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¿Qué creemos? Parte 3

¿Cómo es posible ser justo y misericordioso con personas pecadoras y rebeldes? Permíteme mostrarte un versículo que probablemente no hayas subrayado en tu Biblia y te animo a hacerlo, proverbios capítulo 17, versículo 15. Quiero subrayar este versículo porque nos muestra la tensión que el Evangelio está abordando entre la justicia y la misericordia. Escucha lo que dice Proverbios capítulo 17, versículo 15: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová”. ¿Lo entendiste? El Señor detesta eximir al culpable. Algunas de las traducciones dicen “el que justifica al malvado y el que condena al justo. Ambos son una abominación para el Señor”. Justificar al culpable es una abominación para el Señor.

Ahora, ¿qué está pasando en la salvación? Dios está justificando a los malvados, ¿verdad? Dios está absolviendo a los culpables. Bueno, ¿cómo puede Dios hacer eso cuando eso es una abominación para Él? ¿Ves la tensión aquí?, ¿cómo puede Dios ser justo hacia los culpables y malvados?, ¿cómo puede honrar todos sus atributos?, ¿cómo puede poner en obra su amor y su ira, su santidad y su misericordia, su justicia y su gracia a la vez?, ¿cómo pueden trabajar al mismo tiempo cuando dijo que es una abominación justificar a los malvados? Esta es la tensión que existe en el Evangelio.

Romanos 3 del 21 al 26 está tratando de darnos una idea de esta cuestión ¿cómo puede Dios ser amable con los pecadores rebeldes?, ¿cómo puede Dios ser misericordioso con los pecadores? No obstante, puedes pensar que ese no es un problema. Lo que quiero decir es, piénsalo por un segundo. ¿Cuántas personas hoy realmente están perdiendo el sueño por las noches al cuestionarse sobre cómo Dios puede ser misericordioso con los malvados? No perdemos el sueño por eso ¿verdad?, en cambio, señalamos con el dedo a Dios y decimos, Dios, ¿cómo puedes castigar al hombre?, ¿cómo puedes dejar que la gente vaya al infierno? Esa es nuestra preocupación y la razón es porque tenemos una cosmovisión tan centrada en el hombre que no nos preocupa en absoluto la gloria y el carácter de Dios. Cabe resaltar que, la Biblia destaca el carácter de Dios. Nosotros no nos preguntamos ¿cómo puede Dios en su justicia mostrar bondad hacia los pecadores?

En su lugar, preguntamos, ¿cómo puede Dios permitir que la gente vaya al infierno? La Biblia hace la pregunta, “Dios, ¿cómo puedes permitir que los rebeldes entren al cielo?”, “¿Cómo puedes dejar que los que menospreciaron tu gloria entren al cielo?”. Esta es la tensión del Evangelio, te das cuenta que el perdón de Dios hacia nosotros es una amenaza a su carácter. Romanos 3, 25 dice que Él en su tolerancia dejó pasar por alto los pecados cometidos de antemano sin castigo. ¿Te das cuenta de ello?

Bien, vamos a hablar de cómo hasta este punto, Dios no ha ejecutado su pleno juicio e ira sobre el pecado. Déjame darte una ilustración, regresa en las Escrituras al segundo libro de Samuel, capítulo 12. Aquí, David es confrontado por Natán por haber cometido adulterio con Betsabé y luego haber asesinado a su esposo. Natán se enfrenta a David y le dice “David, has despreciado a Dios”. David mira hacia atrás y dice: “He pecado contra el Señor” y Natán responde, “el Señor ha remitido tu pecado”. El asesinato y el adulterio fueron pasados por alto. ¿Es esto justo o correcto? Cualquier juez en nuestra tierra jamás lo pasaría por alto porque no es justo, ni correcto. Este es el dilema planteado por el Evangelio.

