in

Cuando Pablo terminó su defensa, intervino el gobernador Félix

I. Introducción. Saludos y bienvenida. Estudio de Hechos en la serie titulada: La obra de Jesucristo después de su ascensión, realizada por medio del Espíritu Santo. En nuestro último estudio bíblico, vimos como Tértulo, abogado de lo judíos incrédulos de Jerusalén, acusó a Pablo en la audiencia ante el gobernador Félix. De una manera magistral y efectiva, Pablo desvirtuó las acusaciones de los judíos incrédulos y ratificó que la única razón para ser juzgado es por su convicción en cuanto a la resurrección de los muertos. Con sólo oír la palabra resurrección, los judíos incrédulos se embarcaban en una acalorada discusión entre ellos, por cuanto los fariseos apoyaban la resurrección mientras que los saduceos repudiaban la resurrección. Cuando Pablo terminó su defensa, intervino el gobernador Félix. Veamos pues lo que aconteció. Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Hechos 24 a partir del versículo 22. En este pasaje bíblico encontramos el relato del tiempo que Pablo pasó prisionero en Cesarea. Lo primero que vamos a notar es la decisión del gobernador Félix como resultado de la audiencia que acabó de tener con Pablo y sus acusadores. Hechos 24:22 dice: Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto.

Félix ciertamente era un tipo malo, pero de ninguna manera tonto. Esto lo sabemos por cuanto debe haberse preparado muy bien antes de la audiencia que iba a tener con Pablo y sus acusadores los judíos incrédulos. Sólo así se explica que haya estado bien informado sobre el Camino, el nombre que en aquel tiempo se le daba a la fe Cristiana. Además, no debemos olvidar que la esposa de Félix era judía y por tanto es natural que haya informado a su esposo acerca de la rivalidad que había entre los judíos y Pablo, a causa del mensaje del evangelio que predicaba Pablo. Así que, fundamentándose en lo que sabía acerca del Cristianismo, el gobernador Félix optó por aplazar el veredicto hasta que llegue a Cesarea el tribuno de Jerusalén, Claudio Lisias. Como afirma el dicho, a los judíos incrédulos les salió el tiro por la culata. Claro… en su acusación, mencionaron que fue el tribuno de Jerusalén, Claudio Lisias quien impidió que Pablo sea juzgado conforme a la ley de Moisés. Los judíos esperaban que este hecho añada peso a su acusación, pero en lugar de eso, Félix consideró prudente aplazar su veredicto hasta que esté presente Claudio Lisias. Dicho esto, Félix dio por terminada la audiencia. El sumo sacerdote Ananías, con algunos de los ancianos, y el locuaz Tértulo deben haber abandonado el recinto mortificados por su derrota. ¿Y Pablo? Pues, en segundo lugar, tenemos la prisión de Pablo en Cesarea. Hechos 24:23 dice: Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.

Conforme a los planes soberanos de Dios, Pablo no recuperó su libertad, a pesar de ser inocente de todos los cargos que le acusaban los judíos incrédulos. El gobernador Félix ordenó a uno de sus súbditos, a un centurión, a que custodie a Pablo, pero no en una celda fría y húmeda, sino con algunas libertades, como por ejemplo, que no se le impida las visitas de sus allegados y que se le den las facilidades para que sus ayudantes le sirvan. No se sabe a ciencia cierta qué es lo que Pablo hizo mientras estuvo preso en el pretorio en Cesarea, pero no cabe la menor duda en cuanto a que debe haber estado compartiendo el evangelio con todos los guardias que le custodiaban, inclusive con Félix. En tercer lugar, tenemos la reunión privada de Félix y su esposa con Pablo. Hechos 24:24-27 dice: Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré. Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

