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La pecaminosidad del hombre Pt. 2

Bienvenidos a un nuevo programa, les recuerdo que continuamos con la serie llamada Hilos donde te animamos a tejer el evangelio intencionalmente en medio de nuestras conversaciones cotidianas con los que nos rodean y específicamente con las personas que no conocen a Cristo.

Si es la primera vez que nos estás sintonizando, te cuento que el propósito de esta serie de programas refleja el amor y la fe por Jesús, ya que el murió en una cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día para que toda persona que crea en él tenga vida eterna.

Ahora, ¿recuerdas que en el programa anterior vimos que cada uno de nosotros fue creado por Dios, pero todos somos corrompidos por el pecado? Entonces ante esa verdad surge una pregunta: ¿quién soy? Y eso es precisamente de lo que queremos hablarles el día de hoy. Ahora, no quiero que respondas según lo que piensas, más bien quiero invitarte a pensar sobre: ¿qué dice el evangelio acerca de quiénes somos y sobre lo mal que está el mundo? Cualquier persona razonable puede mirar a su alrededor y darse cuenta de que las cosas no son como se supone que deben ser, independiente de las religiones o creencias que tenga.

La humanidad en esta declaración fue creada por Dios, pero todos estamos corrompidos por el pecado. A pesar de que fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza. El ser humano tiene la capacidad de elección moral, tiene una conciencia por la cual discierne el bien y el mal, tiene la capacidad para el trabajo duro y también para la creatividad artística. Somos innovadores, somos imaginativos, creamos, construimos, soñamos, bailamos, hacemos música, nos relacionamos unos con otros, en fin, estas capacidades únicas nos separan de todo lo demás en la creación y en medio de todo esto tenemos la capacidad para el mal. Sí, podemos pensar, elegir, crear y amar, pero también podemos odiar, codiciar, luchar y matar. John Stott, pastor anglicano, dijo que los seres humanos son inventores de hospitales para el cuidado de los enfermos y de las universidades para la adquisición de sabiduría, pero también han inventado cámaras de tortura y campos de concentración.

Esta es la paradoja de nuestra humanidad, somos nobles e innobles, racionales e irracionales, morales e inmorales, creativos y destructivos, amorosos y egoístas, divinos y de acero, y eso es verdad para todos nosotros, y esta es la clave. Entonces, ¿cómo discernimos la solución a ese problema?, ¿cómo identificamos lo que más necesitamos? Para responder, vamos a la palabra de Dios, allí entendemos que la condición humana está corrompida por el pecado, pero, ¿qué significa eso? Bueno, primero significa que nos hemos rebelado contra Dios y quiero que escuches lo que dice Romanos capítulo tres, versículo 12: “todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Si reparamos en ello, sabemos que es una acusación punzante a la humanidad. Algunos dirían una acusación injusta. Bueno, la clave para entender lo que eso significa al final del versículo se remonta al comienzo del versículo que todos se han desviado, y aquí es donde nos damos cuenta de lo que significa que nadie hace el bien. Significa que nadie ha glorificado a Dios como Dios y además que nos hemos rebelado contra Él. Esta es la imagen del pecado desde el comienzo de la Biblia. En el capítulo tres de Génesis, Adán y Eva pecaron por no hacer la voluntad de Dios y así somos todos porque buscamos hacer lo que queremos. Pero Dios es quien llama a la nubes y tormentas y vienen, el que manda al viento y obedece, es quien dice a las montañas que se muevan y lo hacen, en fin, entiendes que casi toda la creación obedece a su creador, menos nosotros, que somos tan descarados para decirle a Dios: no a su voluntad y elegir el pecado.

Esta es nuestra realidad, que nos hemos alejado de Dios esta es la esencia del pecado. El orden en nuestra vida debería ser que lo primero fuese Dios y después lo demás; sin embargo, muchas veces él se encuentra en el último lugar. Todos nos hemos apartado de los caminos de Dios hacia nuestros propios caminos, hemos abandonado la adoración de Dios por nuestra propia adoración. Somos tan egocéntricos, que todo gira alrededor de nuestra vida, de nuestros deseos, de la autoestima, auto confianza, auto publicidad, auto gratificación, auto glorificación, auto compasión incluso los auto aplausos. Esto se manifiesta de muchas maneras, pero quiero señalar dos formas generales de nuestra rebelión contra Dios; primero, nuestra rebelión contra Dios a menudo se manifiesta en auto complacencia y esto es lo que llamaré irreligioso.

Muchas personas se rebelan contra Dios viviendo la vida, como lo deseen de acuerdo con sus propias reglas, el deleite en un sentido, en romper todas las reglas, hacer lo que quieran, complacer cualquier placer, cualquier actividad, cualquier cosa, lo que desee nuestro corazón. Esto se evidencia de formas diferentes, particularmente en una cultura rica como la nuestra, pero además hay una expresión igualmente pecaminosa, tal vez más peligrosa que nuestra rebelión contra Dios a la cual se le ha designado como religiosas, ya sea en el cristianismo o en otras religiones. Estas son las personas que intentan hacer lo que Dios quiere; luchan por el bien, luchan para que Dios mantenga todas las reglas. Muchos cristianos profesantes viven toda su vida, creyendo que si viven moralmente, entonces Dios los bendecirá y los salvará. Sí oran, leen la Biblia, adoran, entonces, creen que serán salvos y no es que eso este mal, lo malo es que intentan alcanzar la salvación por su propia cuenta cuando sabemos que esta la recibimos por gracia, como un regalo maravilloso. Puede que te identifiques con alguno de ellos.