¿Cómo puede Dios ser justo y misericordioso a la vez? La verdad es que el misericordioso y justo Dios del universo miró a la gente rebelde, irremediablemente pecadora, y envió a su hijo Jesucristo, a Dios en carne para soportar su ira en la cruz y mostrar su poder en la resurrección. Queridos oyentes, aquí está la salida al dilema, Jesús es la única respuesta a esta tensión. Nos hemos rebelado contra Dios, estamos separados y muertos sin Él, entonces, Jesús entra en escena y ¿qué hace? Bueno, en primer lugar, su vida muestra la justicia de Dios. El problema en Romanos 3 es que hemos violado la ley y necesitamos a alguien que no la haya quebrantado; es así que Jesús entra en escena. Él es Dios en la carne, completamente hombre y totalmente Dios, no obstante, hoy en día casi nunca escucharán mencionar la humanidad y la Deidad de Cristo, ¿acaso hemos olvidado cuán grande es esta verdad? No olvides que Jesús es completamente humano, Él no podría identificarse con nosotros si no fuera así. Él es Dios, el único capaz de soportar el peso divino del pecado, completamente humano y totalmente Dios, sin embargo, trágicamente puedes preguntar a muchos que profesan ser cristianos, “muéstrame en las Escrituras ¿dónde dice que Jesús es Dios?”, y en ese momento muchos empezaran a juguetear sin saber a dónde ir. Este es el evangelio, Dios se hizo hombre en Jesucristo y su misma vida muestra el carácter de Dios. Esta doctrina de humanidad y deidad de Cristo separa al cristianismo como el verdadero Evangelio.

Segundo, ¿cómo vio Jesús esta tensión? Y aquí es donde llegamos a la cúspide del Evangelio, la muerte de Jesús satisfizo la ira de Dios. Pablo dice en el versículo 20, Dios presentó a Jesús como un sacrificio de expiación. ¡Esta es una frase increíble! Algunas traducciones dicen que Dios lo presentó como propiciación por nuestros pecados. La palabra literalmente significa que Dios lo presentó como alguien que alejaría la ira de Dios, perdonándonos de nuestra sentencia. Esta es una imagen fascinante de lo que sucedió en la cruz. Ahora, podrías pensar, bueno, ¿qué quieres decir con que la muerte de Jesús satisfizo la ira de Dios? ¿Cómo puede la muerte de Jesús en una cruz de madera pagar realmente el precio por la salvación de todos?

Bien, ahora quiero que me prestes mucha atención, no pierdas ninguna de las palabras que estoy por decir. Sólo quédate conmigo y analiza lo que voy a decir. No somos salvos de nuestros pecados porque Jesús fue falsamente acusado por los hombres y sentenciado a muerte en una cruz. No nos salvamos de nuestros pecados porque los perseguidores romanos le clavaron clavos en las manos y en los pies. ¿De verdad crees que el falso juicio de los hombres sobre Jesús sería suficiente para pagar toda nuestra deuda de pecado? ¿En realidad crees que luego de haberle puesto clavos en sus manos y pies fue suficiente para pagar nuestra deuda de pecado? Todas estas cosas que los predicadores enaltecen cuando se trata de la crucifixión, la corona de espinas en su cabeza, la lanza clavada en su costado. Todas estas imágenes que vemos en la pasión de Cristo, ¿realmente crees que pagarán nuestra deuda eterna? ¿De verdad crees que esta es la razón por la cual Jesús estaba angustiando en el huerto de Getsemaní? ¿Crees que lo que le atemorizó hasta el punto de sudar sangre fue el miedo a la crucifixión o la cruz romana?

Por favor, considera esto, en la historia del cristianismo se registran innumerables millones de personas que han muerto; muchos de ellos, no sólo fueron crucificados en el primer siglo, sino que luego fueron quemados, sus cuerpos fueron convertidos en lámparas. Muchos de ellos incluso se dirigieron hacia esa cruz cantando. Este es el testimonio de innumerables cristianos a lo largo de la historia. Un cristiano en India fue literalmente despellejado vivo y luego degollado, y mientras lo hacían, él agradecía por ello a sus agresores. Él decía: “Arranca mi vieja prenda. Pronto seré vestido con la ropa de la justicia de Cristo”. Y su esposa escribió, “te separaron de tu cabeza física, pero jamás podrán separarte de tu cabeza espiritual”.

