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La sumisión

Es motivo de mucho gozo compartir este tiempo con Usted, amiga, amigo oyente. Prosiguiendo con el estudio de la familia auténticamente cristiana, David Logacho nos hablará acerca de la sumisión.

Un domingo como cualquiera, los padres asistieron al culto de la iglesia acompañados de su hijo que andaba por los cinco años. El niño era en extremo activo por naturaleza, a tal punto que cuando el predicador comenzó su mensaje, el niño también comenzó sus maniobras de distracción a la concurrencia. Se paraba, se sentaba, se reía, pedía algo de comer, insistía en que es hora de ir a la casa. Si Usted ha tenido hijos, sabrá como se ponen de vez en cuando. El padre, hacía todo lo posible para mantener al niño bajo control. En un intento desesperado para tranquilizar al hijo, el padre le ofreció un helado si se quedaba quieto hasta que termine el mensaje. La táctica no dio resultado. Más bien incentivó la impaciencia en el pequeño. Con el grito de: Ya vamos, atrajo la mirada de incomodidad de la congregación. Cansado de tanto barullo, el padre se levantó de su asiento, tomó al niño y prácticamente lo clavó en el asiento con el ultimátum de: Si sigues molestando te daré lo que mereces en el baño. El niño sabía que su padre hablaba en serio y se quedó bien sentado hasta que terminó el mensaje. Pero cosa curiosa, lejos de poner cara de enojado, el niño tenía una amplia sonrisa en su rostro. Al terminar la reunión, el padre dijo a su hijo. Gracias por tranquilizarte en el culto, pero quiero hacerte una pregunta: ¿Por qué estabas sonreído hasta que terminó el mensaje? El niño mirando a la cara del padre dijo: Papi, porque por fuera estaba sentado, pero por dentro estaba parado!!! Qué forma tan cándida de admitir que a veces hacemos cosas externamente, aunque por dentro no las queremos hacer. Algo así puede ocurrir a las esposas. Por fuera se muestran sumisas pero por dentro están que arden por la sumisión. Una razón para este sentimiento negativo hacia la sumisión es por la falta de entendimiento de la sumisión. Una esposa lo admitió abiertamente cuando dijo: Para mí, la sumisión es denigrante. Claro, para esta esposa, la sumisión era sinónima de esclavitud, humillación y desprecio. Si alguien piensa así de la sumisión, entonces es natural y hasta justificable que se oponga a la sumisión con todas las fuerzas de su ser. Para entender el principio de la sumisión, debemos remontarnos al origen mismo de la raza humana. Cuando Dios creó a Adán y Eva, Dios estableció que Adán sea la cabeza y Eva la ayuda idónea. La sumisión de Eva fue honrosa para ella, porque de esa manera sabía que estaba cumpliendo con lo que Dios esperaba de ella. Ser ayuda idónea para Adán. En algún momento, el pecado hizo su entrada en el mundo. Una de sus consecuencias fue justamente el deterioro de la relación entre Adán y Eva. Eva comenzó a experimentar un profundo deseo por dominar a su marido y Adán tuvo que dominar a Eva por la fuerza. Así comenzó la lucha por el poder en la familia y esta lucha se mantiene en la actualidad y se mantendrá mientras en el corazón del hombre y de la mujer exista una naturaleza pecaminosa que se resiste a ser dominada por la nueva naturaleza que otorga Dios a todos los que hemos recibido a Cristo como Salvador. Pero ¿cómo funciona el principio de sumisión en la práctica? Para ello, es necesario recurrir al testimonio de la palabra de Dios. Consideremos el pasaje en Efesios 5:22-24. En este pasaje bíblico encontramos el mandato de la sumisión, la manera de la sumisión, el motivo de la sumisión y el modelo de la sumisión. Consideremos el mandato de la sumisión. Efesios 5:22 dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos.” Detengámonos aquí. Notamos varias cosas en el mandato. Las personas a quienes se dirige el mandato son las mujeres casadas. Por ahora, Pablo no tiene en mente a las mujeres en general, sino solamente a aquellas que se han casado. El mandato tiene que ver con la sumisión. Sumisión es un término que literalmente significa “Ponerse en fila por debajo de” y en ninguna forma implica alguna diferencia en esencia entre quien se somete y a quien se somete. Notemos también que Pablo no utiliza el verbo obedecer. Pablo no dice: Las casadas obedezcan a sus propios maridos. Lo que pasa es que el concepto de sumisión es mucho más amplio que el concepto de obediencia. Dentro de la sumisión está la obediencia, pero sumisión es mucho más que obediencia. Así que, esposos, cuando oigamos la palabra sumisión, no vayamos a pensar en que tenemos carta blanca para ordenar a nuestras esposas lo que nos venga en gana. Sumisión no es: Haz esto, o limpia aquello, o lava esto otro. La relación matrimonial es mucho más íntima, personal y vital que simplemente repartir