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La mano de Dios obrando en medio de las circunstancias más difíciles

Es un gozo, mi amiga, mi amigo, darle la bienvenida a un nuevo estudio bíblico en el Libro de Nehemías. En instantes más, David Logacho estará junto a nosotros para guiarnos en el estudio bíblico de hoy.

Siempre es emocionante ver como la mano de Dios se manifiesta en medio de las circunstancias más adversas de la vida. Para Dios no hay imposibles y en las situaciones más difíciles que podamos imaginar él tiene todo el poder para manifestarse milagrosamente para lograr algo que humanamente hablando hubiera sido imposible de ser obtenido. Tomemos como ejemplo el caso de Abraham y Sara. Abraham tenia 100 años y Sara 90, cuando nació Isaac su hijo. Dios dijo a Abraham en Génesis 18:14 “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.” Humanamente hablando era imposible que Abraham tuviese un hijo en su mujer a causa de su avanzada edad pero para Dios no hay imposibles y fiel a su promesa, hizo el milagro para que Sara conciba de Abraham y venga al mundo Isaac, el hijo de la promesa. En el estudio bíblico de hoy, veremos también la mano de Dios obrando en medio de las circunstancias más difíciles. Y como no todo en la vida es felicidad, veremos también como a la par de una conquista importante, se manifiesta también un compañerismo indeseable.
Le invito a abrir su Biblia en el Libro de Nehemías, capítulo 6, versículos 15—19. Consideremos primeramente la conquista importante. Nehemías 6:15-16 dice: «Fue terminado, pues, el muro, el 25 del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que estaban alrededor de nosotros, y se sintieron humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra» Que palabras tan hermosas. Siempre es fascinante llegar a la culminación de una obra, más aun si se trata de la obra de Dios. Llegó el 25 del mes de Elul, es decir el 10 de Septiembre en nuestra manera de identificar los meses, y se realizó la última actividad en los planes de construcción del muro. Quizá fue la última hoja de la última puerta del muro. Nehemías contó hacia atrás los días hasta la fecha que en la cual se iniciaron los trabajos, y el resultado fue 52 días. ¿Estás seguro Nehemías que fueron 52 días? Bueno, la verdad que es muy poco tiempo, déjame verificar mis cuentas. Sí…, he vuelto a contar los días y son exactamente 52 días. Seguramente Nehemías saltó lo más alto que podía del gozo, no sólo de ver la obra terminada sino más aun de ver el poquísimo tiempo que tomó la construcción. Recordemos mi amiga, mi amigo, que estamos hablando de un muro no de una pared. Un muro en aquellos tiempos, era tan ancho que podía rodar sobre él un carro tirado por caballos y tan alto, que era imposible trepar sobre él. Además, el muro rodeaba toda la ciudad de Jerusalén, no sabemos exactamente en kilómetros cual fue el perímetro, pero déjenme decirles que deben haber sido varios. A todo esto hay que añadir las puertas de acceso con sus mecanismos para abrir y cerrar. Es decir, estamos hablando de una obra gigantesca, no era algo sencillo. Lo curioso es que todo esto se hizo en nada más y nada menos que 52 días. Algo verdaderamente increíble, y para hacer más grande el asombro, en medio de circunstancian totalmente adversas por la presencia de enemigos que no escatimaban esfuerzo alguno para detener la obra. ¿No será que tal vez, cuando la gente dormía los ángeles de Dios trabajaban aceleradamente para hacer avanzar la obra? Bueno, yo no puedo comprobarlo bíblicamente, pero lo que si sé de cierto es que la mano de Dios estaba detrás de este récord de construcción. Lo interesante viene ahora. ¿Cuál habrá sido la reacción de los enemigos de la obra? Recuerde a Tobias cuando dijo: Ah…, pobres y débiles judíos, lo que hacen del muro, si subiere una zorra lo derribará. Transcurrieron 52 días y ahora Tobias parecía un enano frente al muro, allá, bastante abajo, levantaba sus puños al aire exigiendo una explicación. El versículo 16 nos presenta tres reacciones de los enemigos de la obra y de las naciones de alrededor de Jerusalén. Primero, temieron. Qué contraste, ellos eran los prepotentes, los envalentonados, los que trataban de infundir miedo en Nehemías y sus hombres. Ahora, cuando la obra terminó estaban temblando. Segundo, se