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Actitud de Jesús hacia su madre y sus hermanos de madre

Saludos cordiales amiga, amigo oyente. Soy David Araya dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Mateo, en la serie que se titula: Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores. En esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de una nueva actitud de Jesús hacia su madre y sus hermanos de madre.

Qué bendición es para mí el estar junto a usted amable oyente. Estoy seguro que la palabra del Señor edificará grandemente su vida espiritual. En el estudio del Evangelio según Mateo, llegamos a una parte crucial, en la cual los escribas y fariseos, la flor y nata de la vida religiosa de Israel, rechazaron con virulencia el derecho de Jesús a ser reconocido como el Cristo o el Mesías de Israel. Este rechazo produjo un cambio en el ministerio de Jesús. A partir de este momento, el mensaje de Jesús y sus discípulos ya no será el de: Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado, por cuanto el Rey acaba de ser rechazado, y en consecuencia, el establecimiento de su reino queda pospuesto para su segunda venida. Por este motivo, a partir del capítulo 13 de Mateo, Jesús comienza a enseñar sobre el misterio del reino de los cielos por medio de parábolas. Pero antes de esto, tenemos a Jesús hablando de una nueva relación con su madre María y con sus hermanos de madre, los hijos de María. Si tiene una Biblia a la mano, le ruego que la abra en Mateo capítulo 12, versículos 46 a 50. Permítame leer este pasaje bíblico para beneficio de aquellos que por alguna razón no tienen cerca una Biblia. La Biblia dice: Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.
Interesante que la madre y los medio hermanos de Jesús vinieron al sitio donde Jesús estaba hablando a la gente, para hablarle. ¿Cuál habrá sido la razón para ello? Pueden haber sido muchas, pero tal vez estas dos las más importantes. La fama de Jesús se estaba expandiendo rápidamente y mirando sus obras milagrosas, muchos estaban pensando que Jesús en realidad podría ser el Cristo o el Mesías de Israel. Si fuera así, según lo que ellos pensaban, muy pronto Jesús estaría sentándose en el trono de David para reinar sobre Israel. Ante esto, era natural que su madre y sus medio hermanos estén interesados en evaluar sus posibilidades de sacar provecho del vínculo que les unía con Jesús. Siempre será beneficioso tener a un pariente cercano en el poder. Es la forma humana de pensar. Recuerde que a estas alturas de la vida de Jesús, sus medio hermanos todavía no creían que Jesús era lo que decía ser. Pero por otro lado, una razón, digamos más creíble, era que su madre y sus medio hermanos, estaban deseosos de comprobar si era cierto algunos rumores que habían llegado a sus oídos en cuanto a que Jesús estaba fuera de sí. Si ese fuera el caso, tal vez su madre y sus medio hermanos querían rescatarlo para que no cause daño a nadie. Marcos 3:21 dice: Cuando lo oyeron los suyos vinieron para prenderle, porque decían: Está fuera de sí. En todo caso, ya sea por estos motivos, o por cualquiera otros, la madre y los medio hermanos de Jesús estaban donde Jesús hablaba a los escribas y fariseos y querían hablar a Jesús. Fue así como alguno de la multitud interrumpió a Jesús diciéndole: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Antes de proseguir, note amable oyente, que Jesús tenía hermanos, debemos entender más bien medio hermanos, porque recuerde que Jesús no fue concebido de José el esposo de María, sino por el Espíritu Santo cuando ella era virgen. Siendo este el caso, es inevitable la conclusión que María la madre de Jesús dejó de ser virgen una vez que nació Jesús y prueba de ello es que dio a luz hijos, los medio hermanos de Jesús. Esto concuerda con el relato del nacimiento de Jesús que proporciona Mateo. Observe lo que Mateo dice en cuanto a José y María, según Mateo 1:25. La Biblia dice: Pero no la conoció hasta que dio a luz a su primogénito; y le puso por nombre JESÚS. Esto significa que José no tuvo relaciones sexuales con la virgen María mientras ellas estaba embarazada de Jesús, pero una vez que María dio a luz a Jesús, José tuvo relaciones sexuales con María porque los dos eran legítimos esposos y procrearon hijos e hijas. Un poco más tarde en el Evangelio de Mateo la gente se admiraba de la enseñanza de Jesús, y decían el uno al otro, lo que tenemos en Mateo 13:53-56. La Biblia dice: Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?
