o administrador. Ahora necesitamos por tanto saber el significado de la palabra mayordomo. Este sustantivo proviene de os raíces latinas. Maior que significa “mayor” y domus que significa “de casa” Mayordomo tiene entonces que ver con un mayor de la casa. Se refiere al criado principal a cuyo cargo está el gobierno económico de una casa o hacienda. Un mayordomo entonces es un siervo o criado que administra los bienes que no son de su propiedad sino de su amo. El trabajo que hace el mayordomo se llama mayordomía. Ahora bien, ¿sabe una cosa amable oyente? Dice la palabra de Dios que todo hijo de Dios es un siervo de Dios. Romanos 6:22 dice: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
Usted y yo que hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, hemos llegado a ser siervos de Dios. Como siervo de Dios, el creyente tiene bajo su responsabilidad ciertos bienes que no son de su propiedad sino que han sido entregados por Dios para que los administre. Por tanto, todo creyente en un sentido muy real se constituye como un mayordomo. Recuerde que mayordomo es el siervo que gobierna o administra bienes que no son de su propiedad sino de su amo. Quizá usted esté pensando ¿cuáles son esos bienes que son del Señor y que han sido otorgados al creyente para que los gobierne o administre? Bueno, podemos pensar en algunos. Primero, el dinero. ¿Sabía que el dinero que tiene en su bolsillo o en su cuenta bancaria en realidad pertenece al Señor? Si no me cree, note por ejemplo lo que dice Hageo 2:8 Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.
A la luz de este texto, nos expresamos muy mal cuando por ejemplo decimos “mi dinero”. Si quisiéramos ser un tanto más precisos, deberíamos decir: El dinero que el Señor me ha dado para que lo administre. Yo sé que es más fácil decir: Compré esta casa con mi dinero, que decir compré esta casa con el dinero del Señor ha puesto bajo mi administración. Sin embargo esto último es lo correcto a la luz de lo que enseña la palabra de Dios. Segundo, las posesiones. No importa si son bienes inmuebles o negocios o industrias. Al igual que el dinero, nada de esto nos pertenece en el sentido más amplio del significado del verbo pertenecer. Observe lo que dice 1 Crónicas 29:11. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.
Más claro no puede ser. De Jehová son todas, oiga bien, todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Por tanto, es en realidad a Jehová a quien pertenece ese lote de terreno que usted piensa que es suyo y por el cual está dispuesto hasta dar su vida. Es a Jehová a quien en realidad pertenece ese negocio que usted dice que es suyo y lo cuida con tanto esmero aun al elevado costo de poner en riesgo el bienestar de su familia. Tal vez usted se sienta incómodo cuando escucha cosas como estas y algo dentro de usted se resiste a aceptarlo. Pero esa es la realidad amigo oyente, porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son de Jehová. Todas las cosas que pensamos que son nuestras nos han sido prestadas únicamente mientras dura la vida. La muerte es el momento cuando tenemos que devolver todo lo que se nos ha confiado para administrar. Nadie puede sacar ni un alfiler de este mundo para llevarse al más allá. Job lo entendió así y note lo que dijo en el capítulo 1 versículo 21: y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.
Alejandro Magno ilustra este hecho importante. A los 16 años ya era gobernador de Macedonia. A los 18 años fue un general victorioso. A los 20 años fue nombrado rey. A los 33 años conquistó el mundo conocido de su época. Sin embargo, a los 33 años le llegó el momento de entregar todo lo que se le había confiado para administrar. Se dice que poco antes de morir dijo a sus allegados: Cuando envuelvan mi cadáver con vendajes, no me cubran las manos porque quiero que todos vean que salgo de este mundo con las manos vacías. Así es amable oyente. Todos algún día saldremos de este mundo con las manos vacías porque nada de lo que damos como un hecho que es nuestro, en realidad es nuestro sino de Dios a quien pertenecen todas las cosas que están en los cielos y en la tierra. Tercero, el cuerpo. Usted y yo, amable oyente, moramos en un cuerpo. Usted no es el cuerpo. Usted habita en un cuerpo. Ese cuerpo no es nuestro, nos ha sido prestado por un tiempo como una habitación temporal. Ponga atención a lo que dice 1 Corintios 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
Nuevamente aquí, amable oyente mal hablamos cuando decimos cosas como “mi cuerpo” En realidad no es nuestro. Es del Señor. Visto así, no podemos hacer lo que queramos con los cuerpos donde habitamos porque sencillamente no son nuestros. Durante los cinco primeros años de casados, mi esposa y yo vivimos en cinco casas diferentes, una a la vez, por supuesto. Parece que nadie nos toleraba como inquilinos. No… hubo otras razones para hacer tantos cambios. Pero una de las cosas que más recuerdo de esa época es que no podíamos cambiar nada de las casas que habíamos alquilados. Si queríamos pintar una habitación, teníamos que pedir permiso al dueño de casa. Así debería ser con los cuerpos donde vivimos. No podemos hacer con ellos lo que nos parezca. Para cualquier cosa que queramos hacer con nuestro cuerpo necesitamos pedir permiso al dueño del cuerpo quien es Dios mismo mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros. Cuarto, el tiempo. Este es otro bien que no es nuestro sino que Dios nos lo ha confiado para que lo administremos de la mejor manera. Colosenses 4:5 dice: Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
El Señor nos ha dado a todos 24 horas cada día. Nadie tiene más que eso ni menos que eso. Nuestra responsabilidad es administrar esas 24 horas diarias para obtener el máximo provecho para el dueño del tiempo. Los norteamericanos han acuñado un dicho que se ha hecho popular en todo el mundo. Time is money, o el tiempo es dinero. La esencia de este dicho es que el tiempo es un bien precioso. No podemos malgastarlo o desperdiciarlo como si fuera algo sin valor. Que triste será llegar al fin de nuestros días sobre esta tierra y mirar hacia atrás en nuestra vida y reconocer que mucho del tiempo del Señor ha sido invertido para nuestro propio beneficio mas no para beneficio del Señor, el dueño del tiempo. Quinto, la familia. Hablo de los hijos, por ejemplo, la palabra del Señor nos dice lo siguiente en Salmo 127:3-5 He aquí, herencia de Jehová son los hijos;
Cosa de estima el fruto del vientre.
Psa 127:4 Como saetas en mano del valiente,
Así son los hijos habidos en la juventud.
Psa 127:5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos;
No será avergonzado
Cuando hablare con los enemigos en la puerta.
Los hijos pertenecen a Dios. Nos han sido prestados por un tiempo para que los preparemos para que sean lo que el Señor quiere para ellos. El hombre a quien se le ha encomendado hijos por parte de Dios debe sentirse bienaventurado por poder ser parte del plan y propósito de Dios para los hijos. Sexto, la naturaleza. Este mundo en el cual vivimos con sus ríos de agua cristalina, sus azules mares, su cielo radiante, sus verdes praderas, sus hermosos bosques, sus elevadas montañas y sus fértiles valles, es propiedad de Dios. Salmo 24:1 dice: De Jehová es la tierra y su plenitud;
El mundo, y los que en él habitan.
Psa 24:2 Porque él la fundó sobre los mares,
Y la afirmó sobre los ríos.
La naturaleza es de Dios y el hombre es simplemente un administrador de esa propiedad de Dios. Todo esto y más son ejemplos de los bienes que pertenecen a Dios, pero que en su gracia nos lo ha confiado para que seamos sus mayordomos o administradores. En nuestros próximos estudios bíblicos trataremos cada una de estas áreas en detalle. Espero que me acompañe.

La pronta venida de Jesucristo

La mayordomía del dinero