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Esperanza de la resurrección

Saludos cordiales amable oyente. Es una gran bendición para mí contar con su sintonía. Soy David Araya y quiero darle la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que lleva por título: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta ocasión, David Logacho nos hablará de la maravillosa esperanza de la resurrección.

Me da mucho gozo saber que usted me está escuchando, amable oyente. En lo último que estudiamos en el Evangelio según Mateo, vimos que los enemigos de Jesús lo estaban examinando para encontrar alguna falta en él, de modo que puedan acusarle de algo y condenarlo a muerte. Jesús tapó la boca de los herodianos, el ala política dentro del Judaísmo. En el estudio bíblico de hoy, Jesús va a enfrentarse a otra facción dentro del Judaísmo, a los saduceos. Con esto en mente, le invito a abrir su Biblia en Mateo capítulo 22:23-40. En los versículos 23 a 29 encontramos los sujetos que hacen la pregunta y la pregunta en sí mismo. La Biblia dice: Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?
Los sujetos que hacen la pregunta son los saduceos. Se trata de una secta o facción dentro del Judaísmo. El partido saduceo, probablemente así nombrado por Sadoc, el sumo sacerdote designado por Salomón, según 1 Reyes 2:35, negaba la autoridad de la tradición y se mostraba suspicaz hacia toda revelación que fuese posterior a la promulgación de la Ley de Moisés. En realidad reconocían como texto sagrado solamente el Pentateuco de Moisés. Negaban la doctrina de la resurrección y no creían en la existencia de ángeles ni espíritus o de la vida después de la muerte, según Hechos 23:8. Eran en general, gente rica y de alta posición, y cooperaban con agrado con el helenismo de la época. En tiempo del Nuevo Testamento, ocupaban los cargos principales del sacerdocio y del ritual del templo. Por estas características, los saduceos eran, por decirlo así, el polo opuesto de los fariseos, pero admirablemente unieron fuerzas para enfrentarse contra Jesús. De modo que en un claro afán por atrapar a Jesús, los saduceos se dirigen a él con mucho respeto, llamándole Maestro. Luego le hacen la pregunta. Para ello, establecen los hechos, luego presentan un caso y finalmente lanzan la pregunta. Los hechos: Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Los saduceos están refiriéndose a una ley judía conocida como levirato. La palabra levirato viene del latín, de la palabra “levir” que significa “hermano del esposo”. Levirato es el precepto de la ley mosaica que obliga al hermano del que muere sin hijos a casarse con la viuda. Deuteronomio 25:5 dice: Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco.
El propósito de esta ley era preservar el nombre del difunto que no había llegado a tener un heredero. En una nación como Israel, donde la herencia familiar era un asunto tan serio, era de capital importancia que cada hogar tenga su heredero. Se catalogaba como una desgracia el que un hombre rehúse levantar el heredero a su hermano muerto sin hijo. Luego los saduceos presentan a Jesús un caso. Dijeron que entre ellos, había un hogar con siete hermanos varones. El primero se casó y murió sin tener un hijo. Conforme a la ley del levirato, la viuda se casó con el segundo hermano, pero éste también falleció, y conforme a la ley del levirato, la doblemente viuda se casó con el tercer hermano. Esto se repitió hasta que se acabaron los varones de ese hogar. Pobre mujer, enviudó siete veces y nunca dio a luz un hijo. Finalmente murió también la mujer. La pobre debe haberse muerto de tristeza. Aquí vino entonces la trampa de los saduceos a Jesús. Recuerde que los saduceos no creían en la resurrección. Para demostrar lo absurdo de creer en la resurrección, los saduceos preguntaron a Jesús: En la resurrección, ¿de cuál de los siete hermanos será esposa la mujer de la historia que relataron? Porque en vida en la tierra, fue esposa de todos ellos. La respuesta de Jesús tuvo dos partes. La primera para refutar a los saduceos y la segunda para enseñar a los saduceos sobre la resurrección. Veamos la primera parte. Se encuentra en Mateo 22:29-30. La Biblia dice: Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.
