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Traición de Judas Iscariote y el arresto del Señor Jesús

Cordiales saludos amable oyente. Mi nombre es David Araya y quiero darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En instantes más, David Logacho nos hablará acerca de la traición de Judas Iscariote y el arresto del Señor Jesús.

Doy gracias al Señor por el privilegio que me brinda al estar junto a usted por medio de esta emisora. En nuestro último estudio bíblico en el Evangelio según Mateo, llegamos al punto cuando, estando en el huerto de Getsemaní y después de orar tres veces, el Señor Jesús despertó a sus discípulos diciéndoles: Ustedes duermen y descansan y no se dan cuenta que ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levántense, miren, se acerca el que me entrega. Note cuan disímiles conductas manifestaron los actores. El Señor Jesús derramaba su corazón ante su Padre celestial en oración. Los once apóstoles dormían plácidamente y descansaban. Judas Iscariote, el que iba a entregar al Señor Jesús, aceleraba sus pasos hacia el huerto de Getsemaní, seguido de una turba. Veamos que es lo que sucedió después. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 26 a partir del versículo 47. Permítame leer los versículos 47 a 49. La Biblia dice: Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.
El Señor Jesús fue abruptamente interrumpido por la presencia del traidor. Su nombre es Judas, uno de los doce. Se refiere a Judas Iscariote. Poco se sabe de su trasfondo, lo único que se sabe de él son las acciones que manifiestan la maldad de su corazón. En los cuatro evangelios el nombre de Judas aparece relacionado con la frase: uno de los doce, dando a comprender la magnitud de su traición. No se trataba de un extraños sino uno de adentro, uno de los doce. Judas Iscariote es el prototipo del apóstata, alguien que por fuera aparentaba que todo está bien, pero por dentro todo estaba mal. En algún momento se despojó de su falsa piedad y se manifestó tal como era. ¡Qué ironía! Ni todo el tiempo que pasó junto al Señor Jesús, ni las obras milagrosas que hacía el Señor Jesús, y que él las vio con sus propios ojos, ni tal vez los poderes sobrenaturales que tuvo cuando fue enviado juntamente con los once, lograron suavizar el corazón endurecido de Judas Iscariote y murió sin haber recibido jamás el perdón de sus pecados. Judas Iscariote apareció liderando una turba, seguramente era gente contratada por los principales sacerdotes y por el sanedrín, aquel cuerpo de ancianos del pueblo que tenía poder político y religioso en los territorios judíos dominados por el imperio romano. La gente blandía sus espadas y los que no disponían de ellas estaban armados con palos. Judas Iscariote había planificado de antemano los detalles para el arresto. Aquel a quien besaría sería la persona que debe ser arrestada. En el instante crucial, Judas Iscariote se aproximó al grupo, se colocó frente a frente al Señor Jesús y le dijo: ¡Salve maestro! Y luego le besó. El verbo griego que se ha traducido como “besar” en el saludo de Judas Iscariote al Señor Jesús, es una forma intensificada del verbo griego normal para besar. Judas Iscariote besó exageradamente al Señor Jesús. Sólo alguien con un corazón extremadamente impío pudo haber hecho eso. Pero observemos lo que vino después. Leo en mateo 26:50. La Biblia dice: Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.
El Señor Jesús sabía absolutamente todo lo que estaba pasando. Sabía que el beso exagerado de Judas Iscariote no era para demostrar aprecio o devoción, sino para entregarle a traición. Pero a pesar de eso, hizo una pregunta penetrante a Judas Iscariote, como si no supiera lo que estaba pasando: Amigo, ¿a qué vienes? La palabra que usó el Señor Jesús cuando dijo a Judas Iscariote: Amigo, no es la palabra normal para hablar de un amigo común y corriente, sino una palabra que significa algo más, significa compañero o socio, y se usaba como término bondadoso para dirigirse a alguno de confianza. Judas Iscariote debe haberse quedado con la boca abierta, sin atinar qué decir, porque inmediatamente la turba se abalanzó sobre el Señor Jesús y le prendieron. Sólo con pensarlo me da escalofrío. Imagine, amable oyente. La última vez que el Señor Jesús dirigió la palabra a Judas Iscariote, le trató de compañero, socio, mi hombre de confianza, mi amigo. Pero Judas Iscariote le estaba traicionando. Con razón que Judas Iscariote no pudo soportar más el peso de su conciencia y poco tiempo más tarde acabó por suicidarse. Ahora el Señor Jesús estaba a merced de esa turba armada de espadas y palos. Los once deben haber estado mirando atónitos, pero no por mucho tiempo, porque va a entra en escena el siempre impulsivo Pedro. Voy a leer el texto en Mateo 26:51-54. La Biblia dice: Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?
