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La parábola de la dracma perdida o la moneda perdida

Cordiales saludos amiga, amigo oyente. Bienvenida, bienvenido al estudió bíblico de hoy en el evangelio según Lucas. Mientras el Señor Jesús iba camino a Jerusalén junto a sus discípulos, le seguía una gran multitud. Algunos de los que le seguían, tal vez la mayoría, eran personas de no muy buena reputación entre los fariseos y los escribas, quienes se consideraban justos, aunque por dentro eran iguales o peores que aquellos a quienes tanto odiaban. Al ver a los publicanos y pecadores arremolinándose alrededor del Señor Jesús para oírle, los fariseos y escribas murmuraban diciendo: Este a los pecadores recibe y con ellos come. Sabiendo lo que murmuraban entre ellos, el Señor Jesús relató tres parábolas que de una manera asombrosa describen el deseo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por salvar al pecador. En nuestro último estudio bíblico, examinamos la parábola de la oveja perdida, la cual se enfoca sobre la persona del Hijo, el Señor Jesús, quien como buen pastor, no descansó hasta hallar a una de sus cien ovejas que se había perdido, y cuando la halló, la puso sobres sus hombros, y la llevó a su casa y al llegar a casa, reunió a sus amigos y vecinos diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. El Señor Jesús dejó la gloria del cielo para venir a este mundo a buscar lo que se había perdido. Cuando un pecador recibe a Cristo como Salvador, ese pecador es hallado, como hallada fue la oveja perdida. Esto produce gozo a raudales en el cielo. En esta ocasión vamos a estudiar la segunda parábola, la parábola de la dracma perdida o la moneda perdida.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Lucas 15:8-10. La Biblia dice: ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
Luk 15:9  Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
Luk 15:10  Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Así como la parábola de la oveja perdida se enfoca sobre el Hijo, el Señor Jesucristo, la parábola de la dracma perdida, se enfoca sobre el Espíritu Santo, mostrando su obra a favor de las almas preciosas pero perdidas. El orden es importante. Primero es necesario que el Hijo de Dios, cual buen pastor, muera en lugar del pecador, luego entra en acción el Espíritu Santo para aplicar la obra del Señor Jesús en la cruz a favor del pecador. La dracma, o la moneda, perdida simboliza al pecador, quien está muerto en delitos y pecados. La dueña de las monedas simboliza a la iglesia en su labor de ser el instrumento para que Dios rescate al pecador. La moneda está perdida entre el polvo del piso de la casa. Esto se deduce por el hecho que la mujer, en la búsqueda de su moneda perdida, barrió la casa, tratando de encontrarla. El pecador también se encuentra perdido en la polvareda de este mundo. El polvo en el caso del pecador, representa todo lo que el mundo ofrece como fuente de satisfacción permanente, como el dinero, las posesiones materiales, el placer, el poder, la fama, el conocimiento. Cosas como estas deslumbran al pecador y el pecador se entrega a una afanosa búsqueda de estas cosas, olvidándose de lo espiritual. De esta manera el pecador está perdido, en el sentido espiritual, tal cual como la moneda de la mujer de la parábola. Es trágico estar perdido, pero más trágico es estar perdido y no saberlo. Esta era la condición de la moneda que perdió la mujer. La mujer sabía que su moneda estaba perdida, pero la moneda no sabía que estaba perdida. Igual es con el pecador, no sabe que está espiritualmente perdido. Dios lo sabe, pero el pecador no lo sabe. Por otro lado, aunque la moneda estaba perdida y no lo sabía, sin embargo, la dueña de la moneda estaba absolutamente decidida a encontrar su moneda perdida. Esto ilustra el interés que debe tener la iglesia en la obra de rescatar a los pecadores en este mundo. No es que la iglesia salva al pecador, pero la iglesia es el instrumento que Dios usa para alertar al pecador acerca de su necesidad de salvación. Además se nota en la parábola que aunque la moneda se encontraba perdida, sin embargo, no había perdido su valor, por eso la mujer la buscaba con tanto tesón. Lo mismo sucede con el pecador. A pesar de estar perdido y hundido en el fango del pecado, sin embargo no ha perdido su valor delante de Dios, y por eso Dios lo amó y envió a su Hijo el Señor Jesús, para que reciba el castigo que el pecador merece. Finalmente en cuanto al estado de la moneda perdida, a pesar de estar perdida había esperanza de ser hallada. Esto fue lo que motivó a la mujer a no descansar hasta hallarla. Lo mismo sucede con el pecador. Mientras tiene vida en este mundo, existe la esperanza de que sea encontrado. Esta