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Vestirse del nuevo hombre

Qué bendición es saludarle amable oyente. Doy gracias a Dios por contar con su sintonía. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Efesios en la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. En nuestro último estudio bíblico vimos que la voluntad de Dios es que todo creyente debe despojarse del viejo hombre, renovarse en el espíritu de su mente y vestirse del nuevo hombre. Esto es una manera de decir que el creyente debe abandonar el estilo de vida que tenía cuando era incrédulo y adoptar el estilo de vida que imita al Señor Jesucristo. Después de esta exhortación, el apóstol Pablo nos da algunas pautas de cómo funciona en la práctica esto de vestirse del nuevo hombre. Veamos algunas de ellas.

Damos gracias a Dios por el privilegio de abrir Su palabra para maravillarnos con su sabiduría. Si la circunstancias lo permiten busque una Biblia y ábrala en Efesios capítulo 4 versículos 25 a 29. Usted habrá notado que este pasaje bíblico comienza con la frase: Por lo cual. Esto indica que lo que el apóstol Pablo está por decir es resultado lógico de algo que acaba de decir. ¿Qué es lo que acabó de decir? En el versículo 24 de Efesios 4, Pablo dijo: Vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Esto constituye la base de lo que Pablo va a decir a continuación. La primera exhortación es a abandonar la manía de la mentira. Efesios 4:25 dice: Por lo cual,  desechando la mentira,  hablad verdad cada uno con su prójimo;  porque somos miembros los unos de los otros.
Una mentira es la afirmación en contrario a la realidad de un hecho, con la intención abierta de engañar. Satanás es el padre de mentira. Juan 8:44 dice: Vosotros sois de vuestro padre el diablo,  y los deseos de vuestro padre queréis hacer.  El ha sido homicida desde el principio,  y no ha permanecido en la verdad,  porque no hay verdad en él.  Cuando habla mentira,  de suyo habla;  porque es mentiroso,  y padre de mentira.
Por esta causa, una de las características de todos los que están bajo el poder de Satanás es que son mentirosos. Sin embargo, la exhortación de Pablo va dirigida a los creyentes, no a los incrédulos, porque los creyentes también suelen abrir la puerta a la mentira. Es muy común entre los creyentes la idea de lo que llaman mentiras piadosas, según la cual, no hay problema con mentir si lo que resulta reporta algún beneficio. Por ejemplo, no hay problema con mentir al jefe cuando llego tarde al trabajo, porque si le digo la verdad, tal vez me despida y esto traería gran conflicto a mi familia. Se piensa que el fin justifica el medio. Esta forma de pensar no tiene lugar en la vida cristiana. También existe otra idea generalizada entre los creyentes, según la cual no hay problema si se trata de una mentira pequeña. ¿De dónde sacamos que existen mentiras pequeñas y mentiras grandes? La Biblia no enseña esto. Mentira es mentira a los ojos de Dios, no importa si a los ojos de los hombres sea pequeña o grande. Puede ser que las consecuencias sean diferentes, pero de cualquier manera la mentira es pecado. La razón que argumenta Pablo para que los creyentes dejemos de mentir es porque los creyentes somos miembros los unos de los otros. Cada vez que mentimos, nuestra mentira afecta negativamente a todo el cuerpo de Cristo. Así de grave es la mentira. No es extraño que el primer pecado que juzgaron los apóstoles en la iglesia de Cristo fue justamente la mentira, en el caso de Ananías y Safira en Hechos capítulo 5. La segunda exhortación es abandonar la maquinación de la ira. Efesios 4:26-27 dice: Airaos,  pero no pequéis;  no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
Eph 4:27  ni deis lugar al diablo.
La ira es un estado emocional causado por algo que nos desagrada. La ira en sí mismo no es un pecado, es parte de la respuesta natural de una persona cuando se violan ciertos principios con los cuales se ha comprometido. Aún Dios manifiesta ira juzgando el pecado. Jeremías 4:8 dice: Por esto vestíos de cilicio,  endechad y aullad;  porque la ira de Jehová no se ha apartado de nosotros.
