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Enseñanza del Señor Jesús acerca de la riqueza

Es muy grato saludarle amable oyente. Muchas gracias por su sintonía. Soy David Logacho, dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el Evangelio según Lucas. En esta oportunidad vamos a considerar una de las varias enseñanzas del Señor Jesús acerca de la riqueza.

Mientras el Señor Jesús proseguía su viaje hacia Jerusalén, acompañado de sus discípulos, le seguía mucha gente y el Señor Jesús aprovechaba cada oportunidad para enseñarles. Lucas registra en su Evangelio, una de esas enseñanzas. El tema central es la riqueza. El Señor Jesús habló mucho de la riqueza. La riqueza en sí mismo no es ni buena ni mala. Depende de cómo se la use. En este sentido, la riqueza es como un cuchillo. No es bueno ni malo. Todo depende de cómo se lo use. Si se lo usa para pelar una naranja, por ejemplo, es algo bueno, pero si se lo usa para asesinar a alguien es algo malo. Con la riqueza sucede lo mismo. Puede ser buena o mala, dependiendo de cómo se lo use. ¿Quiere saber como se puede dar un buen uso a la riqueza? Pues ponga atención a lo que dijo el Señor Jesús sobre esto. Se encuentra en Lucas 16: 1-13. La Biblia dice: Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.
Luk 16:2  Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.
Luk 16:3  Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
Luk 16:4  Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas.
Luk 16:5  Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?
Luk 16:6  El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.
Luk 16:7  Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.
Luk 16:8  Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.
Luk 16:9  Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
Luk 16:10  El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
Luk 16:11  Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?
Luk 16:12  Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?
Luk 16:13  Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios(A) y a las riquezas.[a]
Para cumplir con su propósito de enseñar sobre el buen uso de la riqueza, el Señor Jesús utiliza una parábola. Una parábola es una historia real o ficticia, conocida por los oyentes, de lo cual se extrae una enseñanza espiritual. La costumbre de la época era que las personas ricas contrataban a un mayordomo para que administre sus bienes. El mayordomo no es el dueño de los bienes, solamente es un administrador de los bienes. Nosotros los creyentes también somos mayordomos. Nuestro Dios nos ha confiado ciertas cosas que son de su propiedad para que las administremos. Cosas como la vida, como el tiempo, como los talentos naturales, como los dones espirituales, como la familia, como las cosas materiales en general, dentro de esto, autos, casas, dinero y todo lo demás de esta índole. Nuestra responsabilidad como creyentes, es que administremos estas cosas, no para nuestro beneficio, sino para beneficio del dueño de esos bienes, esto es, Dios. Volviendo a la parábola, el hombre rico contrató a un mayordomo. Después de un tiempo, este mayordomo fue acusado de disipar los bienes de su amo. Disipar denota destruir, malgastar, hacer quedar en nada, hacer desaparecer. Ante esta seria acusación, el hombre rico llamó a su mayordomo y le confrontó con su grave falta. Comprobada la falta, el hombre rico le anunció que iba a despedirlo como su mayordomo. Sabiendo esto, el mayordomo se puso a pensar en lo que tendría que hacer para subsistir en el futuro. Sus opciones eran, dedicarse a la agricultura o mendigar. Dedicarse a la agricultura no era posible porque no sabía. Mendigar tampoco era posible porque le daba vergüenza. ¿Qué haría entonces? Allí fue cuando diseñó un osado plan. Usó lo que tenía a la mano ese momento. Como todavía estaba en su puesto de mayordomo, a pesar que dentro de poco iba a ser despedido, comenzó a favorecer a los deudores de su amo, esperando que cuando sea definitivamente despedido, le favorezcan de alguna manera. Al que debía cien barriles de aceite le arregló la cuenta para que sólo pague cincuenta. Al que debía cien medidas de trigo, le arregló la cuenta para que pague sólo ochenta. De esta forma se aseguró su futuro, de una manera por demás deshonesta por