Félix no sólo se informó acerca del Camino, sino que su corazón fue sacudido por el evangelio, pero aún así no obedeció a la verdad. No es suficiente que una persona sepa acerca de Jesucristo o que se siente movido emocionalmente por lo que Él hizo, sino que hace falta que actúe la voluntad por medio de recibir a Jesucristo como Salvador. Tal vez fue la curiosidad de Drusila lo que motivó a Félix a llamar a Pablo. Después de todo, la familia cercana de Drusila estuvo muy involucrada en todo lo que tiene que ver con Jesucristo. Su bisabuelo trató de matarlo a poco tiempo de nacer en Belén. Su tío abuelo mató a Juan el Bautista y se burló de él, su padre mató a Jacobo, uno de los doce apóstoles de él. Pablo predicó un mensaje de tres puntos a Félix y Drusila, la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Con esto, Pablo estaba dando tres razones poderosas a Félix para que se arrepienta y reciba a Jesucristo como Salvador. Lo primero, tenía que ver con los pecados pasados. Dios es santo y castiga con severidad el pecado. Pero las buenas noticias son que Dios mismo proveyó la manera para que un pecador sea declarado justo por Dios. Es por medio de recibir al Señor Jesucristo como Salvador. Lo segundo tiene que ver con el dominio propio. Debemos hacer algo con las tentaciones presentes. El hombre puede controlar todo, excepto a sí mismo. Félix y Drusila eran un ejemplo típico de falta de dominio propio. Ella se divorció de su esposo para poder ser la tercera esposa de él. Aunque ella era judía, vivía como si no existieran los diez mandamientos. Félix era corrupto hasta la médula, quien no dudaba en matar a alguien para mantener su hegemonía. El dominio propio era algo extraño en la vida de Félix y Drusila. El tercer punto es lo que horrorizó a Félix. Algún día vamos a tener que dar cuenta de nuestro hechos a Dios y si no hemos arreglado nuestro problema de pecado, tendremos que sufrir eterna condenación. Es el juicio venidero. Seguramente Pablo debe haber mencionado que Dios ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. Jesucristo es nuestro Salvador o nuestro Juez. Félix entendió muy bien el mensaje porque dice que se espantó. Esto era un poco extraño en un duro y estoico oficial romano, pero la palabra de Dios tiene el poder para hacer temblar hasta al más pintado. Pablo puso los puntos sobre las íes y ahora era responsabilidad de Félix el tomar una decisión al respecto. ¿Qué decisión tomó Félix? No aceptó el mensaje, tampoco lo rechazó. Hizo lo que es peor, pospuso la decisión. Con la altanería que le caracterizaba dijo a Pablo: Ahora vete, pero cuando tenga oportunidad te llamaré. Lamentablemente, hasta donde se sabe, esa oportunidad nunca llegó y Félix salió de este mundo sin el perdón de sus pecados. Dejar para más tarde los asuntos importantes es el peor ladrón del tiempo. Un proverbio Inglés afirma lo siguiente: Decir uno de estos días, es lo mismo que decir ninguno de estos días. Dejar para más tarde los asuntos importantes también es el peor ladrón de almas. 2 Corintios 6:2 dice: He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.

Félix y Drusila tuvieron su oportunidad para arreglar su problema de pecado con Dios por medio de recibir a Jesucristo como su Salvador, pero no la aprovecharon. Dejaron la decisión para más tarde. Eso fue lo que ocasionó su ruina espiritual. Si Usted ha sido tocado por la verdad del Evangelio y sabe que necesita recibir a Cristo como su Salvador, no espere, no deje la decisión para más tarde. El más tarde puede ser que nunca llegue, como pasó con Félix y Drusila. En lugar de tomar la decisión que hubiera significado la diferencia entre la vida y la muerte, Félix persistió en el pecado y quiso usar a Pablo como carnada para obtener ganancias deshonestas. Como era corrupto, quería que Pablo o sus seguidores le ofrezcan algún soborno para dejarlo en libertad. Pero como Pablo era honesto y también sus seguidores, jamás ofrecieron sobornos a Félix. La honestidad tiene su precio. En el caso de Pablo significó permanecer en prisión. Al cabo de dos años Félix fue reemplazado por su sucesor Porcio Festo, pero queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo. Félix es un típico ejemplo de lo peligroso de dejar para más tarde la decisión de recibir a Jesucristo como Salvador. Hay una historia acerca de una reunión en el infierno entre Satanás y sus demonios más importantes. Estaban hablando acerca de la mentira más efectiva para traer más almas al infierno. Uno de los demonios dijo: Yo iré a la tierra y anunciaré que Dios no existe. Eso no funcionaría dijo Satanás. La gente miraría alrededor y sabría que Dios existe. Otro demonio dijo: Yo iré a la tierra y anunciaré que el cielo no existe. Eso tampoco funcionaría dijo Satanás: La gente sabe que hay vida después de la muerte y todos quieren ir al cielo. Un tercer demonio intervino y dijo: Yo iré a la tierra y anunciaré que el infierno no existe. Eso tampoco funcionaría dijo Satanás, la conciencia de la gente dice que debe haber castigo por el pecado. Necesitamos una mejor mentira. En eso, otro demonio se puso en pie y en voz muy queda dijo: Ya tengo la solución. Yo iré a la tierra y anunciaré que Dios existe, que el cielo existe y que el infierno existe, pero también les diré que no hay ninguna prisa para recibir a Cristo como Salvador para poder ir al cielo. Ahá… dijo Satanás. Eso si va a funcionar. No se deje engañar amable oyente, como dice la Palabra. He aquí, ahora es el día de salvación.

La comparecencia de Pablo ante Félix

La defensa de Pablo ante Festo