in

Dos colaboradores del apóstol Pablo: Tíquico y Onésimo

Saludos cordiales amiga, amigo oyente. Es motivo de mucho gozo para mí compartir este tiempo con usted. Estamos estudiando el libro de Colosenses en la serie titulada: La supremacía de Cristo. Una vez un gran siervo de Dios me dijo que en la obra del Señor no existe el concepto del Llanero Solitario. Con esto estaba diciendo que en la obra del Señor tenemos que trabajar en equipo. En el Nuevo Testamento nunca se ve a nadie trabajando solo. Así debe ser también hoy en día. Pero lo triste es que a veces vemos algo distinto en muchas iglesias locales. Conozco iglesias donde el pastor es quien hace todo. Él limpia el templo, prepara los mensajes, predica los mensajes, oficia la cena del Señor, celebra los bautizos, oficia matrimonios, presenta niños, visita a la congregación, evangeliza, lidera todos los ministerios de la iglesia, lleva la contabilidad de la iglesia. Fácilmente toma de 12 a 15 horas diarias para cumplir con todo lo que hace. Con este ritmo de vida, no será extraño que al cabo de pocos años esté liquidado o liquide a su familia y a la iglesia. No siempre la culpa es del pastor cuando se da esta situación anómala, pero en la mayoría de los casos, el culpable es el pastor que se resiste a delegar responsabilidades a otros creyentes capaces, ya sea por ignorancia o por celo o por orgullo. En la iglesia, amable oyente, debe imperar el concepto de cuerpo. El cuerpo es uno pero tiene muchos miembros, cada miembro del cuerpo cumple a cabalidad su función y así todo el cuerpo opera en armonía. Imagine que sería un cuerpo en el cual todos los miembros intentaran hacer lo que hace una mano. Sería un desastre. Imagine a su mano tratando de hacer lo que su pie debe hacer. Ridículo. Entonces ¿por qué nos parece bien que el pastor sea el único que hace todo en la iglesia? No, amigo oyente, Dios ha levantado en cada iglesia personas capacitadas para ejecutar ciertos aspectos específicos de la obra. Un pastor sabio tratará siempre de delegar funciones a estas personas capacitadas y así crear un espíritu de equipo. El apóstol Pablo nunca trabajó solo, siempre tenía personas a su alrededor, en quienes podía confiar y a quienes normalmente delegaba funciones específicas del ministerio. Si no hubiera sido así, el ministerio se hubiera acabado cuando Pablo cayó en la cárcel, pero usted y yo sabemos que el ministerio continuó aun cuando Pablo fue encarcelado. ¿Quiénes fueron los que ejecutaron el ministerio? Pues sus colaboradores, su equipo. En el estudio bíblico de hoy vamos a conocer algo de dos colaboradores del apóstol Pablo: Tíquico y Onésimo.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Colosenses 4:7-9. Pablo está cerrando ya su carta a los Colosenses y en el epílogo nos deja preciosa información sobre sus colaboradores, es decir el equipo que trabajaba junto a él. En esta ocasión, sobre Tíquico y Onésimo. Consideremos en primer lugar el testimonio de Tíquico. Colosenses 4:7 dice: Todo lo que a mí se refiere,  os lo hará saber Tíquico,  amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor,
En este texto tenemos tres descripciones de Tíquico, todas ellas muy significativas. Primero, Tíquico era un amado hermano. Interesante que lo rimero que vino a la mente de Pablo al hablar de Tíquico es que era un amado hermano. Amado nos habla de la estrecha relación que existía entre ellos y la palabra hermano es el título más digno que un hijo de Dios puede anteponer a su nombre. Muchos hoy en día como que se avergüenzan de ser llamados hermanos, pero deberían recordar que el título de hermano está sobre cualquier otro título que el hombre en su carne podría pensar que es muy digno. En el mundo evangélico se ha levantado una verdadera pasión por anteponer títulos antes de los nombres. Es común constatar que alguien es apóstol, otro es profeta, otro es pastor de pastores, otro es ungido, otro es reverendo y así por el estilo, mientras más sofisticado el título, mejor hace sentir a la persona, pero para Pablo era suficiente llamar hermano a Tíquico, y así debería ser también con nosotros. Luego Pablo dice que Tíquico es un fiel ministro. La fidelidad es una cualidad preciosa en una persona. Un gran hombre de Dios ha dicho: Muéstrame a un hijo de Dios que sea fiel y tendré delante de mí a una joya. Hombres de Dios, y también mujeres, que sean fieles son tan difíciles de encontrar, así como difícil es encontrar joyas. Tíquico demostró su fidelidad como ministro. La palabra ministro no es un título para agrandar el ego de Tíquico. La palabra griega que se ha traducido como ministro es diáconos. Un diácono es alguien que sirve, no alguien que espera ser servido. Tíquico se dedicó