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Trampa que los fariseos tendieron a Jesús

Reciba cordiales saludos amable oyente. A nombre de La Biblia Dice… tengo el placer de darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que titula: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Mientras más se aproximaba el momento de su muerte y resurrección, más intensa se hacía la oposición a Jesús. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos hablará acerca de una trampa que astutos fariseos tendieron a Jesús para tener de qué acusarlo. El asunto tenía que ver con el divorcio.

Que gozo es estar nuevamente junto a usted amable oyente. Gracias a Dios por su bendita palabra. Hemos llegado al capítulo 19 de Mateo. En el estudio bíblico de hoy, veremos a Jesús sanando a mucha gente y respondiendo con sabiduría una pregunta capciosa de los fariseos. Los que tienen una Biblia a la mano, pueden abrirla en Mateo 19:1-9. Lo primero que apreciamos es el lugar donde acontecieron los eventos que vamos a estudiar. Voy a leer el texto en Mateo 19:1. La Biblia dice: Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.
Este versículo sirve de enlace entre lo que acabó de relatar Mateo y lo que sucedió a continuación. El texto marca el fin de lo que se llama el ministerio de Jesús en Galilea. Vemos que Jesús enfiló hacia el Sur, en dirección a Jerusalén. Aunque Mateo no abunda en detalles, es de suponerse que Jesús tomó la ruta a través de Perea, la región que quedaba al noreste de Judea. Mateo dice que Jesús estaba en las regiones de Judea al otro lado del Jordán. En esta región acontecieron los eventos que Mateo relata entre capítulo 19 versículo 1 hasta capítulo 20 versículo 28. Los primeros eventos que ocurrieron en esta región fueron la sanidad de mucha gente y la confrontación con los fariseos. Vayamos a lo primero. Note lo que tenemos en Mateo 19:2. La Biblia dice: Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
A pesar de la creciente oposición entre la gente de peso en la política y la religión, Jesús todavía gozaba de popularidad entre la gente común y corriente. Esto explica por qué grandes multitudes le siguieron en su jornada hacia el sur. Como es de esperarse, Jesús satisfizo la necesidad espiritual y física de la multitud. Mateo se limita a hacer referencia a los múltiples auténticos milagros de sanidad que fueron realizados por Jesús. No olvide que estos milagros no fueron realizados sólo para aliviar el sufrimiento de la gente sino principalmente para demostrar hasta la saciedad que Jesús es el Cristo, el Mesías de Israel, el Rey de Israel. La gente común y corriente debe haber estado feliz, pero quienes no estaban nada felices eran los famosos fariseos y por eso se aprestan a realizar una estratégica movida, según ellos. Miremos por tanto la confrontación con los fariseos. Voy a leer Mateo 19:3. La Biblia dice: Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
No olvide que antes de este episodio, los fariseos ya habían decidido rechazar a Jesús como el Cristo, el Mesías de Israel. Lo único que les faltaba era encontrar alguna falta en su enseñanza o su conducta para condenarlo a muerte. Mateo es claro cuando afirma que los fariseos vinieron a tentar a Jesús. Esto significa a ponerle a prueba o más aún a tenderle una trampa. Los fariseos preguntaron a Jesús: ¿Es lícito al hombre repudiar o divorciarse de su mujer por cualquier causa? Parece una pregunta legítima, pero no olvide que era una trampa para Jesús. ¿En dónde estaba la trampa? Pues en el hecho que cualquiera que sea la respuesta de Jesús siempre iba a ofender a un gran segmento de la flor y nata de los judíos. Sucede que el tema del divorcio era un asunto controversial en aquella época, así como lo es hoy en día. Los judíos se habían dividido prácticamente en dos bandos. El primer bando creía a capa y espada que el divorcio era permitido única y exclusivamente cuando ha habido inmoralidad sexual en alguno de los miembros de la pareja. El segundo bando también creía a capa y espada que el hombre tiene todo el derecho de divorciarse de su esposa por cualquier causa. Es decir que cualquiera que sea la respuesta de Jesús siempre iba a ofender a uno u otro bando. Veamos como respondió Jesús a esta pregunta capciosa. Aparece en Mateo 19:4-6. La Biblia dice: l, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
