in

Perdonar a los que nos ofenden

Qué gozo saludarle amable oyente. Doy gracias a Dios por la oportunidad que me brinda al compartir ese tiempo con usted alrededor de la palabra de Dios. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el libro de Efesios. Este estudio bíblico es parte de la serie titulada: Las Maravillas de la Gracia de Dios. En nuestro último estudio bíblico vimos que los creyentes tenemos la obligación de perdonarnos los unos a los otros, así como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. No hay ofensa que no pueda ser perdonada, cuando se la mira a la luz de nuestra ofensa a Dios con nuestro pecado, la cual sin embargo, fue perdonada por Dios al elevado precio de la muerte de su Hijo en la cruz. El acto de perdonar se sustenta en el amor. 1 Juan 4:8 declara que Dios es amor. Por su amor, Dios puede perdonar a enemigos tan enconados como lo fuimos todos nosotros que recibimos su perdón cuando depositamos nuestra fe en la persona de Cristo Jesús. En la misma línea de pensamiento de perdonarnos los unos a los otros, Pablo nos va a hablar de lo que hace posible que podamos perdonar a los que nos ofenden, esto es el amor.

Si tiene una Biblia a la mano, agradezca a Dios y ábrala en el libro de Efesios capítulo 5, versículos 1 y 2. Este es el pasaje bíblico para nuestro estudio de hoy. En estos dos versículos podemos apreciar con claridad al amor en acción. Antes de entrar a un análisis de estos dos versículos nos será de mucha ayuda intentar al menos una descripción de amor, porque definir al amor es prácticamente imposible. La sociedad en la cual vivimos ha distorsionado completamente lo que es el amor. De diversas maneras se nos trata de vender la idea que el amor es una emoción, que el amor es sinónimo de romance. Alguna vez se pidió a un joven que intente describir lo que para él es el amor. El joven lo describió así: Amor es un sentimiento que se siente cuando uno siente que está enamorado. ¿Qué le parece? Más parece un trabalenguas que una descripción del amor. La Biblia muestra que el amor no es un sentimiento sino acción. Alguien ha tratado de poner en palabras una descripción del amor, la cual se ajusta bastante a lo que la Biblia dice sobre el amor. Dice así: Amor es la acción de sacrificio a favor de la persona amada. ¡Interesante! Amor tiene que ver con acción y con sacrificio, no para sacar provecho personal sino para beneficiar a otro sin ningún interés de por medio. Amor sin sacrificio es vanidad. Sacrificio sin amor es hipocresía. Dios es el mejor ejemplo de este concepto de amor. Juan 3:16 dice: Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna.
Dios es amor. Dios amó al mundo o a la humanidad en general, y como amor es acción de sacrificio a beneficio de la persona amada, Dios ha dado a su único Hijo para que pecadores como usted y como yo, podamos ser perdonados de nuestro pecado y podamos obtener la vida eterna. Así es como la palabra de Dios define al amor. Una vez que tenemos claro lo que es el amor, tenemos en primer lugar que el amor se manifiesta en imitar a Dios. Efesios 5:1 dice: Sed,  pues,  imitadores de Dios como hijos amados.
Este texto nos manda a los creyentes a ser imitadores de Dios. La palabra que se ha traducido como “imitadores” está relacionada con la palabra griega “mimetai” de la cual proviene también la palabra mimetismo. El mimetismo es la capacidad que tienen ciertas criaturas vivas para adoptar la apariencia del medio donde habitan. Ciertos peces, por ejemplo, adoptan el color del fondo arenoso del mar para pasar desapercibidos de sus depredadores. Algunos reptiles cambian el color de su piel según el color de las hojas del árbol en el que se encuentran. Es el mimetismo. Igual tiene que ser con el creyente, debe cambiar tanto en todo aspecto de su vida, que no se nota diferencia entre él y Dios. Esta imitación tiene su razón de ser en el hecho que somos hijos amados de Dios. Amamos a Dios porque él nos amó primero. Como hijos amados de Dios, debemos imitar a nuestro Padre amando a otros desinteresadamente. Así como un hijo se parece físicamente a su papá, un hijo de Dios se parece a su Padre en el amor. El amor se manifiesta en imitar a Dios y cuando esto se logra, entonces no hay problema alguno para perdonar porque Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. Hemos visto entonces el amor manifestándose en imitar a Dios. Pero no sólo en eso, sino también en algo igualmente importante, el amor se manifiesta en el diario vivir. Efesios 5:2 dice: Y andad en amor,  como también Cristo nos amó,  y se entregó a sí mismo por nosotros,  ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
