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¿Qué creemos? Pt. 4

Hola amigo oyente, que gusto poder estar junto a ti un día más. Estoy tremendamente agradecida con Dios por permitirnos ver juntos, las verdades eternas del Evangelio. En el programa anterior vimos que la única forma de apropiarnos de la imagen de Cristo como nuestro único salvador y redentor, es a través de la fe salvadora. Entonces, con respecto a eso, hoy quiero preguntarte, ¿qué hay de nuevo en esta verdad?

Pues hay tres verdades que tenemos que darnos cuenta con respecto a la fe en lo que se refiere al Evangelio:

Número uno, Dios es el dador del Evangelio. Toma tu Biblia y acompáñame al versículo 24 del capítulo 3 de Romanos, “siendo justificados gratuitamente por su gracia”, ¡qué gran frase! «gratuitamente por su gracia”. Incluso es casi repetitivo un regalo por su gracia. La palabra “gratuitamente”, literalmente significa sin precio, sin razón, sin causa, Dios no vio nada en nosotros que lo hiciera reaccionar. Al enviar a Jesús a la cruz, vino completamente por su propia iniciativa. De hecho, lo que es realmente interesante en el versículo 24, es la frase “siendo justificados”. Ahora quiero que pienses en la forma en que se conjuga el verbo. La voz activa del verbo indica que el sujeto realiza la acción, mientras que la voz pasiva indica que el sujeto recibe la acción. Por ejemplo, en la frase “me dieron este regalo” se tiene una voz pasiva, es decir, no hice nada, alguien más lo hizo. Cuando llegas al versículo 24, encuentras un verbo en voz pasiva, es decir, tú no te justificas a ti mismo; no hay absolutamente nada que puedas hacer para justificarte.

La palabra justificar literalmente significa ser declarado justo delante de Dios. ¡No hay nada que puedes hacer!, ¡nada! Dios tiene que hacer la obra, es decir, tienes que ser justificado por Él. Por ejemplo, sería como ir a un juez y decir: no te preocupes, lo tengo resuelto, siendo que el juez toma la decisión, Él es quien justifica. En nuestro caso, Dios es el que nos declara justos y Él es el dador del Evangelio. Lo que nos lleva a la segunda verdad, no sólo es el dador del Evangelio, sino que Dios es el don mismo del Evangelio.

Ahora, sumérgete conmigo, esto es magnífico, Dios es el regalo del Evangelio. Entonces, ¿Qué nos da Él en la salvación?, pues Dios nos da su justicia. El carácter de Dios domina este pasaje y lo que Él está diciendo es que se ha dado a conocer su justicia a través de la fe en Jesucristo a todos los que lo creen. Segunda a Corintios 5, 21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. Él se da a sí mismo. Dios es el regalo del Evangelio, es por eso que expresé que todos los que tienen fe en Él se reconciliarán con Dios. Aquí es hacia donde se dirige el Evangelio. Esta es la razón por la cual el Evangelio es bueno, porque volvemos a Dios; hemos sido separados de Dios, ese es nuestro problema, entonces la solución es unirnos a Él.

Estamos reconciliados con Dios, Él se nos da a sí mismo, y esto podría sonar como algo elemental, sin embargo, escucha cómo explicamos el Evangelio en nuestros días; hay predicadores que dicen a la gente: “Ven a Cristo para que puedas obtener el perdón, para que puedas ir al cielo, para obtener satisfacción, para tener éxito, para obtener una vida mejor. Ven a Cristo para que puedas obtener todas estas cosas.” Y eso suena genial ¿verdad?, sin embargo, tú no vienes a Cristo para obtener todas esas cosas, tú vienes a Él para para obtener a Dios.

El Evangelio es la imagen de Dios que se da a sí mismo, ahora, estamos unidos a Dios y, sí, todos sus beneficios son increíbles, pero no debemos olvidar que provienen de Él. Además, no podemos ser tan materialistas y egocéntricos en nuestro cristianismo para alcanzar los dones de Dios e ignorarlo a Él. ¿Hoy en día crees que es posible desear más los beneficios de Dios que a Dios mismo? Recuerda, Él es el dador, el regalo y el objetivo del Evangelio.

