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la sumisión 2

 

Qué bendición es para nosotros contar con su sintonía, amiga, amigo oyente. Reciba una cordial bienvenida al estudio bíblico de hoy. Dentro de la serie titulada: La familia auténticamente cristiana, David Logacho continuará tratando el tema de la sumisión.

Durante los últimos estudios bíblicos hemos estado tratando el tema de la sumisión. No olvide amigo oyente que esto de la sumisión no es solamente para la esposa, sino también para el esposo y para los hijos. Hablando en forma general a todo creyente, Pablo dice en Efesios 5:21 “Someteos unos a otros en el temor de Dios” El esposo se somete a la esposa amándola. La esposa se somete al esposo ocupando el lugar que le corresponde como ayuda idónea de él. Los hijos se someten a los padres obedeciéndoles. Al hablar de sumisión se corre el riesgo de desatar ardientes polémicas. La leña que aviva el fuego de las polémicas es generalmente la ignorancia del concepto verdadero de sumisión. Por un lado, para muchas esposas, sumisión es sinónima de esclavitud, humillación y desprecio. Por otro lado, para muchos esposos, sumisión es licencia para pisotear a las esposas o permiso para maltratar a las esposas tanto emocionalmente como físicamente, o poder para tratar a las esposas dictatorialmente. Con ideas similares a éstas, no es extraño que la palabra sumisión haya llegado a tener connotaciones realmente deprimentes en el mundo moderno. Sumisión sin embargo, literalmente significa ponerse en fila por debajo de. Se dice que es un término miliar, que significa ocupar el rango que a uno le corresponde. En nuestro estudio bíblico anterior, vimos que la sumisión es un mandato. No es opcional para nadie. Vimos también que la manera de sumisión es como al Señor. Señalamos que el motivo para la sumisión de la esposa es por cuanto la esposa es el cuerpo y el esposo es la cabeza. Un cuerpo que no se somete a su cabeza es un fenómeno. Vimos también el modelo de la sumisión. La esposa está sujeta a su propio marido, así como la iglesia está sujeta a Cristo, quien es su Salvador. La iglesia encuentra en Cristo, todo lo que ella necesita para subsistir, tanto en lo espiritual como en lo emocional y lo físico. Esto es sumisión. En el estudio bíblico de hoy, examinaremos algunas ideas más, relativas a la sumisión. Le invito a abrir la Biblia en Colosenses 3:18. La Biblia dice: “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” Notamos inmediatamente que el mandato para las mujeres casadas es: Estad sujetas a vuestros propios maridos. Pablo no dice: Casadas, obedezcan a sus propios maridos. El mandato a obedecer está reservado para los hijos y para los siervos. La esposa debe tener un trato diferente, ella no debe ser tratada como un hijo o como un siervo. El trato que un esposo da a su esposa se inscribe dentro de lo que la Biblia llama sumisión. La sumisión es un término de intimidad, de cercanía, de ternura si se quiere. Tal sumisión anula cualquier sentimiento de inferioridad por parte de ella. Una esposa debe ser sumisa al liderazgo de su esposo, no como hija, peor como esclava, sino como alguien que necesita ser amada, cuidada, sustentada y protegida por su esposo. Luego, Pablo indica que la sumisión de una esposa a su esposo es como conviene en el Señor. La frase: “como conviene” es el verbo griego aneko que significa ser adecuado, agradable, apropiado. A los ojos de Dios, lo adecuado, lo agradable, lo apropiado, lo conveniente es que una esposa se someta a su esposo. La rebelión de una esposa al liderazgo de su esposo produce una situación desagradable a los ojos de Dios, porque fue Dios en su soberanía quien diseñó que el esposo sea el líder o la cabeza de la esposa y de la familia auténticamente cristiana. Aun en el mundo secular, cuando se habla de líder o responsable de una familia, invariablemente se piensa en el esposo, y la esposa toma ese lugar solamente ante la ausencia de aquel. De modo que, amigo oyente, la sumisión de la esposa más bien la enaltece en lugar de humillarla, por cuanto la sumisión es algo que agrada o es conveniente al Señor. Otro pasaje de interés con respecto a la sumisión se encuentra en 1 Pedro 3:1-6. El versículo 1 dice: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” Aquí está otra vez la palabra sumisión. Recordemos que esta palabra significa ubicarse en el lugar que a uno le corresponde en la cadena de autoridad y tiene que ver con la manera como el liderazgo debe funcionar en la familia auténticamente cristiana. La sumisión de la esposa es hacia su propio esposo. En otras palabras, porque el esposo pertenece a la esposa, la sumisión de ella debe ser algo muy especial para ella. Pedro continúa en el versículo 1 diciendo: “para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas” Gracias a Dios que tenemos esto en la Biblia, porque alguien podría decir: Ah… Usted no conoce a mi marido, él no es cristiano y no obedece a Dios ni a su palabra. ¿Cómo espera que yo me someta a un hombre así? Pues de un hombre así es justamente de quien nos habla este texto. Aunque el esposo no obedezca la palabra de Dios, la esposa debe someterse a él de todos modos. Una de las posibles consecuencias de una conducta así es que sin que la esposa diga nada, el esposo podría ser ganado para Cristo. Conozco de algunos casos de esposos que llegaron a conocer a Cristo como Salvador por el simple hecho de mirar en la práctica la actitud y conducta sumisa de sus esposas. La pregunta podría ser: ¿Cuál es la conducta que puede provocar que un esposo incrédulo llegue al Señor? Pedro dice en el versículo 2 “Considerando vuestra conducta casta y respetuosa” Una esposa debe mostrar respeto a su esposo. No solo su vida debe ser casta, es decir de actuaciones puras, conducta pura y vida pura, sino que también debe tener un sentido de admiración a su esposo. Cuando una esposa admira a su esposo, cuando lo respeta y su conducta es casta, esta actitud se manifestará en sus actuaciones externas. El versículo 3 dice: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos” El mundo está tan preocupado por lo externo que la apariencia externa se ha convertido en lo más importante de la vida. Una esposa que solo se preocupa de lo externo está violando las normas bíblicas, porque una esposa sumisa jamás intentará atraer la atención hacia ella misma. En lugar de ocuparse mucho por lo externo, el versículo 4 dice: “sino el interno, el del corazón” En otras palabras, no trabaje en lo exterior sino en lo interior. Esto por supuesto no significa ir al extremo de descuidar totalmente la apariencia externa, sino más bien que la apariencia externa refleje la belleza interna. Una actitud de esta naturaleza producirá lo que dice el resto del versículo 4: “en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” En el versículo 5 se nos da un ejemplo para entender el principio de sumisión: “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” La santidad siempre ha sido el más caro anhelo de toda mujer piadosa porque esa es la única manera de agradar a Dios. Una de las áreas donde mejor se manifiesta la santidad en una mujer temerosa de Dios es en la sumisión a su esposo. De esposas así es de quien nos está hablando el apóstol Pedro. Pone el ejemplo de Sara. En el versículo 6 dice: “como Sara obedecía a Abraham llamándole señor. Señor, con s minúscula, en este versículo es un término de respeto. Sara está manifestando el profundo respeto que le inspiraba su esposo Abraham. Y no vaya a pensar que Abraham era el esposo perfecto. Nada de eso, Abraham tenía sus defectos y algunos muy serios, pero a pesar de eso, su esposa Sara le miraba con respeto y admiración. Luego continúa diciendo el texto: “de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien sin temer ninguna amenaza” Qué interesante. Abraham es conocido como el padre de la fe. Sara es conocida como la madre de la sumisión y la madre de todas las esposas sumisas. Cuando una esposa se somete a su esposo, así como Dios ordena, no debe sentirse amenazada en lo absoluto, porque siempre estará gozando de la bendición y protección de Dios. Muchas esposas se sienten amenazadas por los posibles resultados de una sumisión incondicional a sus esposos. Piensan que a lo mejor sus maridos van a abusar de ellas. Piensan que van a perder sus derechos. Piensan que van a ser criticadas por otras mujeres. Piensan que se van a sentir miserables. Pero no debería ser así. Sara se sometió a su esposo Abraham, sin temer ninguna amenaza. Sara confiaba plenamente en Dios y si Dios había ordenado que se someta a su esposo, Sara lo hacía con gusto, dejando los resultados de su sumisión con Dios. Dios jamás va a traer algo malo a la persona que obedece su palabra. Si Usted es una esposa, Usted debería tener la misma actitud que Sara, amiga oyente. No es fácil someterse a su esposo. No olvide que muy dentro de Usted está ese innato deseo por dominar a su esposo. Pero una mujer piadosa vence ese deseo mediante el poder del Espíritu Santo y se somete a su esposo, aun cuando el esposo no sea muy espiritual e inclusive aun cuando el esposo sea incrédulo. El mundo aconseja a las esposas a que se rebelen contra el liderazgo de sus esposos para así sentirse realizadas como mujeres. Dios en su palabra aconseja a las esposas a que se sometan a sus esposos porque solo así encontrarán plena satisfacción como mujeres. ¿A quién va a hacer caso? ¿A lo que dice el mundo o a lo que dice Dios?

 

La sumisión

Otras funciones de la esposa, aparte de la sumisión