esperanza es lo que motiva a la iglesia a hacer todo lo que esté a su alcance para guiarlos a la salvación en Cristo. Quitemos ahora nuestra mirada de la moneda, y pongámosla sobre la mujer. Como mencioné anteriormente, la mujer simboliza a la iglesia en su obra de alcanzar a pecadores para que reciban la salvación en Cristo. Lo primero que notamos en cuanto a ella, es que tan pronto reconoce que le faltaba una de sus monedas, se ocupó personalmente en buscar su moneda. Esto manifiesta el interés supremo que tenía por su moneda perdida. Lo mismo debería suceder con la iglesia. La principal misión es representar a Cristo en este mundo, invitando a todo pecador a confiar en Cristo como Salvador personal. Cuando notó que le faltaba una moneda, su prioridad en la vida fue buscar su moneda. Seguramente era madre de familia, tenía esposo que atender, hijos que cuidar, alimentos que preparar, ropa para lavar y tantas otras cosas más que normalmente tienen que hacer las mamás en una casa. Sin embargo, la mujer dejó momentáneamente todo esto a un lado para dedicarse a buscar su moneda perdida. Así debería actuar la iglesia. Su prioridad mientras está en este mundo es buscar almas perdidas para que encuentren salvación en Cristo. La iglesia local que descuida esta prioridad está condenada a desaparecer. Es triste ver que muchas iglesias se ocupan en tantas cosas, muchas de ellas muy legítimas, pero han descuidado la obra evangelística, la obra de buscar a pecadores para que sean salvos al confiar en Cristo como Salvador. Volviendo a la parábola notamos también que la mujer usó los elementos que tenía a la mano para buscar su moneda. Dice el texto que encendió una lámpara y barrió la casa. La acción de encender una lámpara es símbolo de la obra del Espíritu Santo iluminando la mente entenebrecida del pecador, para que le resplandezca la luz del Evangelio. Sin esta obra sobrenatural del Espíritu Santo es imposible que un pecador pueda reconocer su estado de absoluta postración espiritual y pueda confiar en la obra de Cristo Jesús en la cruz del calvario a su favor. La mujer no se sintió suficiente en sí misma para buscar su moneda y echó mano de la lámpara para hacer su trabajo. La iglesia también, por sí mismo no puede buscar a los pecadores en este mundo. La iglesia necesita de la intervención del Espíritu Santo para ver resultado de su obra evangelística. Hechos 1:8 dice: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.(D)
Además de encender la lámpara, la mujer barrió la casa. Esto simboliza la necesidad de limpieza para cumplir a cabalidad con el propósito de ganar almas para Cristo. La iglesia local necesita limpiarse de pecado para ver el poder de Dios salvando pecadores. Finalmente en lo que tiene que ver con la mujer, se nota que buscó con diligencia ¿hasta cuándo? Pues hasta encontrarla. La iglesia también jamás debe dejar de buscar pecadores para Cristo y debe hacerlo con diligencia, poniendo todo su esfuerzo y concentración en esto. La diligencia y la entrega de la mujer a la búsqueda de la moneda que se le había perdido dio el fruto esperado. La mujer cumplió con su meta máxima. La moneda fue hallada. Al encontrar su moneda, la mujer la tomó, seguramente la puso en el lugar donde debía estar, y organizó una fiesta con sus amigas y vecinas. A todas estas personas les decía: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Es el gozo que experimenta la iglesia cada vez que un pecador recibe a Cristo como Salvador. No hay gozo comparable. El Señor Jesús puso su comentario personal cuando dijo: Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. Es posible que sea la primera vez que usted está oyendo que está espiritualmente perdido. A lo mejor se le hace difícil aceptar esto, porque tiene su religión y desde que tiene uso de razón ha guardado los preceptos que dicta su religión. Pero la salvación no resulta de ser miembro de alguna religión y de guardar los ritos que ordena esa religión, cualquiera que sea. Si usted ha estado confiando en esto para ser salvo, perdón por desilusionarle, pero está tan perdido como la moneda de la parábola. Usted necesita ser hallado, para eso justamente estoy anunciando que Cristo murió por usted en la cruz del Calvario. Lo hago echando mano del poder que proviene del Espíritu Santo de Dios. Su responsabilidad es reconocer que con tan solo confiar en Cristo y recibirlo como Salvador, será salvo. No siga perdido en el polvo del pecado. Este mismo instante deje que Dios le saque del polvo hacia el sitio seguro de la salvación. Si lo hace, no sólo que hallará salvación, sino que será el motivo para que haya gozo delante de los ángeles de Dios, porque un pecador se ha arrepentido. Que el Señor le bendiga.

La oveja perdida

El hijo perdido