Por lo tanto, te pregunto ¿Por qué Jesús fue a la cruz? La respuesta inmediata que viene a tu mente puede ser “para salvarnos de nuestros pecados”, no obstante, esa no es la respuesta que se muestra en el capítulo tres de Romanos, versículos 21 al 26, leámoslo para tener esto más claro, Romanos 3:21-26 dice: “Pero ahora, aparte de la ley,  se ha manifestado la justicia de Dios,  testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él.  Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron,  y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia,  mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,  para manifestar su justicia,  a causa de haber pasado por alto,  en su paciencia,  los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia,  a fin de que él sea el justo,  y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Esto no nos dice que Jesús fue a la cruz para salvarnos de nuestros pecados.

Mira con atención, hay tres cláusulas en este pasaje para mostrarnos la razón por la cual Jesús fue a la cruz. Escucha lo que dice el versículo 25, “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia”. Entonces, ¿por qué? El pasaje es claro, para demostrar su justicia. De igual manera en el versículo 26, “con la mira de manifestar en este tiempo su justicia”, nuevamente, lo hizo para demostrar su justicia. Así que, aquí está el porqué, “a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Dios envió a Jesús a la cruz para mostrar su carácter, su gloria.

En última instancia, podemos decir que su motivo fue mostrar todos sus atributos: ira, amor, santidad, misericordia y gracia. Todos y cada uno de ellos fueron plasmados en la cruz. Por otro lado, Juan capítulo 12, verso 27 dice: “¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”. Cristo fue a la cruz para glorificar el nombre de su Padre. Entonces, ¿dónde encajamos en esta imagen? La realidad es que cuando tenemos nuestras vidas transformadas por la justicia de Dios a través de la muerte de Cristo y su resurrección, comenzamos a llevar la justicia de Dios en nuestras vidas, y, en consecuencia, Dios obtiene la gloria de nuestra salvación. Dios es el objetivo del Evangelio y esta es la razón por la cual, si degradamos el Evangelio relegándolo a un acto meramente sentimental de oración mientras que nuestras vidas se ven igual, estamos robándole la gloria a Dios.

Ciertamente, Él es el objetivo del Evangelio. Y, quiero hacer una pausa aquí por un momento, amado oyente quiero recordarte que tu eternidad se basa en este Evangelio y en tu respuesta hacia el mismo. Además, es imperante que consideres un riesgo y una realidad tras ello. En primer lugar, el riesgo latente es que puedes conocer todas estas verdades y aún no ser salvo. Existe la posibilidad de que conozcas todo acerca de Dios: Jesús, la cruz, la resurrección, en fin, todos y cada uno de los detalles de su vida, sin embargo, podrías no ser salvo. La Biblia registra que incluso los demonios saben todas estas cosas. Y déjame ser claro, no estoy tratando de complicar el evangelio de ninguna manera.

Muchos de ustedes podrán pensar, ¿no dice en las Escrituras “cree en el Señor Jesús y serás salvo”? ¡Sí!, pero es obvio que esa creencia es mucho más que un simple reconocimiento intelectual de los hechos. Hoy mismo, puedes saber todas estas cosas y todavía estar dirigido a una eternidad separado de Dios. Esto nos lleva a la realidad que debíamos considerar, nuestro destino eterno depende de una respuesta bíblica al Evangelio, y aquí es donde abordamos algunos de los métodos y tradiciones que estamos usando hoy, para describir la respuesta al Evangelio que, en realidad, no cuadra con las Escrituras.

