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Conociendo la Generosidad 1

 

Nuestro Dios es un Dios generoso y cuando entendemos su generosidad para con nosotros, entonces podemos comenzar a ser generosos con los demás; no se trata de la cantidad, se trata de la actitud.

 Nos ahogamos en el favor de Dios, su perdón, su amor y su gracia ¿Cómo podríamos quedarnos pasivos en este mundo árido que se muere de sed? Hoy, comienza esta serie donde analizaremos el valor de la generosidad y qué es lo que podemos hacer hoy para vislumbrar un mejor mañana.

Pero antes, permíteme hablarte sobre nuestra oferta especial para esta serie, todos nuestros textos y audios en nuestro sitio web, ahora, aquí está un nuevo programa de “La Biblia Dice” con el mensaje de hoy: “Conociendo la Generosidad”

Somos un pueblo que ama a Dios, honramos su nombre, confiamos en Él y sabemos que lo que dice Dios se cumple, también sabemos que podemos ser sus manos y sus pies, ese es el propósito de esta serie, a la que hemos llamado: “Generosidad” Nosotros debemos convertirnos en las manos y en los pies de Dios.

Así que, durante esta serie, queremos hablar sobre la generosidad. Hoy queremos empezar hablando de la generosidad de Dios, solo algunos conocen lo profundo que puede ser esto. Queremos hablar de cómo Dios es generoso con nosotros y generoso con los demás, queremos hablar de muchos aspectos de la generosidad, queremos planificar ser generosos, no sólo durante la época de Navidad, sino a lo largo de todo el año, queremos hablar de la generosidad perdurable, porque esto no es algo que se hace de un momento a otro, nuestra generosidad debe ser algo constante.

Durante esta época navideña queremos concentrarnos en la generosidad, es decir en esta temporada de navidad queremos concentrarnos más en dar que en recibir. Toma tu Biblia y vamos al libro de Mateo capítulo 20.

Quiero leer una parábola que Jesús dijo en respuesta a algunas personas que estaban murmurando y cuestionando su amor, y su interacción con la gente. Jesús cuenta la historia en Mateo capítulo 20, veamos el versículo 1: “Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña” (Mateo 20:1-2)

En el tiempo de Jesús, un día de trabajo era de 12 horas. Así es como el hacendado se levantó temprano y encontró gente dispuesta para trabajar, podían haber sido las 6 de la mañana, así que, estos trabajadores iban a laborar hasta las 6 de la tarde de ese día. Al final del día, el hacendado pagaba a sus trabajadores, con esto, ellos podían ir a su casa y comprar el alimento diario; el pago por el día de trabajo era de un denario, ésta era una cantidad muy importante, ya que un soldado Romano, cobraba esa cantidad por un día de trabajo, recuerden que un día de trabajo, constaba de 12 horas. Ahora mira los versículos 3 y 4: “Saliendo cerca de la hora tercera del día, [que serían las 9 de la mañana] vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo” El hacendado acaba de decir que les va a pagar lo que es correcto, ellos no tienen mucho que discutir ya que estaban sin hacer nada.

Mira el verso 5: “Salió otra vez cerca de las horas sexta [medio día] y novena, [tres de la tarde] e hizo lo mismo” ahora mira el verso 6, “Y saliendo cerca de la hora undécima, [5 de la tarde] halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado; él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; [seria lo correcto ¿verdad?] pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia” (Mateo 20:6-11)

La palabra griega “mourmourízontas” significa: “quejarse en voz baja” ellos no estaban de acuerdo con el hacendado. El caso, es que estos hombres que fueron contratados temprano no estaban muy contentos con el hacendado, pues les pagaron lo mismo que les habían pagado a aquellos que habían trabajado sólo una hora en el día y reclamaban el hecho de que ellos soportaron el peso del trabajo y el calor de todo el día.

Mira el verso 13: “Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?” ¿Tienes envida porque soy generoso?

Ahora, ¿Por qué contaría Cristo esta parábola? ¿Cuál era el punto que Él quería enfatizar? Regresemos hasta el versículo 1: “Porque el reino de los cielos es semejante” Las cosas de Dios son así, esto es lo que quería enseñarles Jesús, el pago final, no se basa en cuan duro trabajas, cuanto trabajas o qué tan bien trabajas; el hacendado, en este sentido, es como Dios, es generoso, de hecho, es tan generoso con los que llegan al final como con los que están desde el principio, así como con el ladrón sobre la cruz.

Quiero decirles algo a aquellos que han trabajado para Dios durante toda su vida, esto es lo que llamamos gracia, favor inmerecido, parece injusto para la mente humana, pero en la mente de Dios tiene sentido, todo tiene que ver con la gracia. Podemos haber trabajado toda nuestra vida intentando llegar al cielo, o podemos ser como el ladrón en la cruz diciendo sencillamente: “Yo creo que tú eres el Cristo” muchos pueden estar pensando: “No puedes comparar 70 años de buen trabajo para Dios con 10 minutos de arrepentimiento”, Bueno, todo tiene que ver con la gracia, el punto de hoy es muy simple, Dios es generoso con sus hijos.

