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Espíritu de la ley

Cordiales saludos amable oyente. Su servidor, David Araya le da la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca del espíritu de la ley en cuanto al asesinato y al adulterio.

Es muy grato para mí saber que usted me está escuchando a través de esta emisora fraterna. En nuestro último estudio bíblico, vimos que Jesús cuestionó severamente a los escribas y fariseos de su tiempo cuando dijo lo que tenemos allí en Mateo 5:20 donde leemos: Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. La gente de la época de Jesús pensaba que si había alguien digno de entrar en el reino de los cielos, debería alguno de los escribas y fariseos, por cuanto ellos se jactaban de cumplir hasta lo mínimo de la ley. Pero el problema de los escribas y fariseos era que el cumplimiento de la ley no iba más allá de un mero ejercicio externo vacío de realidad interna. Lo que hacían era sólo para aparentar, porque por dentro estaban en una deplorable condición moral y espiritual. Por eso Jesús dijo a la gente que oía su mensaje: Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Esto sirve de preámbulo para que Jesús ponga en claro lo que es el espíritu de la ley y ciertamente, también la letra de la ley. En el estudio bíblico de hoy, trataremos dos asuntos importantes. La cuestión del asesinato y la cuestión del adulterio. Note lo que dice Mateo 5: 21-26 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. La ley de Moisés, efectivamente condena el asesinato. Sólo es cuestión de mirar el sexto mandamiento del decálogo. Los escribas y fariseos practicaban y enseñaban que no se debe matar. El castigo para los asesinos era la pena de muerte. Todo esto es la letra de la ley. Los escribas y fariseos estaban muy dispuestos a cumplir con la letra de la ley, pero estaban descuidando algo muy importante, que es el espíritu de la ley. Jesús muestra el espíritu de la ley cuando comienza diciendo: Pero yo os digo… No es que Jesús está modificando la ley. Lo que está haciendo es recordar el espíritu de la ley, algo que los escribas y fariseos lo estaban totalmente pasando por alto. El asesinato tiene su raíz en el odio a una persona. Por eso Jesús está diciendo: Cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio. A los ojos de Dios es como si hubiera habido asesinato. Cualquiera que diga: Necio a su hermano será culpable ante el concilio. La palabra que se ha traducido como “necio” es la palabra “jracá” en el idioma griego. Los expertos en este idioma dicen que esta palabra es en realidad un término arameo que literalmente significa: cabeza hueca. Denota una extrema debilidad intelectual. Tal vez la palabra en español que mejor comunicaría la idea es la palabra “imbécil” Algo realmente ofensivo. Decir esto a alguien, a los ojos de Dios es como si se estuviera quitando la vida a esa persona. Tan es así que Jesús afirma que decir a alguien: Fatuo, hace que el que lo dice se exponga al infierno de fuego. La palabra “fatuo” es la traducción de la palabra griega “moré” relacionada con “morós” que literalmente significa “estúpido” Yo sé que es una palabra en extremo fuerte. Quien la usa manifiesta un profundo odio hacia otra persona. Por eso el peligro de quedar expuesto al infierno de fuego. Dios dice que odiar así a una persona es equivalente a haber asesinado a esa persona. ¿Qué hacer ante esto? ¡Qué maravilloso que es Jesús! Pone el dedo en la llaga. Dice simplemente, no esconda detrás de un rito religioso el odio que siente hacia alguien. Los ritos religiosos sirven en la medida que quien los realiza tenga un corazón limpio delante de Dios, en este caso, un corazón libre de odio o rencor contra alguien. Los judíos del tiempo de Jesús tenían que cumplir con los ritos de traer ofrendas ante el altar en el templo. El consejo de Jesús fue: Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti no prosigas presentando la ofrenda. Lo que debes hacer primero es ir y reconciliarte con la persona con quien estás enojado y una vez hecho eso, puedes presentar tu ofrenda en el altar con una conciencia limpia. Esta es la parte práctica de lo que Jesús está enseñando. Este consejo es para nuestro bien, porque caso contrario, si no nos ponemos de acuerdo con nuestro