Entonces nos preguntamos, ¿cómo obtenemos la salvación si no podemos pagarla ya que es gratis?, no podemos trabajar para conseguir la gracia. Entonces, ¿cómo obtienes la justificación? Y la respuesta no es recitar una oración, o firmar una tarjeta. Esa no es la respuesta, así no es como obtienes la justificación. La clave está en no hacer ninguna de estas cosas, sino depender del Dios Todopoderoso sin absolutamente nada en las manos. ¡Nada! Definitivamente nada a tu crédito, sin oraciones, sin trabajos, sino simple y sencillamente, a través de las manos abiertas de la fe. Así es como somos justificamos, así es cómo Él nos declara justos, no hacemos nada, todo lo recibimos de Cristo en absoluta confianza; éste es el verdadero evangelio, esta es la fe que salva. Al ver esta imagen objetiva del Evangelio, estoy convencido que incluso ahora en este momento, el Espíritu de Dios está utilizando este evangelio, con el objetivo de llevar honra y gloria a Dios.

Asimismo, quiero alentarte a que cedas por completo, deja de intentar hacer cualquier cosa, detén tu búsqueda por alcanzar lo que no puedes y permite que Él te declare justo. Echa un vistazo a lo largo de la historia del cristianismo y verás cómo hombres y mujeres lucharon día y noche en contra de su pecaminosidad, incluso Whitfield y Wesley, a quienes mencioné en programas anteriores, lo hacían constantemente. David Brainerd, destacado misionero estadounidense, iba a Dios periódicamente pidiendo gracia para finalmente darse cuenta de que todavía tenía motivos egoístas de por medio. Por su parte, William Cowper, poeta inglés, luchó contra la depresión, tratando de suicidarse en tres ocasiones diferentes. Él estaba tan abrumado por su pecado, confinado en el manicomio de San Alban hasta que encontró una Biblia ahí y llegó a Romanos capítulo tres, versículo 25, el cual dice: “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia,  a causa de haber pasado por alto,  en su paciencia,  los pecados pasados”. Escucha lo que luego escribió al respecto. Él dijo: “de inmediato recibí la fuerza para creer y los rayos del Sol de su justicia se iluminaron sobre mí y vi la suficiencia de la expiación que Él había hecho por mí. Pude ver mi perdón sellado en su sangre y toda la plenitud e integridad de su justificación. Fue en ese preciso momento que creí, y recibí el Evangelio”. Unos cuantos años más tarde, Cowper escribió “Hay una fuente llena de sangre extraída de las venas de Emanuel y los pecadores sumergidos bajo ella pierden todas sus manchas de culpabilidad. El ladrón moribundo se regocija al ver esa fuente. Por la fe vi esta corriente que fluía por sus heridas, el suministro del amor redentor ha sido mi tema y lo será hasta que muera…”

Ahora, escucha la historia de un amigo. El año pasado parecía estar saludable por todos lados, sólo para descubrir más tarde que tenía cáncer de pulmón. Me senté con John hace un par de semanas, él me miró y me dijo: “David, he descubierto que la religión es hueca, solía estar satisfecho con mi actividad religiosa superficial, pero entiendo que esto no me ayudará a superar el cáncer. Solamente una relación con Cristo lo hará”. Ayer, John dio su último aliento de vida e inmediatamente se encontró en la presencia de Dios. Puedo imaginar ese maravilloso momento, cuando Dios el Juez Supremo lo miró y le dijo: “John, ¿con qué derecho estás frente a mí ahora?” A lo que John respondió: “No tengo nada. Absolutamente nada más que la justicia de Cristo”. Finalmente, Dios le dijo: “Bienvenido”. Querido oyente, ¡éste es el evangelio!

Por favor, permíteme preguntarte, ¿conoces en verdad el Evangelio? ¿has respondido bíblicamente a él? Quiero instarte a rendir tu corazón a Dios, deja tu orgullo de lado y clama para que Él te salve de tus pecados por la obra de Cristo en la cruz. Clama con fervor para que Él te declare justo. Dios tiene la justicia. Este es el evangelio por el sacrificio de Jesucristo. ¡Ya no eres culpable, nunca más! Que Dios te bendiga.

¿Qué creemos? Parte 3

¿Qué necesitamos? Pt. 1