¿Realmente piensas que estos hombres y mujeres en el pasado tuvieron más valor que Cristo? Ese día, Jesús estuvo encogido en el jardín y sudando sangre y quiero que escuches lo que Jesús dice allí, Él dice: “pasa de mí esta copa”, querido oyente, esa no es una referencia a la cruz romana. Por favor, mira a lo largo del Antiguo Testamento, en el capítulo 51 de Isaías, y verás que esa es la copa de la ira de Dios. Jeremías capítulo 25, versículo 15, dice: “Porque así me dijo Jehová Dios de Israel: Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y da a beber de él a todas las naciones a las cuales yo te envío”. Apocalipsis capítulo 16, versículo 19, dice: “Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios,  para darle el cáliz del vino del ardor de su ira”. ¿Lo ves? En todas las Escrituras, la copa es una imagen llena hasta el borde con la ira de Dios para beber.

Mira, la realidad es que lo sucedido en la cruz, no se trató tanto de los clavos en las manos y pies de Cristo, sino más bien de nuestros pecados siendo echados sobre el Hijo de Dios. Todos nuestros pecados transmitidos directamente sobre el hijo de Dios, la ira santa y justa del Padre hacia el pecado, esto fue lo que sucedió en aquella cruz.

No quiero minimizar ni desmerecer el sufrimiento físico implícito allí, pero la esencia de la cruz es que Cristo tomó la ira del Dios Todopoderoso. Algunos predicadores dicen que Dios desde el cielo bajó la mirada porque no podía soportar ver el sufrimiento infligido a su Hijo por los soldados. No es por eso que se ve la oscuridad en la cruz sino porque Dios no podía ver tu pecado en Su Hijo. Un predicador lo describió de esta manera, es como si estuvieras parado frente a una presa de agua de 10,000 km de alto por 10,000 km de ancho llena hasta el borde y de repente en un instante la pared de esa represa es quitada y toda el agua comienza a dirigirse hacia ti. Estás parado a 100 metros de distancia, mientras el agua está por alcanzarte, de repente en el suelo justo frente a ti se abre una abertura y se traga cada gota de agua.

El Evangelio es una imagen de Jesucristo, tomando la copa llena de la ira de Dios y bebiendo cada gota de ella, y cuando terminó la última gota, le dio la vuelta al vaso y dijo: «Consumado es», está terminado. Mi muerte ha satisfecho la ira de Dios. ¡Qué maravilla! Este es el evangelio; Jesús presentándose a sí mismo como un sacrificio de expiación y alabanza a Dios. Su vida muestra la justicia de Dios en su muerte, por otro lado, su resurrección demostró su poder en la cruz. Jesucristo llevó nuestros pecados sobre sí mismo honrando la justicia de Dios y, en la resurrección Dios reivindicó a su Hijo, mostrándole victorioso sobre la muerte, el pecado y la tumba. Este es el evangelio, la vida, la muerte, la resurrección de Jesucristo en respuesta al conflicto entre un Dios santo y un hombre pecador. Esto nos conduce a la siguiente frase del evangelio bíblico, “el Justo y misericordioso Dios del universo miró a la gente pecaminosa y envió a su hijo Jesucristo, a Dios en carne para cargar sobre Él su ira contra el pecado en la cruz y mostrar su poder en la resurrección, de manera que todos los que tienen fe en Él se reconcilien con el Padre”.

Romanos capítulo 3, versículos del 24 al 25 dice: “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. Versículo 26: “con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Ahora, aquí llegamos al elemento subjetivo del Evangelio, es decir, ¿cómo podemos apropiarnos de esta imagen de Cristo? La respuesta es a través de la fe, Romanos 3, verso 27 dice: “¿Dónde, pues, está la jactancia?  Queda excluida.  ¿Por cuál ley?  ¿Por la de las obras?  No, sino por la ley de la fe.” La única forma en que podemos apropiarnos de esta imagen de Cristo es a través de la fe y en los próximos programas vamos a analizar todo lo que involucra esta fe salvadora. Así que, te invito a que nos acompañes a nuestro próximo tiempo juntos para descubrir las verdades eternas de la Palabra del Señor. Que Dios te bendiga.

¿Qué creemos? Pt. 2

¿Qué creemos? Pt. 4