adversario a tiempo, mientras estamos con él en el camino, es posible que él nos entregue a un juez y juzgada la causa, el juez nos entregue a un oficial quien nos meterá en la cárcel. Esto será muy doloroso, porque no saldremos de allí hasta pagar todos los daños y perjuicios. Mucho cuidado amable oyente con esto de vivir enemistado o con resentimiento contra alguien. Muy bien. Luego tenemos el asunto del adulterio. Note lo que dice Mateo 5:27-30 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Nuevamente en este caso, efectivamente la ley de Moisés condena el adulterio. El séptimo mandamiento se ocupa de ello. Los escribas y fariseos hacían muy bien evitando el adulterio. Pero lo que no hacían nada bien es en lo que tiene que ver con las circunstancias que conducen al adulterio. Jesús está ratificando la letra de la ley, pero no deja de lado el espíritu de la ley, como lo hacían los escribas y fariseos. Por eso dice: Pero yo os digo… ¿Qué es lo que va a decir? Pues que no solamente se debe cuidar de no adulterar sino también las acciones previas que conducen al adulterio. Más específicamente, Jesús dice: Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Según Jesús, el problema no radica solamente en evitar acostarse con una mujer que no sea la esposa, sino en también mirar con ojos de codicia a una mujer que no es la esposa. Los hombres debemos ser muy cuidadosos en el trato con personas del sexo opuesto y por extensión las mujeres también deben ser muy cuidadosas en el trato con personas del sexo opuesto, no sea que nos hallemos codiciando lo que no es nuestro y de esa manera, como lo puso Jesús adulterando con muchas mujeres en nuestro corazón. El asunto es tan serio, que Jesús recomienda medidas drásticas para contrarrestarlo. Para ponerlo en un lenguaje comprensible Jesús dijo: Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado en el infierno. Nadie en sus cabales despreciaría el beneficio de tener un ojo derecho funcionando adecuadamente. Pero si este ojo derecho fuera ocasión de caer, sería conveniente sacarlo y arrojarlo a un lado, por cuanto es preferible que se pierda un miembro del cuerpo a que todo el cuerpo sea arrojado en el infierno. Cuando Jesús habló del infierno de fuego, o simplemente del infierno, usó la palabra “geena”, palabra que identifica un lugar en el valle de Hinom, donde en el pasado se ofrecieron sacrificios humanos, y que por tanto era aborrecible para los judíos y lo demostraban por medio de arrojar y quemar allí la basura de la ciudad. Era un lugar que siempre emanaba humo por la combustión de la basura, lo cual hacía un perfecto tipo, o ilustración del lago de fuego, el lugar de eterna condenación preparado para Satanás y sus ángeles, y tristemente, el lugar donde pasarán por la eternidad todos los que rechazan la oferta de salvación en Cristo. Enfatizando su punto, Jesús dijo que si la mano derecha es ocasión de caer, es preferible cortarla y arrojarla a un lado, pues mejor es que se pierda uno de los miembros y no que todo el cuerpo sea echado al infierno. Debo señalar además, que Jesús no está enseñando que la solución para evitar el adulterio es la mutilación de algunos de los miembros del cuerpo. Recuerde que el adulterio se origina en el corazón del hombre no en el cuerpo del hombre. Lo que Jesús está haciendo es usando una hipérbole para demostrar la seriedad del pecado de codiciar la mujer del prójimo. El punto es que sería mejor perder un miembro del cuerpo que sufrir las eternas consecuencias de haber cometido adulterio. El pecado demanda acciones drásticas debido a sus efectos letales. De modo que, amable oyente, no es suficiente guardar la letra de la ley, como los escribas y fariseos del tiempo de Jesús, sino que hace falta también guardar el espíritu de la ley, lo cual tiene que ver con el corazón del hombre, que a decir verdad, es en donde se origina todo lo malo que puede hacer el hombre. A los ojos de Dios no es sólo cuestión de no caer en el acto de pecado, sino también de no dar los pasos que conducen a ese pecado. A veces nos acercamos tanto al fuego que nuestra ropa ya huele a humo. Cuidado amable oyente, no sea que el momento menos pensado caigamos en el fuego. Es muy peligroso vivir al filo del reglamento.

La sal y la luz

El divorcio