in

Intervención directa de Dios

Cordiales saludos amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Daniel. En nuestro último estudio bíblico vimos todo lo que tuvo que pasar el rey de Babilonia Nabucodonosor, hasta reconocer que Jehová, el Dios de Israel es el único soberano Dios. Es interesante notar que la última referencia que aparece en la Biblia sobre este rey, es una confesión de su reconocimiento de la grandeza de Dios. Daniel 4:37 dice: Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
Nabucodonosor debe haber hecho otras cosas antes de morir, pero al menos en lo que la Biblia registra sobre él, esto es lo último que aparece. Interesante, ¿no? En el capítulo cinco de Daniel ya no aparece Nabucodonosor sino un descendiente suyo llamado Belsasar, bajo cuyo reinado llegó a su fin el imperio babilónico, conforme a lo que anunció Dios por medio de Daniel, cuando interpretó el sueño del rey acerca de la gran imagen que tenía la cabeza de oro en Daniel capítulo 2. Todo lo que Dios a anunciado se cumple a la perfección. Veamos pues cómo fue el fin del imperio babilónico.

Si tiene una Biblia, ábrala en Daniel capítulo 5. Lo primero que notaremos es al rey haciendo un banquete. Daniel 5:1 dice: El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino.
Antes de hablar del banquete en sí mismo, es necesario reconocer que en el momento que ocurrieron estos hechos, el rey de Babilonia ya no era Nabucodonosor sino Belsasar. Los críticos de la Biblia han tratado de desacreditar su veracidad histórica afirmando que no existen datos históricos de que alguna vez hubiera existido un rey en el imperio babilónico llamado Belsasar, y que de haber existido, no podría ser hijo de Nabucodonosor, pues Nabucodonosor nunca tuvo un hijo llamado Belsasar. Pero una vez más la Biblia ha salido victoriosa de este ataque, por cuanto se ha descubierto evidencia arqueológica que Nabonido, el último rey de Babilonia confió el reino de Babilonia a su hijo Belsasar mientras que él se retiraba a Arabia. Diríamos entonces que cuando ocurrieron los eventos relatados en el capítulo cinco de Daniel, había dos reyes en Babilonia, Nabonido, el rey principal en comisión de servicio en Arabia y Belsasar su hijo, ocupando el trono en Babilonia en ausencia de su padre. Esto se confirma por el hecho que un poco más adelante en la historia relatada en Daniel capítulo cinco, se dice que Belsasar ofreció a Daniel ser el tercero en el reino si interpretaba un enigmático escrito en una pared. ¿Por qué le ofreció ser el tercero en el reino? Pudo haberle ofrecido ser el segundo en el reino. Pero el hecho es que Belsasar mismo era el segundo en el reino y Nabonido su padre, era el primero en el reino. La Biblia no se puede equivocar amable oyente. Por supuesto que Biblia no es un libro de historia, pero cuando aporta con hechos históricos, siempre es veraz. Ahora en cuanto a que Nabucodonosor nunca tuvo un hijo llamado Belsasar como se afirma Daniel capítulo cinco, se debe reconocer que en las culturas orientales, dentro de las cuales estaba, la judía, se podía llamar hijo no sólo a un descendiente directo sino también a un nieto, un bisnieto, un tataranieto y así por el estilo. De modo que cuando en Daniel capítulo cinco se habla de que Belsasar era hijo de Nabucodonosor se debe entender en el sentido que era descendiente de Nabucodonosor. Hecha esta aclaración, tenemos entonces que Belsasar hizo gala de su poder, su fama y su fortuna, organizando un banquete para nada más y nada menos que mil personas, los más nobles de su imperio, los príncipes. Había comida y bebida en abundancia, acorde con la grandeza del reino. Existe información histórica confiable en cuanto a que este tipo de banquetes era una ocasión para dar rienda suelta a las más bajas pasiones humanas. El vino fluía copiosamente en los vasos de los invitados. Donde el vino fluye así es de esperarse todo tipo de desorden con el consecuente dolor. Proverbios 23: 31-32 dice: No mires al vino cuando rojea,
Cuando resplandece su color en la copa.
Se entra suavemente;
Pro 23:32 Mas al fin como serpiente morderá,
Y como áspid dará dolor.