supuesto. Cuando el hombre rico supo lo que había hecho su antiguo mayordomo, alabó al mayordomo malo, no por su deshonestidad, sino porque usó de sagacidad para usar lo que tenía a la mano para asegurarse su futuro en este mundo. El Señor Jesús entonces aplicó la parábola diciendo: Los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. El Señor Jesús explica esta declaración en lo que resta del pasaje bíblico que estamos estudiando. En realidad se trata de un mandato. Ganad amigos por medio de las riquezas injustas. Cuando este texto habla de riquezas injustas, no se lo debe entender en el sentido de riquezas mal habidas. Riquezas injustas se refiere a los bienes materiales en general, bien sea dinero, o casas, o terrenos. Son injustas porque cuando se confía en ellas se vuelve esclavo de ellas. El dinero puede ser un buen siervo, o puede ser un mal amo. El amor al dinero es raíz de todos los males dice 1 Timoteo 6:10. En definitiva entonces, lo que está ordenando el Señor Jesús es: Haga buen uso de su riqueza ganando a personas para Cristo. Luego el Señor Jesús manifiesta el propósito de su mandato. Dice: Para que cuando éstas, se refiere a las riquezas injustas, falten, os reciban en las moradas eternas. La riqueza en general es muy ingrata. A veces nos deja o si no nos deja, de todas maneras tenemos que dejarla cuando nos llegue la hora de salir de este mundo por medio de la muerte. Pero cuando se usa la riqueza para ganar almas para Cristo, ocurre un fenómeno interesante. Por un lado, personas llegarán a obtener la salvación gratuita por medio de recibir a Cristo como Salvador, y por otro lado, estas personas salvas nos acompañarán eternamente en el cielo, en las moradas eternas. ¡Qué maravilloso será que algún momento en el futuro, cuando lleguemos al cielo, nos encontremos allí con personas que tal vez nos dirán: Gracias porque por tu inversión en ganar almas para Cristo, yo oí el mensaje del Evangelio, y recibí a Cristo como mi Salvador, y ahora me encuentro en este maravilloso lugar por la eternidad! ¡Grandioso! ¿No le parece? De esto es lo que el Señor Jesús está hablando. El mayordomo malo de la parábola usó de sagacidad para asegurarse su futuro en la tierra, los creyentes debemos ser más sagaces, invirtiendo la riqueza que Dios nos ha confiado para que la administremos, para el gran propósito de ganar almas para Cristo. Entonces tiene sentido lo que afirma el Señor Jesús: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel, y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si e las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿Quién os confiará lo verdadero? Dios nos confía alguna medida de riqueza para mirar como lo usamos. Si lo usamos bien, Dios nos confiará una mayor medida de riqueza para que lo usemos bien. Pero si lo usamos mal, Dios no nos confiará una mayor medida de riqueza, porque sabe que no lo vamos a usar bien, sino que lo vamos a desperdiciar, gastando en nosotros mismos para satisfacer nuestros propios deleites egoístas. Cuanta razón tiene el Señor Jesús cuando dice que si en lo ajeno, se refiere a la riqueza que pertenece al Señor, no fuisteis fieles, o no lo usasteis bien, para ganar almas para Cristo, ¿Quién os dará lo que es vuestro? No habrá recompensa para los que son infieles en el uso de la riqueza que pertenece a Dios y que Dios les ha confiado. El Señor Jesús termina su enseñanza sobre la riqueza con una solemne advertencia. Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. El hombre tiene que tomar la decisión en cuanto a quien va a ser su amo. Dios o la riqueza. Nadie puede ser neutral y nadie puede tener a los dos como amo. Esto es imposible. ¿Cuál va a ser su decisión? No se apresure a responder a esta pregunta. Si decide que su amo va a ser la riqueza, en algún momento lamentará haberlo hecho. Si decide que su amo va a ser Dios, nunca jamás se lamentará de haberlo hecho. Si decide que su amo va a ser Dios, entonces tiene que usar bien la riqueza que pertenece a Dios y que Dios le ha confiado. Use parte de esa riqueza para vivir modestamente junto a su familia, y todo el resto inviértalo en la obra del Señor. De esta manera ganará amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. Que el Señor le bendiga.

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