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Nueve bienaventuranzas

Qué grato es estar nuevamente junto a usted, mi amiga, mi amigo. Soy David Araya para saludarle y darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Nuestro tema de estudio es el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. Ya está listo David Logacho para guiarnos en el estudio de tres más de las nueve bienaventuranzas que aparecen en este majestuoso libro.

Gracias David y gracias a usted amable oyente. Es un verdadero privilegio para mí saber que usted me está escuchando. Las bienaventuranzas son una especie de fundamento del maravilloso discurso del Señor Jesucristo, comúnmente conocido como el Sermón del Monte, en alusión a que Jesús lo proclamó desde un monte. El Sermón del Monte no tiene el propósito de mostrar el camino de la salvación sino de mostrar el camino de la vida justa para los que ya están en la familia de Dios. Por eso es que se considera al Sermón del Monte como la Constitución del reino de los cielos. Así como todo reino tiene su constitución, el reino de los cielos también tiene su constitución, y esa constitución es el Sermón del Monte. Es el documento que delinea los deberes y privilegios de los súbditos del reino. En nuestro último estudio bíblico tratamos acerca de las tres primeras bienaventuranzas. En esta ocasión vamos a tratar acerca de las tres siguientes bienaventuranzas. La cuarta bienaventuranza se encuentra en Mateo 5:6 donde leemos lo siguiente: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados..
Bienaventurado es un adjetivo que significa muy dichoso o extraordinariamente feliz. Describe a una persona que ha logrado el nivel más alto de dicha o felicidad. ¿Quién es una persona así? Yo estoy interesado en saberlo porque yo quiero ser una persona así. Estoy seguro que usted también. Dudo que haya alguien que no lo quisiera. ¿Quiénes son entonces los bienaventurados? Jesús dice: Los que tienen hambre y sed de justicia. El hombre puede tener hambre y sed no sólo de comida y agua, sino de otras cosas, como riqueza por ejemplo. Hay personas que por el hambre y la sed de riqueza son capaces hasta de matar a otras personas. Otros tienen hambre y sed de, poder, placer, fama, juventud, salud, conocimiento y tantas otras cosas más, pero esta hambre y sed no hace bienaventurada a una persona. Lo único que hace bienaventurada a una persona es el hambre y la sed de justicia. Justicia en este caso se refiere a todo lo que se conforma a la voluntad revelada de Dios, es decir, todo aquello que ha sido señalado por Dios para que sea reconocido y obedecido por el hombre. Alguien ha dicho muy bien, que justicia tiene que ver con la totalidad de las demandas de Dios. En otras palabras, las personas bienaventuradas son aquellas que tienen hambre y sed por cumplir con la totalidad de las demandas de Dios. La promesa de Dios para estas personas es que serán saciadas. Esto significa que cuando se establezca el reino de Dios en la tierra, estas personas verán con sus propios ojos la justicia en su dimensión absoluta. La mayoría de los fariseos del tiempo de Jesús no tenían hambre y sed de justicia. Ellos pensaban que ya eran lo suficientemente justos como para tener hambre y sed de justicia. Pero la propia justicia de ellos no tenía la mínima posibilidad de hacerles personas bienaventuradas. Ahora déjeme preguntarle amigo oyente: ¿Tiene hambre y sed de justicia? ¿Reconoce que en su propia fuerza es imposible satisfacer las demandas de Dios? Si su respuesta es afirmativa, entonces usted es una persona bienaventurada, y Dios por medio de Cristo está listo para satisfacer al máximo su deseo de justicia. La quinta bienaventuranza aparece en Mateo 5:7 donde dice: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados son los pobres de espíritu, los que lloran, los mansos y los que tienen hambre y sed de justicia, pero no sólo ellos sino también los misericordiosos. Permítame tratar de definir lo que significa el adjetivo misericordioso. Proviene del sustantivo misericordia que según el diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, de Vine, significa la manifestación externa de la compasión; asume la necesidad de aquel que la recibe, y los recursos adecuados para satisfacer esa necesidad de parte de aquel que la exhibe. Es decir que misericordia no es solamente algo emocional, como sentir tristeza por la adversidad de otros. Misericordia tiene más que ver con acción para aliviar el dolor de los que sufren y sin esperar ninguna recompensa por ello. En otro sentido, misericordia significa no dar el castigo que el culpable merece. Dios mostró su misericordia en este sentido al librarnos del juicio que merecemos a causa de nuestro pecado, todo, mediante la obra