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El Señor Jesús escogiendo a sus doce apóstoles

Doy gracias a Dios por el privilegio de compartir este tiempo con usted, amable oyente. Soy David Logacho dándole la bienvenida al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando el evangelio según Lucas. En esta oportunidad veremos al Señor Jesús escogiendo a sus doce apóstoles.

Si tiene una Biblia a la mano, ábrala en Lucas 6:12-16. En este pasaje bíblico Lucas nos muestra al Señor Jesús escogiendo a sus doce apóstoles. Permítame leer el pasaje bíblico. La Biblia dice: En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Luk 6:13  Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles:
Luk 6:14  a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
Luk 6:15  Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote,
Luk 6:16  Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
Lucas comienza el relato de esta parte de la vida del Señor Jesús, diciendo “En aquellos días” ¿A qué días se refiere? Bueno, si ha estado siguiendo estos estudios bíblicos recordará que lo último que vimos fue la tenaz arremetida de los escribas y fariseos en contra del Señor Jesús. Recordará también la abundante manifestación de poder divino en la persona del Señor Jesús. Estos eran los días a los cuales se refiere Lucas. No eran días fáciles ciertamente. Usted y yo también tenemos nuestros días, en los cuales parece que estamos en un obscuro túnel y no logramos divisar una salida. ¿Qué hacer en casos así? Pues mire lo que hizo el Señor Jesús. El texto dice que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. A pesar de ser Dios en forma humana, el Señor Jesús necesitaba retirarse a algún lugar solitario para estar en comunión con su Padre en oración. No sabemos exactamente cuáles habrán sido sus motivos de oración, pero no estaría lejos de la verdad pensar que oraba por fortaleza para enfrentar la oposición creciente que eventualmente terminó en su crucifixión y ciertamente por sabiduría para discernir la voluntad de su Padre en cuanto a quienes debían ser escogidos como sus apóstoles. Todo lo que hizo o dijo el Señor Jesús fue en absoluta dependencia de su Padre celestial. Esto fue posible por medio de la oración. ¿Está usted también invirtiendo suficiente tiempo en oración amable oyente? Si no lo está haciendo es imposible que pueda discernir la voluntad de Dios para su vida. Note el fervor que ponía el Señor Jesús en su oración. No era una oración al apuro, sin siquiera pensar en lo que se está diciendo. Era una oración eficaz. Dice el texto que pasó la noche orando a Dios. Esto nos da la medida de la importancia que el Señor Jesús daba a la oración. Jamás podremos decir que nuestra oración es poderosa si ni siquiera logra vencer el sueño que nos embarga. Habiendo orado toda la noche, el Señor Jesús descendió del monte cuando ya era de día y llamó a sus discípulos, y escogió a doce, a los cuales también llamó apóstoles. Un discípulo del Señor Jesús es un aprendiz, mientras que un apóstol del Señor Jesús es uno escogido personalmente por el Señor Jesús y enviado con una comisión especial. Siendo así, los únicos apóstoles del Señor Jesucristo son los que el Señor Jesús escogió como tales, tomando en cuenta que uno de ellos le traicionó y los once restantes escogieron a otro para que tome su lugar. A esta lista de apóstoles de Jesucristo es necesario incluir a Pablo. Aparte de ellos no existen más apóstoles de Jesucristo. No existe la sucesión apostólica. Si hoy en día alguien afirma ser apóstol de Jesucristo, o no sabe lo que está diciendo, o si lo sabe, está atribuyéndose algo que no es. Esto es delito. Es como si alguien dijera que es médico sin haber hecho ningún estudio de medicina. Esto es algo serio amable oyente. Luego Lucas presenta la lista de los doce apóstoles escogidos personalmente por el Señor Jesucristo. Simón, a quien también llamó Pedro. Era hijo de Jonás, y llegó a ser el más prominente entre los apóstoles. Andrés, hermano de Simón. Andrés fue quien