En segundo lugar tenemos al rey deshonrando y desafiando a Jehová, el Dios de Israel. Daniel 5:2-4 dice: Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas.
Dan 5:3 Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas.
Dan 5:4 Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra.
Cuando se ingiere cualquier bebida alcohólica en exceso se altera la forma de pensar, la forma de hablar y la forma de actuar de las personas. Eso fue justamente lo que pasó con Belsasar y sus invitados. En su embriaguez no se le ocurrió mejor cosa que pedir a sus siervos que vayan al lugar donde se guardaba los tesoros del reino y traigan los vasos de oro y de plata que su antepasado Nabucodonosor había traído del templo de Jerusalén. La idea era que tanto él como sus grandes, sus mujeres y sus concubinas beban vino en esos vasos sagrados. No es que el rey y sus invitados querían darse el lujo de beber en vasos de plata o de oro, sino que era una manera de celebrar su dominio sobre el pueblo judío, en un claro desafío a Jehová el Dios de los judíos. Los siervos cumplieron con las órdenes del rey y trajeron los vasos de oro que Nabucodonosor había saqueado del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, cuando lo tomó y lo destruyó. Estos vasos de oro se usaban para los ritos sagrados en el templo de Jerusalén. Eran vasos consagrados para ese exclusivo propósito. Cuando el rey Belsasar recibió esos vasos, vertió en ellos vino y repartió a sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Tal vez hicieron un brindis por la grandeza y magnificencia de Belsasar, y todos los presentes lo bebieron. En tercer lugar tenemos al rey temblando por el escrito en la pared. Daniel 5: 5-6 dice: En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía.
Dan 5:6 Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra.
Dios tiene su forma de desinflar el inflado ego de los arrogantes. Lo hizo con Nabucodonosor y ahora lo está haciendo con su descendiente, Belsasar. Dice el texto que en la misma hora, es decir en el mismo instante que Belsasar desafiaba a Dios bebiendo vino con sus invitados en los vasos consagrados a Dios, aparecieron los dedos de una mano de hombre escribiendo algo sobre una pared. Tal vez Belsasar habrá pensado que todo era producto del vino que estaba tomando y que estaba ebrio, pero cuando notó que todos los invitados también estaban viendo lo mismo se debe haber convencido que no era su imaginación sino algo real. No aparecía el cuerpo ni siquiera el brazo de quien escribía, sino solamente los dedos de una mano. El lugar de escritura era el más indicado, de modo que todos podían verlo, pues estaba delante del candelero, sobre lo encalado de la pared del palacio real. Mientras el rey veía la mano que escribía sola sobre la pared, se espantó tanto que su rostro se volvió blanco como un papel. Su conciencia debe haber estado haciendo su obra en él, porque el texto dice que sus pensamientos lo turbaron. Parece que instintivamente sabía que el mensaje que esa mano misteriosa había escrito en la pared no comunicaba algo bueno para él. Cuando la conciencia está sucia por el pecado y la maldad, siempre se piensa que algo malo puede ocurrir en cualquier momento. No es extraño por tanto que Belsasar haya reaccionado como dice el texto: Se debilitaron sus lomos, esto significa que sentía esa horrible sensación de estar por desmayarse. A la par, las piernas le temblaban tanto que sus rodillas daban la una contra la otra. De un momento a otro, la euforia se transformó en tragedia. Así pasa cuando no andamos en los caminos de Dios, amable oyente. La Biblia habla de los deleites temporales del pecado. Todo pecado tiene su deleite, si no fuera así, nadie pecaría, pero el problema es que ese deleite es temporal, pasajero, pero siempre se transforma en tristeza, en dolor, en angustia, en soledad, en destrucción y si no se lo arregla por medio de la obra de Cristo en la cruz, termina en condenación eterna. En nuestro próximo estudio bíblico continuaremos con esta fascinante historia.

Reconocimiento de la grandeza de Dios

Humillar su corazón delante del Dios