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Milagro de la multiplicación

Es motivo de gran gozo saludarle amable oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Prosiguiendo con nuestro estudio del Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, en esta ocasión, David Logacho nos hablará acerca del milagro de la multiplicación.

Gracias David por la introducción. Es una bendición para mí compartir este tiempo con cada uno de nuestras amigas y nuestros amigos oyentes. Lo último que tocamos en nuestro estudio bíblico del evangelio según Mateo, fue la trágica muerte de Juan el Bautista. Mateo relata que los discípulos de Juan el Bautista tomaron el cuerpo decapitado de su maestro, lo sepultaron y luego hicieron algo muy significativo. Dice el texto en Mateo 14:12 que los discípulos de Juan el Bautista fueron y dieron las nuevas a Jesús. Estoy seguro que propósito de los discípulos de Juan el Bautista no fue sólo informar a Jesús sobre lo que había pasado con Juan el Bautista, sino encontrar en Jesús el consuelo que necesitaban sus almas atribuladas. Nadie hay mejor para consolar que Cristo Jesús, amable oyente. Si usted está pasando por el sombrío valle de la prueba y su corazón está cargado de tristeza y aflicción, no busque consuelo en cualquier parte o en cualquier cosa. Busque consuelo en Jesús. Él comprende lo que usted está sintiendo en su corazón y está dispuesto a darle todo el consuelo que su angustiado corazón necesita. Una vez que Jesús supo lo que había pasado con Juan el Bautista, hizo algo muy interesante, lo cual es tema del estudio bíblico de hoy. Si tiene una Biblia a al mano, ábrala en Mateo 14:13-21. Lo primero que vamos a notar es a Jesús retirándose a un lugar apartado. Note lo que encontramos en la primera parte de Mateo 14:13. La Biblia dice: Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; Leído el texto superficialmente parecería que Jesús tuvo miedo y buscó un lugar para esconderse de Herodes Antipas. Pero no hay tal. Jesús no tenía que huir de nadie porque su vida estaba en las manos de su Padre celestial. Marcos 6:30-31 muestra que Jesús se retiró con sus discípulos a ese lugar apartado, para que sus discípulos, y él también, tengan su merecido descanso después de la misión de predicación que acaban de cumplir. Pero el descanso no fue posible porque tan pronto la gente se enteró del lugar donde estaba Jesús fueron hacia él caminando. Observe lo que dice la segunda parte de Mateo 14:13. La Biblia dice: y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. Jesús y sus discípulos estaban rodeados de gente. Era imposible descansar. Esto originó lo que Mateo relata a continuación. Allí encontramos a Jesús teniendo compasión de la gente. Permítame leer el texto en la primera parte de Mateo 14:14. La Biblia dice: Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, Jesús sabía perfectamente la condición espiritual de cada persona que le rodeaba. Esto le movió a tener compasión de ellos. En otra parte del Nuevo Testamento dice que Jesús tenía compasión de los incrédulos porque les veía como ovejas que no tienen pastor. La palabra compasión es la traducción de una palabra que literalmente significa “conmover las entrañas” Describe esa sensación interna cuando notamos algo en extremo sobrecogedor. Jesús experimentó esta sensación al ver las multitudes necesitadas de paz con Dios. ¿Experimenta usted esta sensación cuando ve o piensa en tantas personas necesitadas de salvación? Pero ponga mucha atención al hecho que Jesús no se quedó solo en la emoción, sino que dio el paso hacia la acción. Encontramos a Jesús sanando a la gente. Observe lo que tenemos en la segunda parte de Mateo 14:14. La Biblia dice: y sanó a los que de ellos estaban enfermos. La emoción abrió paso a la acción. Jesús tuvo compasión de la gente y esa compasión le movió a hacer algo a favor de esa gente. En este caso, Jesús sanó a los que estaban enfermos. Jesús hizo uso de lo que era capaz de hacer para beneficiar a la gente de quien se compadeció. Usted y yo debemos imitar este ejemplo. Debemos usar lo que somos capaces de hacer para ayudar, en lo espiritual principalmente, a aquellos que todavía no han hallado la salvación en Cristo Jesús. Luego tenemos a Jesús proveyendo a la gente. Permítame leer el pasaje bíblico que se encuentra en Mateo 14:15-21. La Biblia dice: Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. Él les dijo: Traédmelos acá. Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Esto es lo que muchos estudiosos de la Biblia llaman el milagro de la multiplicación. Este milagro está registrado en cada uno de los cuatro evangelios. Lo que primero notamos es una gran necesidad. Dice el texto que rápidamente se abatían las sombras de la noche. Conscientes de las complicaciones que este hecho significaría en la multitud, los apóstoles se creen más listos que Jesús y van a él y le dicen: ¿Acaso no te das cuenta que la hora es avanzada y este lugar es desierto? Por aquí no hay nada para comprar. Será mejor que despidas a la multitud para que vayan a las aldeas más cercanas y compren algo de comer. Lo que no sabían los discípulos es que a Jesús no se le escapa nada y él sabía exactamente lo que iba a acontecer y por eso detuvo a la multitud hasta una hora avanzada. Si Dios permite algo en nuestras vidas, a veces inclusive algo incomprensible, es porque Dios sabe lo que está haciendo y siempre será para nuestro bien. Así que los discípulos notaron una gran necesidad en la gente. Pero no solo había una gran necesidad, sino también una gran escasez. Cuando Jesús oyó la sugerencia de los apóstoles les dijo: La gente no tiene por qué irse. Dadles vosotros de comer. Ya me imagino la cara que habrán puesto los apóstoles. Yo también habría puesto la misma cara si hubiera estado allí. Para sus adentros los discípulos deben haber estado pensando: ¿Cómo es posible que nos pida que demos de comer a una multitud, cuando él perfectamente sabe que no tenemos comida ni para nosotros? Estaban reconociendo la gran escasez que tenían. No tenían recursos ni para satisfacer sus propias necesidades, peor las de una multitud. Así es con nosotros también hoy en día. Si nos miramos a nosotros mismos, no somos gran cosa, no tenemos lo que hace falta para cumplir con lo que Dios nos pide. Pero Dios jamás ha esperado que hagamos su voluntad en nuestra propia fuerza o con sólo nuestros propios recursos. Lo que tenemos, por mucho que pensemos que sea, no alcanza para hacer lo que Dios quiere. Por eso Jesús realiza un gran milagro. En respuesta a su pedido, los discípulos fueron muy honestos al afirmar: No tenemos aquí, sino cinco panes y dos peces. El relato en el Evangelio según Juan nos indica que inclusive esto no era de los apóstoles sino de un muchacho que estaba entre la multitud. Fue Andrés, hermano de Simón Pedro quien trajo a Jesús a este muchacho quien tenía la ración de una persona pobre, cinco panes de cebada y dos pececillos. Pero esto era suficiente en las manos de aquel que tiene poder para hacer el milagro de la multiplicación. Dice Mateo que Jesús mando a la gente recostarse sobre la hierba, luego tomó los cinco panes de cebada y los dos pececillos, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. ¿Cómo habrá sido en la práctica? Yo no sé. No me atrevo a especular, pero el hecho real es que comieron todos y se saciaron y hasta sobró. ¡Qué maravilla! Los que comieron fueron cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Contando a todos, deben haber más de diez mil. Jesús como gran proveedor acaba de satisfacer la necesidad material de la gente de una forma milagrosa. Tan majestuoso fue el milagro que hasta sobró comida. Dice el pasaje bíblico que los apóstoles recogieron doce cestas llenas de lo que sobró. ¿Cuál es la lección de todo esto? La más importante es que Jesús es el todo suficiente, el todo proveedor. Así como alimentó a más de diez mil personas partiendo de cinco panes y dos peces, él puede satisfacer la necesidad más íntima del alma, la necesidad de vida espiritual, la necesidad de salvación. Por otro lado, podemos aprender que cuando alguien pone todo lo que tiene, no importa cuan poco sea, en la mano de Jesús, él está listo a hacer el milagro de la multiplicación, para realizar cosas maravillosas que llenen de gloria el nombre de Dios. Ese muchacho común y corriente entre la multitud, jamás habría pensado que su comida, los cinco panes de cebada y dos pececillos se multiplicarían de tal manera de saciar a más de diez mil personas, pero por haber puesto todo lo que tenía en la mano de Jesús, se hizo posible el milagro. Así es también con usted y conmigo. En nosotros mismos somos tan comunes y corrientes como cinco panes de cebada y dos pececillos, pero cuando todo eso se pone en la mano de Jesús, él hace el milagro de la multiplicación para hacer cosas mucho más allá de nuestras fuerzas y capacidades de modo que el nombre de Jesús sea admirado y glorificado por muchos. Aprendemos también que el resultado del poder milagroso de Dios no se debe desperdiciar. Por eso fue que los discípulos tuvieron que recoger lo que sobró de los pedazos. Cuando alguien recibe a Cristo como Salvador se hace una obra milagrosa en esa persona porque pasa de un estado de muerte espiritual a un estado de vida espiritual. Esa obra milagrosa no debe ser desperdiciada. Es necesario que los que somos discípulos de Jesús nos ocupemos de discipular esa persona de modo que crezca hacia la madurez espiritual. En el evangelio de Juan se muestra que después de hacer este milagro, Jesús pronunció un maravilloso discurso en el cual él mismo se presentó como el pan de vida. ¿Ha comido ese pan, amable oyente? Si ha recibido a Jesús como su personal Salvador, usted ya ha comido ese pan, pero si todavía no lo ha hecho, usted está todavía muerto espiritualmente y desesperadamente necesita del pan de vida para tener vida eterna. ¿Por qué no recibe a Jesús como su Salvador este mismo instante?

Trágico final de Juan el Bautista

Jesús intercediendo por sus discípulos