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Bautismo del Señor Jesucristo

Que el Señor continúe bendiciendo ricamente su vida amable oyente. El Ministerio Internacional La Biblia Dice… le extiende una cordial invitación al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Mateo en la serie titulada: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca del bautismo del Señor Jesucristo.

Es grato para mí poder saludarle amable oyente. Doy gracias a Dios por usted. En nuestro estudio bíblico último dejamos a Juan el Bautista en el desierto de Judea predicando un mensaje de arrepentimiento en preparación del establecimiento del reino de los cielos. El Mesías, o el Cristo, quien debía sentarse en el trono en el reino de los cielos estaba pronto a manifestarse públicamente. Algunos recibieron el mensaje de Juan el Bautista y dieron un testimonio público de su decisión al ser bautizados por Juan el Bautista en el Jordán. Otros, como los fariseos y saduceos, no recibieron el mensaje de Juan el Bautista y por ese motivo recibieron una fuerte reprimenda de Juan el Bautista, quien les llamó: Generación de víboras. Juan el Bautista dejó muy en claro que él simplemente bautizaba en agua, para arrepentimiento, pero que detrás de él venía alguien tan digno, maravilloso y poderoso, quien no tenía punto de comparación con él. Este digno, maravilloso y poderoso no era ningún otro sino Jesús, quien iba a bautizar en Espíritu Santo y fuego. Esto crea el ambiente apropiado para lo que vamos a estudiar en esta ocasión. Siendo así, voy a abrir la Biblia en Mateo 3:13-17. Este pasaje bíblico gira alrededor del bautismo de Jesús. En él encontramos los antecedentes del bautismo, el bautismo en sí mismo, y los eventos a raíz del bautismo. Vayamos a lo primero. Los antecedentes del bautismo.

I. Los antecedentes del bautismo. Mateo 3:13 dice: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.” Mientras en Judea Juan el Bautista desarrollaba el ministerio que Dios le había encomendado, Dios estaba moviendo a Jesús, en Nazaret de Galilea, para que emprenda el viaje hacia donde estaba Juan el Bautista. Era un viaje de unos 100 KM más o menos. Sin embargo, ni la distancia, ni las incomodidades de viajar de aquellos tiempos impidieron que Jesús vaya a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Gran ejemplo para nosotros hoy en día. Por supuesto que el bautismo de Juan no es lo mismo que el bautismo en agua que se practica la iglesia de Cristo, pero de todas maneras es un bautismo. Si Jesús consideró importante ser bautizado en agua, ¿le asigna usted igual importancia? ¿Se ha bautizado ya?

II. El bautismo propiamente dicho. Mateo 3:14-15 dice: “Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.” Seguramente Jesús bajó al río Jordán y se presentó cara a cara, a Juan el Bautista para ser bautizado por él. Reconociendo que Jesús no tenía ningún pecado de qué arrepentirse, con toda razón, Juan el Bautista se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Juan el Bautista estaba afirmando que lo sensato debería ser que Jesús bautice a Juan el Bautista. En realidad era así, porque Juan el Bautista también necesitaba arrepentirse de su pecado en preparación para el establecimiento del reino de los cielos. Jesús no contradijo a Juan el Bautista, sino que simplemente señaló: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Esta declaración de Jesús significa que él consideraba justo o apropiado que mediante el bautismo de Juan el Bautista se identifique con aquellos judíos que habían venido a Juan para ser bautizados para arrepentimiento. Pero existe otra razón por la cual Jesús consideraba conveniente ser bautizado por Juan el Bautista. El bautismo para él era el rito que simbolizaba la manera como él iba a satisfacer la justicia de un Dios santo ofendido por el pecado del hombre. Su inmersión en las aguas simbolizaba el sufrimiento que tenía que padecer cuando pasen sobre él las aguas del juicio de Dios en la cruz del calvario. Su salida de las aguas del Jordán simbolizaba su resurrección. Es decir que a través de la muerte, sepultura y resurrección, Jesús iba a satisfacer las justas demandas de Dios por el pecado del hombre y de esa manera hacer posible que los pecadores que creen en él sean declarados justos, o justificados, por Dios. Al oír lo que Jesús dijo, Juan el Bautista sumisamente procedió a introducir a Jesús en las aguas del río Jordán, e inmediatamente después lo sacó de las mismas. Esto nos lleva a la tercera parte de este pasaje bíblico: Los eventos que ocurrieron a raíz del bautismo.

III. Los eventos que ocurrieron a raíz del bautismo. Mateo 3:16-17 dice: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Los que estaban presentes deben haber quedado asombrados. Jamás habían visto algo semejante. Tan pronto Jesús emergió de las aguas del río Jordán, dice el texto que los cielos le fueron abiertos. Según el relato en Lucas, esto ocurrió mientras estaban orando. Esto no fue obra de Jesús. Fue el Padre celestial que por decirlo así estaba abriendo de par en par las puertas de los cielos para derramar toda bendición imaginable sobre su Hijo. De los cielos abiertos descendió como paloma el Espíritu de Dios y se posó sobre Jesús. Esto revestía enorme significado para Jesús. Así como los sacerdotes, los reyes y algunas cosas en el Antiguo Testamento se consagraban con el aceite de la santa unción, Jesús fue ungido con el Espíritu Santo como el Mesías de Israel. El aceite de la santa unción es símbolo del Espíritu Santo. Inmediatamente después, desde los cielos abiertos se oyó una voz. Era el Padre celestial quien clamaba: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. Estas palabras del Padre celestial fueron el cumplimiento de al menos dos profecías del Antiguo Testamento. La primera, en Salmo 2:7 donde dice: “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy. La segunda, en Isaías 42:1 donde dice: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.” En esencia entonces, el Padre celestial estaba diciendo: En Jesús se ha cumplido lo que se había profetizado en el Antiguo Testamento acerca del Mesías o del Cristo de Israel. Qué grandioso. En esa fracción de tiempo en aquel lugar en el río Jordán se manifestó la completa Deidad. El Padre testificando desde el cielo. El Hijo quien acaba de ser bautizado por Juan el Bautista y el Espíritu Santo quien descendió como paloma del cielo y se posó sobre el Hijo. Jesús ha sido ungido con el Espíritu Santo para realizar su ministerio público en la tierra.

APLICACIÓN. La importancia del bautismo. El poderoso testimonio a favor de la deidad de Jesucristo. ¿Le ha recibido como Salvador?

Genuino arrepentimiento

Tentación de Jesús