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Matrimonios estables y hogares felices.

Qué gozo es estar nuevamente junto a Usted para examinar los principios bíblicos que producen matrimonios estables y hogares felices. En instantes más estará con nosotros David Logacho para hablarnos acerca del elemento vital de toda familia: La pareja.

En nuestro estudio bíblico anterior, comenzamos a tratar el tema de la familia. Vimos que para que una familia funcione de la manera como Dios desea es necesario una nuevo modelo. Este nuevo modelo comprende un nuevo nacimiento, esto significa que los miembros de la familia, principalmente la pareja, hayan pasado de muerte espiritual a vida espiritual por medio de recibir a Cristo como su Salvador personal. El nuevo modelo también comprende un nuevo control. Esto significa que los miembros de la familia dejan de estar controlados por su carne o por sus propios intereses egoístas y pasan a estar controlados por el Espíritu Santo. Dicho sea de paso que nadie puede ser controlado por el Espíritu Santo a menos que haya nacido de nuevo. El tener la capacidad de ser controlados por el Espíritu Santo es un privilegio que tenemos solamente aquellos que hemos recibido a Cristo como Salvador. Además de un nuevo nacimiento y un nuevo control, el modelo de Dios para el matrimonio y la familia, comprende un nuevo conjunto de normas para el matrimonio y la familia. El viejo conjunto de normas es lo que el mundo propone y promociona a través de libros, revistas, periódicos, radio, televisión, etc. Pero este conjunto de normas tiene una falla garrafal. Desplaza a Dios, y como consecuencia, produce resultados lamentables como divorcio, hijos abandonados, adulterio, homosexualismo, prostitución, aborto, enfermedades venéreas y quien sabe qué más. El nuevo conjunto de normas se encuentra en la Biblia. Son las normas de Dios, son las normas para el matrimonio y la familia que estaban en la mente de Dios aún antes de que se creara la primera pareja en el mundo. La aplicación de estas normas para el matrimonio y la familia es la única garantía para ver hogares estables en nuestra sociedad. Todo hogar o familia comienza con una pareja que se casa. Así comenzó la primera familia en el mundo. Recuerde Usted el relato bíblico del comienzo de la familia. Está en el libro de Génesis. Dios creó al hombre, pero no se halló entre lo creado algo que fuera ayuda idónea para él. Por tanto, Dios tomó una de las costillas del hombre, y de esa costilla hizo una mujer. Interesante que Dios tomó una de las costillas de Adán para hacer a su mujer. No tomó un hueso de la cabeza ni un hueso del pié. Esto tiene su enseñanza. Dios no tomó hueso de la cabeza de Adán para hacer a Eva porque no quería que Eva compita con Adán. Dios no tomó hueso de los pies de Adán para hacer a Eva porque no quería que Adán pisotee a Eva. Dios tomó hueso de Adán para hacer a Eva, del lugar más cercano al corazón de Adán, porque quería que Eva estuviera siempre cerca del corazón de Adán. Cuando Dios trajo la mujer al hombre, de la emoción, el hombre debió haber saltado lo más alto que pudo. Luego dijo: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Este es el relato de la formación de la primera familia en la historia humana. El hombre veía a su mujer como lo perfecto para él. Lo que él justamente necesitaba. Algo que satisfacía su más caro anhelo tanto en lo espiritual como en lo emocional y en lo físico. Para la mujer también, el hombre que Dios había creado era exactamente lo que ella necesitaba. No podía ser algo mejor. Había una unidad tal que el hombre dijo: Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Sobre la base de este relato, Dios nos deja una enseñanza maravillosa. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” Este es el modelo de Dios para el matrimonio, el elemento primario de la familia. Es una unión monogámica. Un hombre para una mujer y una mujer para un hombre. Es una unión heterosexual. Un hombre con una mujer. No un hombre con otro hombre o una mujer con otra mujer. Quizá Usted se estará preguntando: ¿Y qué pasó después para que los matrimonios hayan llegado a ser lo que son hoy? Se necesitaría estar ciego para no ver que en la actualidad muchos de los matrimonios distan mucho del plan original de Dios para el matrimonio. Bueno, lo que pasó fue que en algún momento fatal, el primer hombre y la primera mujer cayeron en pecado. Lo que son en la actualidad muchos matrimonios, tienen su explicación en ese instante fatídico cuando el hombre y la mujer cayeron en pecado. El pecado infectó, contaminó y corrompió el matrimonio al punto que en algunas épocas de la humanidad, el matrimonio no llegó a tener ni el más mínimo parecido con lo que fue al principio. Consideremos por ejemplo como estaba el matrimonio en el primer siglo, en la