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Aprovechar bien el tiempo

Es motivo de mucho gozo saludarle amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Continuamos estudiando la mayordomía cristiana y dentro de esto, la mayordomía del tiempo. En nuestro estudio bíblico último, vimos que el tiempo pertenece a Dios, y Él en su gracia nos ha otorgado una porción de tiempo para que lo administremos de la mejor manera posible, buscando siempre el beneficio para Él, quien es el dueño del tiempo. Por tanto, es muy importante que utilicemos bien el tiempo, o como lo puso el Apóstol Pablo en el libro de Colosenses, que redimamos el tiempo. En el estudio bíblico de hoy vamos a continuar con este mismo tema.

En nuestro estudio bíblico último quedó muy claro que la responsabilidad de todo creyente consciente es aprovechar bien el tiempo. El tiempo que tenemos para aprovecharlo es en definitiva lo que resta luego de realizar actividades inevitables como trabajar, dormir, comer. Recuerde que como la tercera parte de lo que una persona promedio vive se la pasa durmiendo, asumiendo que esa persona duerme al menos 8 horas diarias. Aprovechar bien el tiempo puede fácilmente confundirse con hacer la mayor cantidad de cosas posibles en el menor tiempo posible. Pero no hay tal amable oyente. No porque una persona esté todo el tiempo ocupada necesariamente está aprovechando sabiamente el tiempo. Al menos en mi caso, cuando estoy como pelota de ping-pong de un lado para otro atendiendo los asuntos urgentes de la vida, es cuando menos estoy aprovechando sabiamente el tiempo. Aprovechar bien el tiempo no significa sobrecargarse de actividades a fin de estar ocupado la mayor parte del tiempo. Aprovechar bien el tiempo más bien conlleva la idea de ocuparse en las cosas conforme a un orden de prioridades previamente establecido. Cuando miramos así las cosas, inevitablemente tenemos que preguntarnos: ¿Qué es lo más importante que debo hacer en la vida? Observe lo que dice Mateo 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Es muy obvio que lo más importante en la vida de un creyente, no es su trabajo o su ministerio si se trata de un anciano o pastor, o su familia, o su descanso. Lo más importante es buscar el reino de Dios y su justicia. Esto básicamente se traduce en oír, leer, estudiar, meditar, memorizar y sobre todo practicar lo que dice la Palabra de Dios. Este principio se puede apreciar en toda la Biblia, amable oyente. Permítame citar un caso típico. El rey David había decidido edificar un majestuoso templo para Jehová. Jehová le respondió diciendo que ese privilegio le correspondería a un hijo de David llamado Salomón. Poco antes de morir, David está animando a Salomón a ser fiel a la palabra de Dios y a edificar ese templo que él tanto hubiera deseado hacerlo. David también animó al pueblo a cooperar con la construcción del templo. Ahora tome nota de lo que David dijo al pueblo. Se halla en 1 Crónicas 22:19 donde dice: Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos, y edificad el santuario de Jehová Dios, para traer el arca del pacto de Jehová, y los utensilios consagrados a Dios, a la casa edificada al nombre de Jehová.
Había algo que hacer, era algo muy importante, como construir un templo para Jehová, peor antes de que el pueblo se meta de lleno en esta tarea, era necesario hacer algo mucho más importante aún. ¿Sabe qué fue? El texto dice: Poned, pues, ahora, vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios. Esto es lo primero, después de esto puede venir cualquier cosa. Muchas veces estamos tan ocupados en la obra del Señor que ni siquiera nos acordamos del Señor de la obra. Cuando esto sucede, amable oyente, estamos haciendo mal uso del tiempo y no será extraño que aquello que hemos emprendido termine en fracaso rotundo. Se dice que Martín Lutero solía orar por dos horas cada día, antes de comenzar sus actividades diarias. Pero cuando sabía que iba a tener un día particularmente ocupado, se esforzaba por orar tres horas en lugar de dos, antes de comenzar el día. Cuando le preguntaban la razón para esto solía responder: Voy a hacer tantas cosas en el día, que las dos horas de oración no me van a ser suficientes. Por esto necesito orar tres horas, ni no hago así, el diablo gana la batalla durante el día. Esto es aprovechar bien el tiempo amable oyente. Hacer