El problema central en todas nuestras vidas, ya sea que nos guste romper las reglas o tratemos de mantener las reglas, es que se trata de nosotros. Nos hemos apartado de Dios pensando que sería bueno el querer auto-complacernos o  auto-justificarnos, porque creemos que nos llevaría a la libertad. Así que, escuchemos lo que el Señor dijo en Juan capítulo 8, versículo 34: “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”, además en la carta a los Romanos habla acerca de cómo, aparte de Cristo, éramos esclavos de la impureza y la anarquía. Somos esclavos de esta rebelión en nosotros y tiene sentido cuando lo piensas.

Muy bien, veamos un ejemplo de esto: un esclavo alcohólico. El alcohólico comienza a beber, pensando que este es el camino a la libertad y la satisfacción, pero antes de que lo sepan, le conduce a la ruina. Para algunos puede ser enojo, para otros puede ser el esfuerzo de escalar para tener las posesiones más agradables, para experimentar los mayores lujos, y en ello creen que son libres. Aquí es donde finalmente creemos alcanzar la felicidad por tal o cual logro alcanzado, pero de lo que no nos damos cuenta es que estamos cegados en nuestra propia esclavitud. Buscamos conseguir la felicidad en las fuentes equivocadas como la bebida, la lujuria, el dinero o en un sinfín de cosas. El Ego, nunca será consentido lo suficiente, la ira nunca se pacificará lo suficiente, y todas nuestras búsquedas de alegría y libertad son solo síntomas de una esclavitud más profunda en la que nos rebelamos contra el único que es verdaderamente capaz de satisfacer nuestras almas. Ahora hay algo un poco más peligroso, varios de nosotros pensamos que somos inmunes a estas cosas y esto es aún más vicioso, porque cuando se trata de auto justicia porque solemos convencernos a nosotros mismos de que si oramos lo suficiente, adoramos lo suficiente y hacemos cosas buenas lo suficientemente bien, vamos a ser justificados del mal.

Y la segunda parte de este hilo es que no importa cuánto bien hagamos, porque la realidad es que nuestra rebelión contra Dios es eminente y estamos separados de él. El capítulo 3 de Romanos, versículo 23 dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Así que este es el punto, nuestra separación de Dios debido a nuestro pecado. Con esto recordamos: primero que el carácter de Dios es santo, perfecto, puro y bueno; segundo, nosotros nos hemos rebelado contra él y tercero que estamos separados de él. A través de la palabra de Dios sabemos que la condición humana es mala, sólo piensa en los efectos del pecado en nuestras vidas, las formas variadas en que el pecado nos ha separado de Dios.

Ahora, demos una mirada hacia atrás, vamos a Génesis 3, cuando a través de Adán y Eva el pecado entro en el mundo. Leamos Génesis 3:6, esto dice: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?”

Una de sus reacciones fue la culpa; la Biblia dice que se dieron cuenta de que estaban desnudos, quiere decir que hubo una pérdida inmediata de la inocencia. La culpa es una emoción universal que todos hemos experimentado sabiendo lo correcto y lo incorrecto, y sabiendo que somos culpables del mal en nuestras vidas. Ahora, hay algunas personas que intentaron negar que existe el bien y el mal, pero incluso ellos están atrapados por la conciencia que Dios ha escrito en sus corazones y mentes. Ellos se propusieron demostrar que no existe el bien y el mal, que toda la ética es relativa y arbitraria, pero terminan diciendo que es correcto que tú estés de acuerdo con ellos en lo incorrecto.

Todos sienten que deben hacer ciertas cosas y no otras, y al no hacer lo que deberíamos sentimos culpabilidad. El mundo nos hizo ponernos a nosotros mismos expectativas poco realistas sobre nosotros mismos, porque inevitablemente fallamos y hacemos mal, pero si reduces tus expectativas, disminuirás el nivel de culpa. Te dicen, que puedes resolver tu problema de culpabilidad si dejas de vivir en épocas oscuras y éticas, así que la codicia no es algo malo porque hace parte de la ambición. El exaltarse es el camino al éxito, así que no se sienta mal por eso. Por último, es natural para hombres y mujeres que el sexo se dé independiente del matrimonio y la lista sigue y sigue. Solucionamos nuestro problema de culpa redefiniendo lo que está bien y lo que está mal. Pero aun cuando hay formas físicas, al usar alcohol o drogas para escapar de nuestra culpa.

El Evangelio, el Poder de Dios y el Sufrimiento Pt. 1

El Evangelio, el Poder de Dios y el Sufrimiento Pt. 2