Qué maravilloso es el Señor Jesús. Todo lo que pensaba y todo lo que hablaba se sustentaba en la palabra de Dios. Aquí lo tenemos yendo al Génesis para responder la astuta pregunta de los fariseos. Génesis es el libro de los orígenes. Allí está el origen del hombre y de la mujer. Allí también está el origen del matrimonio. El matrimonio es una obra maestra de Dios por la cual de dos personas diferentes, Dios hace uno. El matrimonio es monógamo, un hombre con una mujer. El matrimonio es heterosexual, hombre con mujer, no entre hombres o entre mujeres. El matrimonio es un ente independiente tanto de los padres de él como de los padres de ella. El matrimonio es un compromiso solemne y voluntario entre un hombre y una mujer que deciden unir en uno sus vidas. El matrimonio es una entidad indivisible. Los dos llegan a ser una sola carne. Todo esto aparece en el Génesis, el libro de los comienzos. Jesús añade su comentario sobre esto y dice: Así que no ya más dos, sino una sola carne. En consecuencia, lo que Dios juntó, no lo separe o lo divorcie el hombre. Esta es la voluntad de Dios para el matrimonio. Observe que el divorcio está fuera del plan de Dios para el matrimonio. Pero como es de esperarse, los fariseos contraatacaron. Escuche lo que dice Mateo 19:7: Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
Los fariseos tenían en mente Deuteronomio 24:1-4. Según este pasaje bíblico, si un hombre hallaba alguna cosa indecente en su esposa, y le extendía carta de divorcio y la despedía de su casa y una vez despedida, esta mujer se casaba con otro hombre y este hombre también le extendía carta de divorcio y la despedía de su casa, el primer hombre no podía volver a tomarla como esposa porque esta mujer había sido envilecida. En ningún momento este pasaje bíblico está ordenando al hombre a dar carta de divorcio y repudiar o divorciarse de su esposa como estaban entendiendo los fariseos. Simplemente está estableciendo hechos que eran práctica común en su época. Dios no está de acuerdo con el divorcio y por tanto mal haría en ordenar a las parejas que se divorcien. La voluntad de Dios para el matrimonio es lo que dijo Jesús: Lo que Dios juntó, no lo separe o lo divorcie el hombre. Sin embargo, no se puede cerrar los ojos al divorcio, porque así como existe pecado, existe también divorcio. Jesús lo reconoce. Observe su respuesta en Mateo 19:8-9. La Biblia dice: El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.
Jesús admitió que Moisés había permitido dar carta de divorcio y repudiar o divorciarse de las mujeres, pero eso no fue el plan original de Dios para el matrimonio. Moisés lo hizo por la dureza del corazón de los Israelitas. El pecado de inmoralidad sexual en los matrimonios debió haber degenerado tanto, al punto que Moisés permitió repudiar a las mujeres. Pero, Jesús pronuncia una palabra de autoridad final en este asunto cuando dice: Y yo os digo que cualquiera que repudia o se divorcia de su mujer, por cualquier causa, excepto por causa de fornicación, y se casa con otra, está en adulterio y también el que se casa con una mujer que ha sido repudiada o divorciada por cualquier causa, excepto por causa de fornicación, está en adulterio. Un hecho queda absolutamente claro. El divorcio por cualquier causa y el posterior nuevo matrimonio, resulta en adulterio, tanto del hombre que se divorció y se casó de nuevo, como de la mujer con quien se casa nuevamente. Lo que no queda del todo claro es lo relacionado con lo que se conoce como cláusula de excepción. Algunos lo interpretan en el sentido que sólo la fornicación es la única causal válida par el divorcio y cuando alguien se divorcia por esta causa y se vuelve a casar no está en adulterio. El divorcio por esta causal válida ha matado al matrimonio. Otros interpretan que cuando Mateo habla de fornicación como la única causal válida para el divorcio, se está refiriendo a algún pecado sexual cometido antes de casarse y que se descubre después del casamiento. Al divorciarse por esta causa y volverse a casar no se está en adulterio. El debate sigue en pie y me temo que seguirá en pie hasta que todos estemos con Dios en su gloria. Mientras tanto, si usted se ha casado, debe saber que el divorcio no es la volunta de Dios porque no fue parte del plan de Dios para el matrimonio. Los conflictos de pareja no se resuelven por medio del divorcio. Aún los casos más graves de problemas matrimoniales se pueden resolver sin recurrir al divorcio. Alguien ha dicho con sobrada razón que el divorcio es la medida más egoísta que puede tomar una pareja para resolver sus diferencias, porque busca el bienestar de los miembros de la pareja cada uno por su lado, pero hunde en un pozo de aflicción y desesperanza a los hijos, a los familiares y a la iglesia. Si usted ha estado pensando en que un divorcio hará su vida más fácil, deténgase un momento, medite en que si lo hace estará en contra de la voluntad de Dios y sufrirá las terribles consecuencias de ello.

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