in

Un milagro a un cojo de nacimiento

Gracias por estar nuevamente con nosotros, es un privilegio contar con su sintonía, hoy continuaremos con el interesante tema que está desarrollando nuestro hermano David Logacho, “La obra de Jesucristo después de su ascensión, por medio del Espíritu Santo”, tenga su Biblia a mano y acompáñenos a conocer que es lo que dios nos quiere decir acerca de esto.

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada mediante el Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, vimos que como parte de su primer viaje misionero, Pablo y su equipo misionero tuvieron que salir de Iconio hacia la región llamada Licaonia, por cuanto llegaron a saber que los judíos confabulados con los gentiles y los gobernantes del pueblo, querían afrentarlos y apedrearlos. Fue así como llegaron a Listra, colonia romana en aquel distrito y también a Derbe. Teniendo a estas dos ciudades como base, Pablo y sus compañeros saturaron con el mensaje del Evangelio, toda la región circunvecina. Fue en estas circunstancias que ocurrió el episodio que vamos a estudiar en esta oportunidad. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 14 a partir del versículo 8. Lo primero que tenemos es un milagro a un cojo de nacimiento.

II. Hechos 14:8-10 dice: Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.
En la ciudad de Listra había un pobre hombre quien era cojo de nacimiento, imposibilitado de los pies, quien jamás había andado y en consecuencia tenía que permanecer sentado. Sin embargo, Dios estaba por hacer una obra sobrenatural en él por medio de Pablo. Todo comenzó cuando este hombre, a pesar de su impedimento, se dio modos para oír hablar a Pablo. El verbo “hablar” significa una conversación normal, lo cual nos lleva a pensar que el cojo de nacimiento debe haber oído la conversación que Pablo estaba teniendo con la gente acerca de las buenas nuevas de salvación en Cristo. Tan pronto Pablo se fijó en el cojo de nacimiento, supo que tenía fe para ser sanado, y levantando la voz, de modo que no solo el cojo le oiga, sino toda la gente que allí estaba dijo: Levántate derecho sobre tus pies. De un salto, el hombre se incorporó. Las piernas que por tanto tiempo pendían inútiles recobraron fuerza y el hombre comenzó a caminar como si nunca hubiera estado cojo. Se acababa de manifestar el auténtico don de sanidad. Cuan diferente es esto de lo que supuestos sanadores hacen hoy en día. Tiempo atrás estaba viendo un programa de televisión, en el cual el sanador entre comillas estaba por hacer el milagro de sanidad en una mujer anciana quien estaba sentada en una silla de ruedas. El sanador dio la orden y la pobre anciana, hizo un esfuerzo sobre humano para precariamente ponerse en pie primeramente. Si hubiera habido una ligera brisa se hubiera caído. Los asistentes del sanador estaban listos para tomar a la mujer en caso de que se caiga. Luego el sanador ordenó a la anciana que camine. Fue algo deprimente. Sacando fuerza de flaqueza, la pobre anciana dio dos o tres pasitos vacilantes con extrema dificultad, apoyándose en los asistentes del sanador y luego se detuvo. Eso fue suficiente para que el sanador prorrumpa en aplausos de júbilo acompañado de la gente que estaba presente. Después del show la desdichada anciana volvió a ocupar su lugar en su silla de ruedas. Pero con Pablo fue diferente. Él como apóstol tenía el don de sanidad y a nadie en Listra le quedó la más mínima duda que se había hecho un milagro de sanidad en el cojo de nacimiento. En segundo lugar tenemos la reacción de la gente ante el milagro. Hechos 14:11-13 dice: Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.