época cuando vino a este mundo el Señor Jesucristo. Los judíos tenían un concepto extremadamente bajo de la mujer. Para ellos, las mujeres eran consideradas como esclavas. El divorcio llegó a ser algo normal en la sociedad. En Deuteronomio 24:1, Moisés escribió acerca dar una carta de divorcio a una mujer por cuanto su esposo había encontrado alguna impureza en ella. El asunto clave era determinar lo que se quería decir cuando se hablaba de impureza. Para algunos rabinos, impureza era solamente el adulterio, pero había otros para quienes, impureza podía significar cualquier cosa. El rabí Hillel decía que una esposa es impura si echaba a perder la cena de su marido o si le ponía demasiada sal a la sopa, o si se le quemaba el pan, o si se le encontraba hablando con hombres en la calle, o si decía algo en contra de su suegra. El rabí Akiba insistía que si un hombre encontraba a una mujer más bonita que su esposa, hacía que su esposa sea impura automáticamente. Por tanto el esposo podía darle carta de divorcio, despacharla y casarse con la mujer bonita. De modo que al pueblo de Israel se le ofreció dos opciones para acabar con un matrimonio. Por adulterio solamente o por cualquier otra cosa. ¿Cuál opción cree que adoptaron los judíos? La segunda por supuesto. En el mundo no judío, la situación era mucho peor. Las esposas simplemente eran las que limpiaban las casas y tenían hijos legítimos. Los maridos encontraban sus placeres sexuales fuera del matrimonio, de modo que ni siquiera se tomaban la molestia de divorciarse. El orador ateniense Demóstenes dijo: Tenemos cortesanas por causa del placer, tenemos concubinas en razón de la convivencia diaria y tenemos esposas con el propósito de procrear hijos legítimos y para que sean guardianes de los asuntos del hogar. La prostitución, el homosexualismo, el lesbianismo abundaba en el mundo griego. En el mundo romano el asunto no era del todo diferente. Jerónimo, un escritor de la antigüedad, escribió acerca de una mujer romana que se casó con su esposo número 23 y ella era la esposa número 21 de él. El matrimonio en los tiempos romanos llegó a ser nada más que prostitución legalizada. El tiempo ha seguido su marcha, y en aquellos lugares o aquellas épocas en las cuales el hombre ha aplicado los principios divinos para el matrimonio, se ha visto algo totalmente diferente. Pero en los actuales momentos, parece que el mundo está retornando a la barbarie del primer siglo. ¿Qué hacer para que nuestras familias regresen a lo que Dios siempre quiso que sean? Pues, volver al modelo de Dios para el matrimonio. En libro Cantar de los Cantares de Salomón, capítulo 2, versículos 3-16 encontramos una hermosa descripción de los que Dios quiere para un matrimonio. La sulamita describe a su esposo como la cabeza del hogar. Ella lo proyecta como su protector en el versículo 3. En el versículo 4 se lo ve como el sustentador de ella. En el versículo 5 vemos al esposo como aquel en quien ella encuentra seguridad. En el versículo 6 es el líder de ella. En los versículos 10-15 se lo ve como el que va adelante abriendo el camino para que ella camine sin dificultad. El esposo toma el mando y no hay un espíritu opresor o dictatorial en el pasaje. Por esto, la esposa termina diciendo: Mi amado es mío y yo soy suya. Esta relación nunca pierde su reciprocidad. Qué diferencia tan radical con lo que vemos hoy en muchos matrimonios, ¿verdad? Qué diferencia con lo que fue el matrimonio en el primer siglo de nuestra era. Es como el día y la noche. ¿Qué hace que un matrimonio sea un desastre total o un pedazo de cielo en la tierra? Pues la ausencia o la presencia de Cristo en las vidas de los cónyuges. Veámoslo así. Cuando Cristo entra en la vida de una persona, esa persona es transformada totalmente. En palabras del Apóstol Pablo, este principio suena así en 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” Esta nueva criatura, que tiene hambre de obedecer a Dios, no aceptará tomar el modelo del mundo para el matrimonio sino que buscará el modelo divino para el matrimonio. Como consecuencia, ese matrimonio llegará a ser lo que Dios siempre quiso de un matrimonio. Yo no sé como estará su matrimonio, pero déjeme decirle algo, si su matrimonio no es lo que Usted esperaba que sea, si solo ve fricción y desavenencias, es muy probable que el pecado todavía esté reinando en Usted y en su cónyuge. Usted y su cónyuge necesitan el perdón de sus pecados por medio de recibir a Cristo como su Salvador personal. Si ese es el caso, ¿por qué en este mismo momento no dobla sus rodillas delante de Dios y confiesa que es un pecador y recibe a Cristo como su Salvador personal? Si lo hace, le garantizo que ese será el primer paso para la restauración de su matrimonio.

El matrimonio y la familia

Los elementos que forma una familia auténticamente cristiana