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¿Qué necesitamos? Pt. 2

Hola amigo oyente, que bendición tenerte junto a nosotros. El día de hoy quiero que veas lo que Jesús está hablando cuando presenta esta idea de un nuevo nacimiento. ¿Qué está diciendo? Bueno, antes de nada, Jesús dice que en el nuevo nacimiento es necesario conocer a Dios. No puedes conocer a Dios fuera de un nuevo nacimiento, nadie puede ver el Reino de Dios a menos que nazca de nuevo. El versículo 7 de Juan 3 nos recuerda que “es necesario nacer de nuevo”. Ahora, las palabras de Jesús están dirigidas a todos y cada uno de nosotros; mira, para que cualquiera de nosotros pueda pasar la eternidad con Dios, es necesario nacer de nuevo, no es una opción. Es el único camino a seguir. El nuevo nacimiento es necesario para conocer a Dios.

Segundo, el nuevo nacimiento es imposible sin Dios, ¡imposible! Tan pronto como Jesús dice eso, Nicodemo parece sorprendido y responde. ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo cuando ya es viejo? Seguramente no podrá entrar por segunda vez en el vientre de su madre para nacer, y obviamente eso no es de lo que Jesús está hablando. Jesús no está hablando de entrar físicamente en el útero de su madre, porque evidentemente sería imposible, pero Nicodemo está empezando a entender un poco el punto que Jesús está tratando de comunicar. El hecho es que no puedes hacer esto, está totalmente fuera de tus capacidades. Te es imposible darte a luz a ti mismo y nacer de nuevo. Quiero decir, ¿quién? ¿quién realmente decide nacer? Supongo que en ningún momento pensaste “no tengo nada mejor que hacer, me gustaría comenzar mi vida en la Tierra ahora” obvio no.

Mira, nadie decide cuando nacer, esta es justamente la imagen que Jesús desea proporcionar, es algo imposible para ti. La frase “nacido de nuevo”, literalmente significa nacido desde arriba. No puedes fabricarlo, no es posible sin Dios. En Mateo capítulo 19, versos 26 y 27, Jesús está hablando con sus discípulos y entra en escena un joven rico, su pregunta es: “¿qué bien haré para tener la vida eterna?”, a lo que Jesús responde “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”. Sin Dios no es posible. Ahora, sólo quiero darte un retrato rápido de lo que el Nuevo Testamento nos dice acerca de nosotros antes de nacer, antes de llegar a la fe en Cristo, antes de recibir la salvación, antes de que nos apropiemos de este evangelio, ¿cómo nos describe la Biblia?

Esto es lo que las Escrituras enseñan: en primer lugar, somos moralmente malvados. Bueno, esto podrá sorprenderte un poco, porque si dijera, somos pecadores o tomamos decisiones equivocadas, tal vez dirías, sí es posible, pero decir que somos moralmente malvados quizás es llevar las cosas demasiado lejos. Bueno, así de lejos llega la Biblia al describirnos, Génesis capítulo 8, verso 12 nos dice: “el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud”. Bastante claro, ¿verdad? Luego, puedes ir al Nuevo Testamento, en Lucas capítulo 11, versículos 11 al 13, Jesús está hablando con sus discípulos acerca de la oración y dice: “Pues si vosotros, siendo malos” ¿lo ves? ÉL lo confirma, ustedes son malvados. Jesús supone que nos dimos cuenta de que somos moralmente malvados. Observa su veredicto en Juan 3, verso 19, esto dice: “la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”.

Segundo, estamos espiritualmente enfermos, Mateo capítulo 9, versículo 12 dice: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.”. En el centro de lo que somos, hay una enfermedad terminal maligna que es mucho más perjudicial y letal que cualquier enfermedad física que podamos tener. Estamos espiritualmente enfermos en el centro de lo que somos.

Tercero, somos esclavos del pecado, Juan capítulo 8, versículo 34 dice: “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”. Por otro lado, Romanos capítulo 6 los versículos 16 y 20 hablan acerca de cómo somos esclavos de la naturaleza pecaminosa, gratificando los deseos de la misma. Dice: «¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia”.

2da Timoteo, capítulo 2, versículo 26 asegura que estamos cautivos del diablo mismo, esto dice: “y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”.  Además, 1era a Corintios, capítulo 2, versículo 14 dice: “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura” De igual manera, 2da a Corintios, capítulo 4, verso 4 dice: “el dios de este siglo (hablando del diablo) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio”. Efesios capítulo 4, versículo 18 dice: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón”. Mateo Capítulo 5, versículo 8 dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” en otras palabras, no podemos ver a Dios porque somos amantes de las tinieblas. Efesios capítulo 5, versículo 8 dice: “Porque en otro tiempo erais tinieblas”. Es así que, volviendo a Juan capítulo 3, versículo 20 encontramos que: “todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”. Nosotros amamos la oscuridad, por lo tanto, huimos de la luz. Efesios asegura que somos hijos de la ira, Santiago Capítulo 4, versículo 4 y Romanos Capítulo 5, versículo 10, ambos nos afirman que somos enemigos de Dios.

Sin embargo, la gente dice, “bueno, he amado a Dios toda mi vida”. Pero de acuerdo con las Escrituras no lo ha hecho. Es posible que haya amado al dios que creó en su mente, pero al Dios de la Biblia lo odia, debido a que sin Cristo somos enemigos de Dios. El capítulo 2 de Efesios, desde el versículo 1 al 3 expresa literalmente que somos objetos de la ira de Dios, de acuerdo a la descripción del texto somos moralmente malvados, espiritualmente esclavos del pecado, cegados a la verdad, amantes de las tinieblas, hijos de la ira, es decir, en todo sentido estamos espiritualmente muertos. Además, Romanos capítulo 5, versículo 12, nos recuerda que estamos sentenciados a la muerte física, dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Mientras que Romanos capítulo 6 versículo 23 nos recuerda la muerte eterna. Por su parte, Efesios capítulo 2 versículo 1 literalmente dice que estábamos muerto en nuestras transgresiones, así que, este es nuestro retrato antes de nacer de nuevo, antes de llegar a la fe en Cristo.

