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El yugo desigual

Qué grato es estar nuevamente junto a Usted, amiga, amigo oyente. Sea bienvenida o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Malaquías en la serie titulada: Malaquías, un llamado a vivir piadosamente en medio de un mundo de impiedad. En esta ocasión, el tema de estudio tiene que ver con lo que se conoce como el yugo desigual.

Desde sus mismos inicios como nación, Israel ha sido blanco de ataque de Satanás. Lo ha hecho de muchas maneras, pero buscando siempre la extinción de Israel como nación.

Una de esas formas de ataque ha sido por medio de inducir a los Israelitas a buscar esposas paganas. De esta manera, Satanás lograba que los israelitas se alejen del Dios vivo y verdadero y sigan a alguno de los muchos dioses paganos que los hombres se fabrican.

Un caso típico de este hecho es lo que sucedió con Salomón, el connotado rey de Israel, quien en su ancianidad tomó como hoby el coleccionar mujeres para su harén. Llegó a tener nada más y nada menos que setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas. Muchas de estas mujeres reinas y concubinas, eran paganas. Note el efecto que estas mujeres tuvieron en la vida de este otro hora ilustre rey.

Leo en 1ª Reyes 11:4-8 “Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está en frente de Jerusalén y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios  a sus dioses.”

Allí lo tiene amable oyente. Es difícil aceptar que Salomón llegara a hacer algo como lo descrito, pero lo hizo. Satanás debe haber estado muy contento al lograr que Salomón se aleje del Dios verdadero. Es el resultado de unirse en yugo desigual con el incrédulo.

Cuando un escogido de Dios cede a la insinuación de Satanás y se une en matrimonio a una mujer que no tiene temor de Dios, Dios reacciona con firmeza. Eso fue lo que sucedió con Salomón. Ponga atención a lo que dice 1ª Reyes 11: 9-11. “Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová. Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.”

Esta fue la lamentable consecuencia del pecado de Salomón al haber seguido a dioses falsos, incitado por las muchas mujeres paganas con quienes se unió en matrimonio. Es algo muy serio unirse en yugo desigual con un incrédulo. En el tiempo de Malaquías estaba de moda este tipo de uniones.

Por eso es que Dios por medio de su profeta Malaquías va a confrontar con severidad este serio mal. Abramos por tanto nuestras Biblias en Malaquías 2:10-12. En este corto pasaje bíblico encontramos la reprensión por el yugo desigual y la retribución por el yugo desigual.

Vayamos a lo primero, la reprensión por el yugo desigual. Unirse en yugo desigual con el incrédulo es un atentado contra el pacto hecho con Dios. Malaquías 2: 10 dice: “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?”

El argumento de Dios es muy sencillo y a la vez irrefutable. Dios es el Padre de Israel, los israelitas son hijos de Dios por elección. No olvide que el pueblo de Israel es el pueblo escogido de Dios. Además Dios es el único creador.

Sobre esto, otro profeta cuyo nombre es Isaías dice lo siguiente en el capítulo 64 versículo 8: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.”

Siendo así, Dios hizo un pacto con su pueblo. Parte de ese pacto era que los hijos de Israel no se unan en matrimonio con mujeres de los pueblos paganos. Éxodo 34: 14-16 dice: “Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra;  porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas.”

El pueblo de Israel estuvo de acuerdo con este pacto. Pero triste y lamentablemente, el pueblo deshonró el pacto y muchos israelitas comenzaron a unirse en matrimonio con mujeres de los pueblos paganos. Por eso es que Dios les responsabilizó de haber profanado el pacto que él hizo con sus padres.

Profanar significa tratar una cosa sagrada sin el debido respeto. Algo muy interesante es que el yugo desigual con el incrédulo es catalogado por Dios como una deslealtad del uno contra el otro. ¿En qué sentido puede ser una deslealtad? Pues en el sentido que debilita la unidad del pueblo.

