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El fracaso espiritual de Israel

Es un gozo saludarle amiga, amigo oyente. La Biblia Dice… le extiende cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy en el libro de Romanos. Este estudio bíblico forma parte de la serie que lleva por título: Romanos, la salvación por gracia por medio de la fe en Jesucristo. En esta oportunidad David Logacho nos mostrará lo que resultó del fracaso espiritual de Israel, en lo que respecta a los gentiles, lo cual de ninguna manera debe ser motivo de jactancia por parte de los gentiles.

En nuestro último estudio bíblico quedó muy en claro que aunque Israel como nación fracasó espiritualmente al rechazar a Jesús como su Mesías y Salvador, sin embargo, Dios no ha desechado a su pueblo y prueba de ello es que Dios está ofreciendo salvación a los israelitas en forma individual, de la misma manera que está ofreciendo salvación a los gentiles. A través de cada siglo de la historia de Israel se nota su fracaso espiritual, a pesar de toda la bondad y gracia de Dios. La época patriarcal terminó en el pecado de los hijos de Israel y su descenso a Egipto. La liberación de Egipto fue seguida del vagar en el desierto, y la conquista de Canaán terminó en cuatrocientos años de decadencia. El reino de David y Salomón terminó en la triste apostasía de Salomón y la división del reino. Las diez tribus del norte fueron al cautiverio y aparente extinción. El reino de Judá fue llevado a Babilonia, y aun cuando Dios trajo al pueblo de regreso de la cautividad y les envió a su propio Hijo como su Profeta, Sacerdote y Rey, él fue rechazado y crucificado. Sus apóstoles y discípulos fueron perseguidos, y Dios tuvo que entregar a Israel a siglos de tinieblas y tristeza sin parangón. Dios no sólo ha permitido que los gentiles se enseñoreen sobre Israel sino que les ha visitado con el más terrible de sus juicios, un espíritu de estupor, una ceguera espiritual que hasta ahora les impide ver a Jesús como su Mesías y Salvador. Pero todo esto no fue un accidente para Dios. Para Dios no existen los accidentes. Todo obedecía a un plan meticulosamente orquestado por Dios. De la debacle espiritual de Israel se levantó cual ave fénix la salvación para los gentiles. Sobre esto trata el estudio bíblico de hoy. Abramos nuestras Biblias en Romanos 11:11-24. Lo primero que notamos en este pasaje bíblico, es el producto del fracaso espiritual de Israel como nación y la promesa de la futura restauración espiritual de Israel como nación. La Biblia dice en Romanos 11:11-12 “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” Luego de hablar del fracaso espiritual de Israel como nación, Pablo manifiesta la manera como ve Dios esta situación. Lo hace por medio de una pregunta: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? O dicho en otras palabras: ¿Acaso tropezaron los de Israel para no volver a levantarse? La respuesta a esta pregunta es un enfático: No. En ninguna manera, dice Pablo. ¿Por qué? Pues porque el tropiezo de Israel, abrió la puerta para que los gentiles obtengan la salvación. Este hecho fue utilizado por Dios para provocar a celos a Israel. Es decir que viendo como Dios ha otorgado salvación a los gentiles, los de Israel añoren o deseen fervientemente ellos también alcanzar esa misma salvación. Esto conducirá a Israel a su futura restauración espiritual como nación. Confirmando esta idea, Pablo nos hace reflexionar sobre el hecho que si la transgresión o el fracaso espiritual de Israel ha resultado en la riqueza del mundo, lo cual hace referencia a que la salvación está a disposición de todo el mundo, especialmente del mundo gentil, ¿en cuánto más grandioso resultará la futura plena restauración espiritual de Israel? La Biblia enseña que cuando Israel salga de ese estado de postración espiritual en el que se encuentra en la actualidad, lo cual acontecerá cuando Cristo Jesús venga por segunda vez a la tierra, el mundo entrará a lo que se llama el reino milenial, un reino en la tierra rodeado de resplandor, prosperidad, productividad, sin guerras, sin enfermedades, sin corrupción. En