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Jesús enseñó acerca de Juan el Bautista

Es muy grato saludarle amiga, amigo oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Seguimos estudiando el Evangelio según Mateo en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de cómo Jesús respondió una inquietud de Juan el Bautista y como Jesús enseñó acerca de Juan el Bautista.

Es una bendición para mí compartir este tiempo junto a usted, amable oyente. Prosiguiendo con el estudio del Evangelio según Mateo, hoy nos corresponde analizar la respuesta que Jesús dio a dos discípulos de Juan el Bautista y también la enseñanza que Jesús dio acerca de Juan el Bautista. Antes de ir al asunto sobre Juan el Bautista, Mateo hace una introducción que lo tenemos en Mateo 11:1. La Biblia dice: Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.
Recuerde que Jesús había enviado a doce de sus discípulos, a quienes los llamó apóstoles, en una misión intensiva de predicación del Evangelio del reino, a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Al enviarlos, Jesús les dio instrucciones claras y precisas en cuanto a la manera de llevar a cabo su misión. Jesús entonces se fue de allí con la finalidad de enseñar y predicar en las ciudades de Galilea. No olvide amable oyente, que la predicación de Jesús estaba acompañada de señales y milagros que confirmaban que él era el Cristo o el Mesías de Israel. Esto crea el marco para lo que aconteció después. Tenemos a Jesús respondiendo a dos discípulos de Juan el Bautista. Permítame leer el pasaje bíblico en Mateo 11:2-6. La Biblia dice: Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
De lo que relata otro evangelista, me refiero a Marcos, podemos saber que Herodes había enviado y prendido a Juan el Bautista, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. Porque Juan el Bautista decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Como notará, Juan el Bautista era el tipo de persona que denunciaba el pecado en cualquier persona a cualquier precio, aun al elevado riesgo de perder la vida, como justamente sucedió cuando denunció el pecado de Herodes. Por eso fue ejecutado. Pero antes de ser ejecutado, estando en la cárcel, Juan el Bautista oyó sobre todo lo que Jesús hacía, los hechos de Cristo, dice Mateo. Esto se refiere no sólo al mensaje que el reino de los cielos se había acercado, sino a los milagros que acompañaban la predicación de Jesús, los cuales confirmaban que Jesús era el Cristo, o el Mesías de Israel. Esto debió haber traído algo de confusión a la vida de Juan el Bautista. Si Jesús es el Cristo, ¿por qué todavía no se manifiesta abiertamente como tal y se sienta en el trono de David para reinar sobre Israel? Si Jesús es el Cristo, ¿por qué no hace algo para que Juan el Bautista sea librado de la prisión? Después de todo, fue el propio Juan el Bautista quien reconoció a Jesús como el Cristo, o el Mesías de Israel, e inclusive le bautizó en el Jordán. Abrumado por estas inquietudes, Juan el Bautista llama a dos de sus discípulos y les manda a entrevistarse directamente con Jesús. La única pregunta que estos dos discípulos de Juan el Bautista debían hacer a Jesús era la siguiente: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Esto expresa las emociones que bullían dentro de Juan el Bautista mientras estaba en la prisión. Juan el Bautista había anunciado que Jesús iba a limpiar su era; y recoger su trigo en el granero y quemar la paja en el fuego que nunca se apagará. Esto habla de juicio, pero la realidad era que Juan el Bautista estaba en prisión y Jesús estaba realizando un ministerio de predicación acompañado por señales y milagros, mas no de juicio, y eso en Galilea, bastante lejos de la capital Jerusalén donde se supone que debía establecerse como Rey. Juan el Bautista se estaba preguntando si a lo mejor se había equivocado al reconocer en Jesús al Cristo, al Mesías de Israel. ¿Será que Israel debía seguir esperando la manifestación del Cristo o el Mesías de Israel, en otra persona diferente de Jesús? Juan el Bautista dudó, pero no se dejó controlar por la duda, sino que dio los pasos para aclarar su duda y la duda se desvaneció. Así debemos nosotros también manejar las dudas. Veamos cual fue la respuesta de Jesús a la pregunta de los discípulos de Juan el Bautista. Jesús no construyó una estructura teológica para defender su derecho legítimo a ser considerado como el Cristo o el Mesías de Israel. No lo necesitaba. Lo que estaba haciendo confirmaba de una manera contundente que él era en realidad el Cristo o el Mesías de Israel. De modo que invitó a los discípulos de Juan el Bautista a que le acompañen y se cercioren