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Humillar su corazón delante del Dios

Cordiales saludos amable oyente. Es motivo de mucho gozo para mí saber que Usted me está escuchando. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Daniel. En nuestro último estudio bíblico, dejamos al rey de Babilonia, Belsasar, saliendo abruptamente de su borrachera y temblando de miedo por aquella mano que apareció de pronto escribiendo un mensaje sobre la pared de su palacio. Se trataba de la intervención directa de Dios juzgando las obras de este perverso rey. En el estudio bíblico de hoy, veremos lo que hizo este rey inmediatamente después de esta aterradora experiencia para él.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Daniel 5:7. En este versículo tenemos al rey pidiendo la interpretación del mensaje en la pared. Dice así: El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: Cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en el reino.
Alterado por el pánico que sentía, diríamos, fuera de sí, Belsasar pidió a gritos que vengan sus sabios, es decir los magos, caldeos y adivinos del reino. Con la urgencia del caso, los magos, caldeos y adivinos, deben haber apresurado los pasos hacia el palacio del rey. Al entrar a la presencia del rey, escucharon de su boca la pública promesa de que cualquiera que pueda leer la escritura en la pared y muestre su interpretación, recibirá a cambio una jugosa recompensa. La recompensa tenía que ver con ser vestido de púrpura, como se viste la realeza, un collar de oro en su cuello, de modo que todos reconozcan su alta dignidad y el nombramiento de ser el tercero en importancia en todo el reino. En un estudio bíblico anterior ya dejamos en claro que esto de ser el tercero de importancia en el reino, se debía a que los dos primeros lugares ya estaban ocupados. El más importante era el rey Nabonido, quien estaba lejos, en Arabia, y después de él su hijo Belsasar, quien estaba sentado en el trono en Babilonia, por la ausencia de su padre. Veamos qué sucedió después. La siguiente persona en orden de importancia sería quien pueda leer y descifrar el escrito en la pared. En segundo lugar tenemos el fracaso de los sabios del rey. Daniel 5: 8 dice: Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación.
Los magos, caldeos y adivinos deben haber entrado apresuradamente al palacio del rey, deseosos de ser los favorecidos con todo lo que el rey prometió. Sin embargo, cuando vieron los trazos que realizó la mano en la pared, no tenían la más mínima idea para poder leerlos, peor para saber su interpretación. De uno en uno se deben haber ido retirado con la cabeza baja, abochornados por el fracaso. Lo que pasa amigo oyente es que la palabra de Dios no puede ser entendida por cualquier persona sino solamente por aquella en la cual opera el Espíritu de Dios. 1 Corintios 2:14 dice al respecto: Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
Era imposible por tanto que por más sabios que hayan sido estos magos, caldeos y adivinos puedan leer e interpretar un mensaje que había venido de Dios. Además, Belsasar, por ignorancia o voluntariamente, pasó por alto el hecho que estos magos, caldeos y adivinos ya demostraron que eran incapaces de interpretar las cosas de Dios cuando fallaron en interpretar el primer sueño de Nabucodonosor en Daniel 2 y también el segundo sueño de Nabucodonosor en Daniel 4. Se dice que los que ignoran la historia están condenados a repetir los errores que se cometieron en el pasado. Esto fue justamente lo que le pasó al rey Belsasar. La sabiduría humana es incapaz de discernir las cosas profundas de Dios. Todo esto debe haber hecho subir el nivel de pánico en el rey. En tercer lugar tenemos al rey frustrado en grado extremo. Daniel 5:9 dice: Entonces el rey Belsasar se turbó sobremanera, y palideció, y sus príncipes estaban perplejos.
En este punto, el rey no sabía qué hacer. Dice el texto que se turbó sobremanera. La preocupación se notaba en su rostro porque una vez más se puso blanco como un papel. Sus allegados tampoco sabían qué hacer. El pánico se había extendido hacia toda la corte del rey. Ya no era sólo el rey quien estaba pálido sino toda su corte. Todos estaban perplejos, dice el texto. Parece que habían entrado en un callejón sin salida. Pero fue en estas circunstancias cuando comenzó a desenredarse el ovillo. El instrumento para eso fue la reina. La reina trajo una palabra de esperanza a ese cuadro de desolación en el que estaban el rey y todos sus invitados. En cuarto lugar tenemos al rey recibiendo el consejo de la reina. Daniel 5: 10-12 dice: La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no te turben tus pensamientos, ni palidezca tu rostro.
Dan 5:11 En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos,
Dan 5:12 por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, en Daniel, al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará la interpretación.
La triste situación emocional del rey y sus príncipes por no saber lo que la mano había escrito en la pared y su interpretación llegó a oídos de la reina. En algunos manuscritos del Antiguo Testamento, aparece como que se trataba de la reina madre. Esto es muy probable, porque por su mayor edad, ella debe haber sabido con bastante precisión acerca de lo que hizo Daniel en el pasado, con Nabucodonosor. Para este tiempo, Daniel debe haber estado ya bastante anciano. La reina entró al salón donde se estaba celebrando el banquete que fue drásticamente alterado por la presencia de esa mano que dejó escrito algo en la pared. La reina se dirigió al rey y le dijo: Deseo que Su Majestad viva muchos años. Era el saludo acostumbrado. Luego añadió: No se preocupe más, ni tenga tanto miedo. Estas palabras deben haber sido como un remedio para el atribulado rey. Luego procedió a señalar que allí en Babilonia había un hombre muy inteligente y sabio. Esta iteligencia y sabiduría se debía a que en él vive el Espíritu del Dios único. Nabucodonosor, el antepasado del rey, lo conocía muy bien, y por eso lo puso por jefe de los sabios. Este hombre tiene la capacidad de explicar los sueños y las cosas más difíciles y misteriosas. El nombre de este hombre era Daniel, aunque el rey Nabucodonosor le cambió el nombre judío y le puso un nombre babilónico, llamándolo Belsasar. Llámelo, Su Majestad, fue el consejo de la reina y él leerá la escritura en la pared y dará su significado. Dios había creado las condiciones propicias para que su vocero, Daniel hable a nombre de Él. Pero me llama poderosamente la atención el testimonio que tenía Daniel ante la reina, no importa si era la esposa del rey o su madre. El hecho es que para ella, en Babilonia había sólo un hombre en quien moraba el Espíritu del Dios único. Todos los demás sabios de Babilonia no pasaban de ser sino impostores. Esto ilustra el poder de una vida consagrada a Dios y controlada por el Espíritu Santo. La palabra de Dios nos exhorta a todos los creyentes a vivir este estilo de vida, de modo que los incrédulos puedan notar en nosotros que somos personas diferentes porque hemos sido transformados por la presencia del Señor Jesucristo en nosotros y por el poder del Espíritu Santo. En nuestro próximo estudio bíblico veremos lo que hizo Daniel cuando fue presentado ante el rey Belsasar. Espero su compañía.

Intervención directa de Dios

Idolatría