de Cristo Jesús en la cruz del calvario. Jesús dijo que los misericordiosos son bienaventurados o extremadamente felices. ¿Por qué? Pues porque ellos alcanzarán misericordia. En este caso, Jesús no se está refiriendo a la misericordia que Dios ejerce a favor del pecador cuando le otorga la salvación. Esta misericordia no es algo que el pecador merece por ser misericordioso, sino que es un regalo incondicional que Dios hace al pecador. Lo que Jesús está diciendo es que por cuanto un creyente es misericordioso, al proveer de una manera práctica alguna ayuda para aliviar el dolor de alguien que está sufriendo, recibirá como recompensa un trato igualmente misericordioso cuando a su turno esté también padeciendo alguna adversidad. La vida cristiana no está libre de pruebas o adversidades y en esas condiciones es de mucho provecho recibir un trato misericordioso. Para que eso suceda es necesario mostrarse misericordioso hacia los que están en adversidad. Durante la guerra en Nueva Guinea, un joven soldado fue herido de muerte, al mirar la situación uno de sus compañeros decidió quedarse junto a él para administrarle los primeros auxilios, a pesar que los soldados japoneses estaban muy cerca de ellos. Mientras atendía al soldado herido, llegaron cuatro soldados japoneses, los cuales en lugar de disparar sus armas, procedieron a sacarlos de allí y conducirlos a otro lugar, más cerca de sus compañeros, en la parte opuesta del bosque. Antes de dejarlos allí, en un inglés bastante comprensible, explicaron: Aquí estarán a salvo. Pronto serán encontrados por algunos de los suyos. Nosotros somos cristianos y odiamos la guerra. De esto habla la bienaventuranza. Los misericordiosos alcanzarán también misericordia. Finalmente por hoy, consideremos la sexta bienaventuranza. Se encuentra en Mateo 5:8 donde dice: Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Muy dichosos o extremadamente felices son los de limpio corazón. ¿Qué significa ser limpio de corazón? Es la persona que tiene motivaciones puras, la persona que tiene pensamientos santos, la persona que tiene la conciencia limpia. Para ponerlo en una forma pictórica es la persona que tiene las manos limpias y el corazón puro. Me encanta esta descripción, porque habla de alguien con un carácter íntegro. Muy dichosas, o en extremo felices, son las personas de carácter íntegro. Al reflexionar sobre esto, es inevitable ponerlo en contraste con el mundo en el cual vivimos. El mundo en el cual vivimos desprecia al de carácter íntegro y tiene en buen concepto a las personas agresivas, astutas, a las personas que pisotean a las demás para lograr sus propósitos, a las personas osadas. Pero la palabra de Dios levanta la voz en medio de este caos y dice: Binaventurados los de limpio corazón o bienaventurados los de carácter íntegro. ¿Cuál es la razón para que sean bienaventurados? Porque ellos verán a Dios. Qué interesante. ¿No le parece? Para comenzar, saber que es posible ver a Dios es algo admirable. Pero además, para ver a Dios es necesario ser de limpio corazón. Este concepto aparece en varios pasajes de la Biblia tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Ponga atención por ejemplo a lo que dice Salmo 24:3-4 ¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.
El Nuevo Testamento también menciona la misma idea. Observe lo que dice Hebreos 12:14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Otro pasaje bíblico que enfatiza el mismo asunto es Apocalipsis 22:3-4 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,
y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.
Esto de ver a Dios se puede entender en al menos cuatro sentidos diferentes. Primero, en el sentido de que los de limpio corazón ven ahora a Dios a través de la comunión en la palabra y el Espíritu. Segundo, algunos que tienen limpio corazón, han tenido el privilegio de ver a Dios de una forma sobrenatural o una visión. Tercero, los de limpio corazón verán a Dios en la persona de Jesús cuando él venga otra vez. Cuarto, los de limpio corazón verán a Dios en la eternidad. Tener limpio el corazón garantiza el poder ver a Dios. ¿Le gustaría poder ver a Dios amable oyente? Entonces es necesario que tenga limpio el corazón. La pregunta del millón es entonces: ¿Cómo puede una persona ser de limpio corazón? La única manera es por medio de la fe en la persona de Cristo Jesús. Si una persona reconoce su pecado, y deposita su fe en Cristo Jesús, mirándolo como aquel que tomó su lugar para morir en su lugar en la cruz del calvario, entonces esa persona llega a tener un corazón limpio. ¿No le gustaría ser de limpio corazón? Entonces hoy mismo, sin tardar, tome la decisión de recibir a Cristo como su personal Salvador.

Sermón del Monte

Tres últimas bienaventuranzas