in

Interpretación de la visión

Gracias por estar en nuestra sintonía, amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Daniel. En nuestro estudio bíblico último, dejamos a Dios el Padre, el Anciano de días, listo para realizar un juicio. Sentándose con solemnidad en su trono de fuego con ruedas de fuego ardiente, los libros fueron abiertos y todo quedó listo para el juicio. Veamos quien va a ser sometido a juicio.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Daniel 7:11-15. Lo primero que vamos a notar es el sujeto enjuiciado y la respectiva sentencia. Daniel 7:11 dice: Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego.
Daniel vio en su visión que la cuarta bestia, espantosa y terrible, tenía diez cuernos, de entre los cuales surgió un cuerno pequeño que tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba grandes cosas. Este cuerno pequeño arrancó tres cuernos de la bestia. En el libro de Apocalipsis capítulo 13 versículo 6 dice que el Anticristo, simbolizado por ese cuerno pequeño, abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo y de los que moran en el cielo. Pues bien, el sujeto de juicio por parte de Dios es esta cuarta bestia y en especial ese enigmático y blasfemo cuerno pequeño. El delito que cometió esa cuarta bestia y su cuerno pequeño es la blasfemia contra Dios. Daniel relata en su visión que fue a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno, que la cuarta bestia fue condenada a muerte. La sentencia se ejecutó inmediatamente, por cuanto Daniel vio que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego. Cronológicamente, este juicio ocurrirá al final de la gran tribulación y coincidirá con la segunda venida, esta vez en gloria, de nuestro Señor Jesucristo. Apocalipsis 19:17-21 dice: Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios,
Rev 19:18 para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes.
Rev 19:19 Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército.
Rev 19:20 Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.
Rev 19:21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.
Cuando en Daniel 7:11 hablando de la cuarta bestia dice: y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego, representa el juicio completo y final de la bestia y su líder, el Anticristo. En segundo lugar, tenemos el juicio sobre las tres bestias que precedieron a la cuarta. Daniel 7:12 dice: Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.
Los mismos que llevaron a cabo la ejecución de la cuarta bestia y su cuerno pequeño quitaron a las tres bestias anteriores su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo. Según el autor Evis Carballosa, la frase: Pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo, ilustra el hecho de que los tres imperios anteriores fueron en realidad absorbidos el uno por el otro (Medo Persa absorbió a Babilonia, y Grecia absorbió al imperio Medio Persa) pero el imperio de la cuarta bestia es destruido de manera catastrófica y judicial tal como fue visto por Nabucodonosor en el capítulo 2. En su sueño, el monarca babilónico vio una piedra, cortada no con mano, que hirió a la imagen en sus pies. Ese aspecto del sueño de Nabucodonosor se corresponde con la destrucción de la cuarta bestia en Daniel 7:11 Hasta aquí lo que dice este autor. Pero la destrucción de la cuarta bestia no es el final de todo, porque Dios va a hacer algo más a continuación. En tercer lugar tenemos el establecimiento del reino eterno. Daniel 7:13-14 dice: Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.
Dan 7:14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
Daniel ha profetizado sobre los distintos poderes gentiles que van a dominar en el mundo hasta el establecimiento del reino eterno. Una vez que el último poder mundial sea destruido, el imperio romano revivido, liderado por el Anticristo, habrá llegado el momento para el establecimiento de un reino que jamás será removido. Tanto es así, que Daniel vio en visión que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre. En esencia esto describe la segunda venida de Cristo. Hablando de esto mismo, note lo que dice Mateo 24:30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
Esto es lo que Daniel estaba viendo en visión. Hijo de hombre es un título apropiado para Cristo, el Mesías. Los evangelios están llenos de esta expresión para referirse al Señor Jesucristo de modo que no cabe la menor duda en cuanto a la identidad de aquel hijo de hombre que Daniel vio en su visión. Es más, el título Hijo del Hombre para el Señor Jesucristo tiene justamente su raíz en lo que Daniel vio en esta visión. Ahora que sabemos que el Hijo de hombre es Cristo, notamos que Daniel nos muestra que vino hasta el Anciano de días, esto es, hasta Dios el Padre y los siervos de Dios el Padre le hicieron acercarse delante de él. Ante la presencia misma de Dios el Padre como Juez, Cristo, el Hijo de hombre recibió dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Cristo Jesús, el Hijo del Hombre será Amo y Señor de todo ser viviente en este mundo. Mostrando otras características de este reino, Daniel escribió que su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. Los reinos representados por cada una de las cuatro bestias que vio Daniel en su visión, es decir los reinos, babilónico, medo-persa, griego y romano, fueron reinos por un lado temporales y por otro lado terminaron en destrucción, pero el reino que Dios el Padre, el Anciano de días, otorgó a Cristo, el Hijo del Hombre es un reino eterno, esto significa que dura para siempre, y además es un reino indestructible, un reino que jamás pasará. Al escuchar con atención todo esto, es posible que algunos de nuestros amables oyentes estén algo confundidos. Se supone que cuando el Señor Jesús venga por segunda vez a la tierra en poder y gran gloria va a presidir como rey en el reino milenial, un reino en la tierra que dura mil años, de modo que no es un reino eterno como vio Daniel en su visión. ¿Cómo explicar esto? Pues la manera de explicarlo es por medio de reconocer que ese reino eterno que vio Daniel en su visión, tiene dos aspectos, el uno que será en la tierra y durará mil años, el reino milenial, y el otro que será en el cielo y durará por la eternidad. Las dos partes forman el reino eterno. El autor Robert D. Culver señala que el milenio es en verdad una etapa inicial del reino de Dios. En otras palabras, el milenio o reino mesiánico de Cristo es el aspecto histórico del reino eterno de nuestro Señor. Evis Carballosa anota que el reino de Cristo no durará solamente mil años, sino más bien el reinado eterno de Cristo tiene una etapa inicial o histórica, en la cual el tiempo aun cuenta, que durará mil años. En esa etapa inicial e histórica se cumplirán las promesas hechas por Dios a los patriarcas del Antiguo Testamento. Una vez cumplidos los propósitos de Dios en el tiempo, el reinado de Cristo continuará por toda la eternidad. Hecha esta aclaración amigo oyente, notemos por último la reacción de Daniel ante la visión. Daniel 7:15 dice: Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.
Como es natural, siendo un hombre de Dios y ya muy anciano, Daniel quedó muy perplejo ante la visión que acababa de tener. Textualmente dice que su espíritu se turbó en medio de su cuerpo y las visiones de su cabeza le asombraron. Esta condición espiritual y emocional en Daniel será motivo de atención de parte de Dios al proveerle de la interpretación de la visión, lo cual será el tema de nuestro próximo estudio. Espero su compañía.

Juicio de Dios

Intervención de Dios