El pasaje paralelo en el Evangelio según Juan nos informa que fue Pedro quien extendiendo su mano sacó su espada. Pedro estaba resuelto a usar las armas para defender a su maestro. Su ímpetu le condujo a herir a un siervo del sumo sacerdote, arrancándole de un tajo la oreja. El Evangelio de Juan nos dice que este siervo del sumo sacerdote se llama Malco. Seguramente Pedro no apuntó hacia la oreja de Malco para cortársela. Debe haber apuntado directo al cuello o a la cabeza de Malco, pero Malco debe haber hecho algún movimiento para evadir el ataque y eso, sumado a la mala puntería de Pedro, porque Pedro era un pescador, no un soldado, y además a las sombras de la noche, resultó en que la espada terminó arrancando la oreja de Malco. Según el Evangelio de Lucas, el Señor Jesús tocó la oreja de Malco e inmediatamente, la oreja quedó totalmente sana. Qué cuadro tan maravilloso de gracia y misericordia por parte del Señor Jesús. Malco vino a arrestarlo, pero a pesar de eso, el Señor Jesús le hizo el favor de sanarle la oreja. El Señor Jesús pagó con bien a los que le hacían mal. Inmediatamente después, el Señor Jesús reprendió a Pedro diciéndole: Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. El hecho que era absolutamente injusto el trato que el Señor Jesús estaba recibiendo, no era motivo suficiente para que Pedro tome la justicia en su propia mano. Esto debe hacer meditar mucho a todos los que piensan que está bien que los creyentes recurran a las armas para luchar contra las injusticias de este mundo. En el reino de los cielos, las batallas espirituales se las gana con armas espirituales, no con armas carnales. Echar mano a las armas carnales para lograr fines espirituales es garantía de absoluto fracaso. Los enemigos del reino de los cielos hacen justamente eso cuando se arman para atacar al pueblo de Dios, o a la palabra de Dios o a la persona de Dios, pero todos sabemos que los enemigos del reino de Dios tienen asegurada su derrota. Los creyentes debemos armarnos de oración, de la palabra de Dios, de la obediencia y del poder de una vida llena del Espíritu Santo. Luego el Señor Jesús puso todo lo que estaba sucediendo bajo la perspectiva correcta. No es que el Señor Jesús estaba siendo víctima de Judas Iscariote, o de la turba armada con espadas y palos, ni de los principales sacerdotes y ancianos del pueblo que ordenaron y tal vez pagaron a la turba que arrestó al Señor Jesús. El Señor Jesús es Dios en forma humana y tiene a su disposición todo el poder para defenderse de cualquier ataque, por más fuerte que sea el enemigo. El Señor Jesús lo puso a manera de pregunta retórica: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que no me daría más de doce legiones de ángeles? Esto para ilustrar el absoluto poder del divino Señor Jesucristo. Una legión romana tenía entre 3000 a 6000 soldados. Lo que está diciendo el Señor Jesús es que si él quisiera podría llamar a entre 36000 a 72000 ángeles para que le defiendan. En el Antiguo Testamento existe una historia en la cual un solo ángel mató como a 185000 soldados enemigos. Imagine todo el poder angelical. Pero el Señor Jesús no echó mano del poder angelical porque si lo hubiera hecho no se habría cumplido las Escrituras en el sentido que el Hijo de Dios, el Señor Jesús iba a morir como sustituto o en lugar de todo pecador. Así de majestuoso es el amor de Dios el Padre y del Señor Jesús, por nosotros pecadores. ¿Ha respondido ya a ese amor tan maravilloso? La única respuesta consecuente es recibir al Señor Jesús como su personal Salvador. Hágalo hoy mismo.

Agonía del Señor Jesús en el huerto de Getsemaní

Pasión del Señor Jesús en manos de Caifás