Nuevamente estamos ante un mandato. Pablo no está sugiriendo algo a los creyentes, sino ordenando. Andad en amor significa la obligación de tener un estilo de vida enmarcado por el amor. Un creyente que imita a Dios amando, tiene que mostrar ese amor en su diario vivir. No se puede concebir la idea de una persona que dice que ama a Dios pero odia a los hermanos. El que ama a Dios, siguiendo el ejemplo de Dios debe vivir amando a los hermanos. ¿En qué medida debemos amar a los hermanos? Efesios 5:2 lo dice claramente cuando afirma: Como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Cristo es el ejemplo a seguir en nuestro diario vivir para saber en qué medida debemos amar a los demás. Cristo nos amó tanto que se entregó a sí mismo por nosotros. Alguien ha dicho con sobrada razón: No fueron los clavos lo que mantuvo a Cristo colgado en aquella cruz, sino su amor por nosotros. Esto es una sublime verdad. En la cruz, Cristo renunció a sí mismo por amor a nosotros. El acto supremo de amor de Cristo fue una ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pablo compara el sacrificio de Cristo en la cruz con las ofrendas de olor grato del Antiguo Testamento. La idea de una ofrenda en olor grato es que el sacrificio satisface a Dios. Esto no sugiere que Dios se agrada en la muerte por el pecado o en la muerte de su Hijo por los pecadores, sino que la muerte de Cristo su Hijo satisface las demandas de la santa ley de Dios y por eso es aceptable y satisface al Padre. Las ofrendas de olor grato se describen en Levítico 1 a 3. El holocausto que simboliza a Cristo ofreciéndose a sí mismo sin mancha a Dios. La oblación que simboliza las perfecciones humanas de Cristo, puestas a prueba por medio del sufrimiento. La ofrenda de paz, simbolizando a Cristo como nuestra paz. Las ofrendas por el pecado de Levítico 4 y la ofrenda de expiación de Levítico 5 no eran ofrendas de olor grato porque simbolizan a Cristo tomando el lugar del pecador. Ciertamente no existe nada grato en el pecado. Hemos visto entonces que el amor se manifiesta en un deseo de imitar a Dios y se muestra en el diario vivir caracterizado por el amor. Cuando hemos experimentado el amor de Dios en nuestras vidas estamos en capacidad de amar a nuestros semejantes y por ese medio estamos en capacidad de perdonarnos los unos a los otros. Si usted amable oyente, todavía no ha recibido al Señor Jesucristo como su único y personal Salvador, todavía no ha experimentado el amor de Dios en su vida y no será extraño que tenga serias dificultades para amar a sus semejantes. Eso explica por qué tiene tantos problemas para relacionarse con su esposa, su esposo, sus hijos, sus hermanos, sus vecinos, sus compañeros de trabajo. Las buenas relaciones con los demás no resultan solamente de un deseo sincero de tener buenas relaciones con todos, sino de haber experimentado el amor de Dios sobre su vida. Si usted reconoce que todavía no ha experimentado el amor de Dios en su vida, ¿Por qué no recibe hoy mismo, en este mismo instante, al Señor Jesucristo como su único y personal Salvador? Para ello, reconozca que es un pecador, y por tanto está separado de Dios, porque eso es lo que dice la Biblia en Romanos 3:23. Luego reconozca que está en peligro de recibir eterna condenación en el infierno a causa de su pecado. Eso es lo que dice Romanos 6:23. Después reconozca que Dios le ama y que por ese amor dio a Su Hijo unigénito, el Señor Jesucristo, para que tome su lugar y reciba el castigo que usted merece por su pecado. Por eso el Señor Jesús murió en la cruz. Eso es lo que dice la Biblia en Romanos 5:8. Una vez muerto, el Señor Jesús resucitó de los muertos y hoy está vivo, ofreciendo perdón de pecado a todo aquel que en él cree. Finalmente hable con Dios y dígale que reconoce que Cristo murió por usted y por tanto lo recibe como su Salvador. Si lo hace de corazón, con fe, usted será salvo y experimentará el amor de Dios en su vida. No demore más esta importante decisión.

Nuestra atención sobre el mal de la lengua

¿Cómo manifiesta la pureza un hijo de Dios?