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El estilo de vida de un creyente

Qué gozo es para nosotros estar nuevamente junto a usted, amiga, amigo oyente. La Biblia Dice… le da la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Seguimos estudiando el libro de Romanos, en la serie que lleva por título: Romanos, la salvación por gracia por medio de la fe en Cristo Jesús. Luego de poner un sólido fundamento doctrinal, Pablo pasa a delinear la conducta de los creyentes. El estilo de vida de un creyente debe ser muy diferente al estilo de vida de incrédulo. ¿En qué debe ser diferente? Pues sobre esto nos hablará David Logacho en el estudio bíblico de hoy.

La palabra de Dios es muy clara al enseñar que la salvación no es por buenas obras, sino para buenas obras. Por el hecho de ser salvo, el creyente debe hacer buenas obras. Efesios 2:10 dice “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” En el pasaje bíblico que nos corresponde estudiar el día de hoy, en el libro de Romanos, Pablo proporciona algunos principios que los creyentes debemos poner en práctica en nuestro diario vivir. La observancia de estos principios bíblicos es lo que hace la diferencia entre el estilo de vida de un creyente y el estilo de vida de un incrédulo. En Romanos 12:9-21, Pablo nos presenta una lista de los deberes personales, los deberes familiares, los deberes hacia los demás y los deberes hacia quienes nos consideran sus enemigos. Vayamos a lo primero, los deberes personales. Romanos 12:9 dice: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.” El amor es la virtud por excelencia en todo genuino creyente. Amor no sólo tiene que ver con las emociones, sino más bien con la voluntad. Bien se ha descrito al amor como la acción de sacrificio en beneficio de la persona amada. Esta es la razón por la cual la Biblia ordena al creyente que ame. 1 Juan 4:7-8 dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” Dios nos ha amado para que nosotros amemos a otros. Este amor debe ser fingimiento. La palabra fingimiento, es la traducción de una palabra griega que está relacionada con la palabra “hipócrita” que a su vez es la traducción de una palabra griega que denota primariamente una actuación en un escenario, en relación con la actuación de los actores en el teatro griego o romano. Era costumbre entre los actores griegos y romanos hablar fingiendo la voz detrás de grandes máscaras, para ocultar la verdadera identidad del actor. De ahí, este término vino a usarse para denotar a un engañador o un hipócrita. Es decir que el amor que manifiesta un creyente, debe ser sin hipocresía. El creyente no debe amar por interés. Cuando el misionero explorador Federico Arnot iba por una senda a través de la alta hierba con un grupo de africanos que habían recibido a Cristo como Salvador, un león repentinamente atacó a uno de los jóvenes. Arnot empujó al joven a un lado y lo cubrió con su propio cuerpo. El animal puso sus garras encima del misionero, pero por alguna razón inexplicable, no lastimó al siervo de Dios y más bien se alejó sin hacer mal a nadie. Cuando el jefe de la tribu oyó acerca de este incidente dijo: Yo voy a cualquier parte con un hombre blanco que pone su cuerpo entre un león y su amigo africano. Este es el tipo de amor que debe manifestar el creyente. Es un amor sin hipocresía. Muy bien. Además de amar sin fingimiento, el creyente debe aborrecer lo malo y seguir lo bueno. Lo malo, por el contexto, parece indicar actitudes y acciones contrarias al amor. Lo bueno por contraste parece que tiene que ver con toda manifestación de este amor sobrenatural. En segundo lugar, tenemos los deberes familiares. Romanos 12:10-13 dice: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” Como se mencionó anteriormente, los creyentes tenemos la obligación de amarnos los unos a los otros. Este amor debe ser de tal magnitud que es comparable al amor que tenemos hacia los miembros más cercanos de nuestra familia. Esto es lo que significa amor fraternal. El amor de un creyente hacia otros creyentes debe ser con amor fraternal. Si usted es creyente, piense este momento en algún hermano o hermana de su iglesia, que no sea pariente suyo. Mi pregunta es: ¿Le ama con amor fraternal? En otras palabras, ¿Le ama como si fuera su propio padre o su propia madre, o su propio hermano, o