Se confirma entonces que José y María procrearon hijos e hijas después que nació Jesús. Lo dicho amable oyente, refuta la idea que la virgen María fue siempre virgen. Según lo que dice la Biblia, María fue virgen hasta que dio a luz a Jesús, pero después dejó de ser virgen y concibió de su esposo José, hijos e hijas. Esto de ninguna manera atenta contra la integridad de María. ¿Acaso es pecaminoso casarse y procrear hijos? De ninguna manera. ¿A qué se debe entonces el desmedido afán por hacer decir a la Biblia lo que no dice, cuando se afirma que María, la madre de Jesús no tuvo más hijos? Una vez aclarado este asunto, retomemos el relato acerca de la madre y los hermanos de Jesús cuando le buscaron para hablarle. Mateo dice que al saberlo Jesús, hizo una pregunta a quien le dio la noticia de que su madre y sus hermanos estaban afuera y querían hablarle. La pregunta fue ¿Quién es mi madre, y quienes son mis hermanos? No es que Jesús se había olvidado de su madre y sus hermanos. Como buen judío, además de santo, puro y perfecto que es, Jesús amaba, honraba y respetaba a su madre y lo propio a sus hermanos. Luego, extendiendo su mano hacia sus discípulos, Jesús dijo: he aquí mi madre y mis hermanos. Esta declaración de Jesús tiene mucho significado espiritual. Marca un giro crucial en la relación de Jesús con Israel. María y sus hijos representan a la nación de Israel, con quien Jesús tenía una relación de consanguinidad. Hasta ese momento, Jesús había limitado su ministerio principalmente a las ovejas perdidas de la casa de Israel, pero ya era un secreto a voces que su propio pueblo Israel, no lo aceptaba. En lugar de reconocer que Jesús hacía las obras milagrosas por el poder el Espíritu Santo, los escribas y fariseos, a nombre de toda la nación de Israel, aseguraron que Jesús hacía las obras milagrosas por el poder de Satanás. Esto hizo que Jesús anuncie un nuevo orden de cosas. De aquí en adelante, sus vínculos con Israel no serán el factor principal de su ministerio evangelístico. Israel no lo quiere, por tanto, Jesús va a los que le quieren, no importa si son judíos o gentiles. Las relaciones de consanguinidad con Jesús entrarán a un plano secundario, mientras que las relaciones espirituales con Jesús ocuparán el primer lugar. A esto es a lo que se refirió Jesús cuando extendiendo su mano hacia sus discípulos dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Confirmando lo dicho, Jesús pronuncia esas magistrales palabras cargadas de inspiración divina: Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre. Las palabras de Jesús se aplican a toda persona sin importar su nacionalidad, sin importar su género, sin importar su condición social, sin importar su condición económica, siempre y cuando la persona haga la voluntad del Padre que está en los cielos. Este tipo de persona, gozará de un privilegio maravilloso, llegará a tener una relación tan íntima y personal con Jesús, comparable a la relación que Jesús tenía con su hermano, o con su hermana o con su madre. ¿Puede imaginar privilegio más grande que ese? La persona más humilde y tal vez despreciada a los ojos de los hombres, pero que hace la voluntad del Padre que está en los cielos goza del privilegio de estar tan cerca de Jesús como si fuera su hermano o hermana o madre. Maravilloso. ¿No le parece? Para evitar cualquier confusión en cuanto a que a lo mejor Jesús está alentando la salvación por obras, cuando afirma que los que hacen la voluntad del Padre que está en los cielos, tendrán esa relación de intimidad con él, es necesario señalar que la Biblia es clara al afirmar que la salvación es por gracia por medio de la fe en la persona de Cristo Jesús. Hacer la voluntad del Padre que está en los cielos, es hacer lo que Dios ha dicho en cuanto a su Hijo el Señor Jesucristo. Dios a dicho que Jesús es su Hijo en forma humana, y que él es el Salvador. Toda persona que reconoce a Jesús como Salvador y lo recibe como tal, habrá hecho la voluntad del Padre que está en los cielos y para esa persona es la promesa que Jesús tendrá una relación tan estrecha como si fuera su hermano, o su hermana, o su madre. De manera que amable oyente, si usted desea sinceramente ser considerado por Jesús como hermano, hermana o madre, es necesario que hoy mismo reconozca su situación espiritual como pecador y el peligro en el que se encuentra si no es perdonado, y en un acto de fe, reciba a Cristo Jesús como su Salvador, porque él murió por usted, para recibir el castigo que usted merece. No tarde más en tomar esta decisión. De esto depende el destino eterno de su alma. Mi oración es que Dios toque su corazón de tal manera que este mismo instante reciba a Cristo Jesús como su personal Salvador. Padre amado, tú conoces a cada persona que está escuchando este programa, te pido que aquellos que jamás han recibido a Cristo Jesús, se sientan incentivados por ti, para recibir a Cristo como su Salvador. En el nombre de Jesús, amén. Que Dios le bendiga ricamente.

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