Los saduceos negaban la resurrección por el hecho que no podían aceptar que una mujer tenga siete esposos en la vida futura. Como muchos hoy en día, los saduceos pensaban erradamente que la vida futura sería simplemente una extensión de la vida presente, pero en otro lugar. Jesús no anda con rodeos y le dice que son ignorantes de las Escrituras y encima de eso son ignorantes del poder de Dios, lo cual denota que realmente no conocían a Dios. Luego Jesús manifiesta que en la vida futura no hay necesidad de matrimonios porque en la vida futura no hay muerte, por eso no hay necesidad de procrear hijos para reemplazar a los que mueren. Jesús puso el dedo en la llaga a los saduceos cuando dijo que en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. No olvide que los saduceos no creían en la existencia de los ángeles. Jesús acaba de refutar la falsa doctrina de los saduceos en cuanto a los ángeles. Pero observe que Jesús no dijo que en la vida futura todos seremos ángeles. Es falso el concepto que manejan algunos en el sentido que cuando los creyentes morimos nos transformamos en ángeles. Lo que Jesús dijo es que en la vida futura seremos como los ángeles, en el sentido que los ángeles de Dios en el cielo son seres asexuales, no necesitan reproducirse y por tanto no tienen necesidad de casarse ni darse en casamiento. Pero Jesús no se limitó a refutar a los saduceos, sino que aprovechó la oportunidad para enseñar a los saduceos acerca de la resurrección. Voy a leer en Mateo 22:31-32. La Biblia dice: Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.
Como ya mencioné anteriormente, los saduceos aceptaban como sagrados solamente los cinco libros de Moisés, el Pentateuco, y desconocían la autoridad divina de todos los demás libros del Antiguo Testamento. Los fariseos no habían logrado mucho éxito defendiendo la doctrina de la resurrección basándose exclusivamente en el Pentateuco, pero Jesús justamente tomó una parte del Pentateuco, ampliamente aceptada por los saduceos, para demostrar la veracidad de la doctrina de la resurrección. Jesús hizo recordar a los saduceos lo que Dios había dicho a Moisés, según Éxodo 3:6: Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.
El énfasis de esta declaración, está en el tiempo en que se ha conjugado el verbo ser, cuando dice: Yo soy. Es tiempo presente. Dios no dijo: Yo era el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Abraham, Isaac y Jacob habían muerto siglos antes, sin embargo, Dios seguía siendo Dios de ellos. Esto demuestra que Abraham, Isaac y Jacob seguían vivos después de haber muerto. Por eso Jesús le añadió su comentario cuando dijo: Dios no es Dios de muertos sino de vivos. Abraham, Isaac y Jacob estaban vivos. Esto demuestra la vida después de la muerte y confirma la doctrina de la resurrección. El pasaje bíblico concluye con la reacción de la gente que estaba presente mientras Jesús y los saduceos hablaban. Leo en Mateo 22:33. La Biblia dice: Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.
Dentro de esta gente, ciertamente estaban herodianos, saduceos, fariseos, escribas, principales sacerdotes, ancianos del pueblo y todos los demás. A pesar de ser enemigos a muerte de Jesús, se admiraron de la doctrina o de la enseñanza de Jesús. Lo que pasa es que cuando el Espíritu Santo está en la enseñanza de alguien, hasta los enemigos se admiran de esa enseñanza. En conclusión, Jesús salió bien librado de una nueva trampa tendida por los saduceos. Ha demostrado ser un cordero sin defecto, perfecto para ser sacrificado en la fiesta de la pascua. Por otro lado, es muy peligroso especular sobre la vida futura. Debemos descansar en la autoridad de la palabra de Dios, porque solamente en la palabra de Dios podemos encontrar la verdad en cuanto al futuro. Por supuesto que la Biblia no revela detalles mínimos de la vida después de la muerte, pero si nos da información suficiente como para enfrentar ese momento crucial con absoluta confianza.

Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios

Diálogo que Jesús mantuvo con los fariseos