sintieron humillados. Claro, vaticinaron el fracaso pero el éxito de la obra fue una bofetada a su agrandado orgullo. Tercero, reconocieron que Dios había hecho la obra. Esta quizá es la más importante de las reacciones. Note que no dieron el crédito de la obra a Nehemías, se lo atribuyeron directamente a Dios. Dios fue glorificado y esto es en definitiva lo que cuenta. Qué hermoso, cuando dejamos que Dios dirija nuestros pasos y dependemos de él para todo lo que hacemos, como Nehemías lo hizo, lograremos victorias sin igual para Dios y el nombre de nuestro Señor será puesto muy en alto aun por los que aborrecen a Dios y su pueblo. Ojalá pudiéramos dejar aquí el estudio con este sabor de victoria en la boca, pero no todo fue felicidad. Además de la conquista importante, tenemos un compañerismo indeseable. Nehemías 6:17-19 dice: «Asimismo en aquellos días iban muchas cartas de los principales de Judá a Tobias, y las de Tobias venían a ellos. Porque muchos en Judá se habían conjurado con él, porque era yerno de Secanias hijo de Ara; y Johanán su hijo había tomado por mujer a la hija de Mesulam hijo de Berequías. También contaban delante de mí las buenas obras de él, y a él le referían mis palabras. Y enviaba Tobías cartas para atemorizarme» Qué triste, Nehemías no tenía que luchar solamente contra enemigos de afuera, sino también contra enemigos de adentro. Los enemigos de adentro, no eran personas comunes, eran los principales de Judá. Estos malos hermanos se habían emparentado con Tobías, uno de los más enconados, enemigos de la obra de Dios. Tanto la esposa de Tobías como su nuera provenían de familias importantes de Judá. Entre estas personas y Tobías existía un intercambio frecuente de correspondencia. Por este medio Tobías estaba muy bien informado de todo lo que acontecía con Nehemías y a su vez, quizá sin quererlo, Nehemías se enteraba de las acciones de Tobías. Este compañerismo indeseable, permitía a Tobías meterse peligrosamente en la intimidad de Nehemías para llegar a saber sobre asuntos sensibles y de esa manera utilizar esta información para amedrentar a Nehemías. Notemos amigos oyentes como actúa el enemigo, trata de introducirse al interior de las filas de los santos, para desde allí causar daño. Algunos de los principales de Judá, quizá no encontraban nada de malo en este compañerismo indeseable con el enemigo. Es posible aun que ciertos intereses de orden material les hayan movido a propiciar el compañerismo con el enemigo. El hecho es que cayeron en algo totalmente indeseable. En la época de Nehemías, el enemigo que se introdujo entre las filas de los santos, se llamaba Tobias. En nuestra situación actual, el enemigo podrá cambiar de nombre, pero el resultado de la táctica es el mismo, busca atemorizar desde adentro. A lo mejor el enemigo se llama orgullo, y ha burlado nuestra defensa y nosotros hemos entablado un compañerismo indeseable con él. Quizá el enemigo se llama lujuria, y lo hemos admitido en nuestras vidas y nos hemos aliado a él. El enemigo podría llamarse codicia, que como cáncer va minando nuestro vigor espiritual. A veces este enemigo se llama mentira o chisme o murmuración o ira etc. Los nombres pueden ser muy variados pero cuando entra a nuestras vidas el resultado es siempre el mismo, busca debilitarnos, amordazarnos, amedrentarnos para que no logremos lo que Dios quiere que hagamos con nuestras vidas. No demos lugar al enemigo, no nos emparentemos con el pecado. Dios demanda de nosotros vidas santas, vidas que odien el pecado y amen la justicia, desterremos cualquier compañerismo indeseable con el pecado en nuestras vidas. Tobías causaba un gran mal a Nehemías, el pecado en nuestras vidas también causará un gran mal si no lo desalojamos a tiempo. Hemos visto en este pasaje una conquista importante, cuando Dios obró un milagro con la terminación de la reedificación de los muros de Jerusalén en un tiempo récord de 52 días, lo cual sirvió para que aun el enemigo glorifique a Dios. También hemos visto un compañerismo indeseable, cuando el enemigo de la obra se introdujo a las filas de los santos para desde allí amedrentar a Nehemías. Ojalá que este pasaje nos ayude a confiar más en Dios y a la vez a expulsar el pecado en nuestras vidas.

El temor

Trabajo de restauración entre el pueblo