De modo que airarse no es pecado, como dice el texto, sin embargo cuando nos airamos nos ponemos en una situación de mucho riesgo por cuanto la ira fácilmente puede conducirnos al enojo. Por eso dice el texto: pero no pequéis. El enojo puede manifestarse exteriormente como furia descontrolada, o puede manifestarse internamente como una pasión ardiente que nos consume las entrañas. Tanto la furia externa como la pasión interna que resultan de la ira, son pecado y esto es lo que los creyentes tenemos que evitar. El apóstol Pablo sabe cuan propensos somos a dejar que la ira degenere en enojo, y por eso nos exhorta a evitarlo. Cuando Pablo dice que no se ponga el sol sobre nuestro enojo, no está diciendo que tenemos que esperar que llegue la noche para arreglar cualquier situación que nos hizo enojar durante el día, lo cual significaría que tenemos permiso para estar enojados hasta que llegue la noche. Lo que está diciendo Pablo es que si nos hemos enojado, debemos arreglar el problema lo antes posible. Cuando la ira ha degenerado en enojo y este enojo se guarda por algún tiempo, el creyente ha dado lugar al diablo. El enojo en el creyente es la cabeza de playa desde la cual Satanás lanzará sus ataques contra el creyente. Cuanta razón tiene Pablo al exhortarnos a no dar lugar al diablo o a no dar oportunidad ninguna al diablo. La tercera exhortación es abandonar el maleficio del hurto. Efesios 4:28 dice: El que hurtaba,  no hurte más,  sino trabaje,  haciendo con sus manos lo que es bueno,  para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
El hurto debe haber sido una práctica común entre los incrédulos de Efeso, de modo que algunos que llegaron a ser creyentes por su fe en Cristo, tenían esta costumbre en su vida vieja. Por eso Pablo está exhortando a los creyentes a no hurtar. Hoy en día vivimos en una sociedad que tolera y hasta acepta el robo. Inclusive al que roba ya no se le llama ladrón sino cleptómano y esto se considera una enfermedad. No, amable oyente, robar es pecado, no importa el monto ni las circunstancias. El robo no debe ser parte de la conducta de un creyente. En lugar de robar, Pablo les ordena trabajar con sus propias manos en lo que es bueno. Hay que trabajar, pero en lo que es bueno. Una vez un creyente vino a solicitar consejo. Estaba sin trabajo y abrumado por deudas. Quería saber qué pensamos nosotros en cuanto a trabajar en un negocio de venta de bebidas alcohólicas. El consejo que le dimos se basó justamente en esto de trabajar pero en lo que es bueno. Gracias a Dios este creyente no tenía problemas con robar, pero estaba en peligro de trabajar con sus manos en algo que no es bueno. Pero algo digno de notar en la enseñanza de Pablo es que la recompensa por trabajar en lo que es bueno no debe ser solo para el creyente que trabaja sino también para compartir con el que padece necesidad. Quien padece necesidad puede ser otro creyente o un incrédulo, o una iglesia, o un ministerio cristiano o un misionero. Una parte de lo que se gana trabajando debería compartirse con el que padece necesidad. En esta acción de ayuda mutua es donde se manifiesta en la realidad el verdadero carácter cristiano, ya que somos miembros los unos de los otros. La cuarta y última exhortación en este pasaje bíblico, está en Efesios 4:29. La Biblia dice: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,  sino la que sea buena para la necesaria edificación,  a fin de dar gracia a los oyentes.
Pablo nos exhorta a abandonar la maldad del lenguaje sucio. Lo que no debe salir de nuestra boca son las palabras corrompidas, lo cual literalmente significa palabras podridas. La boca y el corazón están conectados entre sí, en un sentido metafórico por supuesto. De la abundancia del corazón habla la boca, dice Mateo 12:34. Pablo exhorta a un cambio en el lenguaje de una persona que ha sido transformada por haber recibido a Cristo como Salvador. Para evitar el lenguaje sucio es necesario llenar la mente, o el corazón en la mentalidad judía, con la palabra de Dios. En lugar del lenguaje sucio, de la boca del creyente debe salir palabra que cumple con un triple propósito. Para edificación de otros, para suplir la necesidad de otros y para dar gracia a otros. Colosenses 4:6 dice al respecto: Sea vuestra palabra siempre con gracia,  sazonada con sal,  para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
Pablo pide cuatro cosas a los creyentes: Abandonar la manía de la mentira, abandonar la maquinación de la ira, abandonar el maleficio del hurto y abandonar la maldad del lenguaje sucio. ¿En qué medida está usted cumpliendo con estos principios? Nuestro deseo y oración es que se someta a estos principios para que su vida no continúe con el ropaje del viejo hombre, sino que se vista con el ropaje del nuevo hombre.

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