Quiero que al terminar este mensaje sepas una cosa: Dios es generoso, Dios es un Dios de Gracia, Dios es un Dios generoso con sus hijos. Ahora, podemos hablar también de ese Dios generoso con nosotros, y ya que Dios es generoso con nosotros, nosotros tenemos que ser generosos con los demás; deseo que tengas esta verdad grabada en tu corazón, “Dios es generoso con nosotros”. Permíteme leer algunos pasajes al respecto: comencemos con 1 de Juan capítulo 3 verso 1, dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” y eso es lo que somos, sus hijos, Dios ha derramado sobre nosotros su abundante amor, su extravagante amor, esta palabra “extravagante” significa: “desbordante”, “más allá de lo que podemos entender”

Dios en su gracia y misericordia nos ha colmado de amor, Él es un Dios generoso con sus hijos y nosotros somos sus hijos. Quiero avanzar con el mensaje y quiero hablar de tres puntos, acerca de lo que pensamos sobre el amor de Dios para con nosotros. Lo primero es esto: Dios nos colma de su amor en lo que se refiere al pago por el pecado, mira el salmo 49, verso 7, “Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar a Dios su rescate” El rescate de una vida es costoso, el pago no es suficiente, no puedes morir por mí y yo no puedo morir por ti ¿Por qué? Porque somos pecadores, mi muerte no haría nada en beneficio de tu eternidad y tu muerte no significaría nada en beneficio de mi eternidad. Yo podría decir: “Dios, quiero morir por alguna persona en particular” pero yo soy un pecador, mi muerte no significa nada.

Así que Dios, porque es un Dios generoso, en su amor infinito, envío a su hijo Jesucristo. Durante esta navidad no permitas que todo termine sólo con la entrega de regalos y todas las cosas materiales, entendamos que hemos recibido el generoso regalo de Jesucristo que Él derrama sobre nosotros, 1 de Pedro lo dice de esta manera: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19).

Hazte la siguiente pregunta ¿Eres cristiano? ¿Eres un hijo de Dios? Si es así, entonces te puedo decir que, efectivamente has recibido la generosidad de Dios en tu vida, Él ha realizado el pago por tu pecado, este es un generoso regalo, es un regalo extravagante, solamente le costó a Dios, su propio Hijo. Dios es generoso en lo que se refiere al pago por el pecado.

En segundo lugar: Dios es generoso con su amor, Efesios capítulo 3 versículos del 16 al 18 dicen: “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; [por el Espíritu Santo en nosotros] para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” Pablo está diciendo: “amados hermanos, Dios es generoso con su amor, esto es algo que deben entender en su corazón y en su mente y solo Dios puede hacerles comprender” “cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” de su amor”, Dios es generoso con su amor.

Yo crecí en una iglesia, estaba en la iglesia todo el tiempo, me convertí al cristianismo cuando tenía 11 años, esta era una iglesia saludable, pero también era una iglesia en donde había cierta teología que decía que no podemos estar seguros de ser o no hijos de Dios, tú podrías ser un hijo de Dios por un día pero a causa del pecado dejar de ser un hijo de Dios al siguiente día, podías ser hijo de Dios en la mañana y en la noche, a causa del pecado, dejar de serlo. Viví así, durante unos 10 o 15 años de mi vida cristiana, tengo que decirte que mi vida era miserable, porque yo sabía que en algún momento iba a pecar, y honestamente mi vida se convirtió casi en una lotería, simplemente esperaba no morir cuando estaba pecando.

Yo esperaba que Jesús no regresara durante uno de esos tiempos de pecado y tuve muchos de esos días, tenía esta imagen de Dios, yo sabía que Él era amoroso, pero era sólo un niño y no entendía que era su hijo, ésta fue una manera muy difícil de vivir. Nunca olvidaré, un caluroso día en Dallas, después de una de mis primeras clases del Seminario, cuando yo estaba en el estacionamiento, después de oír algo en una de mis clases comencé a comprender cuál era la longitud, la profundidad, la altura y la anchura del amor de Dios, me di cuenta, en esa clase, y en algunas otras enseñanzas, como Dios estaba trabajando en mi corazón; entendí que yo era su hijo y sería su hijo para siempre, me di cuenta de su profundo amor, de ese amor extravagante, ese amor que pagó el precio por mis pecados, ese amor que me convierte en su hijo, sí, es cierto, muchas veces yo había deseado pecar, pero siempre he sido el hijo de mi padre y de mi madre, incluso cuando yo los he desobedecido, y ahora, sé que siempre seré el hijo de mi Padre celestial, incluso cuando yo le desobedezco.

Tengo que decirte que ese día caluroso en ese estacionamiento, sentí como una carga que se levantaba de mis hombros, me di cuenta de que para siempre iba a ser un hijo de Dios. Después de un tiempo, encontré un pasaje en las escrituras, un pasaje qué ha significado mucho para mí, está en el libro de Romanos capítulo 8 versos del 31 al 38, Pablo dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:35 y 37) y luego dice: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38 y 39).