trajo a su hermano Simón ante el Señor Jesús. Luego Jacobo, hijo de Zebedeo. Tuvo el privilegio de acompañar a Pedro y Juan cuando estuvieron en el monte de la transfiguración. Jacobo fue el primero de los apóstoles que murió como mártir. Después Juan, hermano de Jacobo, hijo de Zebedeo. El Señor Jesús puso un sobrenombre a los hermanos Jacobo y Juan, les dijo que eran los hijos del trueno. Juan fue el autor del evangelio que lleva su nombre, de las tres epístolas que también llevan su nombre y del libro de Apocalipsis. Luego Felipe, era oriundo de Betsaida. Fue el que condujo a Natanael al Señor Jesús. No se debe confundir a este Felipe con Felipe el evangelista, a quien se le menciona en el libro de Hechos. Después Bartolomé. Se asume que es otro nombre para Natanael. Solamente aparece en las diferentes listas de apóstoles del Señor Jesús en los evangelios. Luego Mateo, el publicano recaudador de impuestos cuyo nombre original era Leví. Este apóstol es el autor del evangelio que lleva su nombre. Después Tomás, el que dijo que no iba a creer que el Señor Jesús había resucitado hasta no verlo con sus propios ojos. Luego tenemos a Jacobo el hijo de Alfeo. Poco se dice sobre él en el Nuevo Testamento. Después tenemos a Simón llamado Zelote. Esto de Zelote podría tener dos significados. Podría significar que pertenecía a un grupo de patriotas judíos fanáticos que se conocían como zelotes cuyo propósito era lograr la independencia de Israel de la opresión romana. Eran personas que no escatimaban los métodos para lograr sus propósitos, ya sea el terror o el asesinato. Pero también podría significar que era uno que era celoso por Dios o celoso por el honor de Dios. La palabra zelote podría tener alguna relación con la palabra hebrea qanna que significa celo por Dios o celo por el honor de Dios, y por eso en Mateo aparece como Simón el cananista. Después aparece Judas hermano de Jacobo. También se lo llama Lebeo quien tenía por sobrenombre Tadeo. Al final de la lista aparece Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor. No se puede precisar con exactitud el origen de la palabra Iscariote. Una posibilidad es que esté relacionada con la palabra hebrea para hombre, la palabra Ish, y el nombre de un pueblo de Judá que se llamaba Queriot. De ser así, la idea sería: Judas, hombre de Queriot. Qué interesante grupo de personas. Si uno mira con algo de detalle, encontrará que siete de ellos eran rudos pescadores. Otro era cobrador de impuestos, y los otros cuatro no se puede precisar que profesión tenían antes de seguir al Señor Jesús, pero no deben haber sido personas importantes porque en algún momento los apóstoles eran considerados como gente del vulgo. De hecho era gente común y corriente, gente ordinaria. Sin embargo, el Señor Jesús escogió a estos hombres y por medio de ellos se esparció el mensaje del evangelio en todo el mundo conocido en esa época. Es lo que yo llamo el milagro de la multiplicación, cuando Dios toma lo que el mundo desprecia y con ellos hace algo extraordinario para su honra y gloria. En esto se cumple lo que el apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 1:26-29. La Biblia dice: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
1Co 1:27  sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;
1Co 1:28  y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,
1Co 1:29  a fin de que nadie se jacte en su presencia.
Así que, amable oyente, anímese. Puede ser que usted se mire al espejo y llegue a la conclusión que no puede hacer nada para el Señor. No es así amable oyente. Si usted pone su vida en la mano del Señor y deja que Él haga con usted lo que Él quiera, el Señor hará nuevamente el milagro de la multiplicación y por medio de usted hará cosas increíbles desde el punto de vista humano. Lo hizo con los apóstoles, lo hizo conmigo y de seguro, lo puede hacer también con Usted. Lo único que Dios está esperando es que usted dé el primer paso, entregando toda su vida al Señor.

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