por ellos mismos lo que Jesús estaba haciendo. Los discípulos de Juan el Bautista veían que los ciegos recuperaban la vista y los sordos comenzaban a oír. Esto fue lo que profetizó Isaías en cuanto a lo que hará el Mesías de Israel. Isaías 35:5 dice: Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Los discípulos de Juan el Bautista veían que los cojos andaban. Esto era lo que profetizó Isaías en cuanto a lo que hará el Mesías de Israel. Isaías 35:6 dice: Entonces el cojo saltará como un siervo. Los discípulos de Juan el Bautista veían que los leprosos eran limpiados. Esto era lo que profetizó Isaías en cuanto a lo que hará el Mesías de Israel. Isaías 53:4 dice: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Además de todo esto el poder de Jesús era tan basto que aun los muertos eran resucitados. Pero sobre todo esto, los discípulos de Juan podían contemplar que el evangelio era anunciado a los pobres. Esto es lo que Isaías dijo que haría el Cristo, el Mesías de Israel. Isaías 61:1 dice: El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos. Los grandes, los poderosos normalmente no se fijan en los abatidos sino en los que ellos consideran que están a su nivel, pero Jesús se fijaba en los pobres. Era otra evidencia de que él es el Cristo, el Mesías de Israel. Jesús concluyó su respuesta a los discípulos de Juan el Bautista, con estas palabras: Y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí. Bienaventurado significa: muy dichoso, o muy feliz. Dichosos o muy felices son aquellos que no hallan tropiezo en Jesús. ¿Qué significa esto? Pues que es fuente de suprema dicha tener la certeza o la seguridad de que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Salvador del mundo. ¿Tiene usted esta seguridad, amable oyente? La necesita para ser bienaventurado o muy dichoso. Lo que Jesús dijo a los discípulos de Juan el Bautista, no debe ser catalogado como un reproche para Juan el Bautista. Si bien Juan el Bautista atravesó por el valle de la duda, no se quedó allí. La respuesta que sus dos discípulos le trajeron debe haber proporcionado la seguridad que Juan el Bautista precisaba y de esta manera Juan el Bautista también fue uno de los muchos que somos bienaventurados por cuanto no hallamos tropiezo en Jesús. Este episodio creó la oportunidad precisa para que Jesús entregue una maravillosa enseñanza acerca de Juan el Bautista. Lo primero que hace Jesús en cuanto a Juan el Bautista es reconocer sus cualidades de carácter. Permítame leer el pasaje bíblico en Mateo 11:7-8. La Biblia dice: Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.
Una vez que los dos discípulos de Juan el Bautista se fueron de regreso a donde estaba su maestro, quien estaba en la cárcel, Jesús se dirige a la multitud que le rodeaba. A través de dos preguntas Jesús va a mostrar lo que de ninguna manera corresponde al carácter de Juan el Bautista. Posteriormente Jesús va a mostrar lo que realmente corresponde al carácter de Juan el Bautista. Este contraste permite admirar en toda su dimensión el carácter de Juan el Bautista. La primera pregunta es: ¿Qué salisteis a ver al desierto? Obviamente, la gente a quien se dirigía Jesús había estado tiempo atrás en el desierto de Judea, donde Juan el Bautista predicaba ese poderoso mensaje de “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”. Es a esto a lo que se refiere Jesús cuando pregunta a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? Jesús sugiere una probable respuesta. Lo hace por medio de una pregunta retórica. Una pregunta retórica es aquella en la cual la respuesta es obvia, ya sea afirmando o negando, según el contexto. La pregunta retórica es: ¿Una caña sacudida por el viento? La respuesta obvia es no. La segunda pregunta de Jesús es idéntica a la primera. ¿O qué salisteis a ver? Jesús sugiere otra probable respuesta. Lo hace por medio de otra pregunta retórica. ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? La respuesta obvia es no. Confirmando esto, Jesús dijo que los que llevan vestiduras delicadas están con su gente, en las casas de los reyes. La gente que estaba escuchando a Jesús sabía perfectamente que Juan el Bautista solía vestir de pelo de camello, tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos, y su comida era langostas y miel silvestre. Una apariencia y un estilo de vida nada convencional para la aristocracia de su época. Juan el Bautista no era como una caña sacudida por el viento, ni como un hombre cubierto de vestiduras delicadas. ¿Entonces que era? Pues eso va a mostrar Jesús y será el tema de nuestro próximo estudio bíblico. Espero que nos acompañe.

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