La gente que vio a ese cojo de nacimiento saltando y andando, comenzó a dar grandes voces diciendo en su propia lengua: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Pobres. Estaban tan equivocados. Lo que pasa es que los milagros por sí solos no tienen el poder para hacer que un pecador se arrepienta de su pecado. Los milagros deben estar acompañados por la palabra de Dios para que tengan un impacto espiritual en la gente. Los habitantes de Listra eran idólatras por naturaleza y atribuyeron el milagro a sus dioses paganos. Pensaban que Bernabé era Júpiter o Zeus en griego, el supremo dios de los griegos y los romanos, representado como un tipo viril, barbudo, enérgico y majestuoso, sentado en un trono, con un haz de rayos en la mano derecha. En la mitología griega era común que los dioses bajaran a la tierra en forma de hombres. También pensaban que Pablo era Mercurio o Hermes en griego, el dios del comercio, según la mitología griega era el vocero de los dioses y era adorado como el dios de la elocuencia. La ciudad de Listra tenía a Júpiter como su patrono y tenía un templo donde se le rendía adoración. El sacerdote de Júpiter cuyo templo estaba en frete a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la gente quería ofrecer sacrificios en honor de Pablo y Bernabé. En tercer lugar tenemos la respuesta de Pablo a la gente de Listra. Hechos 14:14-18 dice: Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
Los que supuestamente hacen milagros hoy en día, se mueren por los aplausos y reconocimiento de la gente, pero Pablo y Bernabé rechazaron frontalmente recibir crédito por el milagro que acababa de ocurrir. Rasgando sus ropas en señal de rechazo a lo que los habitantes de Listra estaban tratando de hacer se lanzaron entre la gente dando voces y diciendo: Varones. Note que Pablo sabía que estaba hablando a gentiles, no a judíos esta vez. Luego reprocha lo que la gente pretendía hacer. ¿Por qué hacéis esto? La gente debe haberse callado sin comprender cómo así estos dioses, según ellos, estaban rechazando ser adorados con sacrificio de animales. Pablo entonces puso las cosas en su lugar cuando dijo: Nosotros también somos hombres, comunes y corrientes como Ustedes. Solamente hemos venido a anunciarles justamente que abandonen sus vanidades y se conviertan al único Dios vivo, quien es tan poderoso y majestuoso que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. Convertirse significa dar un giro de 180 grados. Lo que Pablo quería es que la gente de Listra de un giro de 180 grados en su adoración a los dioses falsos, como Júpiter y Mercurio, y comiencen a adorar al único y todopoderoso Dios vivo. Pablo no tuvo ningún empacho para decir que la adoración a los ídolos es vanidad, algo vacío, algo sin sentido, algo hueco. Luego Pablo prosiguió afirmando que por mucho tiempo Dios ha dejado a la gente andar en sus propios caminos, pero siempre ha dejado algo que hable sobre él, por medio de hacer bien, como dar las lluvias del cielo, como dar los tiempos fructíferos, como llenar de sustento y alegría nuestros corazones. Había llegado el momento para que la gente de Listra sepa que existe un único, poderoso y vivo Dios, quien les estaba invitando para que se vuelvan a Él. El milagro en el cojo de nacimiento era una pequeña muestra de cuán poderoso es el Dios vivo. A regañadientes el sacerdote de Júpiter y la gente de Listra desistieron de su deseo de sacrificar toros en honor de Pablo y Bernabé. No se sabe cuánto más tiempo se quedaron Pablo y su equipo misionero en Listra, pero llegó el momento de partir. Esta vez fue una salida muy dolorosa. En cuarto lugar tenemos el apedreamiento de Pablo. Hechos 14:19-20 dice: Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.
Los celosos e impíos judíos de Antioquía de Pisidia y de Iconio estaban tras los pasos de Pablo y sus compañeros. Cuando llegaron a Listra persuadieron a la gente para apedrear a Pablo. Así lo hicieron y pensando que estaba muerto, le arrastraron fuera de la ciudad. Muchos intérpretes bíblicos piensan que realmente Pablo murió apedreado. Los discípulos, es decir los que habían recibido a Cristo en Listra y los compañeros de Pablo, rodearon a Pablo fuera de la ciudad y Pablo se levantó. Muchos intérpretes lo entienden en el sentido que resucitó, y entró a Listra, pero al día siguiente salió de Listra acompañado de Bernabé. Muchas veces Dios protegió a Pablo para que sus enemigos no le hagan ni un rasguño, pero esta vez Pablo fue apedreado. ¿Falló Dios? De ninguna manera. En su soberanía Dios permitió que Pablo sea apedreado. Por alguna razón que no podemos comprender, Dios permitió esto en la vida de Pablo para cumplir con su propósito.

Pablo y sus compañeros se dirigieron a Iconio

Lo que pasó en Derbe