segundo lugar, en este pasaje bíblico, Pablo hace una exhortación a los creyentes gentiles a no jactarse de su posición espiritual al haber sido salvos. Antes de ir directamente a la exhortación, hace una introducción sobre un aspecto importante para él en cuanto a su apostolado. Romanos 11:13-15 dice: “Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” Pablo es apóstol, o enviado, a los gentiles. Fue enviado directa y personalmente por Cristo Jesús. Revestido de esa autoridad, Pablo está en todo su derecho para exhortar a los gentiles. Al hacerlo está honrando su ministerio. La exhortación de Pablo a los gentiles tiene el propósito de provocar a celos a los judíos, sus paisanos, a los de su sangre, con la finalidad de que algunos de ellos en forma personal, lleguen a ser salvos. En esto notamos el profundo anhelo de Pablo por ver a sus hermanos de sangre llegando a ser salvos. A partir del versículo 16 y hasta el versículo 24 encontramos la exhortación en sí misma. Lo hace por medio de una ilustración. Veamos de que se trata. Dice así: “Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra la ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?” La exhortación se inicia por medio de un hecho bastante conocido por los judíos. Si las primicias son santas, también lo es la masa restante. De igual manera, si la raíz es santa, también lo son las ramas. La raíz tiene su paralelo en Abraham, Isaac y Jacob. Las ramas tienen su paralelo en los descendientes de los patriarcas, es decir en la nación de Israel. A causa de la incredulidad, algunas de las ramas, no todas, fueron desgajadas del buen olivo. Dios siempre se ha guardado un pequeño grupo, o un remanente. Aquí entra un nuevo elemento, son las ramas de un olivo silvestre, cuyo paralelo tiene que ver con los gentiles creyentes. Al haber recibido a Cristo como Salvador, los gentiles creyentes fueron injertados en el buen olivo y gozan de todos los privilegios que esto significa, especialmente el llevar fruto para Dios. Pablo exhorta a los creyentes gentiles a no jactarse en contra de los judíos incrédulos. Así como las ramas injertadas no dan vida al olivo, sino la raíz del olivo da vida a las ramas injertadas, también la vida espiritual de los creyentes no es mérito de ellos sino del hecho de estar en la posición de bendición por la fe en Cristo y en esa posición recibir los beneficios que Dios prometió a los patriarcas. En lugar de jactarse, o ensoberbecerse, los creyentes gentiles deberían temer, en el sentido de reconocer la severidad de Dios tratando la incredulidad. Si alguien que llamándose creyente, se jacta contra los judíos incrédulos, lo único que está demostrando es que no se trata de un verdadero creyente y en esas condiciones, por su incredulidad, experimentará lo mismo que el judío incrédulo, es decir ser desgajado del buen olivo. Este pasaje bíblico no tiene nada que ver con la posibilidad de que un genuino creyente pierda su salvación. Esto es imposible. Dios es poderoso para desgajar y para injertar. Si para Dios no revistió problema el injertar ramas de olivo silvestre en un tronco de buen olivo, algo contrario a la naturaleza, menos problema reviste para él injertar ramas de buen olivo en el tronco del buen olivo, algo conforme a la naturaleza. Esto es una garantía de que en algún momento Dios va a restaurar a la nación de Israel. Esto sucederá en la práctica cuando Jesucristo venga por segunda vez a establecer su reino milenial en la tierra. Si ya ha recibido a Cristo como su Salvador, siendo gentil, no cese de dar gracias a Dios por haber sido injertado en el tronco del buen olivo, donde puede disfrutar de todas las bendiciones que Dios prometió a Abraham y ratificó a los patriarcas. Si todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, no olvide que usted es rama de olivo silvestre, incapaz de producir fruto para Dios. ¿No le parece que ya es el momento de que sea injertado en el tronco del buen olivo? Si lo desea, lo único que necesita hacer es recibir por la fe a Cristo Jesús como su Salvador personal.

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