Ahora, quiero que pienses un momento en esta lista de defectos y formúlate las siguientes preguntas: ¿cómo es posible ser moralmente malo?, ¿tener un corazón inclinado al mal desde la infancia?, ¿cómo es posible escoger lo bueno?, ¿cómo es posible volver al bien, si eres moralmente malvado?, ¿cómo es esto posible para ti, si estás espiritualmente enfermo?, ¿cómo es posible recuperarse?, ¿cómo es posible liberarse de la esclavitud al pecado?, ¿cómo es posible alejarse de la oscuridad y salir a la luz, cuando siempre odiaste la luz? Hijos de la ira, objetos de ira. ¿Cómo es posible que una persona muerta vuelva a la vida?

Tenemos las mismas probabilidades que Lázaro de volver de la tumba. Éste es el punto principal que Jesús intenta destacar en la ilustración de un hombre nacido de nuevo, simplemente es algo imposible para nosotros, es algo que sucede desde arriba. El Espíritu de Dios tiene que hacer esto en nuestras vidas, sin la intervención de Dios no es posible. En otras palabras, estamos imposibilitados para entrar en el Reino de Dios y esta es una verdad que nos cuesta aceptar porque pensamos que somos buenos.

En la actualidad, la mayoría de las personas tienen una concepción de una moralidad buena cuando asisten regularmente a una iglesia y obedecen algunas porciones de la Biblia. Si vemos las cosas de esta manera no parecemos tan malos ¿verdad?, si nos mantenemos en esta línea de pensamiento podremos llegar a pensar “debe haber algo que pueda hacer para nacer de nuevo, algún tipo de reglas a seguir”. Sin embargo, al notar lo contrario, nos sentimos frustrados.

En este punto, estarás pensado “David ¿por qué sigues insistiendo en que no hay nada que podamos hacer para llegar a Dios? Me refiero a las afirmaciones sobre nuestra condición de esclavos del pecado, moralmente malvados, amantes de la oscuridad, espiritualmente muertos. La verdad, ya entendí tu punto”. Por lo tanto, podrás seguir cuestionándote ¿qué se supone que debo hacer? Y si este es tu caso, quiero alentarte a continuar, pues estás llegando al corazón de lo que significa nacer de nuevo, esto te frustra, te lleva a un punto de desesperación, desesperanza e impotencia espiritual. Y esto es positivo pues si no tuvieras una lucha, entonces deberías preocuparte porque estarías en un camino de autosuficiencia hacia Dios.

Todo esto nos lleva a la tercera verdad, para conocer a Dios es necesario nacer de nuevo. Como habíamos dicho, el nuevo nacimiento depende de Dios y de la comprensión de tu necesidad de Él. Nicodemo preguntó, “¿Cómo puedo hacer esto?”. Pon atención a la respuesta de Jesús, “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”. La realidad es que el evangelio es una imagen de Dios viniendo a ti, justo donde estás, no Dios sentado diciendo: encontrémonos a medio camino. Él viene directo a donde estás en tu oscuridad y Él te ilumina con su luz. Esa realmente es una buena noticia.

Sólo piénsalo, Dios en su misericordia viene a encontrarnos, cuando no había absolutamente nada que pudiéramos hacer. Piensa en cómo esta verdad afecta radicalmente nuestra adoración. La única razón por la que cualquiera de nosotros está en el lugar donde está, es por la gracia y la misericordia del Dios Todopoderoso, y si no fuera porque Él se encuentra con nosotros, todos estaríamos espiritualmente muertos, dirigiéndonos a la oscuridad eterna. ¿Te das cuenta? Tenemos tantas razones para alabar a Dios. Ahora, piensa en la persona con el corazón más duro en tu oficina, en tu lugar de trabajo, aquella persona que se opone tanto al pensamiento de Dios. Considera a esa persona y permíteme decirte que el poder del Espíritu de Dios puede tomar ese duro corazón y transformarlo radicalmente para su gloria.

No hay una sola persona que esté más allá de los límites del poder del Espíritu de Dios. Por lo tanto, puedes ir con el evangelio a cualquier persona, aun cuando esté completamente en contra de él mismo. En el momento en que compartas el evangelio con él, el poder de Dios tomará ese Evangelio para salvación de su alma. Esto nos brinda una gran confianza. Ciertamente, ahora es importante que te preguntes ¿ha revelado Dios tu necesidad de Él? ¿Te ha traído a un lugar de total desesperación? Y es que, una vez que nos damos cuenta de nuestra necesidad, Dios cambia nuestro corazón, pero ¿cómo sucede esto?

Recuerda las palabras de Jesús en el versículo 5: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Lo que Jesús le está diciendo a Nicodemo aquí, con respecto a la imagen del agua y del Espíritu, es que necesitas que algo suceda en ti desde adentro hacia afuera. Necesitas un cambio de corazón. Ahora, quiero que pienses por un momento en la grandeza del evangelio y la salvación que estudiamos hoy. Esperamos que puedas acompañarnos en nuestro próximo tiempo juntos y profundizar en la innegable necesidad de Dios en nuestra vida. Que Dios te bendiga.

¿Qué necesitamos? Pt. 1

¿Qué necesitamos? Pt. 3