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Mantener la pureza mental

Saludos cordiales amigo oyente. Es un gozo compartir este tiempo con Ud. Bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando sobre la santidad y dentro de ello, sobre la santidad práctica. Hemos visto cuan importante es mantener la pureza moral. En el estudio bíblico de hoy, David Logacho nos hablara acerca de mantener la pureza mental. Recuerde amigo oyente, que esta serie es una adaptación del libro Sed Santos, el mandamiento olvidado, escrito por William McDonald.

Luego de hablar sobre la pureza moral, y ver cuanta importancia tiene en la vida del creyente, llegamos a un tema íntimamente relacionado con eso. Se trata de la pureza mental. Las dos cosas van de la mano. Pureza mental produce pureza moral, impureza mental produce impureza moral. El control de lo que pensamos en nuestras mentes es una de las disciplinas más importantes en la vida de todo creyente. La manera como usamos nuestra mente determinará la dirección que tome nuestra vida en lo moral y por supuesto también en lo espiritual. Una mente que se ocupa en cosas positivas, producirá resultados positivos. Cuando hablamos de la mente ocupándose en cosas positivas, no estamos hablando de concentrarnos profundamente en las cosas que deseamos, al punto que nos hagamos una imagen mental de ellas, para obtenerlas, sino que estamos hablando de lo que dice Filipenses 4:8 donde leemos: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» Una mente ocupada en estas cosas producirá buenas acciones, pero una mente ocupada en lo impuro producirá acciones impuras. Esto, amigo oyente, es el fundamento para lo que dice la Biblia en Proverbios 23:7 «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él» En otras palabras, mi amigo, mi amiga: Ud. es lo que Ud. piensa. El contenido de su mente determina el calibre de su carácter. Fue por esto que el hombre más sabio de la tierra dijo lo siguiente en Proverbios 4:23 «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» Cuando este texto habla del corazón se está refiriendo a la mente. Salomón está diciendo entonces: Cuida tu mente con diligencia, porque de ella fluye lo que eres como persona. La mente, amigo oyente es la fuente de donde parten las acciones buenas o malas. ¿Cómo funciona este mecanismo? Bueno, Santiago en su libro no habla de eso. Santiago 1:13-15 dice: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y deducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, a luz el pecado; y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte» En este pasaje se compara al pecado con el ciclo de la vida. Comienza con la concepción, luego el nacimiento del bebé, luego el bebé crece hasta la madurez y termina por morir. Así es con el pecado. Comienza por ser concebido en la mente del hombre. Luego se comete el acto, luego ese acto se vuelve un hábito y termina por conducir a la muerte. Podríamos decir que si pensamos lo suficiente en algún pecado, tarde o temprano lo cometeremos. Un escritor lo ha puesto a manera de poema. Dice así: Siembra un pensamiento y cosecharás un acto. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino. El Señor Jesús también enseñó lo mismo en el Sermón del Monte cuando en Mateo 5:27-28 dijo: «Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» ¿Por qué está diciendo Jesús esto? Pues porque el adulterio es premeditado. Nadie cae en adulterio de un instante para otro. Todo adulterio comienza tiempo atrás cuando la mente del potencial adúltero se ocupa en codiciar a cualquier mujer que no sea su esposa. Lo vital es por tanto sacar de la mente todo pensamiento de adulterio, para no caer jamás en el adulterio. Así que, es necesaria una acción radical por la cual ponemos el hacha a la raíz de todo árbol de mal pensamiento. En el caso del incrédulo, esto significa que primeramente debe recibir a Cristo como Salvador. Por la fe en el Señor Jesucristo, el incrédulo debe nacer otra vez. Solamente así recibirá el poder del Espíritu Santo morando en él para contrarrestar los pensamientos impuros. Pero para el creyente, sugerimos lo siguiente: Primero, llevar todo este asunto a la presencia del Señor en oración. Quizá podríamos decir al Señor, algo parecido a lo que David dijo en Salmo 51:10 «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí» Estas son las palabras con las cuales David confesó su pecado de adulterio con Betsabé. Cuando David