¿Sabes lo que Pablo está diciendo en este pasaje? Pablo está diciendo que Dios te ama con un amor extravagante, con un amor generoso, que no hay nada que tú puedas hacer para que Él te amé más y no hay nada que tú puedas hacer para que Él deje de amarte. Ahora, yo sé que este es un concepto radical ¿verdad? En este mundo hemos aprendido que tenemos que ganarnos algunas cosas, podemos tener un amigo un día y decir o hacer algo para que ya no sea nuestro amigo, pero con Dios no es así, este es un amor perfecto, un amor incondicional, un amor extravagante que Él regala a sus hijos. Espero que éste sea tu día, le pido a Dios que puedas darte cuenta de que, si confías en Jesucristo como tú Señor y Salvador, tú puedes ser un hijo de Dios y puedes serlo para siempre. Quiero que comprendas este gran amor

En tercer lugar: Dios es generoso con su perdón. Aunque somos hijos de Dios vamos a pecar nuevamente, pero la relación con Dios no se corta, al igual que en una familia, cuando un niño está desorientado y desobedece, ciertamente la comunicación se rompe, pero este niño no deja de ser hijo, y sabemos que como cristianos, cuando pecamos tenemos ese peso encima, algunos pueden haber tenido una gran carga de pecado, estar abrumados por la culpabilidad de su pecado, pero quiero recordarles que servimos a un Dios que es generoso con su perdón.

Ahora veamos lo que un hijo de Dios dice, David dijo esto en el salmo 32: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano” (Salmo 32:3-4) David está hablando de vivir con un pecado sin confesar, él está hablando sobre la culpa del pecado y dice que siente como que su cuerpo entero está desvaneciéndose, “parece que tengo una pesada mano sobre mí, siento que mi fuerza se ha debilitado, desearía estar trabajando en el calor del día”, algunos de ustedes pueden relacionarse con eso, saben lo que es vivir con la culpa abrumadora del pecado.

Pero ahora, quiero decirte que no tienes que hacerlo, no tienes que vivir con culpa, mira el versículo 5: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad, Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” Hoy puedes encontrar el perdón para tus pecados, el salmo 103 dice: “El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila. Jehová es el que hace justicia Y derecho a todos los que padecen violencia. Sus caminos notificó a Moisés, Y a los hijos de Israel sus obras. Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103:5-12) Este es un gran recordatorio, tenemos un Dios generoso con el perdón, Dios es un Dios supremamente generoso y cuando entendemos su generosidad para con nosotros entonces podemos ser generosos con los demás.

San Agustín dice: “El hombre tiene hambre por dentro, el hombre tiene hambre de Dios, el ser humano tiene hambre y sed de Dios y sólo Dios puede satisfacer el hambre a través de Jesucristo; el bebé en el pesebre se convirtió en El Salvador en la cruz y en el Señor resucitado” Ese es el mensaje de la Navidad, Jesucristo ha llegado a este mundo y Él es el Salvador, Él es Cristo nuestro Señor, ese es el mensaje que queremos compartir no sólo durante esta temporada navideña sino durante todo el año.

¿Sabes?, cuando reflexiono sobre las bendiciones de Dios durante este año, me siento honrado por el impacto que “La Biblia Dice” está teniendo en los corazones de los oyentes, esto reafirma de verdad lo que dice su palabra, Dios nunca falla, Dios puede transformar nuestras vidas. Cada día recibimos muchos testimonios como estos, aquí tenemos alguien en África que dice: “Me siento muy inspirado cuando escucho la prédica y la enseñanza de la Biblia, el mensaje que escucho es impresionante, sigan adelante con su trabajo” También tengo este alentador correo electrónico que dice: “Puedo escuchar el programa cada mañana y me voy a trabajar con un corazón en paz, trabajo en la construcción de ferrocarriles y es un trabajo muy duro, pero cuando escucho el programa, Jesús me dá la fuerza que necesito” Esta clase de testimonios son los que nos motivan para continuar en la difusión de este programa, pero sé que no seríamos capaces de tener este tipo de influencia transformadora en los corazones de la gente sin ustedes, su colaboración para este ministerio hace que el trabajo sea posible y hace que podamos marcar una diferencia en tantas vidas. Hay muchas personas que sufren, hay muchos que están pasando por importantes momentos de alegría y también por momentos de tristeza, tanto el discípulo maduro, como el discípulo que apenas está comenzando, todos estamos juntos en esto, así que voy a pedirles que se unan a mí de una manera muy práctica. Tenemos muchos testimonios como los que acabamos de escuchar y tenemos la meta de llegar a los 100.000 oyentes, esto es un gran desafío y ahora quiero hacerte una invitación para que tú puedas dar, así que te invito a que vayas ahora mismo a nuestro sitio web y puedas ofrecernos una ayuda económica, ¡Gracias por tu aporte! ¡Gracias por tus oraciones! y muchas gracias por acompañarnos aquí en “La Biblia Dice”.

 

 

Bajo Ataque – El Enemigo 6

Mirando la Generosidad