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Parábola del sembrador

Qué grato es saludarle amable oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Continuando con el estudio bíblico del Evangelio según Mateo, en la serie titulada: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, en esta ocasión David Logacho nos hablará acerca del significado de la parábola pronunciada por Jesús, conocida como la parábola del sembrador.

Es una gran bendición para mí saber que usted me está escuchando por medio de esta emisora. Estoy seguro que Dios utilizará este tiempo que vamos a tener juntos para edificarnos en nuestra común fe. En nuestro último estudio bíblico, dejamos a Jesús enseñando por medio de parábolas lo que él llamó los misterios del reino de los cielos. Esta conducta de Jesús indujo a sus discípulos a preguntarle por qué es que había comenzado a enseñar por medio de parábolas. La respuesta de Jesús fue porque a los creyentes les es dado saber los misterios del reino de los cielos, mas a los incrédulos no. Además, la enseñanza por medio de parábolas permitía que se cumpla la profecía de Isaías, según la cual, habría gente que oiga pero no entienda, vea, pero no perciba. Pero los discípulos de Jesús, y los creyentes en general, somos bienaventurados porque entendemos y percibimos lo que Jesús ha dicho. Todo esto fue el antecedente de lo que tenemos para nuestro estudio bíblico de hoy. En esencia, Jesús va a explicar el significado de la parábola del sembrador. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Mateo 13 a partir del versículo 18. Jesús introduce su explicación de la parábola del sembrador en el versículo 18. La Biblia dice: Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:
Notará amable oyente, que Jesús está dirigiendo sus palabras a un grupo específico de personas, los vosotros del texto, son sus discípulos y por extensión, todos los que hemos recibido a Jesús como nuestro personal Salvador. Dicho esto, Jesús pasa a explicar lo que significa la semilla que cayó junto al camino, y vinieron las aves y la comieron. Observe lo que la Biblia dice en Mateo 13:19. Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.
La semilla simboliza la palabra del reino. El sembrador simboliza la persona que anuncia la palabra del reino. En el caso presente sería Jesús. Las personas que oyen la palabra del reino se pueden dividir en cuatro grupos diferentes. El primer grupo está simbolizado por el duro suelo junto al camino. Según la explicación de Jesús, esto simboliza a la persona que oye la palabra del reino pero no la entiende y viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. El malo es Satanás, y en la parábola fue simbolizado por las aves del cielo quienes se comieron la semilla. Siempre habrá personas que oyen la palabra de Dios, pero es como si les entrara por una oreja y les saliera por la otra. No queda nada adentro y por tanto no se produce el fruto de salvación. Digno de notar que Satanás está vivamente interesado en arrebatar la semilla de la palabra del reino, del corazón, o de la mente de la gente que escucha ese mensaje. Consideremos ahora, la explicación del segundo tipo de suelo. Leo en Mateo 13:20-21. La Biblia dice: Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.
Los pedregales o terreno pedregoso está caracterizado por una fina capa de tierra cultivable y todo lo demás es roca. Este tipo de suelo simboliza a la persona que oye la palabra del reino y al momento la recibe con gozo. Pero como la capa de tierra es tan fina, una vez que germina la semilla y brota la planta, la raíz no tiene donde extenderse. Es una raíz superficial. Por eso, la planta es de corta duración. Tan es así que ni bien sale el sol, quema a la débil planta, y se seca. El sol simboliza la aflicción o la persecución por causa de la palabra. La planta seca es símbolo de una persona que ha tropezado, es decir, una persona en quien realmente no se ha producido el fruto de la salvación. El suelo pedregoso describe muy bien el corazón de personas que al oír el mensaje del evangelio lo toman a la ligera, superficialmente, y sin pensarlo dos veces lo aceptan con gusto. Son los típicos y eternos simpatizantes del evangelio. Todo parece estar bien hasta que surgen las pruebas, como la burla de la familia, de los amigos, de los conocidos. Hasta allí dura el entusiasmo, porque las pruebas les hace desanimar de lo que antes lo recibieron con gozo y en consecuencia no se produce el fruto tan deseado llamado salvación. No se trata de alguien que ya es salvo y pierde su salvación. Se trata de alguien que momentáneamente está interesado en la salvación, pero la aflicción o la persecución por causa de Cristo, le hace perder ese interés inicial y jamás llega a ser salvo. Después tenemos el tercer tipo de suelo. Observe lo que tenemos en Mateo 13:22. La Biblia dice: El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