a servir a Pablo y a otras personas y lo hizo con entereza, con fidelidad, dejando para nosotros un hermoso ejemplo a seguir. Note que Tíquico no tenía el oficio de diácono en alguna iglesia, pero eso no le importaba. Con título o sin título Tíquico estaba dedicado a ser un siervo fiel. Un creyente se quejaba amargamente ante un pastor en una iglesia, porque cada vez que llegaba al templo encontraba los bancos cubiertos de polvo. El pastor escuchó con paciencia la queja y luego dijo al quejoso. Hermano, si nota que los bancos están cubiertos de polvo ¿Por qué no los limpia? El creyente se disgustó y levantando la voz como para hacer notar su inconformidad con la solicitud del pastor dijo: ¿Qué? ¿Acaso yo soy diácono? Si me nombran diácono con gusto limpiaré los bancos. Este creyente no entendía que todo creyente tiene la responsabilidad de servir, no solamente los que tienen el oficio de diácono. Gálatas 5:13 nos exhorta con estas palabras: Servíos por amor los unos a los otros. Finalmente, Pablo dice que Tíquico era un consiervo en el Señor. Esto nos habla más de Pablo que del mismo Tíquico. Pablo veía a Tíquico como alguien que estaba en su mismo nivel. A esto se refiere la palabra consiervo. Ambos eran siervos del Señor. Pablo era apóstol, pero no se sentía superior ni inferior a Tíquico. Esto es una bofetada a los que piensan que porque han ido a un Seminario Bíblico o Instituto Bíblico, o universidad cristiana y se les ha otorgado algún título académico son superiores al resto de creyentes en la iglesia y que por tanto tienen derecho a enseñorearse de ellos. Cuando de compararse se trata, los creyentes no debemos compararnos entre nosotros porque siempre resultaremos superiores a otros o inferiores a otros. Es mejor que los creyentes nos comparemos con el Señor y de esa manera todos quedamos cortos y por tanto en el mismo nivel. Consideremos en segundo lugar el testimonio de Onésimo. Colosenses 4:9 en su primera parte dice: con Onésimo,  amado y fiel hermano,  que es uno de vosotros.
Si usted lee la carta de Pablo a Filemón, encontrará que Onésimo era un esclavo de Filemón. En cierto momento huyó de su cautividad y llegó a Roma. Allí tuvo un encuentro con el Autor de la vida, el Señor Jesucristo y llegó a ser un hijo de Dios, demostrando la sinceridad de su fe con su servicio a Pablo. Por esto Pablo dice que Onésimo es amado y fiel hermano. Pero notemos que Pablo también dice que Onésimo era uno de los Colosenses. Esto lo dijo porque Onésimo era de Colosas, pero además, porque al haber recibido a Cristo como Salvador, Onésimo pasó a formar parte del cuerpo de Cristo, en donde estaban también los creyentes de Colosas. Qué hermoso es pensar que entre los creyentes nos pertenecemos el uno al otro, sin importar en qué lugar del mundo nos encontremos. Consideremos en tercer lugar la tarea de Tíquico y Onésimo. La tarea de los dos tenía un doble propósito. Primero, informar a los creyentes de Colosas sobre la situación de Pablo. Colosenses 4:7 en su primera parte dice: Todo lo que a mí se refiere,  os lo hará saber Tíquico,
También al hablar de Onésimo, Pablo dice lo siguiente al final de Colosenses 4:9 Todo lo que acá pasa,  os lo harán saber.
Tíquico y Onésimo no solamente llevaron la carta de Pablo a Colosas, sino que eran los mensajeros de Pablo para que los Colosenses se enteren de primera mano en cuanto a como estaba Pablo. Es importante en la obra del Señor que los creyentes estemos informados lo más posible acerca de otros creyentes, para poder apoyarlos espiritualmente, emocionalmente y materialmente. El segundo propósito de la tarea de Tíquico y Onésimo era que ellos se informen de la situación de los creyentes en Colosas y luego lo comuniquen a Pablo. Colosenses 4:8 dice: el cual he enviado a vosotros para esto mismo,  para que conozca lo que a vosotros se refiere,  y conforte vuestros corazones,
Tíquico especialmente era el medio por el cual Pablo iba a conocer de la situación en Colosas. Qué amor que tenía Pablo por los creyentes allí. Quería saber detalles sobre ellos para poder orar con inteligencia. De paso, Tíquico debía confortar los corazones de los Colosenses. Este es un ministerio importante de cada uno de nosotros, ojalá que estemos confortando a otros creyentes por donde quiera que vayamos. Vemos entonces cuan importantes fueron Tíquico y Onésimo para el ministerio de Pablo. Sin ellos, el ministerio se hubiera detenido, porque Pablo estaba en prisión cuando escribió esta carta a los Colosenses. Aprendamos a trabajar en equipo, haciendo cada uno aquello para lo cual hemos sido capacitados por el Espíritu Santo.

¿Cómo debe conducirse un creyente viviendo en un mundo incrédulo?

Principios importantes para la vida