dice: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, se está refiriendo a su necesidad de tener una mente limpia. Muy probablemente está reconociendo que su caída en adulterio con Betsabé comenzó tiempo antes de cometer el pecado en sí mismo, exactamente cuando llegó a su mente el pensamiento de ser infiel a su esposa, y jamás tuvo el valor de sacar ese pensamiento de su mente. Segundo, juzgar todo pensamiento que viene a la mente como si Cristo lo estuviera haciendo. La prueba verdadera de los pensamientos, y también de las acciones, está dada por como lucen ante la presencia de Cristo. A esto se refiere 2ª Corintios 10:5 donde dice: derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» Otra manera de decirlo sería que nuestros pensamientos deben ser esclavos sumisos al veredicto que ha dado Cristo. Tercero, debemos confesar como pecado todo pensamiento que no ha sido aprobado por Cristo. No importa si estamos caminando o manejando un auto, o descansando, etc., deberíamos confesar ese mal pensamiento que ha surgido en nuestra mente. Quizá podríamos decir algo como: Señor, eso es pecado. Mi mente ha sido contaminada. Perdóname y límpiame por el poder de la sangre derramada del Cordero. Cuarto, debemos expulsar ese pensamiento de nuestra mente. La manera de hacerlo es reemplazándolo por un pensamiento puro. Quizá recitando mentalmente algún texto memorizado previamente, o cantando alguna canción cristiana o hablando del Señor a otros, etc. Es imposible pensar en algo impuro a la vez que estamos ocupando la mente en algo puro. Recuerde que la promesa de misericordia es no para los que solamente confiesan el pecado sino para los que lo confiesan y se apartan. Proverbios 28:13 dice: El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia» Este paso bien puede significar que tengamos que decir: No 10.000 veces a la semana, porque cada vez que estemos tentados a pensar en algo impuro tenemos que decir: No, no voy a mantener ese pensamiento en mi mente. Lo rechazo y lo echo fuera en el nombre del Señor Jesús. Quinto, debemos aprender a pensar positivamente. En el texto que leímos al inicio de este estudio bíblico, Filipenses 4:8, Pablo aconsejó que debemos ocupar nuestra mente no en cosas impuras, sino en cosas puras como todo lo que es verdadero, nada de mentiras, todo lo honesto, nada de cosas inmorales, todo lo justo, nada de injusticias, todo lo puro, nada de impureza, todo lo amable, nada contencioso, todo lo de buen nombre, nada que tenga connotaciones impropias, todo lo que tiene virtud, nada que exalte anti valores, y todo lo que es digno de alabanza, nada que desdiga en buen nombre de nuestro Padre celestial. Pensar positivamente no es fácil, pero tampoco imposible, porque todos nosotros tenemos el Espíritu Santo que nos capacita para hacerlo. Cuando pensemos en las cosas que ha recomendado Pablo, simplemente no tendremos tiempo para pensar en cosas impuras. Si Cristo y Su pureza llena nuestra mente, tienen que salir el pecado y la corrupción. Mientras más estemos ocupados con Cristo, más seremos transformados a su imagen. Sexto, evitar todo tipo de contacto con lugares, personas o cosas que de antemano sabemos que van a contaminar nuestra mente. Debemos ejercitar disciplina en lo que oímos, leemos y vemos. Desechemos todo tipo de literatura sobre temas sugestivos, desechemos toda conversación profana, desechemos toda historia con doble sentido, desechemos las películas cargadas de anti valores que comúnmente se presentan en el cine o la televisión. No importa que nos tilden de anticuados o legalistas o lo que quieran, lo importante es cuidar con celo nuestra mente porque de ella mana la vida. Séptimo y último, debemos mantenernos ocupados para el Señor. El tiempo de mayor peligro para la mente es cuando estamos sin hacer nada. Un escritor ha dicho que un cuerpo ocioso y bien alimentado es taller perfecto de Satanás. Existe una tremenda protección y seguridad en una vida de incesante servicio al Señor. El hombre que ha aprendido a redimir el tiempo tendrá menos luchas con los malos pensamientos, eso parece indicar Proverbios 16:3 donde dice: «Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados». Gran responsabilidad, amigo oyente, esto de mantener pura nuestra mente. Recuerde: Una mente pura conduce a acciones puras. Una mente impura conduce a acciones impuras. Que con la ayuda del Señor podamos todos ser hombres y mujeres de mente pura.

La conciencia

La meditación bíblica