buen uso del tiempo es ocuparse en las cosas por orden de prioridad. Y la primera prioridad le pertenece al Señor. Ahora bien, la mala mayordomía del tiempo se hace evidente en dos extremos. El uno en perder el tiempo sin hacer nada y el oro en perder el tiempo haciendo mucho. Lo irónico es que la mayoría de los que administran mal el tiempo caen en la segunda categoría. Es decir, no son personas que se cruzan de brazos y no hacen nada o personas que se quedan todo el día acostados en sus camas. Mas bien son personas que están tan ocupadas en hacer cosas que casi no les queda tiempo ni para respirar. Una persona así se la conoce como adicta al trabajo. ¿Es Usted una persona dicta al trabajo? ¿Le gustaría saberlo? Bueno, el Dr. Mark Porter ha diseñado un cuestionario para saber si una persona es adicta al trabajo. Usted debe contestar si o no a las siguientes preguntas. Primera, ¿Está tan ocupado que no encuentra tiempo para detenerse y reconocer que está muy ocupado? Segunda, cuando alguien le está hablando por más de cinco minutos, ¿Empieza a mirar su reloj con frecuencia? Tercera, ¿muy rara vez se encuentra descansando o jugando porque siempre hay cosas más importantes que hacer? Cuarta, ¿Es incapaz de decir no cuando alguien le pide que haga algo? Quinta, ¿Acostumbra ponerse metas irreales para usted mismo? Sexta, ¿Pasa la mayor parte del tiempo irritado o desilusionado con la gente o deprimido? Séptima, ¿Ha recibido quejas de su esposa o sus hijos en cuanto a que pasa muy ocupado? Octava, ¿Evita salir de vacaciones porque piensa que usted es indispensable para que las cosas marchen bien en el trabajo o la oficina? Novena, si se va de vacaciones, ¿lleva más de un libro para leer? Décima, ¿le gustaría estar en más de un lugar a la vez? Undécima, ¿Acostumbra llevar a su casa el trabajo que debió hacerlo en la oficina? Si ha respondido afirmativamente a la mitad o más de estas preguntas, entonces usted es un adicto al trabajo. La excesiva actividad, lejos de ser saludable, denota que tenemos áreas en nuestra vida que todavía no han sido dedicadas o consagradas al Señor. Por ejemplo, si se nos hace muy difícil decir: No, cuando nos piden hacer algo, es posible que estemos más preocupados en lo que la gente piensa de nosotros que en cumplir con las prioridades que delante de Dios nos hemos fijado. La adicción al trabajo normalmente significa que estamos aceptando más responsabilidad que la que podemos manejar. Es una especie de demostrar que somos unos super hombres que como pulpos con sus muchos tentáculos no nos amedrentamos ante nada que se nos ponga por delante para hacer lo que se nos pida, no importa que. La adicción al trabajo puede producir efectos catastróficos en nuestra vida y en los seres queridos que nos rodean. Así como se funde el motor de un auto que es exigido más allá de lo que puede dar, también el adicto al trabajo puede fundirse y quedar inutilizado. Eso fue lo que le sucedió a un creyente. En algún momento se volvió adicto al trabajo. Lo que primero dejó a un lado fue asistir a los cultos de la iglesia, porque tenía que trabajar el fin de semana. Después dejó a un lado su tiempo devocional diario, porque su negocio le exigía estar ocupado todos los días desde temprano a la mañana hasta tarde a la noche. Después dejó a un lado a su familia, porque el negocio era más importante que, según él, perder el tiempo, hablando con la esposa o jugando con los hijos. En el ocaso de la vida, este creyente cayó en inmoralidad sexual y perdió todas las cosas que verdaderamente valen en la vida. Cuan necesario es detenerse, meditar y descansar. El Dr. Charles Garfield de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, hizo un estudio que duró 15 años acerca de las características de las personas de éxito en diferentes disciplinas de la vida. Lo que encontró le dejó perplejo. Los hombres de éxito no eran los adictos al trabajo. Los hombres de éxito eran personas que tomaban sus vacaciones, personas que sabían cuando debían detenerse para descansar y personas que tenían un concepto claro de las prioridades en la vida. En nuestro próximo estudio bíblico hablaremos sobre algunas ideas para aprovechar mejor el tiempo. Por ahora sabemos que estar muy ocupados no necesariamente indica que estamos aprovechando bien el tiempo.

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