Los creyentes de hoy en día, también somos el pueblo escogido de Dios y más todavía, somos hijos adultos en la familia de Dios. Dios es nuestro Padre celestial. Como tales, los hijos de Dios tenemos también claros mandamientos en cuanto al yugo desigual con los incrédulos. 2ª Corintios 6:14 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión las luz con las tinieblas?”

Desobedecer este mandato y unirse en matrimonio con un incrédulo es equivalente a profanar la palabra de Dios y es equivalente también a ser desleales con los demás creyentes. Desleales por cuanto al unirse en yugo desigual con un incrédulo, un creyente está debilitando el cuerpo de Cristo que es la iglesia.

Así que, el yugo desigual con el incrédulo es un atentado contra el pacto de Dios con su pueblo. Pero no sólo eso. Además es un atentado contra la santidad de Dios. Malaquías 2:11 dice: “Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño.”

El judío que se casó en yugo desigual con el incrédulo, toma el nombre de Judá en este versículo. Dios recrimina a Judá por tres faltas puntuales.

Prevaricó. Este verbo es la traducción de un verbo hebreo cuya raíz tiene que ver con cubrirse con un manto y de allí denota actuar engañosamente. Tiene que ver con traición, infidelidad, falsedad, deslealtad. La prevaricación condujo a la abominación.

Judá ha cometido abominación en Israel y en Jerusalén. Abominación es la traducción de una palabra hebrea que significa algo moralmente sucio, horrendo, se utilizaba para referirse a la idolatría o a los ídolos.

La abominación condujo a Judá a la profanación del santuario que Jehová amó. Profanar significa tratar lo que es sagrado o santo de una forma indigna o impía. Al casarse con una mujer pagana, el israelita trató indignamente lo que Dios amó, su santuario.

Interesante que para Dios, una mujer pagana es hija del dios falso a quien sirve. El yugo desigual con el incrédulo es prevaricación, abominación y profanación. Algo terrible amable oyente. Lo mismo es hoy en día. Un creyente que se casa con una incrédula está prevaricando, cometiendo abominación y cometiendo profanación.

El humo de la pasión no permite ver esta realidad a los jóvenes creyentes que están enamorados de una muchacha incrédula, o viceversa. Piensan que no hay problema con enamorarse de una chica incrédula y después casarse con ella. Hasta piensan que Dios bendecirá esta unión. Se abandonan a la vacía esperanza que algún día esa chica por ahora incrédula llegará a ser creyente.

En contadísimos casos eso se da, pero en la basta mayoría de los casos, los incrédulos arrastran el corazón de los creyentes y los alejan totalmente de Dios. Lo que los jóvenes deberían reconocer es que el unirse en matrimonio con una mujer incrédula y también el enamorarse de una mujer incrédula, es prevaricación, abominación y profanación.

De esta manera hemos tratado la reprensión por el yugo desigual.

Ahora tratemos la retribución por el yugo desigual. Todo lo que se siembra eso se cosecha. Veamos cuál es la cosecha cuando se siembra el yugo desigual. Malaquías 2:12 dice: “Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.”

Dios es drástico castigando a los que se unen en yugo desigual con los incrédulos. Dice que serán cortados de Israel, sin acepción de personas. En la versión popular se lee así este texto: “¡Ojalá el Señor borre de nuestra nación a quienes hacen tales cosas, sean quienes sean y aunque traigan ofrendas al Señor todopoderoso!”

Qué terrible consecuencia. Puede ser que Usted, siendo creyente, esté considerando la posibilidad de contraer matrimonio con una mujer incrédula. Inclusive puede ser que hoy mismo esté ya de novio o de novia con una persona incrédula.

Por algo Dios ha permitido que oiga este programa. No cierre su oído a la voz de Dios expresada en su palabra. Hoy mismo reconozca su pecado de haber pisoteado la palabra de Dios, confiese a Dios este pecado y corte inmediatamente la relación con esa persona incrédula. Más vale sufrir ahora por la separación, que vivir toda la vida con el peso de saber que está cometiendo prevaricación, abominación y profanación.

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