órdenes. También notamos en el mandato, que las esposas deben estar sujetas a sus propios esposos. Estas dos palabras, propios esposos, comunican un sentido de intimidad y exclusividad. El esposo es de ella. Ella es del esposo. La esposa debe someterse exclusivamente a su propio marido. Si yo, por ejemplo, veo algo mal en una hermana en Cristo que es casada, no debería hablar directamente con ella acerca del asunto en cuestión, porque esa hermana en la fe, no debe estar sujeta a mí sino al propio esposo de ella. Mi deber es hablar con el esposo de ella, para que sea él quien en amor corrija a su propia esposa. Una vez que hemos considerado el mandato de la sumisión, consideremos la manera de la sumisión. Efesios 5:22 dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” La manera de sumisión es como al Señor. Esto significa que así como la esposa debe estar sujeta al Señor Jesucristo, debe estar también sujeta a su propio marido. Cuando la esposa se somete primeramente al Señor Jesucristo no tendrá en absoluto problemas en someterse a su propio marido. Pero cuando la esposa tiene dificultades en someterse al Señor Jesucristo, también tendrá serias dificultades en someterse a su propio esposo. Cuando una esposa se somete a su esposo, en realidad está sometiéndose al Señor Jesucristo. Cuando una esposa se rebela contra su esposo, en realidad está rebelándose contra el Señor Jesucristo. Hemos considerado el mandato a la sumisión y la manera de sumisión. Consideremos ahora el motivo para la sumisión. Efesios 5:23 dice: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” el motivo para que una esposa se someta a su esposo es porque en la relación matrimonial, la esposa es el cuerpo y el esposo es la cabeza. ¿Qué le parecería a Usted un cuerpo descabezado? Pues eso es una esposa que se resiste a someterse a su esposo. Es poco menos que un fenómeno. En cambio, cuando una esposa se somete a su esposo, el cuerpo recibe los impulsos indispensables de su cabeza y funciona de una manera armoniosa y bien coordinada. Hemos considerado el mandato a someterse: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos. La manera de sumisión: Como al Señor. Y el motivo para la sumisión: Porque la esposa es cuerpo y el esposo, cabeza. Cuerpo sin cabeza no funciona en absoluto. Finalmente consideremos el modelo de la sumisión. Efesios 5:23-24 dice: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” Siempre que Dios nos pide hacer algo en su palabra, nos da un modelo a seguir. ¿Cuál es el modelo? Pues la relación de la iglesia con Cristo. La iglesia como cuerpo, encuentra toda su provisión, satisfacción, gozo, seguridad, consuelo en Cristo. Cristo es todo para la iglesia. Algo semejante debe ocurrir en la relación de un esposo con su esposa. El esposo debe ser todo para la esposa. La esposa debe encontrar todo en su esposo. Esto es sumisión. Si la esposa necesita provisión, ya sea en el plano espiritual o emocional o físico, lo debe encontrar en su esposo. Si la esposa necesita consuelo, lo debe encontrar en su esposo. Si la esposa necesita seguridad, lo debe encontrar en su esposo. Si la esposa necesita ánimo, lo debe encontrar en su esposo. Esto es sumisión. Cuando un esposo está primeramente sometido al Señor, estará en capacidad de satisfacer todo lo que su esposa demanda de él para que ella esté sometida a él. El problema es que la mayoría de los esposos no siempre estamos sometidos al Señor y por tanto no estamos en capacidad de satisfacer a nuestras esposas, para que ellas se sometan a nosotros en el sentido de hallar en nosotros todo lo que ellas necesitan. Esta es una grave falta de los esposos que arrastra a las esposas a no ser sumisas a sus esposos. No es por culpa de las esposas sino por culpa de los esposos. Pero aún en este caso, si una esposa no halla satisfacción en su esposo, no debe desanimarse, porque todo lo que esa esposa no halla en su esposo lo puede hallar en Jesucristo. Un esposo puede fallar, pero Jesucristo, jamás. Por esto las esposas deben procurar siempre estar en buena comunión con el Señor. De esta manera, nunca les faltará nada que sus esposos no puedan darles. Pablo termina este pasaje diciendo que las casadas estén sujetas a sus maridos en todo. Solo hay una excepción. Si el esposo pide a la esposa hacer algo expresamente prohibido en la palabra de Dios, entonces la esposa tiene que decir lo mismo que Pedro dijo en Hechos 5:29: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” Aparte de esto, la esposa debe someterse a su esposo en todo. Quizá muchas esposas estarán diciendo: Pero eso es difícil. Por supuesto que lo es, pero cuando el Espíritu Santo llena a una esposa, la esposa está en capacidad de someterse a su esposo sin problemas.

La función de la esposa

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