Este suelo está cubierto de maleza, o espinos. Sobre este suelo cae también la semilla, que es símbolo de la palabra del reino. En su momento la semilla germina y brota la planta, pero junto a la planta crece también la maleza, los espinos. Más puede la mala hierba y termina por ahogar a la planta. Jesús dice que la palabra del reino se hace infructuosa. El fruto es la salvación. Jesús enseña que esto describe a la persona que oye la palabra, pero existen otros intereses que compiten con la palabra del reino. Esos intereses son lo que Jesús llamó el afán de este siglo y el engaño de las riquezas. Esto se refiere a lo que la gente de este mundo considera como algo extremadamente importante, como la riqueza, el placer, la fama, el poder, la buena presencia, el conocimiento y tantas otras cosas más que este mundo controlado por Satanás cataloga como extremadamente importante. Hablando de la riqueza, Jesús dice que es engañosa. La razón para esto es porque la riqueza provee de falsa esperanza a quien lo posee. Le hace sentir seguro, pero es una seguridad falsa. La prueba de ello es que todo rico deja de ser rico el momento que sale de este mundo y si no ha arreglado su problema de pecado con Dios, pasará la eternidad en tormento en fuego. Jesús dijo que todo esto compite contra la palabra del reino. Cuando las personas que oyen la palabra del reino dan más importancia a lo que pueden obtener de este mundo, se pierden la oportunidad de hallar la salvación. Hace algunos días atrás, estaba hablando con una persona acerca de su necesidad de salvación. Parece que esta persona entendía muy bien su estado espiritual y su necesidad de que sus pecados sean perdonados. Entendía muy bien que Jesús murió en la cruz para que los pecados de esta persona puedan ser perdonados. Solamente le faltaba tomar la decisión de recibir a Cristo como su Salvador personal. Cuando le invité a tomar esta decisión, esta persona fue muy franca en su respuesta. Dijo: Si yo recibo a Cristo como mi Salvador, tendré que dejar de hacer algunas cosas que me gustan mucho, como bailar, fumar, tomar, y otras cosas más, y creo que todavía no estoy listo para dejar esto que tanto me gusta, en otra oportunidad recibiré a Cristo como Salvador. De esta manera esta persona dejó pasar su oportunidad de hallar la salvación, o al menos la aplazó. Los espinos ahogaron la planta. Finalmente Jesús explicó el significado del cuarto suelo. Leamos el texto en Mateo 13:23. La Biblia dice: Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
Parte de la semilla cayó en un suelo listo para el cultivo. La semilla germinó, tenía mucha raíz, no había maleza, y consecuentemente dio fruto abundante. Esto describe a la persona que oye la palabra del reino, la guarda como un tesoro precioso en su mente y actúa conforme a lo que dice la palabra del reino. El resultado es una vida transformada por el poder de Dios, con un fruto exuberante. Tan abundante como ciento por uno, sesenta por uno, y treinta por uno. Por más fino y precioso que sea lo que el mundo ofrece, no puede de ninguna manera compararse con lo que resulta de tener una relación personal con Dios. Pues esta es la explicación que Jesús proporcionó de la parábola del sembrador. De manera que, amable oyente, así como la semilla simboliza la palabra del reino en la parábola del sembrador, también puede simbolizar el mensaje del evangelio. Muchos hoy en día estamos esparciendo la preciosa semilla del evangelio de Jesucristo. Esta semilla puede caer en cuatro diferentes tipos de suelos. En un suelo duro, del cual las aves de los cielos se comen la semilla, en un suelo pedregoso, que no permite que la planta crezca, en un suelo cubierto de maleza, que ahoga a la planta, y en un suelo listo para que la planta crezca y produzca un fruto abundante. La gran pregunta es: ¿a qué tipo de suelo se parece su corazón? ¿Con qué tipo de suelo se identifica? Tal vez hasta este momento su corazón ha sido como un duro suelo y todo lo que ha oído acerca del evangelio ha sido sacado de su mente. O tal vez su corazón a sido como un terreno pedregoso. Ha mostrado algún interés por el evangelio, pero ese interés se ha desvanecido muy pronto ante el temor de ser objeto de la burla de otros por seguir a Jesús. O a lo mejor su corazón ha sido como un terreno lleno de maleza. Tiene tantos intereses en este mundo que compiten con lo que demanda el evangelio y hasta ahora usted ha dado más importancia a lo que este mundo ofrece. Cualquiera que sea su caso, este es el momento para que usted ablande su corazón y reconozca su necesidad de salvación, y en un acto de fe reciba a Jesús como su personal Salvador. Mi oración al Señor es que en este mismo momento usted sea como ese terreno en el cual germinó la semilla, brotó la planta y produjo ese abundante fruto llamado salvación.

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