su propia hermana? Pues así debería amar. Eso es lo que demanda Dios de los creyentes en su palabra, la Biblia. Este amor se manifiesta de diversas maneras. Pablo se encarga de mostrarnos en detalle. En primer lugar, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. No hay lugar a dudas en cuanto a que la vida cristiana es una vida sobrenatural. Digo esto porque lo natural al ser humano es hacer todo lo que se pueda para ser el primero. Si no me cree, la próxima vez que esté en la fila por alguna situación, mire con cuidado cuántos son los que pugnan por colarse a los primeros lugares para ser atendidos más pronto. Tal vez usted mismo lo ha hecho alguna vez. La humana naturaleza nos susurra constantemente al oído: Tú eres el primero, tú eres lo más importante, tú mereces lo mejor. Pero el amor fraternal que debemos tener los unos para con los otros debe impulsarnos a actuar en contra de las inclinaciones naturales. Pablo dice: En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En segundo lugar, el amor fraternal se manifiesta por medio de diligencia en el servicio a otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos, dice Pablo. La pereza no es propiedad privada de los adolescentes y jóvenes. Los adultos también podemos padecer de este mal, especialmente cuando tenemos que servir al prójimo. Pero el consejo de Pablo es que pongamos pasión y energía en el servicio a los demás. Esto tiene relación directa con otra de las maneras de mostrar amor fraternal. En tercer lugar, dice el texto: Fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Cuando Pablo habla de ser fervientes en espíritu, no está haciendo alusión al Espíritu Santo sino a la actitud de entrega al servicio. Interesante que el servicio a otros es sinónimo de servicio al Señor. Cada vez que servimos a otro creyente, es como si estuviéramos sirviendo al mismo Señor Jesucristo, de manera que más vale que lo hagamos de corazón y con fervor. Después en cuarto lugar, Pablo nos presenta un trío de manifestaciones del amor fraternal. Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación, constantes en la oración. Sin importar cuáles sean las circunstancias en las que estemos, podemos y debemos gozarnos en la esperanza que tenemos, la esperanza de que un día estaremos cara a cara con el Señor, cuando nuestros cuerpos sean totalmente redimidos y disfrutemos de la gloria eterna. Además debemos ser sufridos en la tribulación. La tribulación no es ajena a la experiencia cristiana. En el mundo tendréis aflicción advirtió el Señor Jesucristo. En ocasiones las mismas personas a quienes estamos tratando de amar son la fuente de la tribulación. Ser sufridos en la tribulación significa una capacidad para soportar las tribulaciones. Cuando los que tenemos cerca nos hacen padecer aflicción, no permitamos que nuestra fe flaquee o que nuestra confianza en Dios disminuya. Recordemos que el consejo de la palabra de Dios es que debemos soportar la tribulación. También debemos ser constantes en la oración. A veces no podemos hacer mucho para ayudar a alguien que conocemos, pero algo que siempre podemos hacer es orar por esa persona. La oración eficaz del justo puede mucho, declara la palabra de Dios. En quinto lugar, el amor fraternal se manifiesta por medio de compartir los bienes materiales con los que tienen necesidad. Pablo dice: Compartiendo para las necesidades de los santos. El dar a los necesitados es una muestra de la presencia del amor de Dios en el corazón de una persona. Note lo que dice 1 Juan 3:17 “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” En sexto y último lugar, el amor fraternal se manifiesta en la hospitalidad. Practicando la hospitalidad dice el texto. Bien se ha dicho que la hospitalidad es un arte perdido. La excusa para no hospedar a algún hermano que está de paso, casi siempre va por la falta de espacio en la casa o el apartamento. ¿No será más bien que nos resistimos a sufrir la incomodidad pasajera que implica tener a un extraño en la casa? Olvidamos que al recibir a un hermano en nuestra casa estamos recibiendo al mismo Señor Jesucristo. Estas son las manifestaciones del amor fraternal que debemos tener entre creyentes. Que por la gracia de Dios nos esforcemos para manifestarlas en la práctica.

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